La Respuesta del 23 de Noviembre

De niño inocentemente suponía que la química era el arte en el que unos despeinados científicos, puntualmente trajeados de una inmaculada bata blanca, a partir de una interminable gama de probabilidades que les ofrecía un sinnúmero de tubitos de colores, lograban de manera casi maravillosa los aciertos de su reputada inteligencia. Algo así como Versaches buscando a través del buen gusto y de la perfecta combinación la piedra filosofal.

Ahora, por supuesto luego de hace un buen rato haber dejado de ser un niño y quizás entendiendo la química mucho menos que antes, con cierto alivio puedo decir que a pesar de que aun continúo desconociendo una buena cantidad de cosas cómo verdaderamente son, sin jactancia puedo decir que estoy seguro de al menos cómo nunca lo serán.

En este sentido y abusando de mis pocas y averiadas neuronas podría señalar que en las votaciones del 23 de noviembre el máximo galardón para Chávez no será la cantidad de gobernadores, alcaldes y diputados que pueda alcanzar. La cantidad si bien guarda un valor estratégico incidental dentro de lo que será el nuevo e inevitable ajedrez político de Venezuela, pretende nada menos que el temerario desafío de saber sí puede o no lograr echarse definitivamente la revolución entera sobre sus hombros y sobre su instinto.

Su liderazgo es indiscutible y comprobado. Su voluntad y capacidad de trabajo es sobrenatural. Su entereza, lealtad y probidad para con la revolución es franca y desafiantemente incomparable y hasta, podría decirse, insustituible. Aun así su ejemplo, aun así su carisma no ha logrado ni ha podido ser el estímulo ni el camino para unos cuantos quienes ahora bulliciosamente lo siguen desde las altas esferas de su entorno y de su gobierno. A sabiendas de ello, una vez más insiste en endosar su credibilidad en el pueblo en algunos candidatos y en algunos “revolucionarios” que éstos indiscutiblemente conocen y siempre conocerán mucho mejor que él.

A pesar de que afortunadamente nuestros organismos de seguridad han logrado avances significativos dentro de la custodia y defensa de nuestro proceso revolucionario, la corrupción como quinta columna continúa esperando que la desidia y el tiempo les pueda llevar hasta el primer anillo de seguridad del presidente.

El PSUV sin haber nacido lleva ya una primera derrota, su democracia-dirigida ha marcado comportamientos que no se podría creer que el presidente los avalase. La enseñanza fundamental de este 23 de noviembre estará en sí el Presidente conoce mejor que el pueblo su militancia, sus candidatos, y su PSUV.

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Waldo Munizaga


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