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Miquilena y los desmelenados
Por: Judith Martorelli*
Fecha de publicación: 24/11/03
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Aunque todos saben de su importancia nadie ha querido comentarla. Sus razones tendrán, pero yo no pienso tender el manto del disimulo a la entrevista que el colega Hugo Prieto hizo a Luis Miquilena.

El personaje es insoslayable a la hora de escribir la crónica sobre la conspiración contra este gobierno porque logró articular diversos factores de oposición mientras actuaba en el Gabinete como un “operador político”. Dio aliento a factores que ya habían sido derrotados; urdió maniobras mediáticas para librar de sospechas a militares golpistas (como Rosendo) y lograr la exclusión de otros que siempre han estado en torno del Presidente, como Eliécer Otaiza quien desde la Disip lo miraba suspicaz.

Para el 2001, al incorporarse al Ministerio del Interior y Justicia, tenía –oficialmente- entre sus tareas principales apaciguar la confrontación que ya comenzaba a perfilarse en los medios entre el gobierno y diversos factores de poder como la Iglesia y las centrales obreras cuya dirigencia estaba vinculada con el Puntofijismo.

¿Nunca estuvo identificado con la Revolución y traía ya escondida la carta de la conspiración o rápidamente comprendió que había un plan para desalojarlo del poder? ¿Fue ahí cuando subestimó el amor del pueblo hacia nuestro Proyecto Bolivariano al percibir que la fuerza del Imperio, el alcance de los medios y la evangelización de la Iglesia irían tras Hugo Chávez Frías?

Concentró gran poder y esa es una de las razones por las que conspiró sin que sonasen alarmas. Entonces no callé, dije que seríamos traicionados en el orden político y personal; que la Revolución y su líder corrían peligro; que las aspiraciones personales para cualquier cargo eran válidas siempre y cuando –para concretarlas- no coincidiésemos con quienes se proponen desalojar al presidente Chávez de Miraflores y quebrar la Revolución Bolivariana; que la manipulación de encuestas para bajar del primer lugar al Presidente marchaba de la mano con una estrategia miquilenista en el MVR para desmotivar las concentraciones públicas partidistas; que la agenda conspirativa tomaba cuerpo mientras más dialogaba el entonces ministro con los representantes de los medios y que el golpe sería fundamentalmente mediático.

En la entrevista de Hugo Prieto exhorta a los factores que hoy persiguen la Presidencia a unificarse en torno de una figura que garantice el consenso entre la oposición y los “factores positivos que hay dentro del Ejecutivo”. Niega que el 12 de abril haya querido negociar apoyo institucional para el golpe y advierte que decretos “monárquicos” como el de Carmona Estanga no tendrían respaldo en espacios como el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional.

No creo que tenga las cartas que sugiere para negociar, pero sí que en las últimas semanas se ha activado una cuenta regresiva para el golpismo que será derrotado cívicamente por el pueblo. No dudo de la fuerza y la pasión con la que la mayoría de la dirigencia nacional ha asumido la defensa de este proceso que tuvo en el Miquilenismo su más clara amenaza de retroceso.

Dijo Miquilena a Prieto (cuando hablaba de la izquierda en el continente): “Allende estuvo presionado por estos desmelenados que siempre existen en estos procesos, gente descabellada que radicaliza la acción política y pretende dar un salto al vacío”. Seguramente estaba pensando en gente como Iris o Lina pero su comentario está cerca de Diosdado, aunque lleve el cabello al rape, de Otaiza a pesar de su calva incipiente y del propio Jesse, a quien no ha podido reventar porque es tan obvio que “se nos mete por los ojos” que en este momento hace falta un ministro de Comunicación e Información sin dependencias ni complicidades con los empresarios de los medios.

El pueblo fuerte y apasionado está en la calle, el pueblo –con sus ideas alborotadas- es como esos desmelenados que han hecho Historia.
 
*Periodista

 
 
 
 
 


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Judith Martorelli*


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