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Caracas, 29 Dic. Venpres (Angélica Antía Azuaje).- "La economía venezolana
presenta importantes potencialidades que obligan a realizar esfuerzos para
concretar una política económica dirigida a proporcionarle la mayor suma de
bienestar a la población", expresó el presidente del Banco Central de
Venezuela (BCV), Diego Luis Castellanos en su mensaje de fin de año.
En efecto, señala que la concreción de dicha política se
circunscribe a la responsabilidad compartida entre los poderes públicos y el
resto de actores, en un esfuerzo mancomunado por lograr la estabilidad y
estimular el desarrollo humano que se aspira.
Entre los retos y prioridades para el 2004 están: aprovechar el
mejoramiento económico mundial, lo que permitiría un flujo relativamente
estable de recursos provenientes del petróleo. Sin embargo, Venezuela debe
hacer esfuerzos por convertirse en una economía de riesgo aceptable para los
inversionistas, no sólo para obtener financiamiento, sino también para
atraer inversiones directas que complementen la inversión interna.
A juicio del máximo representante del ente emisor, el 2004, se
presenta como un año en el cual se deberán alcanzar acuerdos que permitan a
las actividades económicas desarrollarse en un ambiente más favorable.
Para ello es necesario reestablecer los equilibrios
macroeconómicos, lo que exige impulsar mejoras en las finanzas públicas, lo
que supone introducir reformas que garanticen la sostenibilidad fiscal de
mediano y largo plazo. Asimismo, resulta indispensable generar un clima de
confianza que facilite desarrollar iniciativas de inversión productiva que
coadyuven al crecimiento sostenido y estable de la economía y a la
generación de empleo.
En este contexto, el BCV reitera su compromiso de desplegar las
acciones necesarias para alcanzar los equilibrios de mediano plazo; crear
las condiciones monetarias y crediticias que permitan atender el
financiamiento de la economía y garantizar la solvencia externa del país.
Estos esfuerzos estabilizadores de la política monetaria exigen una
eficiente coordinación con el resto de las políticas económicas,
principalmente, con la política fiscal.
Por su parte, Castellanos destacó que con un crecimiento
económico sostenido que permita generar superávit primarios suficientes para
atender el servicio de la nueva deuda, la economía venezolana estará menos
condicionada por la viabilidad de las finanzas públicas. Ello es más
importante si se considera que a partir de 2005, el cumplimiento de las
reglas macrofiscales, contenidas en el marco legal vigente, adquieren
carácter vinculante.
Durante el año han ocurrido eventos y hechos que sugieren
augurios de esperanza. La toma de conciencia y el regreso al juego
democrático de grupos que apostaron a las aventuras y las confrontaciones, y
la clara demostración de madurez cívica y ciudadana de la población que
expresó su rechazo a esas aventuras, son elementos muy alentadores en lo
político y en lo social. Los esfuerzos que en materia de educación y salud,
como componentes fundamentales del desarrollo humano, que ha desplegado el
país, son estimulantes.
"Del mismo modo, es gratificante en lo económico, la notable
mejora en la calificación de riesgo, así como el proceso de ordenamiento de
la deuda, la desaceleración de la inflación y la holgada posición de las
reservas internacionales, todo ello ofrece un marco propicio para superar
las dificultades y orientar al país y a la población hacia etapas más
avanzadas de desarrollo", enfatizó.
De acuerdo con el presidente del BCV, la reciente perturbación
experimentada por la economía venezolana hizo del año 2003 uno sumamente
complejo, que exigió enormes esfuerzos para detener la caída del Producto
Interno Bruto, aminorar una escalada inflacionaria y reducir, en lo posible,
el desempleo. Todo ello, sin embargo, en un ambiente democrático, de respeto
a los derechos humanos, entre ellos, el derecho a la propiedad; de
irrestrictas libertades, particularmente de la libertad de expresión, y a
pesar de que las tensiones generadas tuvieron graves efectos sobre la
economía y la sociedad en general.
Castellanos destaca como signos positivos la preservación de la
capacidad de pago externa y la disposición de un nivel holgado de reservas
internacionales, después de enfrentar una caída de ingresos petroleros y una
fuerte salida de capitales a comienzos de año.
"En este contexto, el BCV se esforzó por reducir las presiones
inflacionarias generadas por los desequilibrios monetarios observados
durante el año. A tal fin, el instituto desarrolló una estrategia dirigida a
mantener el crecimiento de los agregados monetarios dentro de una senda
preestablecida y a ordenar una reducción gradual de las tasas de interés",
indicó.
