Me sorprende escuchar a diario de boca de gente muy inteligente afirmar que
vivimos en una dictadura. Pareciera a simple vista por lo menos una exageración.
En buena medida esto puede deberse a que somos un país de gente joven
y sólo los sesentones deben tener algunas vivencias de lo que sucedía
durante Pérez Jiménez, como para poder comparar con lo que hoy
sucede. (También gente que siempre ha hablado bien de Pérez Jiménez
la he oído sostener que esto es dictadura...)
Sin necesidad de escribir ningún tratado sobre el tema, para lo cual
no estoy ni formado ni informado, me pareció oportuno hacer una comparación
de la dictadura en que viví y lo que está sucediendo en Venezuela.
Es una especie de testimonio de hechos que he vivido cuando ya tenía
uso de razón. Mi esperanza es la de aportar algo útil a los efectos
de encontrar algún idioma común que quizá nos ayude a entendernos
y a plantear el diálogo en términos menos beligerantes.
Dejar correr las cosas por el camino que van se me parece más a buscar
una solución al estilo colombiano (asesinato de Gaitán, con sus
catastróficas consecuencias que aún perduran) o a la yugoslava
(muerte a todo lo que no es como yo) o a la israelo-palestina (negación
del derecho a la existencia del otro y, por lo tanto, su correspondiente exterminio)
o a lo ETA (todo el que no está conmigo está contra mí)
o a lo Sud-Africa pre-Mandela, o a lo Beirut o a lo Afganistán... tenemos
muchos modelos y muy recientes para elegir. Todos teñidos de sangre,
de horror y de salvajismo.
Antes de llegar al punto de no retorno deberíamos reflexionar y preguntarnos:
¿eso es lo que queremos? Si no lo fuera, hay mucho cabeza caliente que
debería sentarse en la banca y darle su oportunidad a la paz. No es tan
difícil pasearse por una salida a lo Pinochet Dios nos guarde.
Y Dios coja confesados a los caraqueños si un Bogotazo similar
al de los años 40 ocurriera en Caracas. Jugando a la candelita las opciones
intermedias desaparecen y sólo quedan esas dos. Si es eso lo que queremos,
por donde vamos, vamos bien. Si no fuera eso, hay que elegir otro camino. A
mi me gustaría ayudar en ese sentido. Los que crean que puede salvarse
la paz y la democracia deben empezar por quitarles la voz a los que sólo
quieren pelear.
Algunos politólogos han comparado a Chávez con Perón, otros
con Mussolini, otros con Hitler. En este mundo queda muy poca gente que haya
vivido el fascismo de Italia o Alemania. En cambio sí aún quedamos
algunos que vivimos el peronismo.
Puesto que podemos hacer buenas comparaciones, me permitiré echarles
el cuento del peronismo para intentar poner las cosas en su justo lugar. O,
si se quiere, en un lugar más justo que en el que están.
Juan Domingo Perón gana en 1946 las elecciones generales arrollando a
una coalición, la Unión Democrática, integrada por los
partidos Radical, Conservador, Socialista y Comunista. Sus candidatos triunfan
en la gran mayoría de las provincias y el sistema electoral le permite
lograr los 2/3 de la Cámara de Diputados y 26 de los 28 Senadores. Poco
tiempo después de intervenir las dos provincias opositoras, obtiene el
100% del Senado.
Tres o cuatro meses después de asumir la Presidencia, Perón declara
el estado de sitio. Es bueno detallar en qué consiste el estado de sitio:
a) SE RESTRINGE FUERTEMENTE LA LIBERTAD DE REUNIÓN. Toda reunión
de carácter político o sindical debía contar con un permiso
policial específico. La Policía Federal, a través de las
Secciones Orden Político y Orden Social, otorgaba los permisos políticos
y sindicales, respectivamente. Sean éstas en espacios públicos
o cerrados. La transgresión de este requisito acarrea sanciones que van
desde multas, pasando por arrestos y llegando a la clausura de los locales o
las organizaciones correspondientes.
b) SE RESTRINGE LA LIBERTAD INDIVIDUAL. En virtud del estado de sitio el Ejecutivo
puede detener a cualquier ciudadano por espacio de 30 días renovables,
con sólo comunicarle al juez el nombre, el lugar de detención
y la causa imputada, sin que el juez intervenga para nada. El detenido puede
ser retenido durante 72 horas antes de enterar al juez. Es durante este período
en que solían aplicarse malos tratos y torturas, sobre todo si se trataba
de comunistas, golpistas o anarquistas. Existía, además de las
antes mencionadas, una Sección Especial destinada a reprimir a los comunistas
y anarquistas, dirigida por dos conocidos torturadores llamados Lombilla y Amorosano.
