Es interesante,
sin restar importancia al suceso, lo que acontece en los EEUU con los
fondos aprobados para el “Salvataje” de las instituciones financieras,
sobre todo por los nuevos acontecimientos producto de los coletazos
de la crisis financiera sobre las empresas productoras de otros bienes,
como por ejemplo: las productoras de automóviles.
En el congreso
de los EEUU, se debate si es conveniente dirigir los fondos hacia las
instituciones financieras, como se aprobó desde el comienzo o, colocarlo
para impedir que un numeroso contingente de empleados pasen a formar
parte de la gran masa de desempleados de esta nación norteamericana.
Otros señalan que en lugar de apoyar empresas constructoras de máquinas
contaminantes del ambiente, se deben invertir estos fondos para la creación
de automóviles que hagan uso de fuentes de energía limpias.
Esta discusión
trae a mi memoria, temas que desde la UCV discutíamos en la década
de los 80’, que trataban temas sobre si era conveniente para el país
desarrollar empresas como la de la producción y comercialización del
tabaco y cigarrillos, o de la cerveza y el alcohol, o la de la producción
de aceites refinados, productos que tienen un consumo masivo en el país,
pero que sabemos gracias a los estudios científicos no vinculados a
las mafias de los laboratorios farmacológicos, que son productos con
una alta correlación con las enfermedades cancerígenas, respiratorias,
circulatorios, etc, de gran afectación a nuestras poblaciones.
El hecho es
que estas empresas poseen una alta nómina laboral, tanto en la producción
como en la distribución de estos productos. ¿De llegar a estar afectadas
por problemas financieros el Estado saldría a invertir en estas empresas?,
para evitar el desempleo colocamos más capital en empresas de la muerte.
Este parece ser el tema a abordar en el norte de América y resto del
planeta afectado por la crisis del capital.
Esta crisis
del capital, ha dado también la oportunidad de develar una realidad
que ha estado ante nuestros ojos y nunca hemos observado con atención
consciente. ¿Debe el estado representante de la ciudadanía hacer uso
de los capitales de la nación soberana en financiar al capital privado,
a sabiendas que son empresas que perjudican el bienestar individual
y colectivo de la nación?, el poder constituido en los EEUU se jala
de los cabellos, para rescatar la economía capitalista sin que esto
genere consciencia de clase, que a su vez impulse a la población a
buscar salidas fuera del tradicional bipartidismo oligarca.
Solucionar
la crisis generada por las instituciones especulativas, dando capital
a estas mismas instituciones para que sigan haciendo lo que hasta ahora
han hecho, es una absurda forma de engañar a la población. Para quienes
han medio abierto los ojos con esta crisis, deben entender que la salida
está mas cerca de cambiar la forma como se han venido haciendo las
cosas que seguir invirtiendo en las erradas políticas o en una filosofía
económica caduca y que ha demostrada estar de espaldas al desarrollo
de la nación en general y de sus individuos en particular.
Ya se escuchan
voces pidiendo la estatización de las empresas, pero con carácter
temporal, es decir, rescatarlas y luego ¿entregarlas al sector que
las llevo a la quiebra?, es eso lo que quieren los representantes de
una filosofía que coloca el poder de la nación en aquellos que han
demostrado tener la capacidad de generar riquezas, es decir, dinero
y capital. Para ocultar que ostentan el poder, colocan una pantalla,
el mercado, afirmando que no son los capitalistas quienes gobernarán,
sino una mano invisible reguladora de la demanda y la oferta, que mantendrá
un equilibrio natural sin sesgos de tipo alguno. Cuando se necesite
de una mayor producción de una mercancía específica, en el mercado
se produce un incremento de la demanda, con esto una elevación de los
precios como forma de recapitalizar las empresas para financiar la nueva
producción, una vez satisfecha la demanda el precio se estabilizará.
