La burguesía en la revolución

Articulo publicado en el semanario de la Universidad de Carabobo, Tiempo Universitario en su edición N° 404 del 15 de diciembre de 2003


Durante la Edad Media, surgieron alrededor o dentro de los recintos amurallados, que protegían los castillos de los reyes y señores feudales, pequeños pueblos formados por comerciantes, artesanos, escribientes, boticarios, médicos, etc, que no eran siervos de los señores feudales y que ejercían sus oficios libremente bajo la protección de aquellos. Esas comunidades fueron llamadas burgos, palabra tomada del alemán y que hoy permanece en la terminación de los nombres de muchas ciudades que aun existen, tales como Burgos en España, Hamburgo, Brandenburgo etc, y sus habitantes que recibieron el nombre de burgueses, medraron en esa sociedad intermedia entre el primitivismo pastoral y trashumante del europeo prerrománico y la sociedad emergente del renacimiento, viniendo a formar una clase social entre los señores feudales y los siervos.

Dada la dependencia de los poderosos por esa clase social de burgueses, que les proporcionaba armas, arte, ropa, etc., andando los siglos ésta tomó fuerza política, pudieron en ocasiones nombrar burgomaestres y algunas autoridades o funcionarios de rango inferior, aunque nunca democráticamente por la presencia e intervención de la voluntad del señor feudal, amo de vidas y haciendas a quién y de quién se servían.

Esa nueva clase social no incluía, por supuesto, a los religiosos ya que estos siempre han estado al lado de los señores feudales con quienes frecuentemente han alternado o compartido el poder y a quienes han servido fielmente en una vil simbiosis, para explotar la superstición del pueblo y así contribuir a mantener la subordinación de los pobres a los poderosos.

Poco a poco la dependencia de los señores feudales por los burgueses ha ido aumentando y en los últimos tres siglos de historia han ocurrido cambios profundos en la tenencia del poder. La revolución francesa derrocó a los reyes y señores feudales, pero los siervos que la hicieron y murieron por ella, siguieron siendo siervos y los burgueses de rango más alto o de mayor poder económico, ocuparon el espacio de los señores feudales y de la “nobleza”, sin que realmente se hubiera producido un cambio en el equilibrio social, la distribución de las riquezas y mucho menos en la instauración de la justicia social, la revolución francesa analizándola fríamente por los resultados, fue un fracaso si su intención era liberar a los siervos y alcanzar la justicia.

Darle la libertad a los esclavos nunca fue una victoria ni un logro para los esclavos, sino una hábil maniobra de los amos para liberarse de la obligación de mantenerlos. Al convertirlos en hombres “libres” y someterlos a unas condiciones de vida aún peores, ya no tiene el amo responsabilidad por la salud o la alimentación de alguien que ya no es de su propiedad, mientras que ese hombre “libre”, acicateado por el hambre se ve obligado a vender su tiempo al amo por el salario que este le impone, salario que nunca cubre las necesidades del obrero y su familia.

Hoy la burguesía se ha dividido y subdividido sin que el burgués se dé cuenta, en varios niveles no muy bien definidos, que llamamos clase media alta y clase media baja, dependiendo del nivel económico de cada una.

La clase media alta es la que está mas cerca del señor feudal, hoy llamado capitalista, a quien sirve devengando beneficios que le hace sentir o creer que está en el nivel mas alto de la sociedad, la clase media es una suerte de caricatura de la clase capitalista detentadora del poder, está compuesta por profesionales, comerciantes y pequeños y medianos industriales, que sobreviven compitiendo en un mercado por las migajas de las grandes corporaciones. Pero la clase media baja, vive en la ilusión de que puede llegar a ascender a algún nivel superior, pero conformándose mientras tanto con vivir mejor que la clase obrera y la más numerosa masa de pobres.

La realidad es que los reyes han sido reemplazados por las grandes corporaciones y la “clase media” es la que ocupa las posiciones de los señores feudales y de los cortesanos, que mantienen el equilibrio del sistema o estatus.

