principal | EN contrARTE | autores | foro | contacto | nosotros | archivo
    Actualidad

George Bush contra la seguridad nacional de los Estados Unidos
Por: Por Edward Herman
Fecha de publicación: 27/12/03
imprímelo mándaselo a
tus panas
Nota de aporrea: Edward S. Herman es economista, autor y analista de medios. Es articulista de Z-Net de España desde 1988.

Uno de los más notables fenómenos de este malsano clima político ha sido el éxito obtenido por el gobierno republicano en ofrecer al presidente George Bush a la ciudadanía como el depositario indicado para proteger sus asuntos de seguridad.

Es asombroso, considerando la trayectoria y los planes de Bush. Argumentaré que hasta hoy, él ha resultado un penoso fracaso en asuntos de seguridad y que actualmente se encuentra sumamente atareado en sembrar las semillas que ocasionarán desastres de seguridad en el futuro. Cabe aclarar que me refiero a la seguridad en su sentido más estricto, en lo que concierne únicamente a la amenaza terrorista y al ataque militar. Si ampliamos el concepto, abarcando la seguridad de la ciudadanía estadounidense ante la amenaza del desempleo, la pérdida de pensiones, la falta de atención médica, la delincuencia urbana, los abusos de los aparatos de seguridad del estado en contra de las garantías individuales, las interrupciones de servicios de transporte, electricidad y agua potable, o los daños a la salud ocasionados por el deterioro del medio ambiente, la amenaza de Bush a la seguridad es aterradora.

Bush ha logrado encapucharse de Mesías de la seguridad promoviendo el miedo, encendiendo el fervor patriótico, fabricando guerras, o más bien, invasiones de países pequeños y prácticamente indefensos mientras se pasea con una actitud solemne, haciendo declaraciones monumentales que buscan evocar la grandeza de Churchill ("No cederé; no descansaré; no capitularé en mi esfuerzo de emprender esta lucha por la libertad y la seguridad del pueblo estadounidense") y jugando su papel en frecuentes reseñas que proyectan al otrora desertor del servicio militar como un aguerrido cacique en jefe (aterrizando en atuendo de la Fuerza Aérea sobre el USS Abraham Lincoln).

Pero nunca lo hubiera logrado sin la colaboración de los sumisos medios de información que adoptaron su agenda, publicando sin previo comentario sus imágenes, sus múltiples distorsiones de la verdad, cultivando temores, negándose a cuestionar a su dirigente, sirviéndole como lo hacen los medios de un estado totalitario. El profesor Lance Bennett considera el desempeño de la prensa una "casi perfecta participación periodística en operaciones de propaganda gubernamental". La extensa ala derecha de los medios informativos se ha transformado de hecho en agente de prensa y porrista del gobierno de Bush, dando pauta y subyugando al sector empresarial "liberal" de la prensa a una parecida, si acaso menos vocal, obediencia al gobierno (aunque a muchos de ellos no hubo que intimidarlos). En el fondo de todo esto encontramos que el sector empresarial se encuentra bastante satisfecho con la administración de Bush, la cual ha sido descaradamente agresiva rebajando tarifas, facilitando recursos, reduciendo control de contaminantes, desmantelando el sistema de asistencia social e impidiendo la organización laboral. Tal postración ante las necesidades del poder nutre el rendimiento de los medios publicitarios y de información comercial, quienes dan muy diferente trato a Bush a comparación de Clinton, Gore o cualquier otro político que, aún haciendo todo lo posible por satisfacer al sector privado, no está dispuesto a dedicarse ciento por ciento al beneficio de la empresa.

