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Desde que se empezó a utilizar la teoría de sistemas, las expectativas de los analistas de las sociedades siempre fueron similares a las de todos los científicos: dadas determinadas condiciones, el comportamiento de los sistemas, sociales o físicos, es previsible. Los fluidos, las condiciones atmosféricas, el crecimiento de la población, el ritmo cardíaco y hasta el comportamiento de las sociedades era, para la ciencia, perfectamente anticipable. Las estadísticas se convertían en la prueba de las regularidades, y las pequeñas distorsiones eran tratadas como eso, incidentes aislados que comprobaban las tendencias, excepciones que confirmaban la norma.
A partir de las lejanas experiencias de Lorentz, en 1960, se fue introduciendo una duda sobre la predictibilidad científica clásica. Los pequeños disturbios en los sistemas, las irregularidades o distorsiones, poco a poco ya no pudieron ser considerados como excepciones. Fue necesario asimilar y asumir que el desorden y la turbulencia eran parte intrínseca de los procesos sistémicos holísticos y no meros desajustes. Variaciones lejanas e infinitesimales de las condiciones iniciales podían crear patrones de comportamiento distintos y extraños a lo esperado. Las regularidades estadísticas perdían su capacidad explicativa y predictiva.
Un buen resumen para explicar el desfaratamiento (palabra margariteña que significa convertir en "piazos", desbaratar) del paradigma clásico lo dieron los físicos teóricos con el llamado "Efecto Mariposa" (no tiene nada que ver con gays). Este efecto se refiere a la "noción según la cual el aleteo de una mariposa, hoy, en el aire, por ejemplo, de El Maco (población de la Isla de Margarita), puede transformar el sistema de tormentas el próximo mes en La Patagonia" (¡si es que llueve ahí!). Tal fenómeno habla del azar, de lo imprevisto, de lo imponderable, del disturbio como parte esencial de las "regularidades". Así se parió lo que se ha dado hoy en llamar Teoría del Caos.
Una de las más afiladas aristas de esta vertiente, donde se desarrolla una buena parte del debate en el campo de la ciencia, es la idea de que las excepciones y las anomalías tienen que asumirse. El sueño del "orden" y de lo "regular" es la eterna y vaga aspiración del pensamiento para colocarle a lo imprevisto una camisa de fuerza (no por estar loco sino para sujetarlo y tenerlo bajo control).
Ahora bien, es en el campo de la sociedad y de la política donde me parece especialmente poderoso este tipo de análisis, pues permite concebir y asumir la turbulencia como parte de la naturaleza de los procesos de la organización humana.
Para sociedades como la Venezolana, que se ven obligadas a convivir tanto tiempo con la crisis, la idea de recuperar un "orden" perdido y de estructurar los equilibrios antiguos se convierte en un fantasma regresivo. En otras palabras, el país era un plato 'e chicha, llegó Chávez y agitó la vaina, creó la turbulencia, el caos, con el fin de modificar el sistema, el proceso mesmooo!, por que no daba los resultados deseados, por más que se introducían en él señales y más señales de "feed back" (retroalimentación). Hay que aprender a vivir con esta turbulencia hasta que el proceso sistémico alcance un nivel de estabilidad. Saber que una declaración de alguien, puede alterar el clima político; aprender que las políticas económicas no tienen, en sí mismas, ninguna seguridad garantizada; entender que un pequeño desliz táctico puede desencadenar eventos no predecibles, no deseables, en fin imponderables (¿Cuál fue el aleteo de mariposa que desembocó en el 11 de abril del 2002?¿Quién fue la primera persona, la original, la que nadie conoce, que dijo por primera vez que no le salía del forro calarse a Chávez y que había que tumbarlo?). Ahora sabemos que el decreto de Pedro "El Breve" Carmona fue el "desliz táctico" (¡...molleja de desliz!, más bien un patinazo) de la oposición que permitió la vuelta al "orden caótico", que había sido subvertido. Como la oposición tampoco conoce los procesos sistémicos no tomó en cuenta uno los elementos principales del sistema Venezuela: el pueblo.
Lo que ocurre actualmente en la Asamblea Nacional no es más que otra manifestación de la turbulencia en búsqueda del equilibrio y simetría del sistema para que arroje los resultados que esperan los elementos que lo forman, para que cada rueda de engranaje del sistema funcione como debe funcionar para que arroje los resultados esperados. La turbulencia o la sinergia que se introduce a un sistema debe ser controlada y dosificada de manera tal que se obtengan los resultados esperados sin ocasionar daños a ningún elemento del sistema (Chávez hace esto a cada rato con el verbo, pero en la respuesta, a la oposición se le ha pasado la mano) . Por eso la revolución es pacífica (revolución no es mas que introducción de turbulencia y sinergia para producir cambios profundos en el sistema). El pueblo (no se equivocan los que dicen que es sabio) ha entendido esto y es que Chávez se ha dedicado a enseñárselo a cada rato. La oposición, cual prestidigitador mefistofélico y nigromante, en un balbuceo de réplica repentizada paralogizó dar un capotazo, con un pase hipnótico, magnético, mesmerizante y fascinador digno del propio paladín de King Features. Ya panópticamante descamuflada y desembozada, con un cantinflérico e inculpatorio lenguaje y en un escuálido equívoco endilgan culpas al comandante, por su prosa incendiaria, por todos los males que sufre la madre patria (¡su má...quina de coser!)
Si se aprende a asumir la turbulencia como un elemento constructivo, probablemente no se pierda la esperanza de controlar la historia, de ansiar modelos y de dibujar con trazo fino el porvenir. Por otro lado, en vez de tratar de controlar todos los detalles y variables de un proceso, la acción política se debe concentrar en tratar de acometer tres o cuatro cosas esenciales (lo que se llama el Pareto) y que estas a su vez, tuvieran poder desencadenante, de disparador o fulminante.
Cuando se trata de sistemas tan grandes como una nación, el sentido del tiempo toma otra dimensión. No obstante, no hay razón para que dentro de un tiempo prudencial (Chávez cuando habla del 2021, exagera pa' joderle la paciencia a los escuálidos - el ¡uh ah Chávez no se va! tiene la misma finalidad) no se empiecen a ver los resultados esperados o no es posible aplicar estas teorías en este campo o aún no conocemos completamente el sistema que tenemos entre manos o aún no hemos llegado al estadio en que todas las consecuencias de las políticas se pueden anticipar y gobernar. Entonces, hay que abrir compuertas para que los procesos se desaten en una cierta dirección. La buena gerencia consiste en entender y "manejar" lo inmanejable ("Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca – Simón Bolívar).
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