Visto así la organización social no ha cambiado nada desde que el hombre se arraigó a la tierra, abandonó su trashumancia o vida nómada y se vio obligado a ponerse al servicio de otro en una forma que poco a poco lo degradó al nivel de esclavo o siervo y recientemente, con distinto nombre al de obrero o empleado, al estar al servicio de otro que se lucra del trabajo nunca bien remunerado de su empleado.

La sociedad humana no parece tener posibilidades de un modelo de organización diferente a la estratificación en clases, los experimentos de una sociedad justa, basada en la comunidad de la propiedad de los medios de producción, ha fracasado, porque la idiosincrasia del hombre no admite el altruismo, la equidad o la justicia, cuando los intereses individuales no sean los favorecidos.

Un modelo como ese, solamente es posible en sociedades primitivas formadas por núcleos reducidos que han quedado en etapas preneolíticas como las existentes en las comunidades aborígenes de Sudamérica. En estas sociedades elementales el concepto de la propiedad privada es muy débil o inexistente por tal motivo su territorialidad no es agresiva y he podido comprobar en regiones al sur del Orinoco, que por ejemplo panares y piaroas comparten las mismas áreas sin conflictos. Fue esta característica una de las principales razones del fácil éxito de la conquista.

El hombre de la selva es copropietario del arco y de la flecha del hermano, y de la canoa del amigo, del cuñado o del vecino y esta particularidad cultural de esos venezolanos a medias libres, son parte de la herencia de todos, transmitida con el mestizaje y presente en la constitución moral del buen venezolano. Esto explica la imposibilidad de tener funcionarios que manejen los dineros comunes con probidad en un país en el que el 90 % del ciudadano común lleva en su haber atávico esa particularidad genética.

El venezolano común, estima que el país es del gobierno, las responsabilidades son del gobierno, las obligaciones son del gobierno y su propio bienestar corresponde al gobierno, relegando el concepto de estado, de nación o de responsabilidad común a una idea un tanto vaga, sustentada en argumentos retóricos no muy bien definidos y fuera del alcance de su comprensión.

No es concebible una sociedad sin clases, nosotros no somos hormigas ni abejas, el homo sapiens es un animal gregario, territorial, agresivo, ambicioso, cruel y despiadado cuando se trata de su interés personal o de grupo. La condición de gregario lo hace fácilmente manipulable y la pérdida de su libertad de primate, lo obliga a subordinarse fácilmente ante la fuerza bruta para evitar la agresión del más fuerte. Es esa subordinación la que crea el espacio para la estratificación de la sociedad en clases. Esa es una condición inevitable y una característica biológica del individuo social.

La nación mas “avanzada” del mundo, ha creado una fantasía o espejismo que llaman democracia, sin saber definir la democracia con certeza y utilizando la palabra con el mismo sentido e intención con que se utiliza un reclamo publicitario de pasta de dientes o papel sanitario.

500 años antes de nuestra era, en la época en que se crea la primera república de los griegos, estos establecieron un sistema de gobierno al que llamaron democracia (demos pueblo y kratos autoridad) porque bajo ese modelo de república, los diferentes niveles de las clases más altas de la sociedad se igualaban a la hora de opinar o votar, haciendo que no solamente los más poderosos, sino todos los hombres libres pudieran participar en el foro. En ese sistema todavía no desaparecen las injusticias sociales y solamente es un modelo que después seguirían los romanos y que se extendería por toda Europa durante la edad media con algunos cambios de forma aunque no de contenido. En la democracia griega contrariamente a lo que muchos creen, había esclavos, campesinos, siervos, artesanos y soldados sin derechos, además las mujeres tampoco tenían derechos ciudadanos.

