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La realidad develada por la crisis del capital
Por: * Johnny Bielostotzky
Fecha de publicación: 19/11/08
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Es interesante, sin restar importancia al suceso, lo que acontece en los EEUU con los fondos aprobados para el “Salvataje” de las instituciones financieras, sobre todo por los nuevos acontecimientos producto de los coletazos de la crisis financiera sobre las empresas productoras de otros bienes, como por ejemplo: las productoras de automóviles.

En el congreso de los EEUU, se debate si es conveniente dirigir los fondos hacia las instituciones financieras, como se aprobó desde el comienzo o, colocarlo para impedir que un numeroso contingente de empleados pasen a formar parte de la gran masa de desempleados de esta nación norteamericana. Otros señalan que en lugar de apoyar empresas constructoras de máquinas contaminantes del ambiente, se deben invertir estos fondos para la creación de automóviles que hagan uso de fuentes de energía limpias.

Esta discusión trae a mi memoria, temas que desde la UCV discutíamos en la década de los 80’, que trataban temas sobre si era conveniente para el país desarrollar empresas como la de la producción y comercialización del tabaco y cigarrillos, o de la cerveza y el alcohol, o la de la producción de aceites refinados, productos que tienen un consumo masivo en el país, pero que sabemos gracias a los estudios científicos no vinculados a las mafias de los laboratorios farmacológicos, que son productos con una alta correlación con las enfermedades cancerígenas, respiratorias, circulatorios, etc, de gran afectación a nuestras poblaciones.

El hecho es que estas empresas poseen una alta nómina laboral, tanto en la producción como en la distribución de estos productos. ¿De llegar a estar afectadas por problemas financieros el Estado saldría a invertir en estas empresas?, para evitar el desempleo colocamos más capital en empresas de la muerte. Este parece ser el tema a abordar en el norte de América y resto del planeta afectado por la crisis del capital.

Esta crisis del capital, ha dado también la oportunidad de develar una realidad que ha estado ante nuestros ojos y nunca hemos observado con atención consciente. ¿Debe el estado representante de la ciudadanía hacer uso de los capitales de la nación soberana en financiar al capital privado, a sabiendas que son empresas que perjudican el bienestar individual y colectivo de la nación?, el poder constituido en los EEUU se jala de los cabellos, para rescatar la economía capitalista sin que esto genere consciencia de clase, que a su vez impulse a la población a buscar salidas fuera del tradicional bipartidismo oligarca.

Solucionar la crisis generada por las instituciones especulativas, dando capital a estas mismas instituciones para que sigan haciendo lo que hasta ahora han hecho, es una absurda forma de engañar a la población. Para quienes han medio abierto los ojos con esta crisis, deben entender que la salida está mas cerca de cambiar la forma como se han venido haciendo las cosas que seguir invirtiendo en las erradas políticas o en una filosofía económica caduca y que ha demostrada estar de espaldas al desarrollo de la nación en general y de sus individuos en particular.

Ya se escuchan voces pidiendo la estatización de las empresas, pero con carácter temporal, es decir, rescatarlas y luego ¿entregarlas al sector que las llevo a la quiebra?, es eso lo que quieren los representantes de una filosofía que coloca el poder de la nación en aquellos que han demostrado tener la capacidad de generar riquezas, es decir, dinero y capital. Para ocultar que ostentan el poder, colocan una pantalla, el mercado, afirmando que no son los capitalistas quienes gobernarán, sino una mano invisible reguladora de la demanda y la oferta, que mantendrá un equilibrio natural sin sesgos de tipo alguno. Cuando se necesite de una mayor producción de una mercancía específica, en el mercado se produce un incremento de la demanda, con esto una elevación de los precios como forma de recapitalizar las empresas para financiar la nueva producción, una vez satisfecha la demanda el precio se estabilizará. Pero no hay vuelta atrás, es decir, no hay disminución de los precios, las empresas no harán esfuerzos para disminuir los costos en el proceso productivo, de hacerlo solo se encontrarán con una elevación de las ganancias versus una disminución de precios, no hace falta pensar mucho cuál será la alternativa escogida. El mercado no se afecta porque la reducción de costos no implica un incremento de la oferta, recuerden que la oferta solo se incrementa por incremento de la demanda o por la competencia ciega de las empresas productoras.