Las torturas se aplicaban selectivamente, y por lo general se suspendían
antes de la muerte de la victima, si esta no había hablado
antes. Sin embargo hubo muertos. Aparentemente por error o impericia. Vaya uno
a saber...
c) SE ELIMINA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN ESCRITA Y RADIAL (no existía
aún la televisión). La escrita alcanza a los periódicos
y revistas de opinión u otras, que son suspendidas, multadas o confiscadas
si publican algo contra el gobierno. Se secuestran ediciones completas. Sólo
algunos partidos políticos hacen circular ediciones clandestinas. Cuando
sus imprentas son descubiertas, sus instalaciones son destruidas y sus obreros
y redactores apresados. Todas las emisiones noticiosas propaladas por radio
son censuradas antes de salir al aire.
d) SE DELATA A LOS CIUDADANOS. Los jefes de cuadra observan los movimientos
de los vecinos e informan a la policía de cualquier movimiento sospechoso
(reuniones, imprentas, etc).
e) SE REPRIMEN LAS MANIFESTACIONES PUBLICAS. Cualquier acto público
no autorizado o manifestación de protesta, marcha o distribución
de panfletos es reprimido por la policía antimotines, atropellando con
los caballos y repartiendo sablazos, o de a pié, con largos bastones
de madera dura o cachiporras con un fuerte resorte con una bola de acero en
la punta. Cuando los manifestantes se dispersan, la policía secreta sigue
a los dirigentes y los apresa a la entrada del metro o de otros transportes
públicos. Los detenidos son encarcelados y torturados, si se trata de
comunistas o anarquistas, y cesanteados de su empleos si son trabajadores del
Estado.
f) ESTADO DE GUERRA INTERNO. En 1951, a raíz de un alzamiento militar
abortado, se declara el estado de guerra interno en reemplazo del estado de
sitio. En virtud de este novedoso estado, el poder Ejecutivo puede mantener
a cualquier ciudadano detenido e incomunicado todo el tiempo que quiera, sin
necesidad de informarle al juez correspondiente, sin que estén obligados
a dar a conocer el paradero del imputado y mucho menos la causa de la privación
de su libertad. Decenas de sindicalistas fueron así a parar a las cárceles
y campos de reclusión. Miles de estudiantes universitarios quedaron a
la orden del poder Ejecutivo durantes meses, expulsados de sus facultades sin
verle jamás la cara a un Juez o a un fiscal ni a un abogado defensor,
y sin que se filtrara una sola noticia en la prensa nacional.
g) SUFRÍAN DEPORTACIÓN AUTOMÁTICA los extranjeros que
eran sorprendidos en cualquiera de las actividades descritas más arriba.
ESTAMOS PUES EN CONDICIONES DE COMPARAR CON NUESTRO PAIS.
Derecho de Reunión: Cualquiera puede reunirse donde quiera y cuando quiera
y con quien quiera sin solicitar permiso alguno. Según todas las apariencias
nuestros ciudadanos gozan plenamente del derecho de reunión. No hay ningún
detenido por haberse reunido o marchado, inclusive pidiéndose la renuncia
del Presidente, del Fiscal o de la Corte Suprema. Este derecho está totalmente
garantizado.
Libertad Individual: El Ejecutivo en Venezuela no puede detener a nadie sin
mediar una acusación formal ante un juzgado competente. Salvo en el caso
de flagrancia, el acusado no es detenido hasta tanto no sea sentenciado. Es
imposible sin cometer delito no comunicar al juez la razón, la identificación
y el lugar de detención del reo. Ningún policía puede,
sin cometer grave delito, arrancar confesiones mediante malos tratos o torturas.
De hecho no hay ningún detenido político, salvo Lina Ron que es
del MVR. Y los tres del puente Llaguno, que también son del gobierno.
Desde el punto de vista político, la seguridad personal está garantizada.
Libertad de Expresión. El que más bien tiene dificultades para
expresar sus puntos de vista es el gobierno, puesto que las principales cadenas
televisivas y radiales, así como los más importante periódicos
escritos, están comprometidos en una enorme campaña antigubernamental.
