Las elecciones regionales y municipales que tendrán lugar el próximo
domingo, 23 de noviembre, son las más polarizadas y decisivas de la
historia de Venezuela. Muchas cosas han cambiado para mejor desde que
por primera vez visité el país, hace más de cuarenta años, invitado por
la Universidad Central. El gobierno de Chávez ha construido centenares
de centros médicos y educativos y los ha puesto al servicio de las
masas empobrecidas, ha reducido enormemente el desempleo, ha
subvencionado los alimentos para los residentes en barriadas de
ranchitos y ha aumentado los niveles de vida del venezolano de a pie.
Igual de importante es que un nuevo partido político favorable a
Chávez, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con más de un
millón de afiliados, va a someterse este año a su primera prueba
electoral en 23 estados y más de 300 municipalidades. Tanto las
elecciones como sus resultados dejarán constancia de la respuesta
popular a dos versiones conflictivas del pasado reciente, pues lo que
en ellas está en juego es si los esfuerzos positivos del gobierno para
crear el socialismo compensan las deficiencias políticas y económicas
locales o si la oposición que dirigen los capitalistas pro-usamericanos
–con su control de los medios de comunicación y sus nuevas estrategias
"de base"– ha logrado infiltrarse e influenciar al menos a algunos
sectores de las masas chavistas. En efecto, las elecciones juzgarán la
labor de la mayoría de los gobiernos estatales y locales, ahora
controlados por los chavistas, y también el "poder de atracción" del
presidente Chávez. Los resultados tendrán un profundo impacto sobre la
futura dirección política de la transición al socialismo preconizada
por el gobierno, así como sobre las posibilidades de un futuro
referéndum sobre la elección ilimitada del cargo presidencial.
Pero los resultados electorales tendrán también un impacto
importante sobre las políticas del ahora presidente electo usamericano
Barack Obama. Tanto la victoria como la derrota de los chavistas, si
son contundentes, conducirán a importantes ajustes tácticos y
estratégicos en las políticas de la nueva administración imperial.
Comparación de las estrategias en las campañas electorales: el gobierno y la oposición
La oposición derechista y favorable a Washington ha cambiado
radicalmente su estrategia electoral en estos comicios. En vez de
dedicarse a insultar al presidente o a lanzar eslóganes ideológicos, se
ha centrado en temas locales, en la ineptitud de los burócratas y en el
defectuoso funcionamiento de los servicios. La oposición y sus medios
afines han lanzado ataques frontales contra las deficiencias en la
recogida de basuras y la acumulación de desperdicios putrefactos en los
vecindarios populares, contra el aumento de la inseguridad personal
debido a la criminalidad, contra la falta de respuesta de algunos
funcionarios ante peticiones individuales y comunitarias, contra la
corrupción y, por encima de todo, contra la inflación, que se ha
disparado hasta un 30%. La oposición ha puesto en sordina los ataques
contra Chávez y sus aplaudidos programas macrosociales: las "misiones",
las brigadas populares que promueven la alfabetización y los cuidados
sanitarios; los consejos comunitarios, las universidades municipales,
los bancos municipales patrocinados por el gobierno y el acceso al
crédito blando. En vez de criticar los programas, ha criticado su
puesta en práctica por parte de una ineficiente o inadecuada
administración local. Pero, por encima de todo, la oposición ha hecho
lo imposible para evitar la polarización del voto entre los chavistas y
los antichavistas, ya que la popularidad del presidente sobrepasa el
60%.
La campaña dirigida por el PSUV ha utilizado generalmente un enfoque
distinto, haciendo hincapié en los éxitos de la política nacional; en
la reciente nacionalización del acero, del cemento, de empresas
bancarias; en los aumentos salariales de los empleados del sector
público; en el fin de la escasez de alimentos y, más que nada, en los
estrechos lazos existentes entre los candidatos locales y el presidente
Chávez, cuya foto aparece siempre junto a la de ellos en la mayoría de
los carteles electorales.
