La puerta de atrás

Estoy segura que muchos verían con agrado que la puerta de atrás se reforzara y se dejara abierta para que salgan por allí, no sólo el gobernador de Carabobo, hoy señalado de apadrinar actividades muy distantes de su condición revolucionaria, sino todo aquel que se ha aprovechado de su posición para medrar del erario público, practicar el amiguismo, hacer ostentación de riqueza súbita y abusar de los privilegios que confiere el poder.

Una vez un apreciado lector, a propósito de un artículo que escribí sobre corrupción, me sugirió que propusiera públicamente, como una necesidad, que a todo aquel que ocupe un cargo público se le publique su declaración jurada de patrimonio, antes y después de dejar la función que le fue encomendada. Esa idea me pareció en su momento extrema y violatoria de la privacidad a la que tienen derecho esas personas. Le contesté que esa función le compete a la Contraloría General de la República, organismo que debe velar por la verificación de los bolsillos de todo el que pase por la administración pública, no sea que salgan llenos de dineros que no les pertenecen. Hoy rectifico y me acojo a la propuesta porque me gustaría ver cuántas Hummer, apartamentos, fincas, restaurantes, casinos, figurarían como "bienes" habidos durante la gestión de unos cuantos. Por supuesto que sé que quien comete ese tipo de acción se guarda bien de que lo que le pertenece no aparezca como propio. Para eso existen los testaferros. Parezco tonta.

No conozco los detalles de las "faltas" en que incurrió el mandatario carabobeño, pero sí sé que los valencianos vienen hablando sobre ellas desde mucho tiempo. Chavistas y opositores de aquella calurosa tierra comentan abiertamente el disgusto por el desfilar de camionetas de última moda, manejadas por allegadas al gobernante. Hasta el 24 de junio, y apegada al principio de que todo lo que pone a regar la oposición es mentira y es parte de sus campañas difamatorias, me acogí al precepto de no creer en chismes. Desde el martes, y luego de que el Presidente dijo que al susodicho le había quedado grande el cargo y lo acusó de haberse alejado de su condición de revolucionario, me recordé que ese río veía arrastrando piedras que sonaban estruendosamente hace rato.

La respuesta del gobernador al señalamiento presidencial no pudo ser más infeliz. Convocar una rueda de prensa para hacer alarde de su supuesta popularidad y una apología del acto de ordinariez que lo hizo famoso en 2002, confirmó la tesis de que no solamente el cargo le quedó grande sino de que nunca debió haber llegado a él.

Le faltaron méritos.

Por la puerta de atrás tienen que salir también los ineficientes que entraban la administración pública y los aduladores que van a Miraflores a practicar la genuflexión. A ellos, igualmente, les queda enorme la posición que ocupan. Y los otros, los corruptos, deben salir por una y entrar por otra que se tienen merecido y que no los llevaría precisamente a un retiro espiritual. Las de las cárceles se tienen que abrir para ellos y como castigo ponerlos a compartir celdas con los opositores que nos están debiendo el pago de sus delitos.

Así, la pena sería doble.


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