Con respecto a la opinión pública en nuestro país, la mayoría
de los medios adversan ferozmente al gobierno, y es éste quien pena por
lograr espacios. Esto puede expresarse en cifras, pero es obvio que no son necesarias.
La respuesta airada de Chávez a los medios no es más que una respuesta
sin consecuencias a una guerra declarada desde hace mucho tiempo. Durante los
tristes días 11, 12, 13 y 14 de abril, los medios practicaron un bloqueo
total de cobertura de la respuesta popular al golpe de estado, privando al resto
de Venezuela de la información que están obligados a proporcionar.
El pretexto fue la inseguridad... No presentaba en cambio el menor riesgo reproducir
las transmisiones de CNN, radio CARACOL o CBS, TVE y tampoco se hizo. El Director
de Informaciones de Radio Caracas Radio fue expulsado por protestar la decisión
de la cadena de no propalar la versión de los chavistas de lo acontecido
en esos días. En El Nacional un columnista reaccionó contra la
misma pretensión. Los grandes periódicos no pudieron encartar
las ediciones especiales, listas desde mediados de semana para distribuirse
el domingo en lo que se llama UNA VENEZUELA SIN Chávez. En consecuencia, la
libertad de expresión es total, y más bien quien notoriamente
tiene dificultades para hacerse escuchar es el gobierno. Una cosa es libertad
de prensa y otra, muy distinta, son las campañas de opinión. Ellas
pretenden vender productos, sean buenos o malos, vender servicios, sean buenos
o malos, crear hábitos de consumo, sean buenos o malos, o matrices de
opinión política con objetivos políticos precisos. Los
grandes medios están empeñados en una campaña de opinión
francamente dirigida a destituir a Chávez de la manera que sea. Y a pesar
de ello, aparte de hostigamientos sin importancia por los adeptos al gobierno,
éste no ha adoptado una sola medida restrictiva (éstas son: multa,
arresto, suspensión temporal o sine die).
La delación: No existe ninguna organización semejante. Tampoco
tendría sentido si nadie puede ser castigado sin juicio previo y cada
quién puede hacer lo que quiere, incluyendo conspirar, sin que le pase
absolutamente nada.
Represión de las manifestaciones públicas. Inclusive hoy no existen
denuncias sobre detenciones ilegales, torturas, ruleteo o ajusticiamientos sumarios,
ley de fugas, etc. El 11 de abril murieron unas 15 personas. Algunos del gobierno
y otros de la oposición. Todos los videos hacen pensar que los muertos
son una consecuencia de un enfrentamiento entre la Policía Metropolitana
con los chavistas del puente Llaguno. También se habla de que hubo, además,
francotiradores que nadie filmó ni fotografió. Aunque Caldera-hijo
dice (interpelación a Chávez) que la PTJ dijo que los muertos
eran por tiro horizontal de revólveres y pistolas. Una cosa es una balacera
y otra muy distinta un asesinato con fusil telescópico.
Como resultado de la comparación con una dictadura (la de Perón),
lo de Chávez dista mucho de serlo. Chávez tiene gestos y discurso
comparables a los de Perón, pero las semejanzas no pasan de allí.
Perón puede que haya sido más astuto y hasta más inteligente,
no lo sé, pero Chávez no es cruel y es más decente.
Unos 20 años después de la caída de Perón asume
un nuevo triunvirato militar, presidido por el general Videla. Otra vez el estado
de excepción, otra vez la censura, otra vez las detenciones arbitrarias,
las prohibición de las reuniones políticas. Pero ya no sólo
era cuestión de sacar por un tiempo de circulación a opositores
más o menos molestos. 30.000 hombres y mujeres fueron violados, torturados
y arrojados al mar con una piedra atada al cuello, desde aviones y helicópteros
de las Fuerzas Armadas. Otros enterrados en fosas comunes. Sus hijos secuestrados
y repartidos como botín entre los allegados al régimen. Todo cubierto
por el más aterrador silencio de la prensa, la radio y la televisión.
Todo con el más complaciente asentimiento de los países supuestamente
defensores de las libertades, y la sordera y ceguera de la OEA.
¿Sucede algo parecido en Venezuela?
Nadie ha visto decenas de cadáveres flotando en el Caribe.
En Chile, Pinochet elimina a Allende después de un furioso bombardeo
a la Casa de la Moneda, que él estaba obligado a defender. Nunca se supo
qué se hizo de su cadáver.