El sustancial aumento del gasto del gobierno en programas locales,
la finalización de programas de impacto inmediato y la rápida ejecución
de las políticas locales de préstamos públicos a miles de cooperativas
de los ranchitos han incrementado durante las últimas semanas el
porcentaje de intención de voto a favor de los candidatos
gubernamentales. Cada bando ha tratado de explotar las debilidades del
otro y de superar sus problemas internos. El problema clave de la
oposición es su incapacidad de unirse tras un solo candidato en varios
estados y municipalidades, lo cual dividirá el voto de la derecha y
mejorará las posibilidades de una victoria chavista con menos del 50%
del electorado. La derecha no puede contar esta vez con la abstención
masiva de 3 millones de chavistas, algo que les permitió ganar el
referéndum de noviembre de 2007 por una mínima diferencia del 1%. Se
espera que las masas chavistas voten como un solo hombre. La elevada
participación favorecerá a los chavistas. La oposición no puede
explotar el esperado impacto negativo de la crisis económica mundial,
la cual, gracias a las reservas acumuladas por el gobierno, todavía no
ha golpeado a los votantes venezolanos. Unas elecciones dentro de un
año sí que podrían afectar adversamente el voto chavista.
En el lado del gobierno, el aumento de la inflación ha deteriorado
la calidad de vida de los pobres. Los aumentos salariales de los
sectores más desfavorecidos no han permitido compensar el alza de los
precios. La criminalidad y los depredadores locales han aumentado la
inseguridad y los programas gubernamentales contra la criminalidad no
han sido eficaces tras su implantación por parte de una policía local y
de unos funcionarios políticos poco estrictos, corruptos o cómplices.
La mayor amenaza para la lista de candidatos chavistas proviene de
funcionarios incompetentes que no han resuelto los "problemas locales".
Una de las incógnitas más importantes es si los gobernadores y alcaldes
chavistas impopulares saldrán reelegidos por el simple hecho de
acompañar al popular presidente Chávez.
El complejo y contradictorio contexto nacional e internacional de las elecciones
El contexto político y económico internacional de las elecciones es
complicado, pero en general favorece al gobierno y a los candidatos del
PSUV en el momento actual. La recesión económica mundial y el colapso
financiero están sólo en sus comienzos y, por suerte para el gobierno,
todavía no han perturbado la vida cotidiana de la mayoría de los
votantes. Amortiguada por los cuarenta mil millones de dólares en
reservas de divisas del país y por el elevado gasto público, la caída
del precio del petróleo venezolano (desde 146 dólares el barril a
mediados de 2008 hasta 52 dólares en noviembre) no ha afectado gran
cosa los niveles de vida ni los programas sociales.
Las nuevas y cada vez mayores relaciones económicas, militares y
culturales de Venezuela con China, Rusia e Irán, así como sus mejores
relaciones con la Unión Europea y con los gobiernos de centro derecha y
centro izquierda de América Latina y América Central, han aislado a Usamérica y han debilitado su campaña diplomática contra el gobierno de Chávez.
Washington tiene las manos atadas en las guerras de Oriente Próximo
y el sur de Asia y la deriva de su economía ha erosionado tanto su
capacidad económica de presión como sus recursos militares, lo cual le
impide cualquier intervención militar. Según parece, los
cómplices del Pentágono en la Guardia Nacional venezolana y entre los
militares son demasiado débiles para organizar un nuevo golpe de Estado
y están incapacitados para llevar a cabo una ofensiva a gran escala sin
la intervención directa usamericana o sin el apoyo del delegado
colombiano de Washington, el presidente Álvaro Uribe, quien a pesar de
sus avances tácticos contra las guerrillas se enfrenta ahora con un
recrudecimiento de las movilizaciones populares, en especial entre los
movimientos indígenas y sus aliados y los millones de "inversionistas"
de clase media baja, víctimas de empresas piramidales.
Incluso si el clima internacional es hoy favorable a los chavistas, el futuro inmediato
no lo es tanto. Venezuela acusará el golpe de la caída de los
beneficios provenientes del petróleo y de las recesiones mundiales; la
fuga de capitales, a pesar de los controles, está en aumento y el
capital privado desinvierte o retiene el crédito a pesar de los
cuantiosos incentivos. El gobierno no puede continuar con su
financiación a gran escala de proyectos públicos sociales y económicos
y, al mismo tiempo, subvencionar a los exportadores privados, a la
industria agroalimentaria y, sobre todo, a los importadores de
artículos de lujo.
