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Venezuela: Escollo para los planes imperiales en America Latina
Por: Angel Cristóbal Colmenares E.
Fecha de publicación: 05/03/04
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A principios de los años treinta, mientras Europa era asolada por el fascismo, vale decir el capitalismo en su máxima y más radical expresión, el gobierno de los Estados Unidos blindaba su dominio desde México hasta la Argentina, aislando prácticamente al Continente con dominio férreo sobre Centroamérica (las “banana republics”) y el resto de los países frente a un posible ataque externo de Alemania y de sus aliados.

En 1936 es celebrada en Buenos Aires la “Conferencia Interamericana de la Consolidación de la Paz”, en la cual es aprobada una política continental de repudio a la guerra y de solución pacífica de cualquier conflicto entre los Estados Unidos y los países latinoamericanos, con el compromiso de mutua protección en situación de agresión externa.

El Departamento de Estado no ignoraba las inclinaciones de ciertos círculos militares locales hacia el autoritarismo fascista, cuya acción era favorecida por el excelente caldo de cultivo de unos Estados gelatinosos y economías atrasadas basadas sobre una estructura monopólica de la propiedad de la tierra. Los gobiernos de los Estados Unidos han favorecido y mantenido tales condiciones mediante intervenciones militares e imposición de feroces dictaduras que garantizaran beneficios a las empresas estadounidenses y a sus socios de los países intervenidos.

En 1938 se reúne en Lima la VIII Conferencia Interamericana, donde se aprueba la “Declaración de Principios de Solidaridad”, y allí nace la práctica de las conferencias de cancilleres, las cuales se inauguran en Panamá con una declaración de neutralidad de las repúblicas latinoamericanas frente al conflicto bélico.

Luego del ataque a “Pearl Harbor”, en diciembre de 1941, los Estados Unidos entran en la guerra y al final de ésta en mayo de 1945 surgen como hegemón del mundo occidental (y “cristiano”, y “democrático”, y “libre”) mientras del lado oriental se erige la Unión Soviética como representante del socialismo, propagandizado  como “tiránico”, “autoritario” y “esclavizante”.

Harry Trumanasume la presidencia de los Estados Unidos y dos años después impone a latinoamérica el “Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca” (TIAR), cuyo artículo cuarto prevé intervención “en caso de verse afectado cualquier Estado por agresión no armada y que ponga en peligro la paz del mundo libre”.  Uno de los principales asesores de Truman era George Kennan, clásico ejemplar de buitre neoliberal cuyo discurso se expresaba de la manera siguiente:

Furthermore, we have about 50% of the world's wealth but only 6.3 % of its population. This disparity is particularly great as between ourselves and the peoples of Asia. In this situation, we cannot fail to be the object of envy and resentment. Our real task in the coming period is to devise a pattern of relationships, which will permit us to maintain this position of disparity without positive detriment to our national security. To do so, we will have to dispense with all sentimentality and day-dreaming; and our attention will have to be concentrated everywhere on our immediate national objectives. We need not deceive ourselves that we can afford today the luxury of altruism and world-benefaction”.

(Cita tomada de http://perso.infonie.be/le.feu/ms/histdoc/kennaag.htm)

Traducimos:

"Por otra parte, poseemos el 50% de la riqueza del mundo pero aproximadamente sólo el 6.3% de su población. Esta disparidad es particularmente grande entre nosotros y los pueblos de Asia. En esta situación, no debemos dudar en ser objeto de la envidia y del resentimiento. Nuestra tarea real en el próximo período es inventar un modelo de relaciones que nos permitan mantener esta posición de disparidad sin real detrimento de nuestra seguridad nacional. Para hacerlo, tendremos que desechar todo sentimentalismo y ensoñación; y nuestra atención tendrá que concentrarse por todas partes en nuestros objetivos nacionales inmediatos. No necesitamos autoengañarnos acerca de poder permitirnos hoy el lujo del altruismo y de ser benefactores del mundo". 

La Segunda Guerra Mundial había dejado para la Unión Soviética un saldo de veinte millones de muertos, un país desolado y una economía completamente destruida. Los Estados Unidos perdieron cuatrocientos mil hombres pero su territorio nunca fue teatro de combates y en los interrogatorios a los criminales de guerra en Nüremberg los oficiales y funcionarios occidentales, bajo predominio estadounidense, se nutrieron de las “técnicas” nazis para infiltrar organizaciones y obtener información de prisioneros, vale decir para torturar eficientemente, y llegaron a ciertos acuerdos con los criminales para ponerlos a su servicio.

El aparato de espionaje estadounidense era la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, Office of Strategic Services), bajo dirección de William Donovan, James Angleton y Allen Dulles, quienes organizaron con el Vaticano la evacuación de diez mil nazis hacia Latinoamérica y Estados Unidos (Operación “PAPERCLIP”) mediante el “Displaced Person Act”. Muchos de los nazis reclutados reforzaron las investigaciones y desarrollos en guerra bacteriológica y nuclear.

