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Caín Cisneros cada vez actúa más como dueño de El Nazional, aunque tenga allí como peleles a los primitos Miguel Henrique Otero de Peña y José Calvo Otero de Pacheco. En la edición del lunes de carnaval, en ese pasquín publican una página entera con el jalabolístico título de “Gustavo Cisneros, el adelantado”, refiriéndose a un libro de idéntico nombre. Todo el texto es tan laudatorio, que hasta el obsequioso Alberto Federico Ravell debe lamentar no haber podido echar él tan tremenda jalada a Caín. Con ese texto Cisneros se quita dos máscaras: la de propietario real de un panfleto y la de un tipejo con suficiente falta de ética como para comprarse una biografía, de esas que una editorial mercenaria como Planeta se presta a publicar si hay suficientes “razones” para ello. Claro, a lo mejor no es sólo mala ralea. Caín Cisneros está tratando de hacer negocio con otro mafioso, Silvio Berlusconi, y a lo mejor por eso quiere quitarse su bien ganada fama de narcotraficante.
Definitivamente, vivimos en el país de lo insólito. Manuel Rosales, que firmó el decreto estableciendo la dictadura de Carroña Estanga, aparece ahora entre los fundadores una llamada Asociación de Gobernadores Democráticos. En la misma está también Enrique “Cuchita” Mendoza, que durante esa tiranía patronal cerró el canal 8, intervino policías y hasta nombró Alcaldes, sin la menor potestad para ello. Por si fuera poco, William Ojeda, uno de esos alcaldes que juramentó Cuchita, sale por ahí diciendo que la democracia sólo se derriba con violencia. Por lo visto, ese trío comparte, además de sus peculiares vincúlos, un cinismo homérico.
Hablando de Cuchita Mendoza, resulta que estaba fuertemente medicado contra el Mal de Parkinson cuando dio esas increíbles declaraciones en las que reconoce que las firmas entregadas al CNE pidiendo el revocatorio presidencial, incluyen un porcentaje significativo de muertos, menores de edad, personas no inscritas en el REP, extranjeros y otras irregularidades. Sólo los fármacos explican que un veterano –en cualquier sentido del término, incluyendo le oriental- confiese que a sabiendas entregaron firmas chimbas. Eso sí, luego se quejarán cuando el CNE se las anule.
Sorprende el nivel de analfabetismo que reina en la oposición. Este lunes, El Nazional le dio una página a un bacalao importado de Ecuador, llamado Alfredo Ramos Jiménez. Este sujeto es nada menos que director del centro de políticas comparadas de la Universidad de Los Andes. En la entrevista afirma que la democracia representativa no funcionó ni en Atenas. Da vergüenza ajena escuchar a alguien que cobra y está a punto de jubilarse profesor, decir semejante disparate. Cualquier estudiante poco aventajado sabe que Atenas es un ejemplo de democracia directa, no representativa. La verdad es que este ecuatoriano podría competir con la “mayoría pírrica” de Antonio Ledezma a ver quién echa el rebuzno más sonoro.
Hablando de ladrones y analfabetos ¿Saben cuantos cuadros le compró el Museo de Arte Contemporáneo a Pedro León Zapata? Nada menos que medio millar. En ese museo, por obra y gracia de las corruptelas de Sofía Ímber, tienen nada menos que 486 obras del payaso ése al servicio de El Nazional. Zapata, que es un mercenario, tras décadas de izquierdismo se vendió al mejor postor. Su malestar con el gobierno de Chávez se debe a que en 1999 se acercó a Ipostel y propuso que le compraran obras por 400 millones de bolívares, para una serie de estampilla. La respuesta de ese organismo fue que, de elaborar sellos con cuadros, preferirían adquirirlos de 40 artistas prometedores y ayudarles así en su carrera. A partir de que el gobierno se negó a ese guiso, Zapata –transmutado en Zaputa aunque no trabaje con el cliente encima- se volvió un ardiente opositor.
La Coordinadora Democrática cada vez se parece más a la Cueva de Alí Babá, sólo que con más de cuarenta. Por allí recaló nada menos que Fernando Martínez Mottola (a) Cáscaras, quien en tiempos de Carlos Andrés Pérez fraguó la privatización de Cantv. Gracias a ese guiso, pasó de modesto dirigente estudiantil masista en la Universidad Simón Bolívar, a presidente de un banco. Cáscaras es ahora el coordinador para elegir candidato presidencial opositor, un cargo que le viene a la medida, pues nada es más inútil que seleccionar el abanderado para unas elecciones que jamás se producirán. Eso sí, que se cuide Cuchita, pues con Cáscaras cerca, sin duda se extraviará algo valioso.
Por seguir con ladrones: una inspección en el Hospital Jesús Yerena reveló que allí estaban “desaparecidos” y obviamente sin dar servicio a los pacientes, equipos costosísimos, altamente sofisticados, comprados en España por decenas de millones de dólares. La operación la hicieron Alfredo Peña de Otero y su testaferro en guisos médicos, Pedro Aristimuño Hurtado (el apellido lo dice todo). Ésa es la calidad de gestión de Peñita y sus cómplices...
Liliana Ortega lleva 15 años viviendo de las víctimas del Sacudón. Su organización se llama incluso Comité de Familiares de las Víctimas del 27 de febrero de 1989 (Cofavic). Se volvió profesional de los derechos humanos y le quita verdaderas fortunas a quien se deje, bien sea el gobierno de EE.UU. o Andrés “Viagra” Mata. La Ortega es una experta esgrimista y le da tremendos sablazos a cualquiera que vea un poco distraído. Por eso ya no habla de las víctimas del Sacudón y ni siquiera da las gracias a un gobierno que está indemnizándolas. Eso sí, sin darle a ella ninguna comisión. Por eso es que, como toda mercenaria, anda acusando a Venezuela en el exterior y “cachando” a cualquier grupo por sórdido que sea, desde los gusanos de Miami a la CIA o el Departamento de Estado.
Otro mercenario –aunque el alcohol le ha hecho perder habilidad como sablista- es Rodolfo Smith. Este experto en quebrar publicaciones malvive en Miami quitándole limosnas a venezolanos y cubanos, con las cuales se paga unas borracheras tumbapipotes para intentar curarse el despecho que le dejó Ibéyise Pacheco, junto con unos cuernos que harían palidecer de envidia al mejor dotado de los Miura.
Otra actitud que causa risa es la de la Coordinadora Democrática cuando habla de “tecnicismos”. Eso sí, se ampara en sus alegatos para defender sus firmas fraudulentas en un verdadero tecnicismo, como lo es que en el reglamento no se previera expresamente las planillas tipo plana. Es algo así como que exigiesen la validez de las firmas de los muertos, porque en el reglamento no se señala específicamente dicha irregularidad. Por cierto, en la publicidad institucional que difundió en CNE durante la recolección de firmas, bien claro se especificaba que el firmante tenía que llenar él mismo la planilla y en caso de no poder hacerlo (ciegos, por ejemplo) había que dejarlo constar en la misma. Es que son tramposos congénitos...
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