2009, por necesidad, será el año en que el gobierno deberá tomar difíciles decisiones de clase.
O bien reduce el gasto destinado a los capitalistas o bien el destinado
a los obreros y campesinos. O bien mete la tijera en los programas
sociales o bien la mete en las subvenciones estatales a las empresas
privadas. El enorme pelotón de (improductivos) funcionarios financiados
con dinero público tendrá que ponerse a trabajar en el sector
productivo o serán despedidos. En cualquier caso, la elite de los
negocios, la legión de importadores de automóviles de prestigio y de
artículos de lujo –y quienes los compran–, se verán adversamente
afectados e iniciarán una frenética confrontación. Cuando el impacto de
la recesión mundial afecte a Venezuela, la polarización de clase
explotará y se desbordará fuera de los cauces institucionales y
electorales.
Correlación interna de fuerzas
El PSUV ha puesto en marcha con cierto éxito una vasta organización
electoral; los sindicatos favorables a Chávez se han visto reforzados y
potenciados en algunos sectores, sobre todo tras la nacionalización de
las industrias básicas. Los programas culturales y sociales chavistas y
sus medios de comunicación han profundizado y extendido la influencia y
el apoyo del gobierno en muchos sectores de las clases pobres urbanas y
rurales. Sin embargo, hay detalles inquietantes: los sindicatos no
representan más del 20% de la fuerza de trabajo. Pocos de los
trabajadores en los sectores contratados e informales están
organizados. La mayoría de los afiliados sindicales se centran en
asuntos salariales, no políticos. Telesur, el canal oficial de
televisión, tiene una audiencia reducida, muy por debajo de la de las
derechistas televisoras privadas. Los periódicos están casi por
completo dominados por la derecha. La mayoría de los militares y el
personal de seguridad todavía apoyan a Chávez, pero hay una fuerte
minoría de la Guardia Nacional, la policía y el ejército que está
aliada con los grandes terratenientes, con el entorno de los negocios y
con el Pentágono. Y, por encima de todo, hay un amplio sector de la
población –clase media baja, funcionarios públicos, trabajadores
informales de la pequeña empresa– cuyas lealtades políticas empiezan a
flaquear. Este sector apoya a los candidatos chavistas cuando la
economía va viento en popa, el gasto público aumenta, el crédito barato
se consigue con facilidad, los salarios superan a la inflación y las
importaciones inundan el mercado. Lo que no se sabe es cómo
reaccionarán estos votantes cuanto tales condiciones cambien a peor.
Mucho dependerá de la manera en que el gobierno haga frente a la
recesión mundial y de las medidas internas que adopte. ¿Podrá mantener
y profundizar su avance hacia el socialismo un gobierno que depende del
petróleo o bien la crisis lo forzará a batirse en retirada hacia una
mayor austeridad y un acomodo con el capitalismo, a expensas de las
masas?
Al final, la recesión global terminará por pasar factura a la
economía venezolana y obligará al gobierno de Chávez y al PSUV a tomar
la decisión política más difícil de la siguiente disyuntiva: o bien se
adentra en la socialización de los sectores económicos estratégicos
para canalizar las inversiones hacia la producción interior y el
consumo popular (ésa sería la opción socialista bolivariana) o bien
decide salvar al sector privado transfiriéndole unos recursos públicos
ya escasos (imitando así la solución adoptada por Obama y Wall Street).
No parece que pueda haber una "tercera vía", pues la posición económica
de centro izquierda de los actuales aliados de Chávez en América Latina
se está desintegrando con celeridad.
Los resultados de las elecciones del 23 de noviembre serán un factor
clave en la dirección futura que tome el gobierno. Un gran avance de la
derecha aumentaría la presión contra las esperanzas de reelección del
presidente Chávez y contra una respuesta socialista a los retos
económicos venideros. Una gran victoria de la izquierda haría más
probable la adopción de una respuesta socialista a la debacle del
capitalismo.
Título original: The Larger Meaning of the Venezuelan Elections of November 23, 2008
El sociólogo marxista usamericano James Petras ha publicado más
de sesenta libros de economía política y, en el terreno de la ficción,
cuatro colecciones de cuentos. Es colaborador permanente de Rebelión.