Oligarquía y reelección

Durante 160 años la reelección fue ilimitada en los EEUU. ¡Ojo, no fue indefinida! Fue ilimitada.

Washington renunció a ella y Teodoro Roosevelt la obtuvo dos veces durante dos períodos distintos. Su lucha contra los abusos de las grandes empresas y contra la explotación de la mano de obra inmigrante le dio el liderazgo para ello; a los 25 años ya era un político de grandes dimensiones.

La enmienda XXII puso fin a esa reelección ilimitada y la restringió a dos períodos. Desde entonces en lugar de reelegir presidentes para un tercer o cuarto período los norteamericanos eligen vicepresidentes para un tercer o cuarto período. Desde 1951 han seleccionado más de 12 vicepresidentes de presidentes reelegibles. El deseo y el propósito de darle continuidad a políticas exitosas los han llevado pragmáticamente a la reelección por carambola.

El debate sobre este tema ha sido más intenso en el régimen presidencial que en el parlamentario. En efecto, para este último no hay límites y los electores pueden ejercer su derecho sin restricciones. Aunque parezca extraño, son las oligarquías y no los pueblos quienes temen a la reelección.

Históricamente son éstas quienes se oponen a ella. El poder se opone al poder. No quieren riesgos. Se niegan a asumir el trance de un mandatario que no les obedezca y no les garantice el lucro y la ganancia.

La no reelección no impide que un cogollo se enquiste en el poder. La experiencia vivida en la Venezuela de 1961 a 1998 lo refleja muy bien. ¿Hubo en realidad durante esos períodos alternabilidad? ¿Transitaron acaso corrientes diferentes? ¿Se presentaron frente a frente polos de naturaleza contraria? ¿Se hicieron cosas distintas en cada turno? ¿Cambió la cosa pública? ¿Fueron opuestas o diversas las opciones que nos gobernaron? ¿Alguien vio dos o más propuestas durante esos años? El derecho a elegir es un derecho humano. Garantiza participación y no tiene por qué verse distinto cuando hay un océano de por medio. No debería haber límite para el votante. Eso lo dice la democracia. El elector no debería tener camisa de fuerza. Elige el pueblo y es eso lo que se denomina poder constituyente originario.

Ex Fiscal General de la República

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Isaías Rodríguez


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