Hoy se usa y se abusa del término democracia como si esta palabra fuera una suerte de talismán que convierte en justa la sociedad más injusta de todos los tiempos. Se cree que los Estados Unidos de Norte América, son un modelo de democracia, sin embargo ese país siembra, apoya e incentiva dictaduras en todo el planeta, viola los derechos humanos dentro y fuera de su territorio y favorece bajo el nombre de democracia la formación de gobiernos títeres que se orienten por sus órdenes y mandatos, como hemos visto en toda Latinoamérica por décadas.

Mientras tanto en su propio país hay una monarquía o lo mas parecido a ella, ejercida por las grandes corporaciones que integran una fuerza económica como nunca se había visto en la historia de la humanidad y un poder militar que sirve sus propósitos. La monarquía ejercida por una persona en el pasado, lo ejerce ahora un grupo o cartel de poderosas corporaciones transnacionales. Mientras tanto a su propio pueblo le dan “pan y circo” y lo hacen vivir en la ilusión de que son ellos quienes eligen, porque el “monarca” les permite cada 4 años elegir entre dos candidatos, previamente elegidos y aprobados por el “monarca” para que ejerzan la gerencia del país por las reglas establecidas por el “monarca”, para mantener incólume el “status” bajo la vigilancia de un congreso, formado por senadores incluidos en el “pay-roll” de las grandes corporaciones, verdaderas propietarias de ese país.

La sociedad moderna no ha cambiado nada en su organización estructural, desde los tiempos de Platón y vemos en el mejor modelo de esa sociedad moderna, que todavía hay centuriones, pretorianos y hasta cruzados para mantener el poder de la monarquía e invadir territorios de naciones “hostiles”. Los intereses de un senador al servicio de General Motors, no son los mismos que los del obrero que ensambla tanques de guerra y cañones en los talleres de GM y que cambia de carro cada tres o cuatro años, vive en una casa propia con garaje y jardín, toma vacaciones en Florida cada cuatro años y no sabe dónde está Irak ni que pasa en ese país o si Venezuela esta al norte o al sur de España.

Una revolución es una vuelta, una revolución es darle una vuelta a una rueda, a una tortilla o a una situación. Siempre que se hace una revolución alguien sufre, si giramos la rueda la parte que queda en contacto con el suelo soportará toda la carga, si volteamos la tortilla la parte que queda en contacto con la sartén se calentará más y se puede quemar y si volteamos la relación de fuerzas políticas en una sociedad los que queden abajo estarán descontentos por la pérdida del poder.

En Venezuela se pretende instaurar un sistema justo de administración del estado, mediante una necesaria y perentoria revolución o proceso de cambio. Tener éxito en esa misión es algo difícil sino imposible, porque en la historia de la humanidad ha habido muchas revoluciones y seudo revoluciones, todas cruentas y dolorosas por la feroz resistencia de quienes ven amenazado su estatus y su nivel de poder. Una sociedad sin clases no es practicable, no con seres humanos y la revolución venezolana o suramericana, tendrá sus clases sociales que se formarán por decantación natural. Los gestores de esos cambios tendrán que orientar la formación de esas clases, dando a todos los niños de hoy las mismas oportunidades para que dentro de veinte años, las divisiones sociales sean determinadas por la capacidad, los conocimientos y las habilidades de los individuos que la integran, y eso solamente se alcanzará con justicia, con un poder judicial integrado por personas decentes.

Hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad. Simón Bolívar.

El ser humano es ambicioso, egoísta y despiadado cuando enfrenta la posesión o aumento de su poder y riquezas. Siempre habrá funcionarios y usuarios, administradores y administrados. Ya el lado del mostrador o del escritorio que ocupemos establece dos clases sociales y los intereses de cada uno son irreconciliables.

Una clase media que se cree mejor que el resto de la sociedad, porque tiene más dinero, no es una receta para la justicia social y en Venezuela, la clase media solo tiene eso, más dinero, porque esa clase media que se opone al cambio y a la marcha hacia una sociedad en la que todos tengan la misma oportunidad de acceso a la educación, es al mismo tiempo una clase social con una cultura de diario dominical, Selecciones, CNN y Disney World, lo cual le hace creer que a pesar de ser el 10% de la sociedad civil tienen derecho al 80% del ingreso bruto nacional.

