Esta etapa del proceso político, que deviene de una historia de lucha, de
sangre y de conquistas del Pueblo venezolano, apenas comienza a dar sus primeros
pasos en el desarrollo de la revolución, es decir, está en un estadio pre
revolucionario. En la medida que se vaya profundizando el proceso se irán
configurando nuevas conspiraciones de la derecha, mejores preparadas y de
carácter internacional.
Es así como la misma reacción es quien ha estado empujando a los
revolucionarios a la radicalización del proceso, como respuesta a las
conspiraciones. Esto se puede evidenciar en situaciones como: ante la campaña
terrorista de los medios de comunicación, los revolucionarios respondemos con la
toma pacífica de los mismos; ante el paro insurreccional, la toma de fábricas
por parte de los obreros; por mencionar dos ejemplos. Por otra parte, en las
filas de la Revolución, en ese abanico político e ideológico, de manera general
crece la tendencia antiimperialista y latinoamericanista, y de manera particular
la tendencia revolucionaria que plantea el Socialismo como la única respuesta al
Fascismo. Y esto es lógico, pues por idealistas que seamos jamás podrán
conciliarse los intereses del dueño, del patrón, de los Yanquis, del explotador,
con los intereses del pueblo pobre, de los descalzos, de los
latinoamericanistas, de los justos, de los explotados. Los intereses de clase
son irreconciliables y esto es el principio fundamental que ha movido e
inspirando las revoluciones en todo el mundo. Lamentablemente aún mucha gente
cree que el gran capital nacional e internacional permitirá, pacífica y
constitucionalmente, que los explotados puedan convivir con los explotadores
como iguales en derechos.
Por esto necesitamos dilucidar sobre nuestro estado actual y nuestro destino.
Existen cuatros bases fundamentales para la construcción de la Revolución:
- Programa Revolucionario
- Partido Revolucionario
- Movimientos Sociales
- Ejercito del Pueblo
Programa Revolucionario
Es imperante que los revolucionarios definamos cuales son las líneas
programáticas que direccionarán nuestras luchas. Existe una tendencia en las
filas de la Revolución en confundir el programa Revolucionario con la
Constitución de la República. La Constitución es una gran conquista en lo que a
derechos se refiere, permite la transferencia de poder al Pueblo, pone reglas
que permiten, en cierto modo, controlar al poder económico, permite
enfrentar a los sectores contrarrevolucionarios, en fin nos entrega muchas
herramientas para nuestra lucha por la edificación de una sociedad justa. Sin
embargo, el Programa Revolucionario contiene líneas estratégicas a seguir por
todos los Revolucionarios, considera las diferentes etapas que debemos seguir y
los pasos que debemos consolidar para la profundización y concreción de la
Revolución. Este Programa puede incluso plantearse cambios a la Constitución de
la República en algunas etapas del proceso. En este sentido, la unidad de todos
los sectores, verdaderamente revolucionarios, del proceso se consolidará en
torno a esas líneas estratégicas que definen un camino hacia una sociedad sin
clases.
Es necesario trabajar en la creación de espacios de encuentro de todas las
corrientes revolucionarias de la Revolución, que servirán para madurar en la
construcción del Programa, así como en la creación y discusión pública de
documentos que apunten hacia la construcción del mismo.
Partido Revolucionario
La inexistencia de una dirección política coherente y clara por parte de los
partidos que apoyan al Presidente, con una militancia honesta con sus
principios, que respete los liderazgos naturales y con preparación técnica y
política, es una de las grandes debilidades del Proceso. Más bien estos
militantes quedan protegidos por el verbo y accionar del compañero Presidente
quedando éste prácticamente solo cuando se trata de profundizar el Proceso,
haciéndolo más vulnerable. En otras palabras, no existe un partido que pase a la
primera línea de fuego, el lugar más riesgoso en la contienda, absorbiendo buena
parte del peso que lleva el Presidente. Por supuesto muchos de ellos tienen en
su seno sectores revolucionarios que empujan el proceso hacia su profundización,
mientras otros sectores lo empujan hacia las simples reformas y otros sólo se
aprovechan de los recursos del Estado. Sin embargo, se debe señalar que
progresivamente, los factores revolucionarios en las decenas de partidos que
apoyan el proceso, han ido posicionándose dentro de los mismos y creciendo
cuantitativa y cualitativamente. Esto último es una señal muy positiva.
