|
¡Queridos hermanos latinoamericanos, gracias por ayudarnos a obtener éste triunfo…!
Así inició su discurso Javier Solanas (ahora con un cargo importante en la Unión Europea, pero por entonces apenas militante), la noche allá por 1982, en que el PSOE, (Partido Socialista Obrero Español), ganó las elecciones con Felipe González de candidato.
Los por entonces muchísimos latinoamericanos, la gran mayoría exiliados de todas las dictaduras militares de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay o Bolivia, habíamos sido convocados a la prevista celebración en la Plaza Mayor, con nuestros artistas, poetas, cantores. Se encendió una luz de esperanza para los miles de camaradas médicos, abogados, ingeniero, o simplemente militantes políticos que sobrevivían vendiendo baratijas en las calles, o enseñando inglés o matemáticas, por “falta de papeles”, que les permitiera regularizar su situación o ejercer sus oficios.
Duró poco la alegría, porque ni bien asumió Felipe González, sacó una ley de extranjería que nos dejó temblando y escondiendo por los pasillos del metro…
Serían numerosísimos los casos y padecimientos que podría narrarles, en más de diez años que viví en “la madre patria”, atravesando todo el espectro que las leyes contemplan, fui ilegal, residente, residente comunitario, etc.
Pero si para muestra basta un botón, les cuento que mi pareja de entonces, era española, nacida en España, pero emigrada de niña con su familia a la Argentina.
La cerrada, limitada capacidad de entendimiento y comprensión de los burócratas de las oficinas de migraciones, le cerraban las puertas a la posibilidad de “recuperar” su nacionalidad. Lo solucionó acudiendo con su partida de nacimiento, cual campesina ignorante, que a los treinta años abandona un momento las cabras, para sacar por primera vez su documento de identidad.
Aquí podría acotar a la comprensión o dramaticidad del relato, que en Argentina, viven más gallegos (de Galicia), que en cualquiera de los cuatro estados gallegos, y que dio en su momento, refugio a destacados artistas o intelectuales como Rafael Alberti, Sánchez Albornoz, o Ramón Gómez de la Serna, y a miles de anónimos, sufridos y abnegados trabajadores que laboriosamente desarrollaron sus vidas y familias allí.
Mi abuelo italiano, murió antes que yo naciera y mi padre murió siendo yo muy joven, antes que pudiera hacerle algunas preguntas. Pero fue una prima suya (por entonces octogenaria), también nacida en el Piamonte italiano, la que me dijo ante mi pregunta de porqué habían emigrado. “Éramos muchos y no teníamos que comer” – me contestó.
Por todos lados, hay ciudades enteras fundadas por piamonteses, lugar de la mayor emigración de Italia.
Los europeos, son países raros, que escaparían al natural razonamiento de cualquier sudamericano o caribeño. Son países de superficies pequeñas comparados con los nuestros, con sesenta millones de habitantes cada uno.
Ejemplo, uno en Lara para acudir a una pequeña población, tarda cinco horas. Es el tiempo que a uno le ocupa salir de España, atravesar el sur de Francia e ingresar en Italia.
Seduciría seguramente a cualquier viajero o periodista formado en nuestras tierras, la posibilidad de por ejemplo, desayunar en Hamburgo, almorzar en Amsterdam y cenar en París. Yo lo hice y con un carro mediano y a una velocidad aceptable.
Cuando lo hacía, era conciente que atravesaba carreteras y paisajes donde habían transitado lo temibles ejércitos nazis, ciudades y pueblos enriquecidos con el tráfico de esclavos, o el saqueo a nuestro continente…
A los lados de las autopistas europeas, asoman amenazadoramente los “bunkers” de las tropas de la OTAN.
Paradógicamente recorría inversamente el camino que habían recorrido para escapar de ahí nuestros abuelos y padres, de “la gran guerra” (como llaman allí la que se desarrolló en Europa entre los años 1914 a 1918) o más recientemente, del 36 al 39 en España o del 39 al 45 el resto de Europa.
Una joven amiga alemana, Brigitte, comía rápido, sin disfrutar los alimentos, “me quedó de la guerra, donde si no comíamos rápido, venían los grandes y nos sacaban la comida” – se justificaba. Otro amigo, croata, pero italiano decía: “desde que yo nací, Trieste fue de varios países, ahora ni sé.”
Y aún recuerdo su conmovedor testimonio, “vivíamos todos juntos, como buenos vecinos, croatas, serbios y musulmanes, a nadie le importaba el origen o la religión de los demás..”
En una ciudad como Madrid, hay muy pocos nacidos ahí. Sus vecinos, (además de los extranjeros), son catalanes, andaluces, gallegos, vascos. Pero si prendió exitosamente el mensaje xenófobo del franquismo, que incluso alcanza a sus connacionales…
Ente ellos mismos se detestan.
