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El Estado Venezolano inició hace ocho años una estrategia de alimentación basada en la siembra por todo lo ancho de nuestro país, para ello designó al ministro de agricultura y tierras, en coordinación con el de educación superior, ciencia y tecnología, la noble tarea de organizar, levantar las estadísticas, documentar, diseñar planes, evaluarlos, ejecutarlos, corregirlos, con los objetivos puestos en el cumplimiento de ciertos indicadores de producción de alimentos para poder eliminar o disminuir la brecha dependentista que tiene nuestra nación en materia de satisfacción de necesidades de alimentación.
Es necesario recordar que una nación que no produce sus propios alimentos para satisfacer las necesidades de su población, aunque tenga todas las riquezas del mundo es una nación sin futuro. Que haremos con los bolsillos llenos de dinero si no tenemos ni una arepa que comprar, ni un trozo de casabe, ni un plato de frijoles o caraotas que comernos para mitigar el hambre y mantenernos con vigor para seguir la brega.
Los alimentos digan lo que digan han sido, son y serán bienes estratégico que no puede ser colocado o dejado en manos de la empresa privada y que no puede ser el mercado quien determine la producción del mismo, pues esto coloca a los habitantes de esta nación en franca y total dependencia frente a los empresarios y por supuesto al estado frente al capital. Cansados ejemplos hay de productores de leche que botan la producción, cuando los precios no dejan márgenes de ganancias, prefieren esto antes que regalarla.
Así como se hace un análisis dentro de nuestra nación igualmente fuera de ella. No es conveniente para el estado que las reglas capitalistas internacionales establezcan que la producción de alimentos se regule por la libre competencia y no la colaboración, ¿permitiría el estado la destrucción de unos productores del campo, de alimentos para humanos, por las transnacionales o los monopolios nacionales o internacionales?, definitivamente que la producción de alimentos es deber, obligación y estrategia de un estado Socialista. No se puede dejar en manos de un sector tan inescrupuloso, materialista, usurero, inhumano, como lo ha sido la burguesía o los capitalistas. Para ellos no hay necesidades que satisfacer, sólo inversiones y ganancias, si producir leche no es negocio se bota al río o al mar para regular los precios, si bajan las ganancias en la producción de arroz, disminuyen la producción y con ello inflan la demanda y aumentan los precios, es decir es un negocio más y no hay conciencia de las vidas ni de la salud de los ciudadanos.
El Estado debe ser garante de la producción y distribución bien a través de los ministerios de alimentación y agricultura y tierras, con la participación popular (fundos zamoranos, cooperativas, etc.), o de la construcción de una empresa nacional que planifique, dirija, coordine, supervise, controle y opere la producción y distribución de los alimentos, estableciendo la demanda de cada producto, los niveles de stock de almacenamiento estratégico, las regiones donde se producen, las subcontratistas que pueden colaborar en la producción y distribución, etc.
Una empresa donde los campesinos no sean productores, con todos los riesgos que eso acarrea, sino empleados del estado que reciben un sueldo por su jornada de trabajo en la producción de los alimentos, quedando los instrumentos, las tierras, los silos, las industrias procesadoras y los productos en manos del estado para su debido control. Esto debe ser así en sus inicios, pero desde el mismo debe quedar claro que el control pasará a manos de sus trabajadores en un proceso lento y continuo de evaluación, para garantizar que el sistema funcione desde el punto de vista operativo funcional, como de los objetivos estratégicos de todo el sistema.
Es importante que todas las cadenas de producción de alimentos sean controladas por el estado, dando participación a las empresas socialistas en este proceso, pero nunca a las empresas privadas. No puede ocurrir lo que en Argentina, que los intereses capitalistas pongan en jaque al estado y a su población, que pretendan manipular sus conciencias, sus derechos políticos con el hambre y el temor de morir por no lograr alcanzar a obtener los productos necesarios para una vida sana.