El pensamiento bolivariano nunca estuvo alejado del modelo de sociedad con poderes estratificados ni con una “ecología social” distinta a la que se pretendía instaurar en la Europa de la revolución francesa.

Bolívar y los soñadores revolucionarios de su época, esperaban implantar un sistema de unión entre naciones Suramericanas, con un gobierno de los ciudadanos, donde la justicia social no dependiera de la desaparición de la burguesía, sino de su humanización. Como todos los soñadores, se equivocó al suponer que quién detenta el poder está dispuesto a ser generoso y justo, ya que él no tenía punto de comparación, pues las nuevas sociedades emergentes no se habían establecido aun para tener ejemplos, aunque su gran percepción y sagaz visión de futuro ya le había hecho intuir lo que venía, como se desprende claramente de sus frases más famosas y sus alusiones a los Estados Unidos.

Una burguesía en la nueva Venezuela, si el sueño llega a buen fin y se hace realidad, debe ser controlada por la justicia, ya que esa ausencia de equilibrio en un país, en el que los jueces son resentidos sociales, mercenarios a la caza de bienes de fortuna fáciles, mediante la venta de sus servicios, ha sido siempre la razón primera de la injusticia social, de la impunidad, del abuso de la clase mandataria que es la misma clase media o burguesía, es esa “justicia prostituta”, la barrera que hasta ahora ha hecho imposible la construcción de un país avanzado y moderno.

Nada se logra con admitir que las riquezas naturales son de todos los venezolanos si por la ausencia de justicia la burguesía administra esas riquezas, administra la justicia y administra el estado, el poder corrompe y la burguesía venezolana tiene que ser corrupta porque está borracha de poder y esa borrachera les hizo creer que son los dueños del petróleo, que entre los méritos del ser humano no está incluida la lealtad a su país, que porque algunos de ellos estudiaron con el dinero de todos, son mejores e insustituibles y que poseer los medios de comunicación masiva los hace dueños de la verdad.

Cuando cometieron la olímpica estupidez de inventar frases creadas por los anunciadores de desodorantes y toallas sanitarias, para que los tontos útiles, creyeran que puede haber “desobediencia legítima” o “desobediencia civil”, en un país donde nunca hemos obedecido los semáforos, la prohibición de fumar en lugares públicos, las señales de pare en las avenidas o las leyes y ordenanzas. Y llegaron a sembrar el terror entre los ciudadanos para alcanzar el poder, para apoderarse de las riquezas de todos y para regresar el país al modelo de “democracia” que complace a sus amos, las transnacionales del petróleo, fue cuando encontraron un mundo que aun no comprenden, que esta cambiando y que cada día a pesar de sus esfuerzos de muchos años por mantener al pueblo en la ignorancia, este ya lee y opina.

Nuestra “gente del petróleo” y los comunicadores sociales, son la quinta columna de las transnacionales del petróleo que planea una invasión de baja intensidad a través del ALCA, Sudamérica esta cambiando y cada día será mas difícil la vida para ese segmento de la vieja burguesía decadente y desorientada, la sociedad con o sin revolución se decantará en estratos sociales y una nueva burguesía surgirá inevitablemente. Lo que hay que intentar, es que las diferencias sociales sean establecidas por la cultura, la educación y la capacidad de los individuos con iguales oportunidades. Por supuesto que si puede tener cabida en el proceso de cambio una burguesía a condición de que antes y como una prioridad, se reconstruya el poder judicial que la controle y evite sus desmanes, aun así, será al final el poder económico lo que determine el estrato social al que pertenece el individuo y el revolucionario de hoy será el tirano de mañana como nos ha enseñado la historia.

Valencia 3 de noviembre de 2003

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