El fiasco de seguridad del 11 de septiembre
La administración de Bush fue directamente responsable del fracaso de seguridad del 11 de septiembre; uno de los mayores y más imperdonables en la historia de los EEUU. La administración había sido alertada por el saliente equipo de Clinton acerca del peligro de al Qaeda y sencillamente ignoró tal amenaza durante sus ocho meses de gobierno anteriores al 11 de septiembre. La administración desatendió varias subsecuentes señales de alerta entre las que aparece el reporte de individuos sospechosos que estaban recibiendo entrenamiento de aviación y boletines explícitos proporcionados por un puñado de agencias de inteligencia de países aliados acerca de una planeada operación terrorista "espectacular". El informe de inteligencia entregado a Bush el 6 de agosto de 2001 contenía un artículo que indicaba: "Bin Laden, decidido a atacar a los EEUU," donde se mencionaba que "las señales de actividad resultan consistentes con la planeación de secuestros u otros tipos de ataques". El gobierno de Bush hizo caso omiso a dichas advertencias sin examinar el peligro latente en ciertas "señales de actividad" como el entrenamiento de aviadores o por lo menos incrementando la seguridad en los aeropuertos. El 10 de septiembre de 2001, el Ministro de Justicia John Ashcroft entregó un presupuesto para el Departamento de Justicia que eliminaba 58 mdd de las peticiones del FBI, los cuales habrían suministrado 149 agentes antiterroristas, 200 analistas de inteligencia y 54 traductores; y también propuso un recorte presupuestario para los gobiernos estatales y municipales que redujo los pertrechos antiterroristas, como radios y equipo de descontaminación. Las prioridades de Ashcroft no incluían el terrorismo, sino "proteger los derechos de las víctimas de la delincuencia", el control de inmigración, el tráfico de drogas y el peligro de la prostitución en el estado de Lousiana.

El fracaso de enfrentar la amenaza terrorista de al Qaeda pudiera tener relación con los vínculos entre la familia Bush, sus amistades y los intereses petroleros con Arabia Saudita, incluyendo miembros de la familia bin Laden, algunos de los cuales fueron autorizados a salir de los EEUU con premura después de los ataques del 11 de septiembre con permiso de la Casa Blanca, mientras que un gran número de árabes sin expresa correlación con bin Laden fueron inmediatamente detenidos, interrogados, frecuentemente maltratados y encarcelados sin proceso. El gobierno de Bush hizo todo lo posible para impedir y retrasar la investigación del fiasco de seguridad del 11 de septiembre, negando acceso a Condoleeza Rice, así como a agentes de la CIA y otros investigadores, censurando documentos ejecutivos y finalmente insistiendo en ocultar del escrutinio público las 28 páginas del bastante demorado reporte sobre las razones de la falla de seguridad que concierne al nexo saudita.

El hecho que el gobierno de Bush lograra retrasar y luego censurar el reporte del comité bilateral del congreso sobre los hechos del 11 de Septiembre sin que nadie se lo recriminara, resulta un asombroso testimonio del poder de la derecha. Obviamente los hechos del 11 de septiembre son de suma importancia, dado que casi 3000 personas murieron, generando amplia publicidad y expresiones de ira y dolor que, a su vez, proporcionaron la plataforma para la continua "guerra contra el terror". Recordemos que inclusive varios de los secuestradores habían sido entrenados en administración aérea en los EEUU y habían coordinado tal operación en territorio estadunidense sin interferencia alguna por parte de las agencias de seguridad, con un costo público de aproximadamente 30 mmd al año. Además existe la lista de advertencias y la evidente falta de interés de parte del gobierno de Bush, muy posiblemente derivada de la relación con el petróleo saudita. Se agrega finalmente la incapacidad del sistema de emergencia de los EEUU a reaccionar al secuestro, y el hecho que Bush brilló por su ausencia en cuanto supo de los ataques a las torres gemelas.

Muchos familiares de las víctimas del 11 de septiembre se escandalizaron por el encubrimiento de las fallas de seguridad e inclusive algunos se han abocado al asunto con un vigor inaudito (Gail Sheehy, "Four 9/11 Moms battle Bush," New York Observer, 21/08/03). Pero los medios han mantenido un pasmoso silencio y desde el 11 de septiembre de 2001 hasta hoy día han ejercido poca presión para que el gobierno justifique su incapacidad y tampoco han indicado que tal incumplimiento del deber constituye una negligencia tanto criminal como enjuiciable. En el clímax de revelaciones de Bush acerca de los errores de inteligencia, en mayo de 2002, el énfasis editorial del New York Times consistía en la incapacidad de ensamblar datos y de considerarlo un problema "crónico" e insistía en la necesidad de enfocarse en "lo que de verdad importa, lo cual es prevenir otro asalto" de bin Laden en vez de culpar los pronósticos (ed., "Distractions and Diversions," 21/05/02). De hecho, los medios de comunicación difícilmente admiten que los hechos del 11 de septiembre sean culpa de Bush en lo absoluto; el Philadelphia Enquirer consideró los hechos como algo que pudiera manchar el legado de Clinton sin siquiera mencionar la posible responsabilidad de Bush (Dick Polman, "September 11 may tarnish Clinton's legacy," 14/01/02).

