Transcurrían los años cincuenta y el gobierno de los Estados Unidos mantenía una permanente campaña de terror y persecución contra todo aquello que pareciera “izquierdismo”, lo que costó la vida de varias personas ejecutadas por presunta comisión de crímenes que todavía son calificados de falsos. Otros ciudadanos fueron condenados a prisión o simplemente impedidos del ejercicio de sus profesiones, todo ello bajo una atmósfera de incesante propaganda anticomunista cuyo centro visible fue la Comisión senatorial que al efecto encabezó el republicano Joseph R. McCarthy, electo por Wisconsin.
Científicos, intelectuales, directores y artistas de cine, activistas políticos y sindicales fueron víctimas de la enfermiza cacería, entre ellos el novelista Howard Fast, cuyas obras sufrieron la prohibición de ser transmitidas o comentadas por “La Voz de América”.
En la edición de “The New York Times” correspondiente al 20 de febrero de 1953, página 9, en reportaje firmado por C. P. Trussell puede leerse: “El subcomité, a través del Senador Joseph R. McCarthy, Republicano de Wisconsin, su director, solicitó y obtuvo la promesa de la inmediata remoción, en todas las bibliotecas de ‘La Voz de América’, de los libros de Howard Fast, novelista de izquierdas, siete de los cuales habían sido calificados como ‘aceptables’ para posibles usos en las transmisiones internacionales. Al menos cinco de los libros de Fast han sido rechazados en los programas de ‘La Voz’”. (The subcommittee, through Senator Joseph R. McCarthy, Republican of Wisconsin, its chairman, demanded and received a promise of the prompt removal from the Voice of America libraries everywhere in the world of books by Howard Fast, leftist novelist, seven of which had been pronounced "acceptable" for possible use in international broadcasts. At least five of the Fast books had been rejected as being counter to the Voice program).
El gobierno estadounidense, apoyándose en las actividades inquisitoriales de la citada subcomisión causó muerte física y moral a ciudadanos utilizando métodos muchas veces reñidos con la decencia y absolutamente contradictorios con la práctica de los derechos civiles que ese régimen decía “defender del comunismo” pues por esos tiempos Fidel Castro aun no alcanzaba la estatura de “bestia negra” y apenas, mediante el asalto al Cuartel “Moncada”, comenzaba la lucha contra uno de los gobiernos más corruptos y sanguinarios del Caribe, gobierno por cierto sostenido y apoyado por el régimen estadounidense.
Unos siete años después, el gobierno de los Estados Unidos desarrolla la estrategia de aislar a Cuba y excluirla de la Organización de Estados Americanos (OEA) y a ello se presta Rómulo Betancourt en tan lacayuna forma que provoca la renuncia de Ignacio Luis Arcaya, desde entonces llamado “el Canciller de la dignidad”.
Era frecuente ver y escuchar a Betancourt en sus denuncias del “eje Moscú-Pekín-La Habana”, bajo cuya égida era colocado automáticamente cualquier activista social o militante revolucionario, con lo cual quedaba sujeto a persecución, allanamiento, detención y en muchos casos tortura, muerte y desaparición, a cuyo fin colaboraban los jueces del partido firmando boletas de allanamiento y de detención en blanco. Y posteriormente los Fiscales del Ministerio Público se hacían de la vista gorda llegando a justificar las detenciones ilegales y las torturas con la ayuda de una permanente suspensión de garantías constitucionales que dejaba sin capacidad de respuesta a las víctimas de los atropellos, incluyendo a medios de difusión y periodistas, muchos de aquellos censurados o cerrados y algunos de éstos encarcelados.
Después el “eje” se fue reduciendo al “Castro-comunismo” y en todos los medios de difusión el gobierno tenía “cuñas” tan democráticas y respetuosas como aquella de “venezolano siempre, comunista nunca” y otra que identificaba a la militancia revolucionaria con el terrorismo.
Han pasado unos cuarenta años y se desmembró la Unión Soviética, cayó el muro de Berlín, del “campo socialista” no queda ni un tractor, la hoz y el martillo fueron sustituidas por la Coca (la cola y la otra) y por la hamburguesa Mac Donald. China es uno de los mejores socios comerciales de los Estados Unidos y éstos mantienen un bloqueo tan cruel como inútil contra Cuba, toda vez que ese pueblo se ha empinado gallardamente por sobre dificultades y agresiones de todo tipo --incluyendo cientos de atentados contra Fidel Castro--con una dignidad que debe ser reconocida sin mezquindades por ser ejemplo para Latinoamérica.