Lamentablemente para los trabajadores-consumidores, los productores no son tan cegatos en eso de conocer el mercado donde se enfrentan a su competencia, por lo que para evitar confrontaciones que puedan poner en riesgo a cualquiera de las partes, entablan acuerdos a espaldas del mercado, conforman alianzas integracionistas, se “globalizan”, etc. Así que no se esperan disminución de precios, solo aumento de ganancias y sí tal vez disminución de sueldos y salarios, al incrementar la tecnificación de los procesos.

Ante esta situación, los capitalistas humanistas, plantean que el Estado con la carga de imposiciones fiscales o impuestos a la producción de bienes, tenencia de la tierra, a la producción de capitales y a las ganancias en general, dirija parte de la bonanza capitalista hacia los excluidos de la riqueza, los trabajadores-consumidores y desempleados. Pero esta actitud es para los capitalistas neoliberales, como la tiña es para las plantas, es decir, el estado utilizaría la riqueza que con sus empresas “generan” para mantener a unos parásitos.

Para evitar esta situación, los capitalistas comienzan a efectuar transacciones financieras con sus activos, dentro del espacio legal que han logrado comprar en las instancias políticos-legislativas correspondientes, colocando en “riesgo” sus capitales. Por supuesto, al “perder” y verse obligados a transferir acciones van quebrando poco a poco sus negocios. Sin embargo, ellos solo han transferido capitales entre capitalistas previamente aliados, pero al quebrar obligan al estado a dirigir las limosnas que le han quitado con los impuestos a sus empresas, para rescatarlas de la  hecatombe, con ello recuperan lo que les han expropiado, dejando a los excluidos en el lugar que corresponde.

Ahora bien, esto lleva a la desaparición física de los excluidos, millones lo hacen cada día. Solo quedarían los capitalistas y obreros calificados. Estos últimos son aquellos que han logrado alcanzar títulos académicos que les permita acceder a los puestos de trabajo altamente tecnificados, que no ameritan el alto nivel de conocimiento, pero que son los puestos que el capital puede ofrecer y que no son para cualquier obrero calificado. Debe ser para los que han demostrado poseer “capacidad de superación”, tenacidad para competir y sangre fría para aplastar la competencia, en pocas palabras obreros que amen el capitalismo.

Como se puede ver, esto tiene sus límites. La masa consumidora esta condenada a tener un techo, su poder adquisitivo tiene un tope. Solo queda para incrementar las ganancias, la reducción cada vez más de los competidores capitalistas, la globalización voraz y antinacionalista, en otra óptica, la socialización cada vez mayor del trabajo. La agudización de la contradicción, dueños de los medios vs. fuerza productiva, los primeros disminuyen cada vez más y los otros, en cada ciclo, se suman las fuerzas sometidas a menos patronos. Se hace cada vez más notable la diferencia del nivel de vida entre quienes son dueños de los medios y quienes son dueños de la jornada de producción. Tal vez así pueda generarse la consciencia necesaria para observar que la mayoría no tiene porque someterse a la minoría, esta última nunca podrá exterminar a la primera, ni por fuerza ni por consciencia, la necesita para vivir, puesto que en esa relación, el parásito no es el obrero, ni los excluidos del proceso productivo, es precisamente quien no produce ni un topocho para comerlo, el capitalista, el dueño, el patrón, el oligarca. 

* Militante del Batallón Socialista Paraiso Unido


bielostj@gmail.com
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* Johnny Bielostotzky

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