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El antihéroe americano: Michael Moore.
Conocimos a Michael Moore a través de un programa televisivo de carácter irónico transmitido por una de las televisoras de cable de nuestro país. Nos pareció ingenioso que The awful truth, mostrara –esencialmente- al público norteamericano una verdad escondida que muestra a legisladores norteamericanos tomándose la siesta a pesar de la importancia de temas tan claves como el desempleo, seguridad social, inmigración, etc. La ironía de los ganadores de la guerra a Irak (la del Golfo, previa a la actual invasión), veteranos de guerra postrados en sillas de ruedas, con graves problemas en el aparato psicomotor o neurológicos frente a sus víctimas niños iraquíes –los perdedores- jugando a las carreras en un Irak terriblemente afectado por el bloqueo post guerra. Era parte de lo que Moore nos mostraba en su programa televisivo. Siempre la moraleja insistía en que el modo de vida norteamericano no era más que una representación que sus líderes se empeñaban en mostrar.
Hoy, leímos con agrado el libro “Estúpidos hombres blancos”[1] de su autoría y este ejemplar libro nos llama la atención por la veracidad de sus denuncias. Una investigación minuciosa e inteligentemente narrada nos impacta al mostrarnos cómo luego del 11 de septiembre de 2001, la concepción del mundo sufrió un cambio. Los intríngulis para la publicación del libro, escrito previo a los acontecimientos del 11 de septiembre, sufrieron los rigores de la autocensura y es que Moore detalla con minuciosa singularidad cómo el sistema electoral norteamericano no es más que un aparato anticuado, con complejidades exageradas que posibilitan la anulación de votos o votantes y visiblemente formado para favorecer al poder del amo.
Moore nos muestra desde el inicio al fin del texto el fraude electoral en el que la nación del norte optó por G. W. Bush, nos permitimos, aún sin permiso expreso del autor citar algunas lineas que nos resultaron inimaginables en un sistema en el que todos piensan es perfecto.
“El 7 de noviembre de 2000, cuando los habitantes negros de Florida acudieron a las urnas en número sin precedentes, muchos fueron rechazados con un rotundo Usted no puede votar. En varios distritos de las ciudades más degradadas de Florida colegios electorales estaban fuertemente vigilados por la policía para impedir que alguien incluido en la lista de delincuentes... Se coartó el derecho constitucional a voto de cientos de ciudadanos honrados, sobre todo de barrios negros y latinos, bajo amenaza de arresto si protestaban”
Moore nos pasea también por algunas cifras que nos hacen dudar de lo que significa ser un país del primer mundo. “ 163 escuelas de Nueva York abrieron el curso escolar 2000-2001 sin contar con un director... En 1999, una cuarta parte de las escuelas públicas americanas informaron que al menos uno de sus edificios se hallaba en condiciones precarias. En 1997, todo el sistema escolar de Washington D.C. tuvo que retrasar el inicio de las clases en tres semanas porque casi una tercera parte de los centros escolares resultaban inseguros... En casi el 10% de las escuelas públicas el número de matriculaciones excede en más de 25% la capacidad de sus dependencias...”
Sin duda su texto es una mirada crítica y quizá desenfrenada ante un modelo que se nos ha impuesto como el deseable, no pensamos sin embargo que este hombre sea el ideal antinorteamericano que muchos desearían contrario a esto pensamos es el ideal de hombre que lucha y se guía a través de sus principios para que la justicia y una plena libertad tengan sentido en un país en el que muchos piensan todo es un paraíso idílico.
Carolina Castellanos G
Clara Ferreira.
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[1] Moore, Michael. 2003. Estúpidos Hombres Blancos. Ediciones B. Barcelona.
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