También fue organizado un grupo de espionaje para actuar en territorio soviético. Ese grupo estaba formado por los criminales de guerra nazis  Reinhard Gehlen (ex-jefe del espionaje alemán, quien lo dirigía), Alfred Seis, Emil Augsburg, Klaus Barbie, Otto von Bolshwing y Otto Skorzeny (ver http://www.rebelion.org/imperio/031223kangas.htm)

Los Estados Unidos organizan el “Plan Marshall”, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El “Plan Marshall” es utilizado en Europa con el objetivo de frenar el avance de los movimientos obreros y revolucionarios que habían salido fortalecidos de la guerra por la heroica resistencia presentada al fascismo en todos los terrenos. La colaboración de la jerarquía eclesiástica romana con la CIA fue clave en la tarea de infiltrar organizaciones, comprar conciencias y dividir al movimiento popular.

En 1947 la OSS da paso a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en cuyo seno es creada, en 1948, un ala de acción encubierta denominada Oficina de Coordinación Política bajo dirección del abogado Frank Wisner, de Wall Street. Las responsabilidades de esa oficina incluyen: “propaganda, guerra económica, acción directa preventiva, incluso sabotaje, anti-sabotaje, demolición y procedimientos de evacuación; la subversión contra Estados hostiles, incluyendo la ayuda a los grupos de resistencia clandestina y el apoyo de elementos anticomunistas indígenas en los países amenazados del mundo libre”.

A partir de 1950 se desarrollan los Pactos de Ayuda Mutua cuya batuta está en manos del Pentágono, el cual “dona” el armamento usado de la Segunda Guerra a los gobiernos latinoamericanos.

Esa “donación” implica entrenamiento y éste a su vez control de las fuerzas armadas estadounidenses sobre sus entrenados, con lo que se van estableciendo relaciones directas entre los ejércitos locales y el Pentágono.

El potencial de conflictos en el continente va en aumento pues el capitalismo no da respuestas a las necesidades de las mayorías ya que como exponía el señor Kennan los Estados Unidos no pueden darse el lujo del altruismo para poder garantizar su nivel de consumo, y buena prueba de ello es la serie de intervenciones militares que desde 1890 vienen ejecutando los gobiernos de ese país y que sucintamente podemos señalar así solo para nuestro Continente hasta 1954: Argentina (1890); Chile y Haití (1891); Nicaragua (1894); Panamá (1895); Nicaragua (1896); Cuba, Puerto Rico y Nicaragua (1898 y 1899); Panamá (1901); Honduras y República Dominicana (1903); Cuba (1906); Nicaragua y Honduras (1907); Nicaragua (1910); Honduras (1911); Cuba, Panamá, Honduras y Nicaragua (1912); México (1913); República Dominicana, México y Haití (1914); República Dominicana (1916); Cuba (1917); Panamá (1918); Honduras (1919); Guatemala (1920); Honduras (1924); Panamá (1925); El Salvador (1932); despliegue de bombarderos sobre Uruguay en 1947; Puerto Rico (1950) y Guatemala (1954)   --Datos tomados de http://www.stormpages.com/marting/unsiglo.htm--

Los tratados de no agresión y de protección mutua se revelaban así como una burla sangrienta pues ningún “enemigo externo” distinto a los Estados Unidos invadió y atacó tanto a nuestros países antes y después de las guerras mundiales.  El enemigo, para los gobiernos de los Estados Unidos, siempre fue interno y está representado por los movimientos populares en permanente lucha contra las oligarquías terratenientes y las burguesías importadoras, firmes aliados del Pentágono.

Hubo intentos clara o tenuemente anticapitalistas como los de Marmaduke Grove, Eugenio González Rojas, Oscar Schnaks y Rolando Merino en Chile en 1932; Farabundo Martí, fusilado por el dictador Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador en 1932; Augusto César Sandino, asesinado el 21 de febrero de 1934 cuando acordaba cese de hostilidades con el presidente nicaragüense Juan Bautista Sacasa, y Jacobo Arbenz Guzmán, presidente electo de Guatemala, derrocado en junio de 1954 por acción directa de la CIA, luego que decretara una reforma agraria.

Detrás de todos esos golpes y crímenes se mueven las manos del Pentágono y de las corporaciones multinacionales, y a la par con las “donaciones” de armas antes mencionadas se va delineando, como en toda relación capitalista que se respete, una operación de ventas pues las guerras de Corea y de Viet-Nam sirvieron para, además de asolar a esos pueblos, desarrollar nuevas armas y métodos de asesinar masivamente.

La Revolución cubana impacta al escenario dominante y el gobierno de los Estados Unidos ensaya una forma de control mediante la profundización de la “democracia representativa” expuesta en la vitrina de la “Alianza para el Progreso”, considerada sin embargo “muy revolucionaria” por las oligarquías ultramontanas del continente.

El Pentágono estructura un grupo especial contrainsurgente, expande al contingente de los “green berets” (boinas verdes) e inunda tanto a Estados Unidos como a Latinoamérica de armas y equipos aptos para enfrentar los reclamos populares cada vez más frecuentes y radicales. La consiga central era no permitir más Cubas en el patio trasero del imperio.

