|
No hay eslogan que inventen los chavistas que no sea calcado y ejecutado por la oposición. Estas elecciones fueron particularmente ilustrativas de este aserto. Fue iniciativa de los chavistas el decir como grito de guerra: ¡Vamos con todo!, pues bien de inmediato la idea fue tomada por la oposición, no bien proclamándola sino adoptándola como estrategia de acción. Como por arte de magia, a pesar de las diferencias que se mostraban entre sus dirigentes, el resultado el día de la elección fue que votaron todos de una misma manera, dándole el triunfo en cinco puntos importantes del País.
Se nos hace evidente el hecho que cuando la oposición votó, sabía que ese era su bando y estaban claros de lo que obtendrían con la victoria: Conservar sus privilegios, que no investiguen el origen de sus oscuras fortunas, el respeto a sus legítimas “propiedades” privadas. En fin, que no se meta nadie en mis comodidades, que son un derecho adquirido, no importa como se obtuvieron. La oposición tiene un pensamiento fijo, no importa a que grupo pertenezca: Fuera Chávez y con lo mío no te metas y punto, caiga quien caiga.
No pasa igual con el afecto al chavismo. Este personaje se divide en dos grupos: los que los arrastra el corazón en un apoyo ciego e incondicional, los que pertenecen a los que “sin comida y sin empleo con Chávez me resteo”. Y el razonador que piensa de una manera socialista en el bien de todos los venezolanos. Los primeros son votos duros. Los segundos son votos inestables, que les falta solidez, susceptibles de no votar si se presentan inconvenientes de ultima hora, son fáciles de propinar un “voto castigo” ante cualquier desafuero que piense que ha cometido el gobernante que ahora apoya.
El problema de ahora y de siempre en todo proceso que tiende a acondicionar la mentalidad de la persona que se quiere incorporar a un nuevo modo de concebir las cosas, es que se requiere una prolongada labor de entrenamiento, de organización y de elocuente predicación de los principios definitorios, para que se valla conformando progresivamente un patrón de pensamiento que sea resonante con los hechos que se deben hacer en la revolución
Es muy fácil inculcarle a la gente el personalismo, el concepto de propiedad privada, el sentimiento de indiferencia por la suerte de los demás, la idea que de los males el menor, como argumento para justificar ilícitos, que de no hacerlos yo, otro lo haría mucho mas dañino. Estos y muchos más atienden a una especie de ley de gravedad y se instalan sin mayor esfuerzo y tienden a arraigarse y a crecer en la persona. Todo eso define el neoliberalismo y el capitalismo.
Mucho mas difícil y mas laborioso en enseñar lo contrario, que la gente comprenda la importancia de la honestidad, de la solidaridad con la humanidad, del conservacionismo de la naturaleza, de hacer consciente y sólido la idea de que solo esos valores socialistas pueden permitir una vida sustentable en el planeta, sin que ninguno de los individuos que lo forman quede marginado y sufriendo injustamente. Es tarea permanente que nos toca a todos, en especial a los que tenemos el mandato de enseñar.
Caribay13@hotmail.com
Articulo leido aproximadamente 400 veces
|