Más de 6.000 chilenos fueron ajusticiados o desaparecidos para sentenciar
definitivamente cualquier veleidad socialista. El brazo del dictador no se detuvo
en la frontera chilena. Alcanzó a sus víctimas en Buenos Aires
y ejecutó en Washington a Letellier, en las barbas del FBI. Los servicios
prestados por Pinochet le fueron recompensados por Margaret Thatcher al arrancarlo
de las garras del juez Garzón. Amor con amor se paga. Parece mentira
que a la hora de los tribunales internacionales de justicia en defensa de los
derechos humanos, Videla y Pinochet mueran en su cama, rodeados de sus familiares
y del apoyo encubierto de Europa y América. Puesto que el mismo tribunal
que enjuicia por Kosovo no es capaz de abrir un ojo a lo que pasó en
la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires, o en el Estadio
Nacional en Santiago.
¿Algo de esto pasa en Venezuela?
ONGANIA. Un general que acabó con los profesores de las universidades
argentinas se arrepintió de lo hecho algunos años después.
Pero cuando se comparaba con Videla, él más bien aparecía
como un demócrata. De manera que acuñó un nuevo término
para diferenciarse de su compañero de armas. Para lo de Videla dejó
como correcta la palabra Dictadura, y a la suya la denominó Dictablanda.
De alguna manera tenía razón. Así pudo establecer un ranking
mundial de Dictaduras, encabezado por Hitler, Stalin, Mussolini, Videla, Pinochet
Franco.... y otro de Dictablandas: Perón, Aramburu, Onganía, Tito,
Castro, Pérez Jiménez. El exterminio era la frontera entre los
dos grupos.
Se me ocurre que, dadas las imperfecciones de la Democracia, también
aquí sería útil hacer un ranking, por lo menos nacional.
Según muchos historiadores, en nuestro país hubo Democracia de
verdad con Medina Angarita. No tuvo un solo preso político: ese fue el
patrón de diferenciación. Para muchos venezolanos, historiadores
o no, pero en todo caso tan respetables como los otros, lo de Chávez
es una Democracia según el criterio anterior. El juicio de intención
dejó de tener validez después de la última sesión
del Santo Oficio. Por lo tanto, las intenciones atribuidas por la oposición
a Chávez, no habiéndose materializado en casi cuatro años,
no pueden justificar una condena.
Los otros intentos estuvieron más o menos cerca, pero nunca terminaron
de ser. La Digepol, la Disip, etc., etc., siempre empañaron el espejo.
Las tentaciones por las salidas autoritarias siempre estuvieron a flor de piel.
Recordemos nada más las trapisondas de los sucesos de El Amparo, o los
miles de trabajadores indocumentados colombianos deportados con sus familias
en camiones de ganado. Los tanques de guerra en la UCV. Eso no sucede ahorita.
Por lo tanto se trataba más bien de Demoduras que de Democracias.
Si esto es verdad, ¿por qué no reconocer la verdad? Si esto no
es una dictadura ni una dictablanda, ¿por qué organizar golpes
de estado atribuyéndole una intención que aún no se ha
manifestado? ¿Por qué no se desbroza un terreno para el diálogo?
¿Acaso los talibanes confían en poder sacarlo a empujones? Si
el asunto puede dirimirse por las urnas, ¿por qué elegir el campo
de batalla? ¿Por qué el que pierde, a llorar al valle?
¿Por qué seguir dándole cuerda al melodrama y a la teleculebra?
¿Acaso sólo eso saben manejar las televisoras? ¿No ha llegado
la hora de dejar a un lado el melodrama y entrarle de lleno al drama? Mucho
me temo que las parejas estelares, Napoleón Bravo y Marta Colomina o
Fredy Bernal y Lina Ron, muy buenos para la culebra, no den la talla. En este
drama se necesitan una Margarita Xirgu o un Fedor Chaliapin, que reciten y canten
lo que tienen bien escrito en el alma, no en el guión. No me digan que
el viejo Caldera es aún el único Chaliapin de la oposición
que puede hacerse oír por todos los que quieren la ruina de Chávez.
Otros empiezan a insinuar que después de todo Carlos Andrés no
fue tan malo. En fin, alguien habrá en la oposición al que la
oposición respete. A ese alguien mándenlo a discutir con Chávez.
Así es posible que ganen, pierdan o empaten. De la otra manera siempre
les saldrá un Carmona más o menos apinochetado.
Prof. Juan Puig
Universidad de Los Andes
Mérida, Venezuela