"La cultura intelectual y moral predominante, nos presenta el mundo bajo un
prisma muy diferente.
Según su óptica ¿porqué debiéramos ni siquiera preocuparnos por Haití ? En
definitiva somos el país más rico y poderoso del mundo, mientras que Haití
está en el polo opuesto de la existencia humana: miserable, horroroso, negro
y feo. Puede que compadezcamos a los haitianos y a otras gentes retrasadas
que inexplicablemente no han conseguido lograr nuestro grado de nobleza y
riqueza, e incluso puede ser que les echemos una mano motivados por algún
impulso humanitario. Pero allí se acaba el sentido de responsabilidad."
Del prólogo del escritor norteamericano Noam Chomsky al libro "Haití para
qué" de Pau Farmer.(1994)
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A manera de prologo
Las protestas contra el presidente haitiano Jean Bertrand Aristide se han
convertido en una abierta insurrección en Gonaives, ciudad de doscientos mil
habitantes, y cuarta en importancia en el país. Fuerzas policiales enviadas
desde la capital, Puerto Príncipe no consiguieron recuperar el control y
sufrieron varias bajas. A medida que transcurren las horas, crece la
impresión de que la sublevación se afirma en otras poblaciones del interior.
Mientras tanto, Aristide, que durante años fue la esperanza de los
millones de empobrecidos y marginados que constituyen la gran mayoría de los
habitantes del país, acentúa sus rasgos totalitarios y procura sostenerse en
el poder. Para ello, apela al apoyo de los sectores populares que aún le ven
como a un igual, alguien surgido de la pobreza y que les sacará del atraso y
la miseria.
Pero en realidad, más del 80 por ciento de los siete millones y medio de
habitantes guardan distancia de las confrontaciones a favor o en contra del
gobierno. Están ocupados en conseguir algo de frijoles o arroz, en
sobrevivir. Muchos de ellos asumen que no hay salida ni posibilidad de
mejora. Su mayor esperanza es que la situación no vaya a peor.
Y es que no hay una fuerza opositora estructurada, con líderes
reconocidos, con organización y objetivos. Son flecos dispersos de la clase
dirigente, muchos de ellos contaminados por el despotismo y la corrupción y
preocupados solo por sus propios beneficios.
El panorama se completa con una comunidad internacional que ha ignorado el
ancestral drama del primer país donde los esclavos negros lograron liberarse
de sus amos blancos.
Francia o Estados Unidos que han tenido durante muchos años el verdadero
control de Haití, solo han velado por sus propios intereses y en verdad han
contribuído a perpetuar la postración y la miseria. Francia con la
proverbial avaricia colonial y Estados Unidos con sucesivas ocupaciones
militares o el apoyo a dictaduras sangrientas e interminables como la de
Francoise Duvalier. Las perspectivas no son alentadoras, y el fantasma de
un enfrentamiento generalizado entre partidarios y opositores de Aristide se
cierne como una amenaza más sobre este sufrido pueblo americano.
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HAITI : El drama que no cesa de un pueblo olvidado
por Carlos Iaquinandi Castro ( SERPAL)
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Haití acaba de celebrar 200 años de su independencia formal. En ese
territorio insular proclamaron en 1804 su primer gobierno propio los
esclavos negros. Hoy, es el país más empobrecido del hemisferio occidental.
Hay quienes prefieren deslindar responsabilidades atribuyendo ese atraso a
la presunta incapacidad de sus habitantes para construír una nación viable.
Otros, como el escritor Ian Thomson creen que "los países de occidente
trataron a Haití como a un paria porque había tenido la temeridad de
liberarse y nunca le iban a perdonar eso".
La verdad parece asemejarse a la de otros tantos países dependientes:
siempre hay responsables internos que abren las puertas a quienes vienen a
sacar el mejor provecho. A partir de allí, el saqueo y la corrupción están
servidos. Unos pocos se reparten los beneficios, y una mayoría queda
postergada y marginada.
En las últimas semanas, el deterioro social y económico derivó en protestas
sociales que han sido duramente reprimidas y que provocaron más de medio
centenar de muertos y decenas de heridos. Finalmente, opositores al
presidente Aristide se sublevaron y lograron hacerse con el control de
varias poblaciones del norte del país, entre ellas Gonaives, la cuarta
ciudad en importancia. Hace unas horas, fuerzas policiales fracasaron en el
intento de retomarla con un saldo de nuevas víctimas. Se abre entonces un
incierto panorama de confrontación entre quienes defienden la continuidad de
Aristide y quienes reclaman su dimisión y la formación de un gobierno de
transición que convoque a elecciones libres. En el medio, un pueblo
hambriento, marginado y sin los mínimos recursos.
