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Reflexiones de un invitado sobre el “I Encuentro de Escritores Cuba-Venezuela”
(Fotos) Encontrarse en Venezuela
Por: Víctor Casaus *
Fecha de publicación: 05/02/04
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Nota de aporrea: Víctor Casaus Sánchez nació en La Habana en 1944. Escritor, poeta, guionista cinematográfico y documentalista cubano. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de la Habana. Galardonado con el Premio Latinoamericano de poesía ''Rubén Darío'', otorgado por el Ministerio de Cultura de Nicaragua, por su libro Los ojos sobre el pañuelo.

En 1988 recibió por su extensa labor intelectual y artística la Distinción por la Cultura Nacional.
Actualmente se desempeña como director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en La Habana, Cuba.

Fue uno de los distinguidos escritotes e intelectuales que nos visitó el pasado 28 de enero en ocasión del I Encuentro de Escritores Cuba-Venezuela.

Víctor quiso compartir con los lectores de aporrea.org sus impresiones sobre su estadía en Caracas.

Desde la página de aporrea.org le enviamos un gran saludo.

Para obtener más información sobre su obra visite www.cubacine.cu/realizad/vcasaus.html

Lo peor que tienen estos testimonios solicitados con urgencia es la dulce angustia que desatan. Eso me sucede ahora con esta cuartilla indócil, que no es cuartilla, sino pantalla casi en blanco, por donde deben correr, en quince minutos, algunos de las impresiones y los recuerdos vividos en Caracas la semana pasada, cuando un grupo de escritores de la Isla viajó a Venezuela a reunirse con sus colegas y conocer, de cerca, aquella realidad tensa y difícil que marca, como pocas, uno de los caminos posibles y esperanzadores de nuestro Continente..

El Encuentro tuvo sesiones dedicadas a Martí y a Bolívar y la integración latinoamericana, debates abiertos sobre estos y otros temas de nuestras realidades comunes y diversas. Se homenajeó al Apóstol y al Libertador de muchas maneras, pero en especial con aquel acto en el Teatro Teresa Carreño donde el ensayista Pedro Pablo Rodríguez hizo un recorrido impresionantemente ameno y coherente por nuestra historia común, llegando a esta que vivimos hoy, entre sueños, realizaciones y amenazas.

Compartimos poemas recíprocos y a veces complementarios, visitamos exposiciones y museos, conversamos con los maestros y los médicos que participan en las misiones sociales que impulsa el proyecto revolucionario bolivariano para llevar conocimiento y salud -esas bases imprescindibles de la libertad y la justicia- a los excluidos de siempre.

Establecimos contactos con instituciones y amigos para futuros intercambios de informaciones, proyectos, sueños, en los terrenos felizmente no compartimentados de la poesía, la memoria, la música, el audiovisual, la narrativa, el pensamiento, la historia.

Escuchamos narraciones de raíces macondianas -por auténticas, por increibles: así se ha expresado muchas veces la autenticidad en nuestras tierras-, contadas con vehemencia por un presidente electo por su pueblo, que ha ratificado en otras seis ocasiones esa decisión popular a través de los mecanismos establecidos por la constitución del país que ahora lleva un apellido hermoso, que alienta y convoca: bolivariana.

Asistimos a un desbordamiento de la solidaridad y el aprecio en la gente encargada de organizar este Encuentro y entre los amigos de muchos años o los recientemente conocidos. Nos pidieron apreciaciones y comentarios sobre lo visto y lo vivido, sobre las complejas relaciones entre el proyecto político revolucionario y los creadores artísticos y pensadores de hoy. Recuerdo que un poeta de la Isla mencionó similitudes y diferencias entre nuestras realidades, acentuadas por las distintas épocas en que se produjo, hace cuatro décadas, ese proceso aquí en Cuba y se está produciendo, ahora mismo, en Venezuela. Expresando muchas de las ideas que revoloteaban en la sala en aquellos instantes, no ofreció consejos -con lo que todos estuvimos de acuerdo-, pero mencionó elementos esenciales, a mi modo de ver en la labor (y la lucha) cultural de todos los días: inteligencia, firmeza, comprensión, audacia, paciencia.

Esa semana vivida a ritmo acelerado, entre debates, lecturas, canciones; asomados, por momentos al insólito e inquietante panorama que ofrecen muchos medios de comunicación convertidos en arcángeles de la ilegalidad y anunciadores de todas las catástrofes posibles, nos transportó a muchos de los escritores de la Isla a momentos vividos cuatro décadas atrás, entre nostalgias alfabetizadoras, recuerdos milicianos y memorias que, según pudimos, comprobar, están vivas entre -en- nosotros.

Por eso seguramente escribí allá arriba, en el borde superior de esta página o esta pantalla: encontrarse en Venezuela.

Creo que eso hicimos los que participamos en este Encuentro de Escritores Cuba-Venezuela, que fue mucho más que un evento profesional y fructífero. Además de encontrarnos con muchos de los que escriben, imaginan, sueñan, proponen a través de las letras y el arte hoy en Venezuela, nos encontramos un poco también con nosotros mismos. Lo que fuimos y lo que somos. Lo que queremos seguir siendo.

Lo visto y lo vivido en esa semana, por suerte, no trae una receta como documento adjunto (según la terminología de los ordenadores de hoy), sino abre un abanico de emociones, certezas, interrogantes, respuestas parciales, sueños incompletos, realidades duras como puños y ganas de vivir y de luchar. Por, para, junto a los excluidos de siempre. Con inteligencia, firmeza, comprensión, audacia, paciencia.

Lo mejor que tienen estos testimonios solicitados con urgencia es la dulce angustia que desatan. Y las pequeñas, necesarias, esperanzadoras respuestas que aparecen cuando uno tiene la posibilidad de encontrarse en Venezuela.
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Víctor Casaus *


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