El voto del 23N

 Derechos individuales, sufragio..., por los que por su consecución el pueblo a peleado, y que procura por todos los medios aprovecharlo como instrumento y logro de su emancipación. Pero para los oposicionistas al ver que el pueblo les dio la espalda y que no pueden continuar manipulándolo, todo eso no son más que medios que se vuelven contra los fines de las aspiraciones que tienen de alcanzar el poder, ya que no gozan de las facilidades que disfrutaban cuando ellos eran “gobierno”.

Compatriotas ¿Hay locura mayor que dar el voto a un oposicionista que no va a defender nuestros intereses? La oposición dice: ¿Si no se triunfa sea como fuere, para que sirve votar?

Para ellos, la cuestión es ganar una gobernación o alcaldía, por los medios que sea, si con eso padece la seguridad y tranquilidad del país, si se atropella por todo, si se lesiona la moralidad, importa poco. Vale más un triunfo por la violencia o la falsía que una derrota honrosa. Eso de la honra es cosa de los chavistas; con ella ni se come ni se sube al poder. Y, ¿es claro, para los oposicionistas, el poder es todo? Sí; es indudable que entiende mejor sus intereses el que vende su voto a un agiotista que el que da su voto a una idea, no ha un hombre que sabe que no va a defender sus intereses de clase, sino sus intereses individuales. Este es un utopista, dirán ellos, como eran utopistas los que hace tiempo pedían lo que hoy han obtenido los que tienen a todas horas en la boca la palabra utopía. Es tal y tan grande la confusión de ideas que en punto a cuestiones económicas reina en el espíritu de las más de las gentes del oposicionismo, y hasta tal punto de embrollo ha llevado sus más claras nociones eso que llamándose economía política no pasa de ser muchas mas de las veces que economía mercantil, que a todas horas se oye repetir en elogio de ciertos oposicionistas que dan trabajo.

Es la posición un síntoma más de la enemiga implacable de gran parte de los opositores a la obligación de los ideales socialistas, enemiga bajo la cual se ocultan, consciente o inconscientemente, contra un movimiento que les arrebata votos y militancia y, sobre todo, hace ver cómo en el fondo no gana más el pueblo con el socialismo que con el capitalismo, tal como los oposicionistas indican.

Dado el problema de la prevención de la malevolencia ¿Cómo vamos a tratarlo? Primero hay que entender las causas, que son, en parte sociales y en parte fisiológicas.

El pueblo, ahora como antes, está basado en una competición de vida o muerte; lo que se disputa en las venideras elecciones con la oposición es nuestra independencia político-económica, la conservación de nuestros recursos naturales, el acceso a la salud y educación gratuitas en todos los niveles, acceso a la vivienda con facilidades de financiación, que los niños pobres tengan educación y una alimentación sana, que no se mueran de hambre y miseria, y están en juego todas las Misiones. 

Cuadran a los móviles egoístas las máximas que la razón saca de la conciencia; pero al tumultuoso anhelo de las honduras del pueblo, las máximas que las encauzan, no se encierran en el anillo férreo de las fórmulas lógicas. Los oposicionistas se agrupan en agrupación viva en torno a sus intereses, contrarios a los intereses del pueblo, a algo que dice tanto que no dice nada.

La mayoría de la gente de la oposición está acosada por el miedo generado por los medios de comunicación de la oligarquía, en especial Globovisión; esto es especialmente verdadero en la gente de la oposición que tienen hijos menores.

Ellos temen que el socialismo confisque su riqueza; la clase media está dedicada en la frenética búsqueda de su seguridad e imaginan que ella puede lograrse manteniendo sometido al pueblo pobre que cree su potencial enemigo. Los programas y teorías del puntofijismo formaron ergotistas y disputadores del Congreso, que llevaban al pueblo a la esclavitud y el extermino; mientras el lema Dios, Patria, Trabajo y Libertad unían las voluntades de los excluidos, aunaba infinitos y diversos anhelos, recogía bajo su vaguedad suprema miles de sentimientos.

Y, en nuestros días mismos ¿Qué es lo más poderoso, lo más eficaz, lo más duradero que ha producido el clero y el oposicionismo? Una sola, una sola cosa, una frase: El socialismo es pecado, todo lo demás es funesto a esa charla vana y declamación hueca. Los socialistas no combatimos el capital, sino el capitalismo actual. Nunca se nos ha ocurrido la simpleza de estimar inútil el capital, ni sostenemos que el trabajo sólo, sin capital, basta para la producción. Lo que se combate es el acaparamiento del capital por unos cuantos usureros y sacarle interés por la mera posesión de él. Ocúrresenos la precedente observación al oír por vez milésima que para ser socialista es preciso vestir camisa roja y calzar alpargatas y repartir cuanto se tenga entre los demás. Todavía no ha entrado en ciertas cabezas de piedra la idea de que el socialismo es producto de la evolución económica, que no se trata de aliviar meramente la suerte de éste o aquél sino de favorecer la transformación de las leyes del proceso económico.

En las revoluciones no hay atajos de la política, ya individual o social. Para hacer una revolución tenemos que desarrollar la inteligencia, el dominio de nosotros mismos y el amor por los seres humanos.

Es un asunto cuantitativo, un asunto de mejora gradual, de aprendizaje temprano, de experimento educacional. Sólo la paciencia inspira la creencia en la posibilidad de una mejora de las instituciones. Evidentemente, sí la comunidad se mantiene unida para disfrutar sus beneficios y ventajas, no podemos permitir que la gente se mate cuando sienta el impulso de ello, motivado por los manejos de los medios de comunicación oposicionistas. El mejoramiento gradual posible, los métodos por los cuales puede lograrse, deben ser tratados con un espíritu puramente científico.

El fin de la moral es mejorar la conducta del pueblo; todos estos aprendizajes, dependen de las comunidades, y los acontecimientos políticos las fomentan, tenemos que vivir en comunidad de otra forma la vida no es posible.

El oligarca está convencido de que el hombre del pueblo, el asalariado, el hombre de color son de arcilla inferior y de que sus padecimientos carecen de importancia.

Camaradas han pensado que la miseria, la crueldad y la degradación se deben a los explotadores, a las religiones, a los oligarcas-fascistas y a los imperialistas, y que estas fuentes del mal al ser derrocadas habrá un cambio general, y todos viviremos en paz de allí en adelante.

Salud Camaradas.

Vamos con Todo y por todo.

 Hasta la Victoria Siempre. Patria Socialismo o Muerte. ¡Venceremos!

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