Organiza también un nuevo elemento coordinador, la DIA (Defense Intelligence Agency o Agencia de Inteligencia de Defensa), y detrás de las armas y equipos los instructores devinieron en factores de dirección política, enlazados directamente con el Pentágono a través de la Escuela de las Américas en Fort Benning y sus diversos institutos en Fort Gullick y Fort Bragg.

Esa Escuela, denominada de tortura y muerte, ha sido objetada y combatida por diversos sectores dentro y fuera de los Estados Unidos y al respecto incorporamos una cita:

 “El movimiento en contra de la SOA fue cobrando fuerza, especialmente después de que en 1996 se descubrió que durante un período de varios años en las décadas 80 y 90, el currículum de la Escuela incluyó unos manuales que los medios estadounidenses tildaron “manuales de tortura”. Entre otras cosas, estos manuales -que estaban en español- señalaban que para reclutar y control a informantes, las tácticas a utilizarse incluían ejecuciones, intimidación, palizas, secuestros, drogas, e hipnotismo. Los manuales también se referían a la conveniencia de “neutralizar” a distintos “blancos” como “funcionarios gubernamentales” y “líderes políticos”.

(Ver http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2001/07/18/hoy/opinion/194396.html)

Las castas militares de Latinoamérica se adaptaron fácilmente a las concepciones y directrices de la metrópolis. Hacia el extremo sur del continente se aplican entonces las políticas con tan buenos resultados que el Pentágono expone ante el Congreso de los Estados Unidos que los programas de entrenamiento son importantes para los fines de la política estadounidense pues no solo mejoran la calidad técnica del personal militar sino que señalan la necesidad de un liderazgo castrense en la sociedad contemporánea.

La hipótesis que adelantan el Pentágono y los grupos militares latinoamericanos bajo su comando es que hay un agotamiento en la dirección civil, un fracaso en el liderazgo, lo cual conforma un “vacío de poder” que justifica al golpe de estado, a la instauración de dictaduras y a la aplicación de la doctrina de Seguridad Nacional, hija legítima del nazismo y sin duda por ello tan cara al Departamento de Estado y a las corporaciones internacionales.

Y un claro pero doloroso ejemplo de la acción del gobierno de los Estados Unidos y los emporios industriales a los cuales sirve fue Chile en 1973, cuando los equipos encubiertos de la CIA y la DIA pusieron en práctica sus técnicas de propaganda, guerra económica, acción directa preventiva, incluso sabotaje contra Estados hostiles, incluyendo la ayuda a los grupos de resistencia clandestina y el apoyo de elementos anticomunistas.

Bastante material escrito hay acerca de la conspiración dirigida primero contra la posibilidad de que Allende asumiera el gobierno, y luego para derribarlo una vez que el Congreso le invistió como presidente electo por el pueblo de Chile (entre otros artículos relacionados, ver: http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=144 y http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=327

Y como tanto se dijo, además del cerco económico tendido contra el gobierno de la Unidad Popular chilena por el ejecutivo estadounidense hubo la preparación del equipo que dirigiría a ese país luego del golpe militar “fabricado” con diversos actores de los partidos políticos, industriales, comerciantes, dueños de medios de difusión, militares y grupos hamponiles, todos bajo la dirección del gobierno estadounidense y de empresas transnacionales y por ellos  financiados (ver http://www.rebelion.org/chile/031125holzapfel.htm)

La economía chilena fue duramente golpeada, como había ordenado Nixon (“make the economy scream”), y la institucionalidad destruida desde dentro mismo de ella, con acciones en el Congreso, el Poder Judicial y las Fuerzas Armadas que buscaban (y lograron) volver trizas al Estado en la estrategia del “vacío de poder”.

Tomemos dos ejemplos de cómo la CIA operó contra el gobierno del presidente Allende, mediante infiltración de sectores golpistas en todos los niveles de la administración pública, especialmente en los organismos de seguridad, y utilizando a sectores de la clase media alta que con “cacerolazos” y marchas sobredimensionadas por los medios masivos de difusión presentaban la imagen de una sociedad caótica.

Uno: en agosto  de  1972  se produjo  un robo de metralletas en el Sanatorio Naval  “Almirante Medel de Olmué”, en Valparaíso. Por informaciones de personas infiltradas en la jefatura militar de “Patria y Libertad”, se supo que militantes de esa organización terrorista habían ejecutado la operación y mediante labores de información se determinó que frente a los Tribunales del Crimen se reuniría uno de los ladrones con gente de “Patria y Libertad” para venderles las metralletas. La policía política les detuvo y ellos confesaron haber recibido instrucciones de un tercero para comprar estas armas.

En pleno proceso de la causa, tres (3) oficiales del A-2 (Inteligencia de la Armada), se presentaron por su propia cuenta y declararon que los terroristas de “Patria  y Libertad” no eran "compradores de armas robadas" sino colaboradores de su organismo de seguridad y los dos implicados quedaron en libertad incondicional.