Precisamente por esta falta de dirección política es que perdimos dos
momentos insurrecciónales como lo fueron el 13 y 14 de abril del 2002 y los días
de diciembre y enero próximo pasado. Es una crítica (y autocrítica) que debemos
asumir todos los revolucionarios.
En los días 13 y 14 de abril, después de la caída del dictador, el Pueblo
permaneció en la calle, tenía tomado los medios de comunicación de los
golpistas, internacionalmente estaba justificada la represión a los mismos, era
momento de apoyar la insurrección popular que se estaba gestando; a pesar de
esto, el llamamiento de la mayoría de los dirigentes del proceso, incluyendo al
Presidente Chávez, fue perdonar la conspiración y llamarlos nuevamente a
trabajar juntos. Esta ingenuidad política nos costó posteriormente otra
conspiración en la industria petrolera, cosa que más adelante reconoció el
Presidente como un error.
Los días de diciembre de 2001 y enero de este año sucedió algo similar, sólo
que esta vez la oportunidad desperdiciada fue más grande. Como resultado del
paro golpista y del saboteo petrolero, se produjeron tomas de las fábricas y
refinerías participantes en el paro, practicando, en el hecho, el control obrero
del Pueblo sobre esos medios de producción; en otras palabras, hubo una ruptura
del modelo de producción Capitalista, pudiendo ésta haber sido el inicio de un
proceso de expropiación de fábricas para colectivizarlas. Esta insurrección
popular nuevamente se frenó por la falta de claridad político ideológica de
nuestros dirigentes, a pesar de que tomaron la consigna popular de "fábrica
cerrada, fábrica tomada" y de que el Presidente amenazó a los golpistas con un
decreto de expropiación.
La masificación de la direccionalidad táctica, coherente y unificada debe
provenir del acuerdo de los partidos revolucionarios, y no de la apreciación
individual de cada uno de sus dirigentes. Sólo actuando como un solo hombre, el
Pueblo logrará consolidar la revolución.
Es de resaltar, esta unidad no puede basarse en la impunidad que gozan miles
de "políticos de boinas rojas" que ocupan cargos públicos y que se han dedicado
a robar los fondos del Estado y entrabar la profundización de la revolución.
Esta "burocracia revolucionaria" hay que extirparla rápidamente antes de que
empañe de desesperanza y de fracaso los logros de la revolución. En
consecuencia, la unidad de los revolucionarios debe basarse en la honestidad,
jamás puede significar tolerancia con los contrarrevolucionarios que tenemos
anidados en el Gobierno, con esas prácticas "Miquelenistas" que penetraron todo
el Estado y que no son más que el rescate del Stalinismo; aunque se nos acuse a
nosotros, los que levantemos la voz, de "infiltrados". Y la unidad tampoco puede
ser en torno a la claudicación de cientos de organizaciones para favorecer a una
o dos de ellas. Debemos practicar el principio de la unidad en la diversidad.
Movimiento Social
Debemos recordar que, además de la represión brutal, a finales de los 80
comenzó una ofensiva ideológica contra toda forma de organización política,
imponiendo el postmodernismo un techo a las aspiraciones históricas de los
Pueblos. Esta ofensiva tuvo sus efectos en la década de los 90, trayendo como
consecuencia una gran desarticulación y despolitización del movimiento popular.
Además, la sociedad venezolana, mas allá de arrastrar desde hace años una crisis
económica, política y social, arrastra una crisis moral, crisis de la que no se
escapan los movimientos sociales, manifestándose en prácticas clientelares y
oportunistas por parte de algunos miembros en su seno
Sin embargo, en los últimos cinco años y muy especialmente en los últimos
dos, la organización social en torno a reivindicaciones sectoriales o regionales
ha tenido un crecimiento vertiginoso, pero, producto de su corta maduración, aún
es precaria, reactiva y desarticulada. En ella se crea una diversidad de
matices ideológicos y políticos, con sus aciertos y desviaciones, esto evidencia
la falta de maduración de objetivos generales de conquista social. Esta
maduración será producto exclusivo de la participación y protagonismo del Pueblo
en todos los espacios de poder y de debate.
