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Un viejo adagio dice “tienes más vidas que un gato”. Y es que a este felino se le ha atribuido el don de poseer siete vidas. En El Tigrito decían que quien mataba un gato debía, sucesivamente, matar siete gatos. Todavía no sé por qué y no recuerdo si efectivamente alguien llegó a cumplir la tarea, aunque en la Calle Nueva, había alguien al que llamaban “matagatos”, probablemente porque era el encargado de la extraña tarea.
La cosa alcanzó tanta notoriedad que la marca de pilas (baterías) Everedy tiene como logotipo la figura de un gato negro atravesando un número nueve y su eslogan es: “tiene más vidas que un gato”.
Este parece ser el caso de la oposición venezolana. Desde 1998 hasta el 01 de diciembre de 2003, la oposición en un ejercicio gatuno, ha asistido sucesivamente al agotamiento de sus vidas.
La primera muerte (política, desde luego), se produjo en 1998, en las elecciones parlamentarias separadas de las presidenciales para evitar que Chávez arrollara. La segunda, cuando Chávez gana la presidencia dejando al mantuano de Carabobo enredado con los jadeantes adecopeyanos que huyeron del viejo caudillo y de la bella famosa. La tercera , el referendo consultivo para convocar una constituyente. La cuarta, la elección de los constituyentes. La quinta, el consultivo para aprobar la Constitución. La sexta, las elecciones para relegitimar los poderes públicos, donde Arias cambió la revolución por la pava opositora. La séptima, la renovación sindical que hermanó a los sindicalistas adecos con los de Causa R, cumpliéndose el sueño de Andrés.
Hasta aquí el parecido con un gato.
La octava, el paro del 10 de diciembre de 2001, que unió a la CTV, Fedecámaras y a la Iglesia católica en un “tocochávez” (todos contra Chávez). La novena, el 11 de abril de 2002. Muchos piensan que la oposición tuvo tres matadores (en taurinos términos): el pequeño Carmona, los militares y civiles que se repartían cargos en Miraflores y la inmensa alianza cívico-militar que restituyó la democracia.
La décima, aquí se superó a la Everedy, el paro de 63 días entre diciembre de 2002 y enero de 2003. Algunos teóricos han sostenido que aquí se produjeron sesenta y tres muertes consecutivas. Por cierto, este hecho ha ocasionado una crisis entre los fabricantes de pilas, y ha provocado la búsqueda de un nuevo eslogan y ya suena uno, poco creativo, pero efectivo: “Pilas Bolivarianas, más vidas que la oposición”,
La décima primera, el intento de los “Justice Boys”, de pasar (siguiendo en con los términos zoológicos), “gato por liebre”, al que el Tribunal Supremo dijo, ¡cuidado con referendos chimbos! (¿se acuerdan de Pisani?). La décima segunda, el “Firmazo”, dirigido por un Gobernador que se siente Presidente. Súmate se “metamorfosea” en Réstate.
A esta altura advierto que he olvidado Altamira, ahora llamada Plaza “El Pelero”. De ser cierto, entre 1998 y el 01 de diciembre de 2003, la oposición ha concurrido a sus funerales 13 veces, y aquí es donde la cochina tuerce el rabo, porque el numerito se las trae. Yo creo que la número 13 es el “Reafirmazo”. ¿Diga usted?
Para dónde van a coger ahora. Cómo explicar que en cuatro días no llegaron a dos millones, luego de 27 en un día. No les servirá de excusa la ausencia de Carmona, Carlos Fernández, Carlos Ortega, Daniel Considerando, ni otros que andan viajando. Mucho menos la visita de Juan Fernández a Carapita.
Olvidemos, incluso, el engendro resultado de la copulación entre la “zamarrería” adeca y la “internetiana” Réstate. Que el árbitro decida.
Hace un año había euforia y júblio, ahora caras largas y dedos acusadores. Será que alcanzaron la grandeza del vencedor. Pero, no les parece que eso está bien para los dioses griegos y héroes homéricos, pero no para los “buñangueros” venezolanos. En esta hora de gaitas y pachangas, ¿por qué tanta tristeza.? ¿Por qué pudo alegrar más el secuestro de un buque o la paralización de una refinería, que millones de firmas?. Será, que como la zorra de la fábula, ya no quieren las uvas porque están verdes. Esperemos.
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