Dos: Contra el general Carlos Prats fue adelantada una campaña de hostigamiento diseñada por Keith Wheelcock, especialista en guerra psicológica de la CIA, quien para ello utilizó información de perfiles de personalidad del militar que le proporcionaron en las mismas Fuerzas Armadas chilenas. El plan fue puesto en práctica por los fascistas de “Patria y Libertad”, tanto civiles como militares, bajo la dirección de Glaycon de Paiva, ingeniero brasileño agente de la CIA, quien tuvo destacada participación en el derrocamiento del gobierno de Joao Goulart y era técnico en “movilización del poder femenino”.

Como masa de maniobra actuaron mujeres de la Democracia Cristiana vinculadas a esposas de oficiales superiores del ejército. Uno de los axiomas del terrorista brasileño reza: "Las mujeres son el medio más eficaz con que se puede contar en política: tienen tiempo y gran capacidad para expresarse y movilizarse rápidamente".

El 21 de agosto de 1973 un grupo de mujeres se congregó frente a la casa del general Prats, quien se hallaba enfermo, lo insultaron y le exigieron que pidiera la baja. El general Bonilla, cuya mujer lideraba la manifestación, visitó al general Prats en su casa y mostrándole fotografías del hecho le sugirió “amistosamente” que renunciara.

Se hacía obvio que las instituciones estaban al servicio de la sedición. Y los jefes de ésta gozaban de todas las facilidades puesla DIA tenía su centro de operaciones en el piso 8 del Ministerio de la Defensa y hasta 1972 estaban a su cargo los coroneles Thomas H. Jones y Paul M. Winert. Y en Valparaiso, donde se dio inicio al golpe del 11 de septiembre (Operación “Cochayuyo”), tenía sede en el 773 de la calle Prat, a cargo del capitán de navío Patrick Ryan.

Vemos que los gobiernos estadounidenses han impuesto su dominio por la fuerza, directamente con sus tropas o mediante utilización de fuerzas armadas locales por ellos controladas. Y si comparamos lo sucedido en Venezuela en abril y diciembre de 2002 podemos establecer un parangón entre el esquema utilizado en Chile en los años setenta y lo aplicado contra el legítimo gobierno del presidente Chávez: uso de los medios de difusión masiva ®huelgas patronales ®acciones de hostigamiento contra representantes del gobierno ®desórdenes callejeros ®compra de militares de alto rango (en la Escuela de las Américas se dice que ningún general latinoamericano resiste un cañonazo de cien mil dólares) ®sabotaje contra las empresas estatales acaparamiento de bienes de consumo para elevar precios y causar desabastecimiento  asesinato de ciudadanos para provocar acciones militares ®garantía de impunidad para los terroristas y golpistas.

El pueblo chileno se organizó y en el corto tiempo del gobierno de la Unidad Popular logró importantes avances políticos y sociales. Es de reseñar que pocos días antes del golpe hubo una impresionante manifestación popular de apoyo al gobierno con asistencia de por lo menos ochocientas mil  personas. Pero el talón de Aquiles era la debilidad militar.  Y allí radica uno de los elementos que diferencian a los procesos chileno y venezolano. En la discusión del tema tienen que ver aspectos que van desde la composición de clases de los ejércitos de ambos países hasta las políticas estatales hacia el componente militar, los cuales exceden los límites del presente trabajo.

Y razón tiene el presidente Chávez cuando, al referirse al tema, dice que la revolución chilena era pacífica pero desarmada mientras la nuestra llena el primer perfil pero no el segundo, y posiblemente uno de los errores de la CIA y de su “coup team” en Venezuela haya sido aplicar simétricamente el esquema sin tomar en cuenta las diferencias.  Aquí también hubo un desaforado escándalo mediático, “cacerolazos” y agresiones contra funcionarios gubernamentales civiles y militares, paros patronales apoyados por sindicaleros, conspiración de factores gubernamentales, generales impactados por cañonazos de miles de dólares, curas sediciosos, sabotaje contra nuestra principal industria y acciones delictivas presentadas por los medios como “protestas de la sociedad civil”.

Pero algo falló pues aun cuando el presidente fue secuestrado (o “debidamente custodiado”, como sostuvieron los diputados defensores del golpe en la Asamblea Nacional), las “hordas chavistas” --equivalente de los “rotos upistas” chilenos-- tomaron las calles, caminos, carreteras y alrededores de las guarniciones del país en una demostración de conciencia política y decisión ciudadana que todavía no han sido cabalmente comprendidas. Y la mayoría decisiva de la Fuerza Armada no siguió la ruta “normal” prevista, aun cuando en su estructura puedan existir elementos descontentos o comprometidos con el golpismo  por haber perdido canongías y privilegios, o sencillamente por no estar de acuerdo con el proyecto en desarrollo.