A juicio de Castellanos, con las nuevas reglas cambiarias, el
papel de la política monetaria se vio limitado en su objetivo de moderar las
presiones inflacionarias, resultado del proceso natural de esterilización
monetaria por la vía cambiaria y el consecuente incremento de la oferta
monetaria. En este contexto, el Banco Central reorientó su política de tasas
de interés hacia una reducción progresiva de las mismas, manteniendo la
posibilidad de que los excesos de oferta del mercado monetario fuesen
absorbidos a través de las operaciones de mercado abierto.
La puesta en práctica de esta estrategia tomó en consideración
que una caída abrupta de las tasas podría ocasionar una aceleración de las
expectativas de inflación, un crecimiento excesivo de los agregados
monetarios y una reducción drástica en el rendimiento de las opciones de
inversión del sistema financiero. Es por ello por lo que, durante el año, se
realizó continuo seguimiento de estas variables y, en particular, se
verificó que los agregados monetarios no registraran crecimientos
sustanciales por encima de niveles referenciales.
Es de advertir que la reducción temporal del flujo de los
ingresos petroleros, así como la merma de la tributación interna, agudizó el
desequilibrio fiscal durante el año, lo que exigió importantes niveles de
financiamiento concretado, fundamentalmente, a través de la colocación de
deuda pública en el mercado interno. Dicho financiamiento se facilitó por
los elevados excedentes monetarios generados por el control de cambio.
El último repunte intertrimestral de la actividad económica
estaría sustentado en un mayor dinamismo del consumo privado, la inversión y
las exportaciones, situación que ha permitido una disminución de los niveles
de desempleo, con relación a los registrados en la primera parte del año.
De acuerdo con cifras preliminares, el PIB al tercer trimestre
registró una contracción anualizada de 7,1%, en tanto que, en el primero y
segundo trimestre dicha disminución se ubicó en 27,7% y 9,4%,
respectivamente. De esa manera, durante el lapso enero-septiembre 2003, el
PIB registró una caída (14,7 por ciento) superior a la observada en el mismo
período de 2002 (6,2%). En la conformación de este resultado llama la
atención la contracción de 47,0% en la inversión, situación que de continuar
podría limitar en el futuro las posibilidades de crecimiento sostenido de la
economía venezolana.
El deterioro de la actividad económica interna afectó,
negativamente, la demanda de crédito por parte de los sectores productivos
privados, pese a la reducción que experimentó la tasa de interés activa
durante el año. En efecto, las tasas de interés activa y pasiva nominales
del mercado financiero registraron, en 2003, una disminución de 14,1 y 12,6
puntos porcentuales respectivamente, para situarse al 19 de diciembre de
2003 en valores de 19,7 por ciento para la tasa activa y de 14,5% de los
depósitos a plazo de 90 días.
El nivel de reservas internacionales (BCV y FIEM), al 19 de
diciembre de 2003, se situó en 20 mil 596 millones de dólares, lo cual
representa un aumento de 5 mil 736 millones de dólares con respecto al
cierre del año 2002. Ello es producto, en alguna medida, del desfase
operativo en la entrega de divisas, que afectó desfavorablemente la
evolución de las importaciones, y de la menor actividad económica ocurrida
durante el año, en un contexto donde los ingresos petroleros registraron una
relativa estabilidad, a pesar de la importante caída que éstos mostraron a
comienzos del año.
Cifras preliminares para el período comprendido entre enero y
septiembre de 2003, indican que la balanza de pagos registró un superávit de
6 mil 955 millones de dólares, asociado a una reducción de las importaciones
(33,3 por ciento), junto con un comportamiento favorable de las
exportaciones. El déficit registrado en la cuenta capital y financiera (mil
949 millones de dólares), fue inferior al registrado el año precedente.
En lo relativo al tipo de cambio, no obstante la vigencia de un
esquema de control, que prohíbe las transacciones de capital, las
negociaciones de los títulos de deuda emitidos por la República en dólares
estadounidenses, pero pagaderos en bolívares, sugiere la existencia de una
brecha importante entre la cotización oficial y la implícita en tales
operaciones, lo que exigirá adoptar medidas correctivas al respecto.
En todo caso, señaló Castellanos que el elevado nivel de
reservas internacionales, el mantenimiento de los precios del petróleo
dentro de los rangos establecidos por la Opep y el efecto favorable de la
estrategia en el manejo de la deuda, crearon las condiciones que permitieron
mejorar la percepción de riesgo que los inversionistas tienen del país, lo
cual se evidenció en el ajuste en la calificación de riesgo de los bonos
soberanos de largo plazo.
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