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La zona VIP en el concierto "Un canto de amor a la Revolución"
Por: Adriana Hernández
Fecha de publicación: 07/12/03
imprímelo mándaselo a
tus panas
Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya;
La raya dice no hay paso, el punto vía cerrada (...)
Porque esas cosas no existen, sólo fueron inventadas
para que mi hambre y la tuya estén siempre separadas


Este domingo acudimos, entusiasmados y dispuestos, a la convocatoria de nuestro mismísimo líder Presidente a los actos programados con motivo de un nuevo aniversario de este hermoso e inédito proceso revolucionario.

Concurrimos a la cita desbordantes de optimismo, gananciosos y esperanzados por la victoria obtenida ante los últimos ardides e intentos fraudulentos (Reafirmazo, marca $$$ Acme) de la Coordinadora Golpista.

Participamos en la marcha y departimos familiarmente junto a nuestros compatriotas. Disfrutamos del jolgorio, del festín y de la alegría popular. Nuestro corazón saltó de júbilo, una extraña sensación eléctrica nos recorrió el cuerpo ante la aparición y el saludo cariñoso y diáfano del Comandante. Gozamos, como tantos miles de nuestros compatriotas, del verbo sabrosito e impenitente del soldado barinés trastocado en iluminador discurso vespertino.

A eso de un cuarto para las siete, echamos el cansancio a cuestas y nos dirigimos juguete en mano,con las mismas ganas, a presenciar un concierto –ofrenda de nuestro comandante- que desde ya se anunciaba como un evento de antología, debido a la indiscutible calidad de los artistas locales y extranjeros que en el se presentarían: Carlos Varela, Amaury Pérez, Silvio Rodríguez, José Montecano, Cecilia Todd y Lilia Vera. De entre ellos, talentosos todos, Silvio Rodríguez lograba descollar, dada nuestra singular relación de años de nostalgia, ausencia y singular preferencia.

Aunque sabíamos de antemano que el concierto se efectuaría en el estacionamiento del Poliedro y estábamos preparados, tanto mental como físicamente, para disfrutarlo a plenitud estoicamente, todos de pie, sin importar las incomodidades por el cansancio acumulado; hubo un hecho que, a nuestro humilde entender, pudo haber dado al traste con toda aquella atmósfera de amplitud, de inclusión y de amor que se había creado en el corazón de la mayoría chavista concurrente al acto. Dicho hecho lo constituían, en primer lugar, la chocante presencia de una implacable cerca negra que nos impedía la visión y que alejaba irremediable, injusta e inexplicablemente al pueblo de sus artistas y de la posible presencia de nuestro absoluto líder. A la par, en dicha zona, se observaban, distantes y esquivas, una gran cantidad de sillas blancas vacías que –como supimos después- esperaban por la presencia de grandes personalidades, dignatarios y luminarias que separadamente acudirían al acto.

Tal situación ocasionó no pocos disgustos y un inmenso malestar en el ánimo de una gente comprometida, siempre presta a defender sus derechos; algunos otros, decepcionados y frustrados, por no poder acceder a la exclusiva zona VIP, optaron por la retirada, ante lo que calificaron como una estratagema –vestigio de la ominosa visión obsoleta y excluyente de los gobiernos de la IV República. Muchos otros, tal es nuestro caso, decidimos reclamar, con vigor e hidalguía, lo que consideramos una afrenta al propio proceso y a sus hacedores –artífices principales de los milagrosos acontecimientos desde el dia trece de abril hasta el presente.

El modo irrespetuoso y displicente en que los organizadores, los encargados del protocolo y los celosos guardianes de la cerca llamaban por el celular a sus amistades y les hacían traspasar la reja, ante nuestra mirada atónita, acabó por exacerbar los ánimos. Para muestra un botón de, en nuestra opinión, sus inadmisibles excusas de ese día: “ Lo siento mucho, señora. No puedo hacer nada. Esto está reservado para personalidades, ministros y gente importante...” “Es decir se trata de una zona exclusiva, reservada a los VIP ( Very important people)”, refuté, ya cansada de tanta prepotencia y malhadado despropósito. “ Claro, la gente como yo sólo es considerada VIP cada cinco años durante los procesos eleccionarios, o como recién ahora, en caso de requerir mi humilde rúbrica”, repliqué furiosa ante la última suerte de retrechera explicación, por parte de los celosos guardianes de la reja: “ Bueno, señora, diga lo que quiera. Son razones de SEGURIDAD...”

Y nos preguntamos ahora, entre descreídos y asombrados, ¿desde cuándo nuestro gobierno ha inaugurado este pernicioso y humillante ensayo de ‘apartheid’, de separación? ¿ No ha sido acaso la participación y la convocatoria popular el arma más contundente ante los poderosos embates de la contrarrevolución? ¿ Tal vez se trata de la puesta en práctica de las brillantes ideas de algún alguien cuya medrosa y excluyente visión de protocolo IV republicano le hace mandar a colocar esta inexplicable barrera entre presidente, ministros, artistas y pueblo?

No obstante lo dicho, esta historia, gracias a Dios y al arrojo del pueblo, tuvo un memorable epílogo. Cuando, ya resignados, nos proponíamos en la lejanía al disfrute de lo que nos permitieran, una voz salvadora, expresión de las miles de voces que con fuerza y valor se opusieron al trato ignominioso, nos informó que, debido a la no concurrencia del Presidente y a la existencia de sillas vacías, podríamos, poco a poco, pasar al citado espacio.

Tal fue el preludio de una noche de conciertos que, a la postre, resultó memorable. Quizás para garantizar el normal desarrollo de futuros eventos, convendría a los organizadores, guardianes y afines aclarar algunos términos relacionados con la SEGURIDAD, ATENCIÓN, BIENESTAR y RESPETO que debe brindarse a TODOS y CADA UNO de los VIP participantes en los TODOS LOS EVENTOS por la REVOLUCION.
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Adriana Hernández


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