En Francia es muy común encontrarse con franceses de rasgos orientales, asiáticos o africanos. Porque en sus leyes, reconocen a los habitantes de sus ex colonias recientes, como nacionales.
Una amiga polaca, que hablaba español, era la traductora de Julio Cortázar a la lengua polaca. Cortázar, un escritor argentino que vivió y escribió en París, ¿cómo podían interesar sus textos en Polonia..? Me lo explico: -fuimos tantas veces invadidos, que nos identifica la “crisis de identidad” (que es lo que subyace nostálgicamente en los acertados y profundos textos del escritor argentino).
Tampoco es de extrañar, que Pablo Neruda, escritor chileno en lengua castellana, sea uno de los más apreciados en la India, con sus más de doscientos dialectos o lenguas con que se comunican sus casi mil millones de habitantes…
Hay un sentimiento, un espíritu poético que se comunica más allá de los idiomas.
Si los italianos le dieron fin al fascismo de Musolini, colgándolos en una gasolinera de Milán, los españoles más dóciles después de su millón de muertos en la guerra civil, tuvieron que esperar cuarenta años para sacarse de encima a su dictador, que murió de anciano y enfermo en una cama.
¿Guerrilla, guerrilleros..? Ya los tuvieron en Francia o Italia, con sus “partisanos” luchando contra el fascismo. España tuvo los suyos y los que sobrevivieron fueron y son tratados con desprecio.
No hace mucho, poco más de cincuenta años nomás, después de la guerra, en “el reparto de la cochina de Yalta”, Europa cumplió el dócil papel de frontera ante la opción comunista.
Hizo bien los deberes, y siguió ejerciendo de gendarme.
España, con Franco y sus adláteres se enriquecieron y a fuerza de fusilamientos sometieron al silencio a su población. Los últimos fueron en 1974 cuando dos presuntos etarras fueron ejecutados en el medieval procedimiento del “garrote vil”, que consiste en desnucar a la víctima con un tornillo. Por cosas así, era considerada por los europeos como “el norte de África”.
Europa jugaba con la ficha de contar con España para afinar sus negocios con Latinoamérica y durante años se llenaron la boca y páginas y páginas hablando de sus “hermanos latinoamericanos”.
Es así que a partir de 1985, España integra la Comunidad Económica Europea.
Pero ocurre lo de Chernobyl y el desmoronamiento de la Unión Soviética, con la consiguiente apertura de las fronteras de países como Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Albania, y otros.
Europa, pero sobre todo España, cambiaron inmediatamente la orientación de sus intereses comerciales, (ya no habría la dificultad de un enorme océano para extender sus garras…)
Y automáticamente le dieron la espalda a Sudamérica.
El único que no se movió y sigue mirando para allí, es el monumento al General San Martín, emplazado en Finisterre, (Galicia), en la punta más saliente al Atlántico de la península ibérica.
Ya no serían solamente los negros africanos, asiáticos, orientales o sudacas, los pobres que acudirían en busca de trabajo, (cualquiera, seguramente los peores), sino que Europa descubrió que también hay pobres blancos, rubios y de ojos celestes, visual y socialmente menos chocante para su “sensibilidad occidental y cristiana”.
Los españoles que durante décadas limpiaron las escalera y los baños de las casas europeas, ahora con la prosperidad económica que la proximidad con Europa les permitió, se dieron el gusto de emplear mano de obra barata, venida de la Europa del Este.
Pobres sí, pero muy cultos, que en los pocos momentos libres, escuchaban Mozart o jugaban ajedrez, no como ésos bullangueros sudacas, que escuchaban salsa o tango, jugaban al fútbol en los parques y soliviantaban los ambientes progres con sueños de revolución y libertad.
Los sudamericanos, son menos del cinco por ciento de la inmigración que hay en España.
Los grandes porcentajes de las cifras de extranjeros, corresponden a ancianos emigrados alemanes o ingleses, con fortunas de dudoso origen, que hartos de la bruma y el frío, eligen para el fin de sus días las soleadas costas españolas.
También los narcotraficantes de todas las nacionalidades, que medran de la vulnerabilidad de las leyes españolas y la corrupción de los empleados del gobierno, se afincan con el único lenguaje válido y que aúna a toda Europa, el del dinero. Y hasta pueden exhibir impúdicamente su poder económico apareciendo sus mansiones y familias en revistas de gran difusión y lujo.
Lo que no cuentan los folletos turísticos:
Las calles, el metro, las estaciones de tren de cualquier ciudad de Europa, están tapizadas de jóvenes drogadictos. Son marginales, pero no son pobres. Son los hijos de las muchas familias alienadas tras el becerro de oro de la prosperidad y el confort.
El vacío de las propuestas ofrecidas, una vez alejado el fantasma del hambre y un lugar donde dormir, los lleva inevitablemente a convertirse en clientela del negocio de las drogas.