Y a ese error siguió otro de mayor connotación cuando en diciembre de ese año los mismos actores del fracasado guión se lanzaron a la aventura del sabotaje energético que causó pérdidas multimillonarias al país pero galvanizó al colectivo nacional, obligó a reflexionar a sectores de la clase media y dio al gobierno nacional oportunidad de superar la crisis positivamente, con resultados que al Pentágono y a sus fieles seguidores les va a causar escozor por mucho tiempo, entre otras cosas porque perdieron parte del control de la principal empresa energética, importante parcela de poder económico y político.

No hubo descanso, sin embargo, por parte del Pentágono y la conspiración siguió su curso con la destacada intervención de los medios de difusión masiva, parte de la cúpula empresarial y los restos de partidos que bajo diferentes denominaciones representan a los clásicos Acción Democrática y COPEI, a veces disfrazados bajo forma de Organizaciones no Gubernamentales, Fundaciones o Grupos de Opinión, muchos de ellos financiados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos mediante las fachadas que para ello tiene la CIA, por ejemplo la National Endowment for Democracy  (http://www.ned.org/), especie de piñata de dólares que el imperio reparte a sus fieles servidores por todo el mundo.

El fracaso de los intentos contra el gobierno nacional no solo significó la frustración para el Pentágono y sus sirvientes locales, sino que la irrupción fascista, cuyo impacto golpeó duramente a los sectores populares y quedó suficientemente documentada en películas y fotografías, causó un efecto adverso en capas medias que las obligó a reflexionar y de hecho las alejó de la influencia sediciosa, restándole a ésta la requerida masa de maniobra. 

Comenzó entonces a exponerse la necesidad de la intervención militar del imperio para resolver el problema planteado por la incapacidad local de sacar a Chávez. Y para ello vinieron la OEA y el Centro Carter. Y el golpismo rogó por la aplicación de la “Carta Interamericana”, y se intensificó la campaña mediática internacional vinculando al gobierno nacional con el narcotráfico, con el terrorismo malo (porque el del Pentágono y la CIA es, por definición, el bueno), con cualquier movimiento guerrillero existente o por existir,  y con los elementos delictivos fronterizos.

Objetivo era presentar al Estado venezolano como aliado, ergo parte, del terrorismo internacional y por ello “un peligro para el mundo libre”, lo cual exigiría la aplicación de las medidas que el gobierno estadounidense decidiera, como sucedió en la República Dominicana en 1965.

Por esos añosese país estaba gobernado por un Triunvirato encabezado por Donald Reíd Cabral, quien era personaje de confianza del gobierno de los Estados Unidos.  El país estaba sumido en una crisis política y económica que incluía los esfuerzos de civiles y militares por reponer en el gobierno al profesor Juan Bosch, derrocado por una conspiración dirigida y financiada por el Pentágono.

La CIA, en un informe del 13 de Abril reportaba al gobierno de Lyndon B. Johnson: "El gobierno de Reíd está tomando medidas contra complotados para un golpe militar que busca establecer una junta militar para restaurar a Bosch o a Balaguer en el gobierno; este grupo está en contacto con Bosch en Puerto Rico; concluimos que es imposible que este complot tenga éxito".

La conclusión era errónea pues el 25 de abril Reíd Cabral había sido derrotado y apresado en el mismo Palacio. El capitán Mario Peña Taveras encabezaba la revuelta.

El 27 de abril la Embajada estadounidense recibe cable del Secretario de Estado, Dean Rusk, en el cual ordenaba participar en la formación de una Junta Militar, la que al día siguiente solicitó por escrito la intervención militar estadounidense.

Fuerzas regulares del ejército con tanques y artillería bajo mando del general Wessin y Wessin, ficha estadounidense en las Fuerzas Armadas dominicanas, comenzaron a cruzar el Puente Duarte sobre el río Ozama hacia el este de Santo Domingo. Por el oeste, se desplazaba otro contingente de más de mil hombres y las dos fuerzas convergían sobre la plaza fuerte de los rebeldes hacia el sudeste de la ciudad. Aviones de la Fuerza Aérea Dominicana bombardeaban y ametrallaban las posiciones rebeldes.

El coronel Francisco Caamaño Deñó y otros militares constitucionalistas combatían en la cabeza del Puente Duarte junto a cientos de dominicanos, e hicieron retroceder a las fuerzas de Wessin y Wessin consolidando posiciones. El presidente encargado de la Junta, Molina Ureña, se asiló con otros en la embajada de EEUU.

La tarde del 28 de abril el coronel Caamaño contaba con una importante fuerza popular en armas, cuando una avanzada de quinientos “marines” estadounidenses invadió a la República Dominicana por petición de militares como Wessin y Wessin y Antonio Imbert Barreras. Quinientos marines desembarcaron este día para “salvar vidas” pero en cuatro jornadas de combates hubo cuatrocientos muertos y mil doscientos heridos, todos dominicanos.La resistencia opuesta por las tropas constitucionalistas y por parte del pueblo armado, provocó respuestas de la opinión pública internacional y el gobierno de los Estados Unidos se vio obligado a nombrar una “Fuerza Interamericana de Paz” compuesta por veinte policías costarricenses; doscientos soldados de la junta militar que oprimía a Honduras; ciento setenta soldados de la tiranía nicaragüense y mil doscientos cincuenta soldados de la feroz dictadura de Brasil. No es necesario un gran esfuerzo para imaginar la “paz” que sobre el pueblo dominicano se abatió, una vez más, bajo el dominio estadounidense.

