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En este fin de semana, por decisión de una amplia mayoría de sus dirigentes, el Partido de los Trabajadores decidió expulsar de sus filas a los diputados Joao Fontes, Babá, Luciana Genro y la senadora Heloísa Helena. La decisión culmina un proceso de por lo menos un año de enfrentamientos entre los parlamentarios llamados "radicales" de un lado y la cúpula del PT y del gobierno por otro. En el mismo momento, algunos de los intelectuales más emblemáticos del partido y de la izquierda brasilera (Chico de Oliveira, Carlos Nelson Coutinho y Lenadro Konder), además del ex-diputado deferal y dos veces candidato a la presidencia del partido, Milton Temer, anuncian su apartamiento y la disposición de continuar discutiendo y luchando por el socialismo afuera del PT.
Ciertamente, en la historia de la izquierda de nuestro país, este día quedará como un límite. El PT, construido por los trabajadores y por el conjunto de los oprimidos como su instrumento de representación política, después de un acelerado proceso de degeneración y dilución programática, pasó a ser un agente central de la aplicación de los planes neoliberales y dejó de tolerar manifestaciones mas claras de defensa de un proyecto de transformación social en su interior. De un partido clasista, nacido en la lucha contra la dictadura, que reivindicaba el socialismo, pasando por un espacio de resistencia genérica (pero importante) al neoliberalismo, el PT bajo el control de un grupo dirigente burocratizado y apartado de los intereses de las mayorías, se volvió contra sus creadores. Se volvió privatizador, se abrazó a lo más retrógrado que existe en la política nacional, se ocupó de mostrar a la oligarquía financiera internacional cuanto es de confiable.
Este proceso de derechización, que merece con seguridad ser mejor estudiado, no podría ser aplicado sin la mano de hierro de una dirección que sigue los viejos mecanismos estalinistas de siempre: servilismo a los de arriba, autoritarismo con los de abajo. Infelizmente, los viejos esquemas han tenido su eficacia; no fueron pocos los que, atemorizados, recularon. También hubo quienes se vendieron descaradamente, y los que precisaban una justificación para optar por la "disputa desde adentro" a través de cargos que algún día tendrán recursos (pero cuyos salarios no se rebajan). Evidentemente, hay todavía miles de petistas (sin la comodidad de los cargos) honestos que se quedan por la razón de desconocer que hay una alternativa por construir. A estos, precisamos de convencerlos.
Los responsables de este Consejo Editorial, tenemos en común el de ser militantes del PT desde muy jóvenes. Apostamos, no nos arrepentimos !pero se acabó! No es una cuestión moral o de carácter emocional o personal. Los hechos son elocuentes: este gobierno encaminó el mayor ataque a los derechos de los trabajadores en la historia del país y, simultáneamente, la mayor privatización de los fondos públicos jamás realizada. Es imposible permanecer en el PT y a la vez defender los intereses y objetivos de la clase trabajadora. El resto es, ingenuidad, falta de coraje para reconocer la realidad o puro interés material. Las tres razones hacen parte de las derrotas de la izquierda: no son nuevas ni nos intimidad.
De aquí para adelante, el debate sobre la reconstrucción de la izquierda socialista gana otro aire y otros contornos. Seguiremos acompañando y participando este proceso, convencidos de que no se trata de un punto final sino de un re-comienzo. Ahora, más que nunca, tanto por los "jóvenes" radicales expulsados, como por los "viejos" revolucionarios, estamos muy bien acompañados. Y seremos más.
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