Yo aventuraría que si acaso Clinton hubiese estado al mando y mostrado un similar récord de omisiones y mal funcionamiento, la prensa hubiera sido implacable, sus labores de investigación se hubieran encarnizado y la falla de seguridad se habría ensartado en Clinton y en sus subordinados inmediatos (Dick Cheney, por ejemplo, fue presentado como el "hombre clave en terrorismo interno" en mayo de 2001, pero no alzó un dedo para enfrentar dicha responsabilidad hasta el 11 de septiembre). Si acaso Clinton fue acusado de mentir durante el escándalo Lewinski, ¿existe duda alguna que se le habría enjuiciado, condenado y echado de su puesto por este delito más grave? Mas él no estaba protegido por la derecha y la "prensa liberal", como lo está George Bush, el más agresivo monaguillo del sector empresarial.

De la falla de seguridad a la siembra del pánico
Luego de fallar aparatosamente a la protección pública de los EEUU el 11 de septiembre, el gabinete de Bush se apresuró al extremo opuesto de exagerar y fabricar amenazas terroristas encendiendo temores y aparentando ser los protectores de la seguridad en quienes la ciudadanía estadounidense puede siempre confiar. Esto distrajo al público de su falla catastrófica, así como de los frecuentes escándalos de conflictos de interés entre la administración y el empresariado, permitiéndoles utilizar dicha distracción para aplicar la política interna y externa que intentaron siempre implementar sin éxito por falta de un buen pretexto.

Este renovado esfuerzo de jugar el papel de protector de la seguridad empezó con la inmediata incursión de la flota naval al puerto de Nueva York, entre otros, así como los continuos vuelos de la fuerza aérea sobre Nueva York y otras grandes ciudades que se prolongaron por varios meses. Fue una tremenda necedad, dado que, como hubiera sido obvio aún a los editores del New York Times, bin Laden, o el mismo Saddam Hussein no contaban con una fuerza aérea ni naval capaz de atacar a la ciudad de Nueva York, y el 11 de septiembre fue un proyecto único y singular, largamente planeado y que futuros ataques, si acaso sucedieran, serían por medio de baja tecnología. Pero la prensa no se mostró ni crítica ni mordaz; tampoco señalaron el contraste entre la incapacidad de actuar ante una amenaza real y la imbécil inutilidad de aparentar ser los protectores de los sistemas de alerta. No, se alinearon con el coeficiente de alta ingenuidad que a menudo exhiben cuando se trata de asuntos de política internacional (tal como lo hicieron respecto a la peligrosidad de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein que argumentaba Bush).

Desde entonces, el equipo de Bush hizo frecuentes declaraciones de amenazas terroristas y arrestos de sospechosos con base en información frecuentemente risible y mucho menos veraz que la que había ignorado antes del 11 de septiembre. El anuncio de Ashcroft acerca de la intervención del FBI en el fallido intento de explotar una "bomba sucia" en Washington a raíz del arresto de un antiguo miembro de una pandilla callejera en Chicago, se desinfló de un golpe cuando se reveló que no existía bomba alguna, ni acceso a material radioactivo, ni siquiera un plan; solamente existía una presunta "intención". Pero la prensa exageró la nota sobremanera y frecuentemente publican vagas declaraciones de ominosa alarma, incluyendo algunas que coinciden con los bochornosos momentos políticos de los guerreros del terror de Bush (v.g., "Cheney: Nuevos ataques 'casi seguros' " Philadelphia Enquirer, 20/05/02). La nueva Administración de Seguridad Interna(Homeland Security Administration, N. del T.) elaboró un sistema de colores de alerta para amenazas terroristas de diferentes niveles de seriedad, los cuales adquieren vigencia con frecuencia, típicamente en momentos de conveniencia política. Estas alertas han sido invariablemente falsas alarmas. A pesar de la propaganda del pánico, y aparte de los ataques de ántrax por correo, no hubo un solo ataque terrorista en territorio estadunidense durante los dos años a partir del 11 de septiembre. En teoría, esto pudiera ser debido a los arrestos, alarmas e implemento de medidas de seguridad. La otra posibilidad, que considero más factible, es que al Qaeda carece de representatividad en los EEUU y por lo tanto ha agotado sus posibilidades en este país.

