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Los encargados de las líneas gruesas que tienen que ver con la política ganadera siguen engañando al Presidente, tal vez lo hagan por omisión, incapacidad o lo que es más grave, deliberadamente. Se nota una perjudicial tendencia cortoplacista, que conducirá a una especie de círculo pernicioso: resolver, vía importación, para un cierto tiempo, después la escasez generará de nuevo la necesidad de importar. Hay que ir directo a la cultura ganadera, en el sentido de ensayar la conformación de dos grandes bloques: uno orientado hacia la producción lechera y el otro hacia lo cárnico. El doble propósito se justifica en el sector privado, que hace de este rubro un negocio, lo cual está claramente justificado. Por lo tanto deben experimentar con una vaca que produzca tal cantidad de leche, destinada al mercado y a la alimentación de un becerro que garantice una ganancia de peso rendidor. Esto requiere gran inversión y un dinámico procedimiento, todo sujeto al comportamiento del mercado, si el precio de la leche baja, entonces se direcciona hacia la carne, y viceversa.
Pero el propósito del Estado es otro: satisfacer la demanda de ambos productos. Sobre la leche hay que volver la mirada hacia la cría del ganado criollo, el que trajeron los invasores españoles, el Bos taurus, con más de 500 años de adaptación, el que fue obligado a su casi extinción, la misma vaquilla que existía en los patios de toda la zona rural y en las adyacencias de algunas áreas urbanas, que alimentó generaciones enteras, pero echado a un lado para introducir el consumo de leche en polvo. El desaparecido FONAIAP tiene o tuvo en Carrasquero, Zulia un centro experimental para el rescate de esta raza criolla. Quizás en el INIA haya información al respecto, por cierto no está disponible. Con la carne el objetivo es más sencillo, vale la pena seguir con la cría extensiva del Bos indicus, su rusticidad y su casi centenaria presencia en nuestras sabanas, resistente a enfermedades y plagas, facilitarían esta operación.
Desde el Ejecutivo debe plantearse la urgencia de adelantar un proyecto de esta naturaleza. Por cierto debe aprovecharse el Proyecto Alma Mater, para articular una red que interconecte las líneas gruesas con institutos de investigación, empresas como PDVSA, CVG, entre otras, con universidades que tengan programas de formación con características agropecuarias y tecnología de alimentos. Para eliminar absurdas resistencias, esta modalidad, la de red, debe declararse Prioridad Nacional. El siguiente dato pudiera graficar lo que hemos estado diciendo: Una vaquilla criolla, atendida con pastos ricos, puede producir hasta 7 litros/día, a un bajo costo, con una lactancia cercana a su próxima parición, fenómeno que ocurre todos los años. Una holstein, o una mestiza con sangre noble, puede ponerse en más de 20 litros/día, con una corta lactancia y muchas veces con un parto cada dos años, y una esperanza de vida corta.
Para los efectos de una eficiente planificación, el país pudiera dividirse en varias zonas, cada una para el albergue del ganado. La inundable como el Bajo Apure y el Delta, el bufalino y el cebú. El Alto Llano y la Norte-Costera , para la vaquilla criolla destinada a la leche, la Semi-desértica, el caprino.
Nota: contactar el MAT: misión imposible.
pytriago@hotmail.com
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