Los más humildes, se mueren como moscas, consumiendo hachís y heroína de la peor calidad. Los más pudientes, los más ricos, consumen cocaína, y hasta da cierto status hacerlo, tanto como usar una marca de ropa o un carro.
También mueren como moscas, más de 30 por día, en unas carreteras impecables, con sus carros último modelo, en accidentes inexplicables. Temas apenas mencionados en los medios, si bien la presión de las companías aseguradoras que ven trastabillar sus balances.
A cualquier “sudaca” seduciría la idea de ganar el sueldo mínimo clandestino de mil dólares (o euros), pero lo que las crónicas no cuentan, que más de la mitad de los ingresos se les va en el alquiler de una habitación, o una cama, y que pueden pagar quince dólares por una empanada para el desayuno.
Pero cuidado, los europeos y los españoles, no tienen un pelo de tontos.
Se saben un fusible de los Estados Unidos, y se avienen a disfrazar sus empresas como propias o locales. De ahí que Telefónica Española sea fuerte en el mercado de las telecomunicaciones, provisto de planteles y tecnologías, que van poco más allá del “on-off” o que sin tener una gota de petróleo, la española Repsol barra con la competencia en Sudamérica o sus bancos Vizcaya, Santander o Galicia juren ser la garantía de nuestros ahorros.
Los mundiales camaradas sudacas, negritos africanos o árabes, deambulan por las calles europeas, vendiendo cualquier cosa. Un día, hartos, los tientan y se convierten en mano de obra barata para el fabuloso negocio de las drogas. Si les sale mal, ingresaran en las modernas mazmorras de la justicia, o amanecerán muertos por la calle “de sobredosis”, o serán parte del titular de las noticias policiales: “Cinco detenidos, uno de ellos peruano” (o colombiano, o venezolano o argentino).
Mientras tanto, los gobiernos europeos, protegen, disimulan, aceptan y cobijan a conocidos delincuentes y asesinos. Lo peor de lo peor, siempre que acudan con dinero.
Son los miles de sucedáneos de Posadas Carriles, que toman sol en sus costas.
Estos mismos gobiernos, agrandados “como piojo de león”, nos intentan ahora distraer de nuestras verdaderas cuestiones de identidad, rebelde y revolucionaria. Por momentos lo logran, haciéndonos picar el anzuelo y engancharnos en temas xenófobos y sensibles, como “la ley retorno” para la “indeseada” inmigración.
Se los recordó muy bien García Márquez, cuando en ocasión de recibir el Premio Nóbel de Literatura en 1982, en un claro y acertado discurso (que aún hoy debería ser objeto de estudio permanente para quien verdaderamente sienta la necesidad de escribir algo).
Comenzó con un humilde “venimos a retribuír una amable visita de hace cuatrocientos años” (se refería al auge de lo que se llamó “el boom de la literatura latinoamericana).
Solito de cuerpo y alma, desechó el disfraz del smoking (obligatorio) y con su liki liki, les espetó cuatro verdades a los reyes de Suecia y a toda la intelectualidad mundial.
También les recordó los verdaderos significados de las palabras democracia y libertad.
Intento en éste desproporcionado y extenso relato, aporrear, pero también aportar a pensar, a descontextualizar la distrayente agenda temática que los medios nos imponen diariamente.
En Europa, no existen como tales, la oligarquías ni de afuera ni de adentro. Existen sí remanentes de monarquías, con sus reyes, condes, duques y obispos.
Nostalgicamente, las clases medias acomodadas repiten incansablemente, desde hace treinta años “con Franco estábamos mejor”, a lo que la opaca y decadente intelectualidad parece contestarles “contra Franco estábamos mejor”.
Nada tan distante de tales dicotonías impuestas, que nuestros humildes pero intensos planteos y debates revolucionarios y vitales.
Porque no le damos nosotros ahora la espalda a la Europa saqueadora, vacía, hastiada y decadente. Y empezamos a mirarnos las caras entre nosostros, los negritos, los indios, los mestizos, con nuestros apellidos italianos, o españoles o árabes, y trabajar en aquello que movió a nuestros abuelos y padres a emigrar hacia Sudamérica, es decir la búsqueda de la realización de sus sueños de libertad, de felicidad para ellos, su familia, su comunidad.
El sueño de un mundo mejor.
Aporreo, pero también les acerco una reflexión, una invitación a transitar verdaderos y creativos caminos que nos abre y presenta un proceso revolucionario como el liderado por el Comandante Chávez, sensible y esclarecido, emergente del pueblo, que se identifica con él y lo defiende.
“Vale tío” (como dirían los españoles), si los europeos aplican “la ley retorno”, que en todo caso los repatríen para acá…
Que de eso se nutre y conforma un proceso revolucionario de proyección.
No es un texto, es una recreada invitación convocatoria.
Abrazo solidario y revolucionario.
Patria, socialismo o muerte. Venceremos
pescecarlos@yahoo.com.ar
Articulo leido aproximadamente 383 veces
|