La falta de protección contra el terrorismo
La administración Bush tomó ventaja del reciente clima de inseguridad y atizó el patriotismo para impulsar su Defensa Nacional de Misiles (NMD) y otros programas militares que no tienen absolutamente nada que ver con combatir a al Qaeda o al terrorismo, pero los cuales ni la prensa ni los demócratas impugnaron. Una gran cantidad de dinero destinado a la "seguridad" a raíz del 11 de septiembre acabó en dichos programas, así como ataques militares en el extranjero que ayudaron al plan semioculto de Bush de proyectar la hegemonía imperialista de EEUU a nivel global, los cuales a su vez garantizan futuras agresiones contra EEUU.

Pero mientras tanto dinero se utilizaba en el NMD y otros inútiles y provocativos programas bélicos, el equipo Bush estaba recortando programas que realmente hubiesen defendido y protegido al público contra ataques terroristas. Malversando fondos y recursos e instalando una enorme burocracia de seguridad interna, mientras que otras burocracias relativamente pequeñas demostraron incapacidad para coordinar información dentro de sus propias filas. Se ha invertido bastante dinero para incrementar el espionaje, ignorando las necesidades de aeropuertos, puertos marítimos, y otras infraestructuras vulnerables, tal como las plantas eléctricas, atómicas e hidráulicas.

No obstante que las líneas de defensa contra el terrorismo son la policía, los bomberos y los servicios de emergencia municipales, y no obstante que se les delegó muchas de las responsabilidades de seguridad interna, los ayuntamientos no han recibido "más que una miseria" para costear tales responsabilidades; y debido a que el congreso ha combinado el presupuesto de seguridad interna con los previos fondos federales de seguridad pública, la prevención del delito y el planeamiento de emergencias, "los ayuntamientos estadunidenses en realidad recibieron una pérdida neta en subsidio federal" (Joe Moore, "War effort impedes security at home"; www.fpif.org/commentary/2003/0307cities).

Las alertas del Departamento de Seguridad Interna exigen acción de parte de agencias locales de emergencia, aunque el público en general las puede ignorar.

Dichas alertas, sin embargo, comúnmente requieren el pago de horas extras para la policía municipal y otras agencias. La asamblea general de ayuntamientos de EEUU calcula haber gastado 70 mdd por semana en pagos nominales solamente para atender a las demandas de la alerta naranja. David Morris señala que "la estrategia de Bush de percepción entre seguridad nacional y local ha ocasionado una situación grotesca. Cuando se incrementa la posibilidad de un ataque terrorista, la capacidad de nuestras comunidades para combatirlo disminuye" ("Homeland Security doesn't help communities cope", Alternet 20/08/03). Si añadimos a esto la crisis fiscal por la que atraviesan los gobiernos estatales y municipales, que reciben poca ayuda de la administración Bush, empecinada en suministrar recursos federales a los gastos militares y de ocupación, así como las reducciones de impuestos a sus compinches y a los promotores de la industria, la capacidad local para responder al terrorismo se debilita aún más.

Fabricando terroristas
Durante la guerra de Vietnam, el ejército estadounidense demostró su magistral arte para crear enemigos por medio de su recalcitrante racismo hacia los "enanos amarillos" (Lyndon Johnson) y su opulenta agresión bélica contra "comunidades vietcong sospechosas". EEUU utilizó también armas químicas a gran escala para destruir parcelas de arroz (Operación Ranchero). El ejército estadounidense logró inventar dos soldados enemigos por cada uno que mató sin poder explicarse de dónde provenían los refuerzos. Pero no todos los militares se confundieron; el sargento Donald Duncan testificó en 1966: "Un día le pregunté a uno de nuestros pilotos de helicópteros vietnamita su opinión del último bombardeo. [me contestó] 'creo que hoy vamos a hacer muchos vietcongs' ."

