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Gustavo Cisneros, el Titiritero
Por: Alejandro Guerrero
Fecha de publicación: 15/10/02
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"El Titiritero"
Dice la sabiduría popular, que al pueblo se le puede engañar una, dos, tres y hasta cuatro veces, pero no todo el tiempo. Por más que criminales como Mendoza, López, Peña y otros, quieran tomar para sí la bandera del golpismo, con gran afán protagónico, apenas alcanzan a ostentar el deshonroso título de títeres. Son los payasos útiles y necesarios que constituyen la corte de bufones que hacen el trabajo "sucio" a su majestad el golpista mayor, el titiritero.


Tras bastidores, escondido, solapado, agazapado, sin dar la cara de frente, ni mostrar sus verdaderas intenciones, está el titiritero que mueve los hilos de los bufones. El pueblo, que ya no es tan pendejo, separó el grano de la paja y sabe quién es el que le pisa los callos, el golpista mayor, el que trabaja en las sombras, el que mueve los hilos de la conspiración dentro y fuera del país: Gustavo Cisneros.




Foto tomada frente a la estación del metro de El Valle (13/10/2002).


Socio de poderosos grupos económicos y políticos de EE.UU. y España, el titiritero, con sus medios de comunicación transnacional con cobertura continental, es uno de los baluartes del avance colonialista en Latinoamérica. Gracias a la manipulación mediática, minuciosamente planeada por científicos sociales y expertos en comunicación, estos neo-conquistadores aspiran crear una sociedad "ideal" globalizada en la cual nos tocaría el papel de hincar con alegría las rodillas en el suelo, mientras imploramos ser sometidos, saqueados y esclavizados, con nuestro agradecimiento y anuencia. Convertirnos en esclavos sin grilletes, esclavos de una ilusión de progreso y bienestar que nunca será alcanzable, pues gracias a su nefasta influencia, ya no seremos una nación: "una nación, cuyos medios de comunicación funcionan dominados por el extranjero, no es una nación" (La golosina visual - I. Ramonet)

Los medios de comunicación tienen como finalidad adormecer la consciencia y secuestrar nuestro razonamiento, para luego tomar el tan deseado botín, nuestras riquezas, sin resistencia. Este descabellado e increíble escenario, para nuestra desgracia, ya forma parte de nuestro presente. Un gran sector del país ve con agrado la intervención extranjera y la entrega de nuestra soberanía. Recordemos los llamados de Ángela Zago clamando por una pronta invasión yanqui, la inminente entrega de nuestras riquezas minerales a las transnacionales durante el "Carmonazo" en nombre del neoliberalismo, la insistente presión de grupos oligárquicos e instituciones financieras nacionales e internacionales, propugnando la apertura incondicional del mercado interno y la eliminación de todas las restricciones al libre flujo del capital especulativo internacional, sin hacer mención del tema de los sobrevuelos yanquis excusándose en la lucha contra las drogas o el terrorismo.

Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana constituyen un gran escollo al avance Imperial, la soberanía, la autodeterrminación de los pueblos, el nacionalismo, la búsqueda de la independencia en todos los ordenes, la justicia social, el intercambio comercial equitativo y productivo con el resto del mundo y la lucha contra el colonialismo, son consideradas malas palabras que no deben salir de los foros izquierdistas, so pena de ser satanizadas como ideas trasnochadas.

Dos países antagónicos coexisten en explosivo equilibrio en Venezuela: uno nuevo, joven y vigoroso que está surgiendo desde abajo, de la mano de los humildes y segregados, y el otro... El otro país, viejo, ciego y egoísta, con sus adecuados ropajes negros, viene asistiendo asiduamente y con agrado al sepelio de su propio cadáver en la llamada "Plaza de la Libertad". (Paradojas que tiene la vida).

Durante los próximos años, la generación actual de venezolanos tendrá que demostrar que es digna heredera de sus antepasados libertadores.

Dicen, por ahí, que han visto de nuevo a un pequeño hombre, con mirada de fuego, blandiendo su letal espada, recorriendo los caminos de América... Dicen... por ahí....


Alejandro Guerrero

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Alejandro Guerrero


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