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Carta Pública a Miguel Enrique Otero Castillo
Por: Enriqueta Acosta
Fecha de publicación: 15/10/02
imprímelo mándaselo a
tus panas
Miguel Enrique:

Qué pasó con aquel alegre muchacho que finalizando la década de los
sesenta estudiaba Matemáticas en la Facultad de Ciencias de nuestra querida
Universidad Central de Venezuela. Yo entonces estudiaba Biología en la
misma Facultad y recuerdo tu alegría, sentado en los banquitos frente a la
escuela de Matemáticas, siempre con la sonrisa en los labios y el chiste
oportuno que nos hacía reír un poco y nos ayudaba a continuar en la lucha
por lograr los cambios que nuestra sociedad nos reclamaba.

Pasaron 30 años más para llegar a ello y me vuelvo a preguntar qué pudo
haberte pasado.

Sentí profunda indignación cuando Teodoro públicamente, hace algunos años,
se refirió a tí por los medios de comunicación como "el bobolongo de
Miguel Enrique Otero". Irrespetó a un ser humano que quizá él pensaba no
daba la talla con la brillantez que de él se esperaba por ser hijo de Miguel
Otero Silva y esa gran dama María Teresa Castillo. Ahora veo que cómo que
tenía razón.

¿Es que acaso tu cerebro se consumió en los profundos estudios que te
permitieron alcanzar la licenciatura en matemáticas y llegó al no da más y
de allí en adelante tuviste que vivir a la sombra de tu padre esperando que
él desapareciera para ocupar su lugar en una empresa que te entregaron
hecha?

¿Será que te frustró no dar la talla para incorporarte a la hermosa labor
desarrollada por María Teresa Castillo al frente del Ateneo de Caracas?

¿Qué fue lo que pasó que te lleva a mirarnos con ese profundo desprecio?
¿Es tan grande tu complejo de inferioridad? ¿Amarga tanto el recibirlo todo
hecho por no haber sido capaz de hacerlo uno mismo? ¿Te frustra tanto no
poder escribir como tu padre sino escribir sólo insultos e irrespetar a los
demás?

Sí Miguel Enrique, porque yo fui a la marcha y no soy lumpen, ni mis
hijos, ni mi hermano, ni la gran cantidad de amigos y viejos compañeros de
universidad que hoy en día son honorables profesionales y que también
estaban en esa marcha. No fuí a esa marcha por una "carterita de ron y un
bollo de pan". Fui a esa marcha con el profundo convencimiento de que
debemos defender nuestra democracia, ésta que tenemos ahora, que sí es una
verdadera democracia que nos brinda, a través de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, la que nos dimos los venezolanos, la
oportunidad de comenzar a construir la patria que soñábamos cuando éramos
universitarios y en la cual los que tuvimos oportunidad de estudiar podemos
ayudar en la educación de aquellos que no la han tenido. Ése, aunque
mezquinamente no lo reconozcas, es el fenómeno que estamos viviendo. Y eso
que llamas lumpen, está adquiriendo conciencia de que la patria es de todos
y es labor de todos con nuestro trabajo, con nuestra alegría, con nuestra
participación, sacarla adelante para que tengan oportunidad aquellos que no
reciben todo hecho. ¿Será eso lo que te amarga?

No acudimos a las urnas electorales para elegir a aquel candidato que nos
garantice aumentar, a través de componendas, la fortuna heredada y las
empresas heredadas que hemos llevado casi al borde de la quiebra por nuestra
incapacidad. No cambiamos nuestro voto por poder mantenernos tomando whiskey
doce años y comiendo caviar. No, ése no es nuestro caso, que sí es el tuyo.
No Miguel Enrique, nuestro voto es un voto consciente, pensando en el bien
para toda la población, no para un grupito.

Perdona que te lo diga, pero si tú irrespetas, lo menos que podemos hacer es
recordarte esas cosas. No pretendo que nos pidas disculpas por habernos
ofendido de esa manera. Los seres humanos amargados y frustrados son
incapaces de pedir disculpas. Sólo te escribo esta carta pública para que
nuestro pueblo comprenda que no vale la pena tomarte en cuenta porque eres
un ser humano cargado de frustraciones y resentimientos. Y que tu único
valor consiste en tener un gran periódico heredado donde escribir lo único
que puedes escribir: sandeces e insultos.

Enriqueta Acosta C.I. V-2.981.244

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Enriqueta Acosta


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