George Bush y sus secuaces han enriquecido dicha tradición. Los EEUU han usado agentes químicos y biológicos sobre sembradíos de estupefacientes que se escurren a otros tipos de parcelas en Colombia. Esta es una espléndida operación que produce odio y terrorismo.

El gobierno de Bush ha iniciado una íntima alianza con el "hombre de paz" Ariel Sharon y ha brindado un genuino e incondicional apoyo a la purificación étnica del estado de Israel, ignorando por completo su peligroso arsenal nuclear y de agentes químico-biológicos mientras que simultáneamente intimida a cualquier país vecino que se atreva a desarrollar un programa bélico similar. Bush ha declarado una constante "guerra contra el terror", al principio proclamada como "cruzada", con un evidente prejuicio en contra del Islam, pero abierto al apoyo de cualquier gobierno que decida alinearse a la hegemonía de poder global del equipo de Bush. Muchos gobiernos totalitarios se han unido jovialmente a la guerra dado que les proporciona apoyo y protección en sus propias campañas agresivas y de represión a grupos de disidentes internos.

Las guerras en serie, primero Afganistán, después Irak, y otros países abiertamente amenazados, ha sido notablemente bien diseñada para crear terroristas; en ambos casos (como en Vietnam) por el exagerado uso fuerza bélica, que exterminó e hirió una enorme cantidad de civiles, y por la conducta de las tropas estadounidenses en tierra (golpeando, maniatando y amordazando hombres, mujeres y niños; tirando a matar ante la menor provocación); tomaron prisioneros a diestra y siniestra, los maltrataron, deteniéndolos excesivamente sin acceso a comunicarse con los suyos y sin proceso legal. En Afganistán, un gran número de prisioneros talibanes fueron asesinados bajo custodia o en tránsito a otras delegaciones, principalmente por aliados de los EEUU pero con obvia complicidad oficial. Existen miles de prisioneros en Irak cuya situación permanece incierta y cuyo trato es una flagrante violación del derecho internacional.

Bush justificó su ataque a Irak con el pretexto de que supuestamente ese país brindó "entrenamiento y alojamiento a terroristas...los cuales voluntariamente utilizarían armas de destrucción masiva en contra de los EEUU y otros países amantes de la paz". Pero como lo ha expuesto Jonathan Freedland, "Con inusitada rapidez, los Estados Unidos e Inglaterra están haciendo realidad sus pesadillas. Irak se está transformado en el país que tanto temían? Así que mientras las acusaciones de Bush eran mentira, los eventos se han encargado de esa pequeña laguna en el argumento de los EEUU" ("The blind prophet" , The Guardian, 03/09/03).

Pero sería un error pensar que los secuaces de Bush resienten tan pequeño error. Buscaron un pretexto para invadir y ocupar, justificándose con muchas mentiras. Además, no me parece que les incomode tanto el hecho que sus prácticas hayan producido más terrorismo, aunque las dificultades y costo de pacificar a Irak es definitivamente un revés. Pero así como el 11 de septiembre resultó en beneficio de Bush, también futuros ataques terroristas le darán a él y sus secuaces mayor amparo so pretexto del miedo y la "seguridad" para continuar proyectando poder al exterior y servilismo a la comunidad empresarial y al complejo industrial-militarista dentro del país. Todo esto es posible debido a una prensa dominante que se une al desfile de estratagemas alarmistas y se niega a denunciar el carácter retroactivo de la política de Bush donde el terrorismo al mayoreo acarrea terrorismo al menudeo. Nuestra esperanza es que el costo de esta política cruel y peligrosa, alimentándose de gente común y corriente y volviéndolos cada vez más pobres e inseguros, creará una conciencia y una protesta que afectará los medios de comunicación y traerá consecuencias políticas.


Articulo leido aproximadamente 1226 veces

Por Edward Herman


Copyleft 2002, Aporrea.org