Pero no hay vuelta atrás, es decir, no hay disminución de los precios,
las empresas no harán esfuerzos para disminuir los costos en el proceso
productivo, de hacerlo solo se encontrarán con una elevación de las
ganancias versus una disminución de precios, no hace falta pensar mucho
cuál será la alternativa escogida. El mercado no se afecta porque
la reducción de costos no implica un incremento de la oferta, recuerden
que la oferta solo se incrementa por incremento de la demanda o por
la competencia ciega de las empresas productoras.
Lamentablemente
para los trabajadores-consumidores, los productores no son tan cegatos
en eso de conocer el mercado donde se enfrentan a su competencia, por
lo que para evitar confrontaciones que puedan poner en riesgo a cualquiera
de las partes, entablan acuerdos a espaldas del mercado, conforman alianzas
integracionistas, se “globalizan”, etc. Así que no se esperan disminución
de precios, solo aumento de ganancias y sí tal vez disminución de
sueldos y salarios, al incrementar la tecnificación de los procesos.
Ante esta situación,
los capitalistas humanistas, plantean que el Estado con la carga de
imposiciones fiscales o impuestos a la producción de bienes, tenencia
de la tierra, a la producción de capitales y a las ganancias en general,
dirija parte de la bonanza capitalista hacia los excluidos de la riqueza,
los trabajadores-consumidores y desempleados. Pero esta actitud es para
los capitalistas neoliberales, como la tiña es para las plantas, es
decir, el estado utilizaría la riqueza que con sus empresas “generan”
para mantener a unos parásitos.
Para evitar
esta situación, los capitalistas comienzan a efectuar transacciones
financieras con sus activos, dentro del espacio legal que han logrado
comprar en las instancias políticos-legislativas correspondientes,
colocando en “riesgo” sus capitales. Por supuesto, al “perder”
y verse obligados a transferir acciones van quebrando poco a poco sus
negocios. Sin embargo, ellos solo han transferido capitales entre capitalistas
previamente aliados, pero al quebrar obligan al estado a dirigir las
limosnas que le han quitado con los impuestos a sus empresas, para rescatarlas
de la hecatombe, con ello recuperan lo que les han expropiado,
dejando a los excluidos en el lugar que corresponde.
Ahora bien,
esto lleva a la desaparición física de los excluidos, millones lo
hacen cada día. Solo quedarían los capitalistas y obreros calificados.
Estos últimos son aquellos que han logrado alcanzar títulos académicos
que les permita acceder a los puestos de trabajo altamente tecnificados,
que no ameritan el alto nivel de conocimiento, pero que son los puestos
que el capital puede ofrecer y que no son para cualquier obrero calificado.
Debe ser para los que han demostrado poseer “capacidad de superación”,
tenacidad para competir y sangre fría para aplastar la competencia,
en pocas palabras obreros que amen el capitalismo.
Como se puede
ver, esto tiene sus límites. La masa consumidora esta condenada a tener
un techo, su poder adquisitivo tiene un tope. Solo queda para incrementar
las ganancias, la reducción cada vez más de los competidores capitalistas,
la globalización voraz y antinacionalista, en otra óptica, la socialización
cada vez mayor del trabajo. La agudización de la contradicción, dueños
de los medios vs. fuerza productiva, los primeros disminuyen cada vez
más y los otros, en cada ciclo, se suman las fuerzas sometidas a menos
patronos. Se hace cada vez más notable la diferencia del nivel de vida
entre quienes son dueños de los medios y quienes son dueños de la
jornada de producción. Tal vez así pueda generarse la consciencia
necesaria para observar que la mayoría no tiene porque someterse a
la minoría, esta última nunca podrá exterminar a la primera, ni por
fuerza ni por consciencia, la necesita para vivir, puesto que en esa
relación, el parásito no es el obrero, ni los excluidos del proceso
productivo, es precisamente quien no produce ni un topocho para comerlo,
el capitalista, el dueño, el patrón, el oligarca.
* Militante del Batallón Socialista
Paraiso Unido
bielostj@gmail.com