Antecedentes
Los aborígenes que sobrevivieron a la conquista española y los esclavos
negros llevados desde las costas africanas por las potencias coloniales
constituyeron la población de Haití, que comparte el espacio insular
caribeño con la República Dominicana. Francia ocupó ese territorio por mas
de un siglo y sacó provecho de la explotación de sus habitantes y de sus
recursos. ( En en siglo XVIII nada menos que el
75 % de la producción mundial de azúcar). Se marchó cuando la rebelión de
los esclavos negros proclamó la república y años más tarde tuvo el descaro
de exigir el pago de una elevada suma a modo de indemnización por haber
perdido esa próspera colonia.
El relevo como potencia influyente o decisiva lo recogió Estados Unidos, que
desde 1849 envió con frecuencia barcos de guerra, o los mantuvo como
presión, en las costas haitianas. En 1915 el Parlamento haitiano se negó a
aprobar una Constitución dictada por Estados Unidos, lo que motivó que el
gobierno del norte decidiera ocupar militarmente Haití con sus infantes de
marina. Y allí se quedaron por casi
20 años. Durante ese período fueron denunciadas varias masacres producidas
por la represión a campesinos en las que fueron asesinados entre tres y
quince mil personas.
A partir de los años 50, respaldaron la terrible dictadura de Francoise
Duvalier que institucionalizó el terror y el atraso como signos destacados
de sus treinta años en el poder. Le sucedió su hijo Jean Claude quien
prolongó varios años la agonía del régimen hasta que marchó al exilio que,
alegando "razones humanitarias", le brindó Francia, la ex potencia colonial.
En su huída, el "petit" Duvalier se llevó gran parte de lo que quedaba en
las arcas estatales.
Después vino la esperanza de un joven sacerdote negro, reconocido como "el
cura de los pobres". Jean Bertrand Aristide ganó ampliamente las elecciones
en 1990, pero a los 8 meses fue derrocado por un golpe militar. El ejército
haitiano siempre fue una herramienta de dominio de las pocas familias que
controlan el escaso movimiento económico que existe.
Tras un exilio en Estados Unidos, regresó al país en 1994 gracias a una
nueva operación de los “marines” norteamericanos. En los años posteriores
gobernó a través de su movimiento "Lavalas", y desde el 2000 ejerciendo
directamente la presidencia del país al ganar ampliamente las elecciones en
las que no tuvo rivales. Pero en el camino quedaron sus compromisos de
cambio y transformación. Le acusan de haberse enriquecido con negociados y
concesiones, como las otorgadas a empresas telefónicas norteamericanas.
Muchos de quienes le acompañaron durante su prédica como miembro de la
teología de la liberación se han pasado a la oposición. Aristide dejó los
hábitos hace diez años, y posiblemente también abandonó muchos de los
principios que lo habían convertido en la esperanza de su pueblo.
Hoy
Los años de gobierno de Aristide no solo no han sacado al país de los
terribles niveles de pobreza, sino que en algunos aspectos lo han hundido
todavía más.
La economía está descalabrada, y los escasos recursos provienen de las
remesas de sus emigrantes ( estimadas en más de 700 millones de dólares ) y
de la cada vez menor ayuda internacional . La corrupción domina todos los
niveles administrativos; más de la mitad de la población es analfabeta; otro
tanto no tiene acceso al agua potable y la esperanza de vida ha bajado a los
49 años. Haití ocupa uno de los últimos lugares en el Indicador de
Desarrollo Humano, ( el 134º ) al lado de los más postergados países
africanos. El 4 por ciento de su población, controla el 64 % de su riqueza.
La deforestación y la erosión amenazan con convertir en un desierto el
territorio haitiano.
La población se estima en siete millones y medio, pero hay casi dos millones
que emigraron a Estados Unidos o la República Dominicana en la desesperación
de encontrar un futuro mejor. En fuentes de la ayuda internacional
consideran que no llegan a doscientas mil las personas que tienen un empleo
formal en Haití, el resto sobrevive como puede. Algunos quizás vinculados
con el negocio de la droga, ya
que los estudios especializados indican que Haití está en la ruta del
narcotráfico hacia donde se hace el mayor consumo mundial: Estados Unidos.