¿Y bajo qué razones volvió el gobierno estadounidense a invadir a la República Dominicana?

Pues muy sencillo: porque los llamaron del país en cuestión, en ese caso los “patriotas” de la Junta Militar, pero otras veces lo han hecho por necesidades de pacificación regional, razones humanitarias o cualquier otro argumento.

Revisemos uno de los “úkases” imperiales, un libro denominado “El Uso Legítimo de Fuerza Militar Contra el Terrorismo Internacional Patrocinado por Estados”, escrito por el Teniente-coronel Richard J. Erickson, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, y cuyo texto en inglés pueden leer en http://www.maxwell.af.mil/au/aul/aupress/Books/Erickson/erickson.pdf.

“... Un curso alternativo de acción es seguir la acción de pacificación regional bajo artículo 52 de la Carta constitucional. La pacificación regional difiere de la acción de la entrada en vigor regional en modo significativo. Primero, la pacificación regional no se dirige a dar fuerza a algo. Se dirige a restaurar la ley y el orden en situaciones en las cuales la autoridad gubernamental se ha roto o derrumbado. Después de una revisión del registro oficial del Consejo de Seguridad acerca de la crisis de República Dominicana de mayo y junio de 1965, Moore concluyó que, a pesar del argumento soviético en contrario, hay evidencia sustancial que las acciones de pacificación regionales emprendidas en un escenario de ruptura de autoridad son legales según la Carta constitucional de la ONU. Ésta ha sido la posición consistente de los Estados Unidos y de la OEA(resaltado por el traductor)

Es decir, cuando la autoridad gubernamental se ha roto o derrumbado los Estados Unidos intervienen. Nada importa que el gobierno de los Estados Unidos, por vía de su Secretario de Estado, haya indicado a su embajador participar en la organización de la Junta Militar que derrumbó al gobierno y solicitó la intervención extranjera.

 ¿Y qué sucede cuando el gobierno de los Estados Unidos interviene sin que lo llamen ni porque exista una situación de rotura o derrumbamiento?

Recordemos lo sucedido en una pequeña isla caribeña, Grenada, el 25 de octubre de 1983, cuando el gobierno estadounidense representado por Ronald Reagan invadió (Operación “Furia Urgente”) porque:

1. Creía que Cuba y la URSS usarían la isla como punto estratégico para la revolución;

2. Creía que los edificios estaban llenos de armas destinadas a terroristas para atacar a los Estados Unidos, y

3. Creía que los mil estudiantes de medicina estadounidenses en la isla corrían peligro.

Ninguna de las “inquietudes” era cierta, como luego fue demostrado hasta la saciedad por los mismos estadounidenses críticos de los desplantes imperialistas, pero la invasión sí la hubo, con resultado de noventa y siete muertos y gran cantidad de heridos.

Veamos la cobertura que el imperio expone:

Cuarto, la pacificación regional debe ser el resultado de una invitación del gobierno legalmente constituido. La Corte Internacional de Justicia sostiene en "Certain Expenses" de las Naciones Unidas que las acciones de Pacificación no dirigidas contra un estado sino emprendidas con el permiso de autoridades constitucionales no son una acción de apoyo... Sin embargo, si tal gobierno ya no existe debido a la ruptura de la ley y el Orden o  por su derrumbamiento, tal demanda no es una condición previa. Moore anota, con respecto a la operación Grenada de 1983, que el centro de la pacificación y acción humanitaria protectora de la OECS [siglas en inglés de Organización de Estados Caribeños Orientales], fue la fractura de autoridad gubernamental y las amenazas a la seguridad de civiles en Grenada. En tal escenario, para la pacificación regional legal no se requieren  la Carta de la ONU, la Carta de la OEA o el Tratado de OECS, que allí serían solicitud de un gobierno inexistente”.

Es decir, el gobierno estadounidense no requiere de mayores cumplimientos, de normas ni de principios, pues solo “creer” le basta para la aplicación de su fuerza militar.

Ahora bien, si al imperio le interesa crear las condiciones para una intervención en determinado país, ¿qué o quién puede impedirlo? Los gobiernos del continente, excepto Cuba, no se han caracterizado precisamente por su verticalidad ante el amo. Si revisamos la historia de México, de la Cuba pre-revolucionaria, de todos los países centroamericanos, podremos entender la lógica dominante. Y para quienes sirven lealmente a sus patronos de verdes billetes adornando la sangre con festones justificativos, diciendo incluso que esas son prácticas del pasado, allí tenemos los ejemplos de Chile, Grenada, Panamá y de nuevo Haití, solo para mencionar dolores recientes y cercanos.

