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Es el precio de unirse a la "guerra contra el terror" de George W. Bush.
No pudieron golpear a Gran Bretaña mientras el mandatario se encuentra
en una triunfalista visita de Estado en Londres; entonces se fueron
sobre la yugular en Turquía. El consulado británico, el banco HSBC con
sede en Inglaterra, un centro comercial en el que están las tiendas
británicas Tescos y Marks and Spencer. Londres en el exterior. Y por
supuesto nadie, mucho menos los turcos, imaginaron que ellos volverían a
atacar dos veces el mismo lugar. Turquía ya había padecido su dosis de
ataques, ¿o no? Y al hablar de "ellos" me refiero a Al Qaeda.
Y claro, el sólo hecho de señalar que nosotros -los británicos- estamos
ahora pagando el precio por el intento infantil de George W. Bush de
rediseñar el mapa de Medio Oriente para favorecer a Israel, ameritará
que se nos responda con el veneno ya acostumbrado. Decir la verdad sobre
el costo humano de la alianza de Tony Blair con el gobierno de Bush es
"favorecer a los terroristas" y "trabajar para ellos", ser su
"propagandista". Con esto, quedará cerrada toda la discusión en torno a
las atrocidades de este jueves.
Pero los gobiernos estadunidense y británico saben muy bien lo que esto
significa. Los australianos pagaron el precio de la alianza de John
Howard con Bush en Bali. Los italianos pagaron el precio de la alianza
de Silvio Berlusconi con Bush en Nasiriya. Ahora fue nuestro turno.
Sobre esto, Al Qaeda fue muy específico. Los sauditas iban a pagar. Los
australianos iban a pagar. Los italianos iban a pagar. Los británicos
iban a pagar. Y todos ya lo han hecho. Canadá aún está en la lista de Al
Qaeda. Y más tarde, supongo, volverá a ser nuestro turno. Inclusive en
1997 Osama Bin Laden me aseguró repetidamente que Gran Bretaña sólo
escaparía de la "ira" islámica si nos retirábamos del golfo Pérsico.
Ninguno de estos asesinatos en masa sirve a un único propósito. Turquía
está aliada con Israel. Ariel Sharon ha visitado Ankara. Turquía es
odiada en Irak y en muchos países del mundo árabe, en parte por sus
antecedentes otomanos. Turquía es una nación musulmana sunita en la cual
la secta wahabita islámica puede mantener seguros a sus adeptos. Y
Turquía es reconocida como una nación laica, fuera de la ley musulmana
de la sharia. Y si los sauditas son atacados porque su régimen islámico
está encabezado por una monarquía corrupta, Turquía es atacada por no
ser un país lo suficientemente islámico. Hay que provocar un rompimiento
en Turquía; destruir las relaciones entre musulmanes y judíos en
Estambul -que fue el propósito de los atentados del pasado fin de
semana- así como destruir el bloque que conforma el actual gobierno
islamita de Turquía. Al Qaeda debió haber tenido todo esto en mente.
Tampoco debemos engañarnos sobre lo que yo siempre he llamado "el
cerebro". Estamos acostumbrados a pensar -gracias, supongo, a la
retórica de "acorrálenlos y tráiganlos" de Bush- que los atacantes no
comprenden el mundo exterior. Si es verdad que están "contra la
democracia", entonces ellos no deberían entendernos, ¿verdad? Pero
resulta que sí nos entienden.
Sabían exactamente lo que estaban haciendo cuando atacaron a los
australianos en Bali, y sabían también que la invasión de Irak sería
impopular en Australia, por lo que Howard sería culpado por el atentado.
Sabían que la invasión era impopular en Italia . Por tanto, Italia sería
castigada por el orgullo desmedido de Berlusconi. También sabían que
múltiples protestas esperaban a Bush en Londres, y entonces por qué no
distraer la atención de que este personaje de importancia desmedida está
siendo objeto atacando a Gran Bretaña en suelo turco. ¿A quién va a
importarle la visita de Bush a Sedgefield cuando hay británicos que
yacen muertos en su consulado en Estambul?
Lo mismo ocurre en Irak. Los insurgentes iraquíes -independientemente de
lo mínimo que puede tener ahí el involucramiento de Al Qaeda- son
conscientes de que la popularidad de Bush en su país está cayendo en las
encuestas. Saben lo desesperado que está por salirse de Irak antes de
las elecciones presidenciales del próximo año. Por tanto, están
incrementando sus ataques contra las fuerzas estadunidenses y sus
aliados para así obligar al ejército estadunidense a responder más
ferozmente contra la población.
Tenemos esta especie de fatal incapacidad para comprender a aquellos a
quienes les declaramos la guerra; creemos que viven en cuevas, aislados
de la realidad, atacando a ciegas -"desesperadamente", como Bush
pretende hacernos creer-, al tiempo que se convencen de que el mundo
libre está decidido a destruirlos. Justo ahora, sospecho que están
decididos a destruir a Bush, al menos políticamente, ya que no pueden
hacerlo físicamente. También a Blair. En una guerra en la que hacemos
todo por aplastar el liderazgo de nuestros antagonistas, sólo podemos
esperar que el otro bando adopte la misma política.
Pero seguimos en el malentendido. Tomemos como ejemplo esos tediosos
discursos de Bin Laden. Siempre que sus cintas son difundidas, los
periodistas adoptamos la misma línea: "¿Será realmente él? ¿Está vivo?"
Esta es nuestra única narrativa. Pero la respuesta árabe es muy
distinta. Saben que es él y escuchan lo que dice. Nosotros también
deberíamos hacerlo.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
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