En el
proceso de construcción de una nueva sociedad más justa, debe abrirse
espacios para una discusión amplia sobre la despenalización del aborto,
una discusión en donde las mujeres jueguen un papel preponderante al
ser ellas el principio y el fin de la misma. Es necesaria una discusión
sin prejuicios, sin estereotipos, dotándola de carácter científico y
social, que reivindique los derechos de la mujer en la sociedad y forme
parte de la lucha constante contra un sistema tan inhumano como el
capitalista.
Se
debe evitar caer en el terreno religioso pues la Iglesia, que se
atribuye la representación de Dios en la tierra, tratará de llevarla a
su terreno desviándose de lo científico y entrando en el terreno de lo
etéreo desvirtuará la discusión; no olvidemos tampoco aquellos que,
oponiéndose per se, defienden la vida con consignas profundamente
retrógradas llegando hasta el asesinato de médicos por practicar
abortos como ya ha sucedido en los EE.UU. ¡Que contradicción! Por un
lado reivindican la vida y en nombre de ella, la quitan.
En
el aborto terapéutico hay que considerar si se debe obligar a la mujer
a tener un hijo concebido contra su voluntad, tal como lo sería en el
caso de violación. Igual en el caso de mujeres con hijos y maridos
alcohólicos, que borrachos y con alevosía machista, las obligan a tener
relaciones sexuales cuando ellas no lo desean. ¿Se les debe obligar a
tener un hijo no deseado que repercutiría negativamente en su
educación? ¿Se debe obligar a las adolescentes traer al mundo hijos
para los que nos están física ni emocionalmente preparadas? Y las
mujeres que aspiran a un desarrollo profesional, ¿Tendrán que renunciar
a sus sueños y quedarse en casa a criar niños? Deben tener el derecho a
decidir porque se trata de sus cuerpos y conlleva una evidente carga
familiar, social, psicológica y están hartas que otros decidan por
ellas.
La frase “Las ricas abortan y las pobres mueren”,
sinónimo de desigualdad, debe ser extrañada del sentir popular,
permitiendo en la nueva ley condiciones seguras para abortar, con
asistencia médica gratuita y ayuda psicológica especializada,
erradicando de esa manera un problema de salud pública que ha dejado
muertes, secuelas físicas y daños psicológicos. La nueva ley debe
garantizar educación sexual y la promoción del uso de anticonceptivos
que disminuya el riesgo de embarazos no deseados, y por consiguiente,
disminuya también la posibilidad de abortos.
Un
elemento importante a ser tomado en cuenta es la duda que se tiene
sobre donde se debe trazar la raya que separa la concepción en si misma
de la formación del ser con todos sus órganos para que pueda ser
considerado humano. Carl Sagan (1), en su libro “Miles de Millones”, con
colaboración de su esposa Anne Druyan, dedica un capítulo al aborto
tratando de aportar, con su sapiencia y percepción, algunos conceptos
que ayuden a una mejor comprensión y por lo tanto, a tomar sabias
decisiones. En ese orden afirma que los reflejos, el movimiento y la
respiración no son lo que nos hace humanos, y que a partir de la octava
semana de gestación, “después de unas etapas en la que el feto se asemeja a un gusano, un anfibio, un reptil y un mamífero inferior, aparecen rasgos reconocibles de primate (mono, hombre). Sin embargo pasarán meses antes de que se desarrollen los pulmones y se detecte una actividad distintivamente humana”.
Sagan y Druyan, destacan la importancia crucial que las neuronas desempeñan en lo que llamamos pensamiento, “el pensamiento es nuestra bendición y nuestra maldición y nos hace ser lo que somos”; resaltan, que la conexión a gran escala de las neuronas “no empieza hasta el sexto mes de embarazo”,
hasta entonces los fetos, por vivos y activos que parezcan, carecen de
la necesaria arquitectura cerebral, todavía no pueden pensar. Terminan
afirmando: “Si tenemos
que optar por un criterio de desarrollo, aquí es donde hay que trazar
la raya: Cuando se hace posible un mínimo asomo de pensamiento
característicamente humano”.
Países
como Uruguay han dado pasos importantes para reivindicar, mediante las
leyes, la despenalización del aborto. En Noviembre del año pasado, el
senado de ese país aprobó un artículo del proyecto de la Ley de Salud
Sexual y Reproductiva, que despenaliza el aborto durante las primeras
doce semanas de gestación, ampliando las causantes a motivos
socio-económicos, psicológicos y emocionales, teniendo en
cuenta que la decisión para interrumpir un embarazo, no importa la
causa, no es algo banal e impensado para quién lo practica
voluntariamente.
Reivindiquemos
el derecho al aborto tomando en cuenta todos y cada uno de estos
intríngulis ahora que las mujeres están siendo protagonistas ¡y de que
forma!, dejando atrás siglos de discriminación, desigualdad y
degradación. Es hora también, que los hombres, hasta ahora al margen o
simples espectadores, compartamos con ellas sus problemas, apoyándolas
e involucrándonos en sus luchas, facilitándoles el camino de la
inclusión social, máxime cuando la Constitución les reconoce sus
derechos en paridad con los hombres.
jfpanadero@yahoo.es
(1)
Carl Sagan doctor en Astronomía y Astrofísica, profesor en Harvard, fue
director del Laboratorio de Estudios Planetarios y presidente
cofundador de la Sociedad Planetaria. Trabajó en la NASA y
colaboró con las misiones espaciales Mariner, Pioneer, Viking, Voyager
y Galileo. Acreedor de varios premios, su labor docente e investigación
le consagró como uno de los mejores divulgadores científicos del mundo.
Autor de Los Dragones del Eden: Especulaciones sobre la evolución de la
Inteligencia Humana que fue galardonada con el premio Pulitzer en 1978
y en 1980. Su serie televisiva COSMOS obtuvo tres premios Emmy. Publicó
una treintena de libros y miles de artículos de divulgación, entre
ellos: “Cosmos”, “Un punto azul pálido” y las obras “Comet”, “Contact”
y “Sombras de antepasados olvidados” en colaboración con Anne Druyan,
su esposa, novelista, guionista, realizadora de televisión y
colaboradora de las revistas New Cork Sunday Magazine, Reader’s Digest
y Discover.