Las tierras para la siembra las manejan los capitalistas como les da su realísima gana, desarrollan complejos turísticos o habitacionales o industriales o para el cultivo de pasto para animales, dejando las inservibles para el agro y la producción de los alimentos. Las grandes ciudades están construidas sobre las mas fértiles tierras, las tierras que damos a los campesinos para que produzcan alimentos son áridas, ácidas, arcillosas y con poca o ninguna fuente de agua, entonces planificamos sacar de allí zanahorias, brócolis, chayotas, acelgas, calabacines, caraotas, frijoles, maíz, arroz, etc., cuando lo que se espera de esas tierras es pasto y alimentos para animales. La asistencia técnica no es suficiente para hacer milagros, bueno, si ya la ciencia ha demostrado su ineficacia para resolver los problemas de la humanidad (cáncer, diabetes, alzheimer, parquinson, VIH, gripe aviar, etc.), y su versatilidad para generarlos (virus, bacterias, bombas atómicas, bombas químicas “solomatagente”, agroquímicos contaminantes, etc), como pedirles ahora que hagan lo que solo “Papa Dios” puede hacer.
Un amigo me sugería dedicarnos a producir alimentos para la familia, con terrenos en Cojedes. Visitamos la zona y sólo veíamos chivos y reses flacuchentas, parajes desolados y polvorientos, calor y nada de agua en kilómetros y kilómetros. Ante este panorama le dije que mejor lo pensábamos después de hablar con los iraníes o iraquíes, que se dice son expertos en crear oasis en los desiertos que tienen como nación. Pero que ni con los amigos cubanos podíamos sembrar una papa en Cojedes, y hay que ver que los cubanos casi hacen milagros en su isla bloqueada por los gringos.
La tarea es difícil pero no imposible, pero hace falta poner el tema en el primer punto de la agenda, por encima del de la educación, puesto que para que “moral y luces sean nuestras primeras necesidades”, debemos estar vivos y para ello debemos alimentarnos.
El Ministro para las Finanzas, Rodríguez Araque, mencionó una propuesta de crear un Estado Mayor Agrícola, donde reunir un equipo de expertos en todo lo concerniente a siembra y nutrición, porque es necesario definir con claridad que se debe y que se puede sembrar. El primero porque no debemos sembrar todo lo que nos plazca, sino lo que realmente nuestro cuerpo necesita y que requiera de menor esfuerzo procesarlo por nuestro organismo, no es igual recibir proteínas de una fuente simple y sencilla de procesar como las proteínas vegetales (frijoles, lentejas, caraotas, etc.), que, por descomposición en nuestros intestinos, las de origen animal (reses, peces, aves, etc). El segundo porque nuestras tierras no permiten cultivar todo lo que nos plazca, nuestra región permite sembrar ciertos productos con mayor facilidad y menor cantidad de recursos que otros, por ejemplo arroz y maíz en lugar de trigo y avena, cambures o plátanos, cocos y lechosas que manzanas, peras o duraznos, así como también es más económico y de pronto retorno, el cultivo y cosecha de granos (nueve meses y hasta tres con buen sistema de riego), que la producción de carne (4 y ½ años) que incluye, el cultivo y cosecha es decir, el uso de las tierras cultivables para producción de alimentos para animales.
El éxito de esta misión debe recurrir a los principios revolucionarios, porque requerimos de una ciencia y tecnología casada con el pueblo, no es posible que la ciencia de la salud y nutrición siga amparando el consumo de productos que dañan nuestra salud, quien sabe con qué intereses oscuros permiten la producción, comercialización y consumo de productos, mal denominados alimentos, que producen a corto, mediano o largo plazo cáncer, diabetes, alzheimer, parquinson, arterosclerosis, neumonía, ictericia por mencionar algunas enfermedades. Así mismo los encargados de dirigir las políticas de producción no deben estar amarrados con sectores “productivos”, si se determina que es mejor para el organismo comer granos que carne, que por otro lado es mas costoso producir carne que granos, pero por los compromisos se decide producir carne, el objetivo estratégico lo veremos frustrado desde su planificación.
Para evitar esto hay una sola estrategia, el poder popular, el poder en manos del pueblo organizado, aprendiendo, analizando, planificando, decidiendo, ejecutando, controlando, evaluando y corrigiendo en base a la experiencia. No puede haber revolución si se gobierna a espaldas del pueblo, no hay aprendizaje, no hay formación de hombres y mujeres nuevos y nuevas.
* Militante del Batallón “Paraíso Unido”
bielostj@gmail.com
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