Volvamos entonces a Venezuela, donde a partir de las sucesivas derrotas que ha sufrido la derecha hoy desenmascarada como simple y llanamente fascista, el avance del empoderamiento popular ha logrado penetrar, aun cuando no los haya consolidado, espacios hasta ayer nomás vedados. La Constitución Nacional es una formidable herramienta de educación y organización popular. Las Leyes Habilitantes fueron un ariete que abrió un gran boquete en el portón del dominio, permitiendo al movimiento popular penetrar a cotos cerrados. Y las misiones expandieron un horizonte antes negado en salud, educación, cultura y otros aspectos del desarrollo humano.

La reacción busca derrocar al gobierno para dejar sin efecto esos beneficios económicos, políticos y sociales de los cuales el colectivo nacional mayoritario, ese que por tanto tiempo fue excluido, se ha apropiado como palanca para nuevos avances. Por eso en abril de 2002 el decreto monárquico redactado por “brillantes constitucionalistas” lo primero que declaró sin vigencia fue a las cuarenta y nueve leyes habilitantes y a la Constitución aprobada en diciembre de 1999.

Por otra parte, estos sirvientes locales del imperio hacen todo lo posible por cumplir con las normativas de los diferentes Kennan que siempre han controlado al gobierno estadounidense: no aceptan que en las Escuelas Bolivarianas, por ejemplo, se derroche tanto dinero que mejor estaría en las arcas de la empresa Halliburton, o de la Exxon, o en cualquiera de los emporios internacionales que tan generosamente les paga.

Tampoco es del agrado del gobierno estadounidense que la mayoría del comando gubernamental venezolano haya desechado la norma de la sacrosanta “seguridad nacional” que convierte a los movimientos populares en “el enemigo interno” y hoy estemos desarrollando una estrategia de fusión cívico-militar en cuyo concepto la mayoría es incluida en el proyecto de nuevo país diseñado en la Constitución y que debe ser construido con el esfuerzo decidido pero consciente de todos.

Y volvieron por sus fueros montando el mismo esquema golpista de abril ahora sobre la manipulación y desfiguración del derecho constitucional de revocar mandatos. Recordemos la trampa de presentar un referendo consultivo como  revocatorio, detrás de la cual había la estrategia de causar problemas de orden público, muertos y heridos, para acusar al presidente de crímenes de lesa humanidad y solicitar aplicación de la “Carta Democrática”, mediante la cual organismos internacionales controlados por el Departamento de Estado pudiesen cambiar al gobierno. En esa estrategia muchos miembros del gobierno y de las empresas estatales tuvieron y tienen implicación en organizar una Junta de transición que garantice “un chavismo sin Chávez”.

Fracasaron de nuevo a pesar de la campaña mediática y de la provocación policial contra los militantes bolivarianos. Así que vinieron con la fase del revocatorio pero siempre con sus mañas y triquiñuelas, bien aprendidas durante el Pacto de Punto Fijo, con la misma estrategia de “calentar las calles” y provocar el derrumbe del gobierno por cualquier vía, especialmente la de provocar no solo la participación de los organismos internacionales sino la intervención directa de sus salvadores, los militares estadounidenses.

Y los volvemos a encontrar cerrando negocios a la fuerza, obstaculizando vías de circulación, aterrorizando a la población con noticias falsas y ocultamiento de la verdad, destruyendo bienes nacionales y particulares, llamando públicamente a derrocar al gobierno y/o a matar al presidente, a usar francotiradores para asesinar a pobladores y atentar contra efectivos militares y funcionarios gubernamentales, todo ello sin que la aguda mirada de los “observadores internacionales” se fije en esos pequeños detalles, por lo demás silenciados en los medios de confusión masiva.

Pero así es el fariseísmo. Porque el gobierno de los Estados Unidos considera como terrorismo algunas acciones cuando éstas van dirigidas contra ellos o contra sus aliados, pero si afectan a gobiernos considerados enemigos pasan a constituir “protestas democráticas”.

Veamos por ejemplo la cita que el Teniente-coronel Erickson usa en su trabajo para reforzar criterios acerca del terrorismo. En referencia a la obra (“Terrorismo Político”) de un  politólogo holandés llamado Alex P. Schmid, se dice que este autor revisó más de ciento cuarenta definiciones de terrorismo, escritas entre los años 1936 y 1981. De ellas identificó a veintidós elementos y a veinte usos o funciones del terrorismo. Los cinco elementos más frecuentemente identificados son: violencia o fuerza; uso político; terror o miedo; amenaza y efectos sicológicos anticipados o reacciones de terceros.

Los cinco usos o funciones más frecuentemente identificados son: aterrorizar o someter al público al temor; provocar contramedidas o represión indiscriminada de las autoridades establecidas; movilizar a las fuerzas del terrorismo o inmovilizar a las de las autoridades; afectar a la opinión pública en forma positiva o negativa y asaltar al poder político o derribar gobiernos.

