El pasado

Vidal Lamiquiz propone el infinitivo como la latencia, el centro del complejo temporal que se desvuelve en la lengua y quiere descifrar el mundo y su desenvolvimiento desde diversos punto de esa línea que desde el infinitivo, el verbo amar, por ejemplo, expresa las particularidades de la acción, su punto entre el pasado y el presente.

El pasado es inobjetable y los cambios vienen en sus moldes, no sólo en las formas nómadas, sino en la espantosa soledad de las mega ciudades.

En la inmaterialidad que justifica la preponderancia de los objetos icónicos de la sociedad contemporánea Cómo dejar atrás, verdaderamente atrás, entonces, el pensamiento, la mentalidad del colonizado. Cómo olvidar tres siglos de dominio, cómo creer en 200 años de ilusoria independencia que nos han tornado pasto de nuevos y más inclementes dominios.

Los pueblos claman justicia e impulsan el cambio epocal.

Esta época que nace no puede deslastrarse del pasado, vive como empantanada allí, en ese tramo arenoso y enlodado del pasado. Y vemos nuevamente a la vieja y raquítica estructura cuarto republicana dar muestras de su descalabro, de su amoralidad, de su quítate tú para ponerme yo.

Sus ilusorias superioridades, sus matrices de opinión, sus influencias, sus horizontes, sus convicciones, sólo el mercado existe y el mercado no se puede regular, el mercado es libre o no es mercado, y así debemos aceptar como buenos para los seres humanos la venta del sexo como algo no personal, la violencia como entretenimiento cotidiano, vampiros y asesinos en serie forman el contenido mediático que envuelve el mundo global, donde como nunca antes somos todos y ninguno.

Puede planificarse lo que converge hoy en un golpe de dados o en un plan trazado por superpotencias que definen aún su calidad de potencias por el dominio territorial que posean. El caso de Europa es patético, a la saga del neocolonialismo estadounidense, agazapados desde la posguerra en la Otan, en un supuesto estado de paz que supone las guerras en las zonas estratégicas en recursos energéticos o naturales.

Se dice fácil que las próxima guerras serán por el agua. Pero imagínense ustedes lo expuesta que está nuestra región. Es impostergable la consolidación de la unidad suramericana para defender nuestros recursos. Pero el pasado persiste y aún, sin saberlo, actuamos bajo el dominio cultural y económico del centro, seguimos en la condición de periferia, bárbaros incivilizados, negros o mujeres, musulmanes, palestinos afganos o equis.

El libre mercado, y la consolidación de sus formas monopólicas tienen curiosamente y aún el aval, el apoyo de cierta clase media que se ofende porque penalizan a una red de distribución alimenticia que tiene sobreprecio en la venta del arroz, que ha jugado a la especulación, el acaparamiento y cualquier estrategia que reafirme la primicia de la elemental ley de la oferta y la demanda, como quien celebra la persistencia de la crueldad y el egoísmo entre los hombres.

El pasado persiste, se disfraza y vuelve a mostrar su rostro, sus inclinaciones. No hay mejor ayuda humanitaria que las invasiones estadounidenses que ofrecen libertad y democracia a cambio de saqueo y guerra. La cuarta flota recorre el Caribe, nos hacen una advertencia.

Qué vamos a hacer, cambiar la patria por los malls de Miami o defender lo que somos, que también está en nuestro pasado pero parece que hemos olvidado.

Escritora

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Stefania Mosca


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