Vamos al socialismo

Todas las clases que lograron hacerse dominantes desde la conquista hasta nuestros tiempos, trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo al pueblo a su propio modo de dominación y apropiación.

El pueblo no puede conquistar las fuerzas productivas sociales sino aboliendo el modo de apropiación capitalista que les atañe particularmente y, por tanto, todo modo de apropiación en vigor hasta nuestros días.

El pueblo pobre y excluido no tiene nada propio que salvaguardar; tiene que destruir todo lo que hasta ahora ha venido garantizando y asegurando la propiedad privada existente. Todos los movimientos han sido hasta ahora en provecho de minorías.

El movimiento socialista es el movimiento independiente de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría. El pueblo pobre, capa inferior de la sociedad burguesa, no puede levantarse, enderezarse, sin hacer saltar todas las capas que constituyen la superestructura de la sociedad oficial burguesa capitalista. Toda la sociedad burguesa, hasta hoy y por ahora, ha descansado en el antagonismo entre la clase opresora y oprimida. Más para oprimir a una clase, hace falta poderle garantizar condiciones de existencia que al menos le permita llevar una vida donde pueda satisfacer las necesidades básicas de todo su entorno social y no de esclavo.

El esclavo, en pleno régimen de servidumbre colonial, no llegaba a elevarse a la categoría de hombre libre bajo el yugo del absolutismo colonial. El pueblo actual, lejos de elevarse con el progreso de la sociedad burguesa, desciende más y más por debajo mismo de las condiciones de vida de su propia clase.

El pueblo cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la oligarquía es incapaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante y de imponer al pueblo su dominación y como dominar, porque no puede asegurar a su explotado la existencia ni siquiera hasta el punto de que deba mantenerle en el lugar de ser mantenida por él.

El pueblo ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es en lo sucesivo incompatible con el pueblo. El socialismo pone al descubierto y analiza con mucha sagacidad las contradicciones inherentes a las modernas relaciones de producción. Pone al desnudo las hipócritas apologías de los economistas burgueses.

Demuestra de una manera irrefutable los efectos mortíferos del capitalismo y de la división del trabajo, la concentración de los capitales y de la propiedad, la superproducción, las crisis económicas, la fatal decadencia de los pequeños burgueses, la miseria del pueblo, la anarquía en la producción, la clamante desigualdad en la distribución de la riqueza, la exterminadora guerra imperialista y la descomposición social de la burguesía. Sin embargo, el contenido positivo del socialismo consiste, bien en su anhelo de restablecer los medios de producción y de cambio y con ellos las relaciones de propiedad. De esta suerte, el socialismo halla la ocasión tan deseada de confrontar las reivindicaciones socialistas con el capitalismo. Lanza los anatemas contra el neoliberalismo, contra el régimen representativo, contra la libertad burguesa de prensa, contra el derecho burgués, contra la libertad y la igualdad burguesa; predica al pueblo que no tienen nada que perder y todo que ganar.

El socialismo se convierte en un arma en manos del pueblo contra la burguesía. La burguesía quiere perpetuar las condiciones de vida de su sistema social, pero sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas.

La burguesía, como es natural, se representa el mundo en que ella domina como el mejor de los mundos. Más estas obras socialistas encierran también elementos críticos. Atacan todas las bases de la sociedad burguesa, proporcionan, por consecuencia, materiales de un gran valor para instruir al pueblo. Sus tesis positivas referentes a la sociedad futura, tales como la desaparición del contraste entre pobres y ricos, las diferencias entre los habitantes de las ciudades y el campo, la abolición de la ganancia privada y del trabajo asalariado, el proclamar la armonía social y la transformación del Estado en una simple administración de la producción.

La burguesía intenta apartar al pueblo de todo movimiento revolucionario, demostrándole que no es tal o cual cambio político el que podrá beneficiarle, sino solamente una transformación de las condiciones de la vida material, de las relaciones económicas. Pero nótese que por transformación de las condiciones de la vida material, la burguesía no entiende, en modo alguno, la abolición de las relaciones de la producción burguesa, lo que no es posible más que por la vía de la revolución, la burguesía entiende únicamente reformas administrativas realizadas sobre la base misma de las relaciones de producción burguesa, que, por tanto, no afecten a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, que no hacen, en el mejor de los casos, sino los gastos que requiere su dominio y simplificar el trabajo administrativo del gobierno capitalista burgués.

En la confección de sus planes tienen conciencia, por cierto, de defender ante todo los intereses de la burguesía; el pueblo no existe para ellos sino bajo el aspecto de una clase inferior que más padece. Pero su propia posición social, les lleva a considerarse muy por encima de todo antagonismo. Desean mantener las condiciones de todos sus miembros de clase, incluso de los más privilegiados. Por eso, no cesan de apelar a su capitalismo-imperialista, e incluso se dirigen con preferencia a éste ente de dominación. Porque, a su parecer, basta con comprender su sistema para reconocer que es el mejor de todos los sistemas posibles, del mejor de todos los gobiernos posibles. Los socialistas tenemos la obligación de abolir el derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de producción, es decir, por la adopción de medidas que desde el punto de vista económico parecerán insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar todo el sistema de producción.

La importancia del socialismo crítico está en razón inversa al desarrollo histórico. A medida que la lucha de clases se acentúa y toma formas más definidas, el fantástico afán de abstraerse de ellas, esa oposición que se le hace, pierde todo valor práctico, toda justificación teórica. He ahí por que la burguesía autora de esos sistemas económicos buscan, pues, y en eso son muy consecuentes, entorpecer la lucha de los socialistas y conciliar antagonismos. Los oposicionistas venezolanos de la extrema derecha apoyados por el imperialismo, continúan soñando con el establecimiento de falansterios aislados, creación de municipios interiores en el país, y fundación de unas pequeñas republiquitas independientes.

Esto, naturalmente, no podrá cumplirse en principio más que por una violación despótica de la Constitución Bolivariana de Venezuela y el desgarramiento del territorio Nacional. Pero cuando las reglas son tales que sólo pueden hacerse disminuyendo grandemente nuestra territorialidad y la dicha de las comunidades, y cuando los oposicionistas creen que es mejor que sean infringidas que observadas, violando las instituciones; es indudable que ha llegado el momento de destituirlos, ya que están procediendo de un modo contrario a los intereses nacionales y a las decisiones del pueblo, y se verán enfrentados con la alternativa de la exclusión y el olvido.

Salud Camaradas.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria. Socialismo o Muerte. ¡Venceremos!

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