Analicemos punto por punto esos elementos identificados y comparemos con el esquema de acción que la CIA, a través de la mal llamada “Coordinadora Democrática”, ha venido desarrollando en nuestro país y hallaremos que contra nuestro gobierno y nuestro movimiento popular se aplica un esquema abiertamente terrorista patrocinado por el gobierno estadounidense. Es el uso cotidiano de los medios, especialmente la televisión, para diseminar terror en la población mediante el escándalo, la mentira y la utilización de técnicas audiovisuales. Es el uso de la violencia contra bienes y personas, como cortar árboles, derribar postes y señalizaciones de tránsito, desprender barandas de puentes, disparar contra civiles y militares desde apartamentos o edificios públicos; es la movilización de fuerzas terroristas en autos y motos lujosas o en unidades oficiales para repartir cauchos, basura y gasolina en función de provocar incendios en esquinas y en autopistas para organizar nudos conflictivos que impidan el libre tránsito de peatones y vehículos en intento de inmovilizar a las autoridades y provocarlas, como en los casos específicos de las mujeres que agreden a los efectivos militares bajo el permanente foco de las cámaras para buscar  reacciones represivas y magnificarlas como “abusos contra los derechos humanos”.

Recordemos las enseñanzas del agente brasileño de la CIA, Glaycon de Paiva, en relación a la utilización de la fuerza femenina como elemento de provocación, y a título de ejemplo relatamos la primera parte del guión que la CIA y elementos de “Patria y Libertad” pusieron en escena contra el general Carlos Prats, a quien terminaron asesinando junto con su esposa en un atentado terrorista con bomba en Buenos Aires.

El general Prats solía viajar solo y sin escolta, por lo que el 26 de junio de 1973 comenzó a ser hostigado por provocadores que en caravana le siguieron durante un largo trecho empujando su auto fuera de la vía y obstaculizando su circulación, y en un momento determinado un elemento comenzó a  lanzarle denuestos llamándolo  "viejo  maricón" y  otros  insultos, luego de lo cual su auto fue completamente interceptado por otros dos móviles. El  desconocido siguió insultándolo y en el sitio, donde se produjo un embotellamiento, había varios periodistas previamente avisados por un colega de ellos, además agente de la CIA y dirigente de “Patria y Libertad,” Manuel  Fuentes  Weding

El desconocido que lo insultaba le agregó ahora gestos ofensivos a sus palabras, y el general descendió de su auto, desenfundó el revólver y al dirigirse hacia el desconocido pudo constatar que se trataba de una mujer con el cabello recortado. Para el momento ya el general se hallaba rodeado de más de cien provocadores de “Patria y Libertad”, quienes le gritaban: "General maricón, tú  y  Allende  sólo  se  atreven  con  las  mujeres...". 

El general fue rescatado por un taxista, quien lo sacó del atolladero y lo trasladó hasta el Ministerio de la Defensa.  Y  de inmediato los noticieros comenzaron a publicar el evento de acuerdo a su conveniencia, presentando al general como un cobarde que había atacado a una mujer por haberle sacado la lengua y concluyendo en que no podía ser jefe del ejército.

Toda esa técnica es la que ha usado el golpismo en Venezuela, unida a su artillería de dólares, por lo que hoy podemos ver al general Manuel Rosendo, atacado por corrupto, traidor y cualquier otro calificativo, hasta que apareció comprometido con los golpistas del 11 de abril.

El cañonazo de dólares fue tan efectivo que no solo le cambió al bando correcto sino que también le borró todos los pecados que antes le señalaban esos mismos que hoy lo entrevistan y lo ensalzan como héroe.

Y siguen conspirando, y continúan desarrollando sus planes para derrocar al proyecto de cambios, pero cada tentativa que adelantan les resulta un fracaso. Hoy vuelven a ser derrotados y a quedar en evidencia incluso ante sus patronos del Pentágono. Fueron tan torpes que la campaña de odio desarrollada contra las “hordas chavistas” que se suponía invadirían sus casas y mansiones para robarles los hornos microondas revirtió contra ellos y la locura los llevó a destruir sus propias urbanizaciones, a envenenar su propia atmósfera y agredir a sus mismos vecinos.

Quizá muchos reflexionen. Ojalá lo hagan, nacionalicen sus sentimientos y puedan incorporarse al trabajo creador, al fenomenal esfuerzo que significa sacar al país del desastre en el que ellos mismos, por acción u omisión, lo sumieron. Pudiera ser una forma práctica y sana de saldar alguna de las cuentas que con el pueblo tienen pendientes, entre ellas la de haber sido indiferentes ante la exclusión y el olvido de tanta gente. Y por haber sido peones conscientes de los ataques del imperio contra nuestro patrimonio y gentilicio.

El movimiento popular debe continuar su organización en función de dar concreción al Estado democrático y social de derecho y de justicia enunciado en el artículo 2 de nuestra Constitución. Y a los trabajadores, en particular a la clase obrera, corresponde jugar papel principal en la dirección y consolidación de ese proceso. El imperialismo y la oligarquía a su servicio no descansarán para evitarlo. Nosotros no debemos desmayar en la tarea de derrotarlos.

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Angel Cristóbal Colmenares E.


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