Ese bendito empeño de llegar rápido, esa absurda competencia que emprendemos contra contrincantes anónimos en las carreteras y autopistas de Venezuela y, no hay que negarlo, esa falta de un control de tránsito más efectivo en nuestras vías.
Dejemos a un lado el problema de los cráteres, por ahora. Recordemos hoy cuántas personas perdieron la vida en los últimos cinco días y visualicemos con qué entusiasmos, padres e hijos, salieron a celebrar el Carnaval 2009.
Duele pensar en las decenas de vidas que se apagaron en las carreteras venezolanas, especialmente, duele cuando se sabe que niños y niñas inocentes, entregados a la irresponsabilidad de unos “choferes”, vieron frustradas sus sueños del futuro.
No voy a gastar líneas en lamentos, pues considero más oportuno, lejos de una crítica no constructiva, llamar a la reflexión a las autoridades para que en la próxima Semana Santa, en vez de contar muertos contabilicemos cuántos choferes irresponsables fueron detenidos y sancionados en los días festivos, y hagamos una fiesta con ello.
Aquí algunas sugerencias:
1.- Aunque parezca inocente nada cuesta actualizar los límites de velocidad de nuestras vías. No nos caigamos a mentira, eso de 40KPH a 60KPH no lo respeta nadie.
2.-Una velocidad razonable en una autopista sería de 100 a 110 kilómetros por hora, en carretera de 80 a 100KPH. Esta actualización ¿qué permitiría? Castigar el irrespeto a estos límites de velocidad establecidos, porque si queremos castigar no podemos hacerlo con base en estos límites desactualizados.
3.-No caería mal un decreto del Ejecutivo que prohíba el exceso de velocidad en las vías y que establezca las sanciones respectivas en caso de que las normas sean irrespetadas.
4.-Los cuerpos de tránsito terrestre de los diversos estados y municipios del país deberían colocar sus patrullas en sitios estratégicos para interceptar a los “bólidos” o “correcaminos”.
5.-A su vez, en vehículos particulares, deberían transitar brigadas que detecten a un chofer imprudente y lo notifiquen al puesto de control más próximo para que el vehículo infractor sea detenido. Ojo, estos vehículos por razones de seguridad no pueden ser los que realicen las detenciones ni tener autoridad para ello, porque nadie confiaría en que lo intente detener un carro particular.
6.-El Gobierno debería ir pensando en la compra de radares para ubicarlos en las vías y ¿por qué no? Apoyarse en el satélite Simón Bolívar para lograr una vigilancia más efectiva.
7.-Los puntos de control esos que colocan para obligar a los carros a detenerse y mirarle la cara al chofer, son realmente inútiles. Los “bólidos”, o “correcaminos”, reducen la velocidad al acercarse a uno de estos, los choferes ponen su cara de angelitos y luego, al pasar, aceleran a más de 120 KPH.
8.-El punto de control debe ser para detener a un infractor ya identificado en la vía y quienes allí se encuentran deben hacer lo posible porque los vehículos, aun cuando reduzcan la velocidad, no se detengan de no ser necesario.
9.-Los vigilantes de tránsito pudieran hacer uso de detectores de velocidad para determinar algún infractor.
10.-Se debe evitar lo mayormente posible reductores de velocidad en las vías, como ocurre entre Cúpira y El Guapo, vía Oriente, que generan largas colas, desesperan a los conductores y son generadores, en consecuencia, de accidentes de tránsito.
11.-Se debe hacer cumplir la norma de que no transiten gandolas en días feriados, a fin de facilitar el tráfico.
12.- Algo muy pero muy importante, todo esto debe ser publicitado, la gente debe saber que está siendo vigilada, que existen radares, que hay vigilantes infiltrados en las vías con sus vehículos particulares y que el castigo será implacable.
Y tengan la seguridad que, incluso, aun cuando un día en particular el radar se dañe o los vehículos particulares no estén patrullando, todo el mundo andará despacito.
Invito a los amigos lectores a ofrecer también sus sugerencias. No más muertes en las vías.