La sublevación
Aristide gobierna con el apoyo de los pobladores más empobrecidos y
marginados, en especial los de Puerto Príncipe, la capital. Pero desde hace
varias semanas, algunos de sus ex partidarios y colaboradores se han sumado
a un movimiento opositor conocido como "Grupo de los 184" , porque
inicialmente ese fue el número de grupos políticos, sindicatos, asociaciones
patronales y entidades de la sociedad civil que lo componen. Aunque el grupo
no tiene líderes reconocidos, uno de los que pretende ejercer ese papel es
Gerard Pierre Charles, que dirige la Organización del Pueblo en Lucha,
desprendimiento del movimiento Lavalás de Aristide. Este veterano opositor
de extracción comunista, acusa al presidente Aristide de haber creado las
condiciones para el caos actual y "de haber ligado el poder político con la
mafia de las drogas y el contrabando". Reconoce que el ex sacerdote llegó a
representar las aspiraciones populares tras la caída del dictador Duvalier,
"pero acabó revelando su verdadero rostro, el del político haitiano del
siglo XIX, bárbaro y corrupto". Lo cierto es que los grupos paramilitares
que apoyan al presidente actúan con la misma barbarie y crueldad que los
temidos "tonton macoutes", la policía política de Duvalier.
Las protestas callejeras contra el gobierno haitiano fueron creciendo
gradualmente en las últimas semanas, hasta cristalizar en una huelga general
por 48 horas que alcanzó un éxito importante. Durante su transcurso la
represión a manifestantes dejó un saldo impreciso de muertos y heridos. La
creciente tensión social, desembocó el último fin de semana en una
sublevación en Gonaives, cuarta ciudad en importancia, situada 110 kms al
norte de Puerto Príncipe. Opositores armados lograron hacerse con el control
de la Jefatura de Policía y con la sede del gobierno. El intento de Aristide
de retomar la plaza con el envío de 300 policías, fracasó al ser rechazados
por los sublevados. Algunas emisoras de radio fueron las que indicaron que
hubo entre 8 a 15 muertos, la mayoría policías del gobierno. ( El ejército
fue disuelto por Aristide en 1995 ; la fuerza policial que lo reemplaza
tiene unos 7.000 hombres)
Winter Etienne, uno de los dirigentes del llamado Frente de Resistencia en
Gonaives declaró que esa ciudad ya es "zona independiente" y que se
aprestaban a liberar del control del gobierno a otras localidades de la
región. Otras fuentes indican que en Saint Marc, en la costa occidental del
país, opositores tomaron la jefatura policial y cortaron con barricadas el
acceso a la ciudad.
Aristide, mientras tanto, buscó el apoyo popular en un acto celebrado en
Puerto Príncipe para festejar un nuevo año de gobierno. Allí acusó a los
sublevados de "terroristas", utilizando el mismo vocablo tan en boga en el
ámbito internacional para condenar a rivales, enemigos o disidentes. Sus más
leales partidarios le respondieron con gritos de "koupe tèt, boule kay",
"cortar cabezas e incendiar casas" como respuesta a la amenaza de los
opositores, lo que haría difícil delimitar donde prevalece realmente la
barbarie.
Las grandes potencias miran con desconfianza la evolución de la crisis, pero
no han dado muestras de actuar para evitar masacres o para asistir
solidariamente a los millones de haitianos, que una vez más, son los que
sufren verdaderamente la ineficacia y el egoísmo de sus dirigentes. La
embajada norteamericana condenó el ataque de los rebeldes en Gonaives y
defiende que Aristide "debe terminar su mandato". Como si no fuera el mismo
país que bombardeó, invadió y ocupó Irak hace un año, afirma que "Estados
Unidos rechaza de manera categórica cualquier tipo de violencia empleada
como medio para alcanzar fines políticos".
El secretario general de la ONU, dijo estar preocupado, e instó a los
haitianos "a saldar sus diferencias de manera pacífica". Es difícil creer
que Kofi Annan no conozca la absoluta inutilidad de su frase, salvo que
pretenda –como tantas veces- guardar su imagen y la del devaluado organismo
internacional.
Perspectivas
En un panorama tan complejo e imprevisible como el que presenta la situación
haitiana resulta casi imposible definir las perspectivas de esta nueva
crisis. Pero en el horizonte no hay componentes que permitan optimismo.
Sobre todo si tenemos en cuenta que entre los que hoy encabezan la oposición
a Aristide hay muchos que solo aspiran a tomar el relevo en la corrupción y
el disfrute personal del poder. Resulta difícil que el verdadero e
imperioso cambio que necesita esta postergada sociedad surja de esta
confrontación interna. Quizás por eso, una gran mayoría de los habitantes
permanece ajena y sigue en lo suyo: buscar algo para comer, algo que alivie
esa agonía cotidiana de sobrevivir sin medios.
Fuentes: Redacción de SERPAL, archivo propio y notas de corresponsales.
Nota de redacción: A quienes estén interesados, sugerimos consultar el
excelente y documentado ensayo "The uses of Haití" de Pau Farmer, editado
en castellano con el título de "Haití Para Qué" por la editorial Argitaletxe
Hiru S.L. de Guipuzkoa con prólogo y epílogo de Noam Chomsky. (1994)
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