Por ende, es tarea de los revolucionarios fortalecer y profundizar la
participación y protagonismo del Pueblo, así como también generar el debate
permanente, político e ideológico, sobre las tareas a corto, mediano y largo
plazo de la Revolución y del Pueblo. Necesitamos un Movimiento Popular orgánico,
fuerte y con conciencia revolucionaria (de clase).
Lo revolucionarios debemos enfrentar esos imposiciones de liderazgos en el
seno del Pueblo que tanto daño nos han hecho, tales como Miquelena, decenas de
asambleístas, Gobernadores y Alcaldes, Federaciones y Coordinadores, etc, que
solo han entorpecido y minado el camino de la Revolución. Este error hay que
alertarlo a todo el Pueblo y en especial al Presidente Chavez. La revolución, en
esta etapa, no sorportaría a otros miquelenas en Gobernaciones, Alcaldías,
Ministerios, etc.
Ejercito del Pueblo
En la medida que se incrementan las contradicciones, producto de la
profundización de la Revolución, tanto así se incrementa la amenaza de una
ofensiva armada nacional, pero muy especialmente, internacional; por lo cual
necesitamos plantearnos respuestas a esta amenaza.
En este sentido, y ante un posible escenario de invasión directa o indirecta
del Gobierno Yanqui en nuestro suelo patrio, la única resistencia y triunfo
posible sobre el invasor se basaría en una concepción militar de Guerra de todo
el Pueblo, para lo que, nuestra Fuerza Armada Nacional (FAN) tendría un papel
fundamental en la dirección, preparación y aprovisionamiento del Pueblo para tal
fin, esto sólo sería posible con una FAN Revolucionaria, que no dude en su papel
y que no vacile ante el chantaje continuo de descalificaciones por parte de los
medios de comunicación nacionales e internacionales. Necesitamos una FAN
absolutamente en intereses, querencias y espacios con el Pueblo.
Lamentablemente no podemos hablar aún de una FAN Revolucionaria. Podemos
decir que actualmente nuestra FAN es, en buena parte, "institucionalista" pues
ésta es fiel a la superestructura que queremos transformar, y no a un proceso
revolucionario que progresivamente profundiza la transformación de la democracia
burguesa (o plutocrática) en una democracia participativa, protagónica y
popular, un proceso que democratiza las relaciones de poder sociales, políticas
y económicas; en otras palabras, una revolución Socialista. Es importante
señalar que existen importantes corrientes revolucionarias dentro de la FAN pero
no es la totalidad de la misma.
Por otra parte, se ha perdido el miedo de hablar dentro y fuera de los
cuarteles de la unidad de la FAN y del Pueblo en la defensa militar de la
Revolución. Esto es muy positivo, pues las armas también son un poder que hay
que democratizar, "dándole poder a los pobres", como última opción cuando se vea
amenazada la república.
Para finalizar, prevemos días agitados en los próximos meses pues es la
última carta de la derecha antes de las elecciones de mediados del año que
viene, elecciones que concentrará fuertemente, desde los inicios del próximo
año, a todos los partidos en la contienda electoral, dejando de lado el
referéndum. En otras palabras, el referéndum revocatorio que presuntamente
impulsa la Coordinadora Democrática, sólo persigue crear el hecho político,
durante estos próximos tres meses, para legitimar internacionalmente una salida
del Presidente Chávez, similar al reciente caso de Liberia. Ni a AD (que tiene
dos votos de la directiva del CNE) ni al Gobierno (que tiene los otros 3 votos)
le conviene el referéndum, por lo tanto podemos estar seguros de que no se
realizará.
Es importante que los revolucionarios empecemos a alertar de los errores que
se han venido cometiendo, sin dar crédito al chantaje de que nos acusen de
contrarrevolucionarios. Lo seríamos si no la hacemos.
Estos momentos son vitales, para la consolidación de la revolución o para la
consolidación de la reacción. De nosotros los revolucionarios depende, que
corrijamos los errores que se vienen repitiendo o nos lo reprochemos en la
clandestinidad.
Utopía
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