Pero resulta que señores tan brillantes como Marcel Granier y el representante de Fedecámaras explican sus vehementes deseos de que el presidente Chávez renuncie porque ellos sostienen que el país está siendo conducido al Castro-comunismo, sólo que no explican de qué se trata y dejan colgando, como un fantasma, el trapo del miedo a lo desconocido. Y hasta un señor vimos en la televisión, declarando ser dirigente de la CTV y “marxista-leninista”, lo cual no le impide ser peón de Fedecámaras, de AD, de COPEI y de quienes mueven los hilos, en la conspiración contra un gobierno que motoriza leyes como la de Tierras, Pesca e Hidrocarburos, por citar solo tres martirios clasistas de actualidad.
Lo de los señores Granier y Fernández se entiende, incluso sin haber ojeado el Curso de Filosofía de Politzer, pero hay que preguntar a ese “marxista-leninista” (fijo que es de la tendencia carmonista): mijo, ¿a quiénes favorecen esas leyes?; ¿quiénes pierden privilegios con el nuevo esquema de redistribución de la renta?; ser radical, como dicen que decía Marx, es ir a la raíz de las cosas. Y la raíz de las cosas es el hombre mismo. ¿Por qué los gobiernos estadounidenses derrocaron a Jacobo Arbenz, asesinaron a Augusto César Sandino, hostigaron a Farabundo Martí y mataron a Salvador Allende, para nombrar solo a unos pocos y circunscribirnos a nuestro continente?
Simplemente, bajo la lógica imperial las tierras guatemaltecas son más productivas en manos de la United Fruit que en las de los campesinos de ese país. El cobre chileno debe rendir ganancias para los consorcios multinacionales y no ser derrochado en mejor vida para los rotos. Y el petróleo venezolano tiene que continuar engordando meritocráticas cuentas y no botado en casas, hospitales y escuelas bolivarianas. Y sobre todo, ni una sola gota para Cuba.
¿Que más de veinte congresistas estadounidenses hayan visitado a esa isla y criticado al criminal bloqueo?; ¿que apenas el mes pasado fue celebrada una Exposición Agropecuaria y de Alimentos en La Habana con participación de hombres de negocios de Estados Unidos?
Pues si no podemos evitarlo vamos a silenciarlo y a descalificarlo. Así lo intentó Jeb Bush, gobernador de Florida, hermano del presidente y experto en fraudes electorales, quien fracasó al tratar de convencer al gobernador de Minnesota, Jesse Ventura, para que no fuera a Cuba. Y Otto Reich, subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, dijo entonces que Ventura iba por turismo sexual a La Habana, lo que provocó la indignación de Ventura y su exigencia de disculpas para él, su esposa e hijos.
Macartismo puro, parte del terrorismo de Estado utilizado cuando los representantes de imperio no logran doblegar a quienes se rebelan. Por eso la queja del Vicepresidente de la ITT en Chile, Edward J. Gerrity, cuando el 26 de octubre de 1970 le escribió a William R. Merriam, colega suyo en Washington: “… Es un hecho que en Latinoamérica ya no hay un ‘izquierdista democrático’ respetable… hombres, por ejemplo, como Betancourt, ex presidente de Venezuela…” (As a matter of fact, there is no longer a respectable ‘democratic left’ in Latin America, men, for example, like Betancourt, former president of Venezuela…)
Para suerte del Departamento de Estado, aun cuando ya no tiene a Betancourt aquí sus émulos se han reproducido como arroz, y si dudas quedan revisemos los videos de la autocoronación de Pedro El Fugaz, quien tenía que quitarse a tanto “izquierdista” en trance de morir por abrazarlo, porque como seguramente dirá más de uno en plena efervescencia de “real politik”, elegante palabra germana que nos ahorra escribir el feo término “oportunismo”: ¡que me llamen ortega-carmonista vaya y pase, pero castro-comunista nunca!
En la foto se ve a Ralph Kaehler, empresario estadounidense, cuando en compañía de sus familiares compartía con el máximo representante del castro-comunismo.
El señor Kaehler fue uno de los criadores que participó en la Exposición Agropecuaria en Cuba, luego de la cual fueron acordados negocios entre productores cubanos y estadounidenses.
Los señores Granier y Fernández no se han recuperado de la severa castritis que les produjo la noticia.
Ángel Cristóbal Colmenares
catirecolmenares@hotmail.com