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El olor homicida
Por: Venpres/Opinión.
Fecha de publicación: 29/02/04
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La oposición venezolana está obligada a deslastrarse de los elementos homicidas que hay en su entorno político, quienes les imponen conductas de violencia que solo traen al país, dolor y sangre. La oposición debe entender, por lo menos Eduardo Fernández, Henry Ramos Allup y Claudio Fermín, para sólo mencionar a sectores que parecieran conscientes del papel que le toca en un sistema democrático, del marco legal de sus luchas, que el odio y la mentira no conducen a nada, sino a su propio aislamiento.
Nos imaginamos a Humberto Calderón Berti almorzando en su casa con Ricardo Koesling, sin sentir -en algún momento- el olor que desprende el halo homicida, de quien se ha involucrado en los peores hechos de violencia sucedidos en nuestro país: voladura del avión cubano ( 77 muertos), exposición de bombas en el CCCT, el caso del Amparo (14 muertos), y muchos otros.
No escapa a nuestra mente, por ejemplo, que compartan alegremente Gabriel Puertas con González González, sin que en algún momento, recuerde a los homicidas de Cantaura, donde Bandera Roja sufrió pérdidas de valiosos militantes. Cómo explicar lo que hacen ahora, como abrazar a sus antiguos torturadores. Qué fuerza externa les une.
Vamos a imaginarnos a Andrés Velásquez del brazo de Henry López Sisco, o jugando dominó con Salvador Romani, sin que -en algún momento- su estómago le provoque náuseas ante el olor de los homicidas.
En verdad, creemos que la oposición debe hacer una reflexión sobre la presencia de estos elementos en su seno, elementos que forman parte de un aparato terrorista manejado desde el exterior para sembrar zozobra en Venezuela. Estos elementos pudieran confundir a un pobre Jesús Torrealba para que se disfrazara de “comacate”, o a un William Ojeda, dispuesto a cualquier cosa por algunos dólares, o a Enrique Mendoza, por su actual desesperación política al verse -técnicamente- derrotado.
Pero, como confundir a un Salas Romer, a Francisco Arias Cárdenas, a Julio Borges, a un Mario Moronta, y a otros tantos que desde una óptica opositora deberían deslindarse de los homicidas para que el pueblo de Venezuela no les pase factura por convertirse en tontos útiles de planes de intervención extranjera en la patria de Bolívar.
Finalmente, recordemos a Albert Camus cuando condenó el apoyo que la iglesia española le dio al fascismo: “Cuando un obispo bendice las ejecuciones políticas no es más un obispo, ni un cristiano, ni siquiera un hombre, es un perro, tal como el que desde lo alto de una ideología ordena esas ejecuciones sin hacer él mismo el trabajo. Esperamos que se unan los que no quieren ser perros."





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Venpres/Opinión.


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