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(Parte 1)
Los resultados obtenidos en el pasado referéndum, en la cual las fuerzas de la revolución no pudieron lograr el triunfo, pone a estas ante una situación inédita para enfrentar el venidero proceso electoral en el que se elegirán Gobernadores y Alcaldes. El simple hecho de venir precedidos de la primera derrota electoral en toda la historia del proceso, hace que estas elecciones tengan una especial complicación y riesgo fundados ambos en el empuje inercial de Diciembre 2007 que se supone favorece a la oposición; situación que obliga a la elaboración de un detallado y exhaustivo análisis del presente político. Para ello se precisa de la preparación de un diagnóstico que suponga abordar aquellos aspectos que con mayor fuerza actúan atentando contra un eventual logro de resultados favorables a los objetivos de la revolución; detectarlos, jerarquizarlos, definir su situación y proponerse salidas se hace cuestión de primera necesidad. Igualmente en esa misma dirección debemos saber localizar cuales son los aspectos favorables que pudieran potenciarse y acudir en procura de disminuir los aspectos negativos. Esta primera parte solo se referirá al asunto de abordar los aspectos que con mas fuerza atentan contra el éxito en los próximas elecciones
Escollos
A) La Abstención.
Históricamente en las elecciones regionales y locales los índices de abstención son superiores a las de las presidenciales, este menor interés pudiera originarse en la disímil intensidad y duración de la campaña, la jerarquía en juego que supone cada tipo de elección, la propalación general de menos información al respecto, etc. En la experiencia electoral última, muy a pesar de que en la página oficial del CNE estos datos no aparecen, sabemos que se produjo una abstención intermedia, ocurriendo que los más altos niveles se vieron expresados en los segmentos populares, siendo, un tanto llamativamente, que los llamados segmentos de clase media de la población concurrieron en una inédita y abrumadora proporción.
Esto desde luego que no responde a un fenómeno social autónomo o independiente de alguna voluntad, sino que muy al contrario fue producto de la aplicación de una estrategia electoral de parte de sectores adversos, altamente eficaz, orientada, por una parte, a disminuir al máximo la participación de los sectores populares donde la inclinación al voto chavista era previsiblemente mucho mayor, y por otra a incrementar el compromiso de los sectores de clase media para acudir a votar, en la que la natural repulsa contra la revolución alcanza intensidades extremas.
Los medios utilizados para lograrlo, hay que resaltarlo, no fueron de tan difícil aplicación teniendo en cuenta que el tipo de elección que planteaba el referéndum, de por sí, no despertaba mayores afanes en los sectores populares y en contraposición despertaba mucho interés en los de clase media, en entre otras cosas por la enorme preocupación que se les vertió, a través del miedo pulcramente inoculado, sobre aspectos altamente sensibles a sus valores, como por ejemplo el tema de la propiedad, el cual fue manipulado con singular y radical desfachatez por los medios y partidos de oposición.
Parece del todo obvio que este lance estratégico, de alentar la abstención en los sectores populares, no va a dejar de ser utilizado por las fuerzas de la oposición en las próximas elecciones dado que, en términos generales y con base a la información obtenida de algunos sondeos, aun persiste la correlación, (con una pequeña variación que debe ser tomada en cuenta). A este respecto y sobre la naturaleza de esta situación hay que resaltar la existencia de una característica altamente negativa y riesgosa para los objetivos que tiene que ver con la permanencia de la revolución, la cual es urgente revertir y que tiene que ver con el grado y nivel de compromiso de los sectores electoralmente afectos por su origen social; mientras los sectores de la clase media tienen una alta disposición a participar de la mayoría de los llamados que le hace su contrainsurgente comando, los sectores afectos y propensos al voto revolucionario, que son abrumadoramente de las clases populares, no lo son tanto y el vinculo es muy propenso a debilitarse. Esta situación que supone un grave peligro se constituye así en uno de las barreras a superar y cuyas formulas de solución solo podrán originarse en la detección y clarificación de las distintas causas que invocan la presencia de la abstención. Dado que este es un fenómeno sobrederteminado debemos precisar, distinguir y jerarquizar las causas más resaltantes que la producen y la sostienen.
Con base a lo planteado debemos decir que la abstención en los sectores populares es el escollo principal a ser superado para poder tener oportunidad de salir suficientemente airosos en las próximas elecciones y esta tarea esta solo podrá lograrse si podemos discernir con precisión las distintas causas que la suscita. A este propósito resaltaremos algunas que son de por sí evidentes y que no ameritan de mayor penetración para su localización:
A1) La acción gubernamental.
Si algo puede potenciar la abstención en los sectores populares es una flácida presencia de las ejecutorias gubernamentales. La perdida de pasión y compromiso por parte del elector a favor del gobierno es normalmente traducido, en una primera instancia, a propósito de la abstención. No debe quedar duda que la preocupante abstención expresada en los comicios del referéndum de Diciembre 2007 estuvo muy ligada a una pauperización sostenida de las actuaciones gubernamentales en las que se incluyen las misiones y las débiles respuestas ofrecidas a problemas fomentados principalmente desde los sectores de la oposición como el desabastecimiento y la consecuente inflación. Por otra parte debemos destacar el tema sobredimensionado de la inseguridad y el de los servicios públicos, que fueron explotados con harta eficacia por los medios de comunicación sin que se encontrara por parte del Gobierno la respuesta mas acorde. A estas alturas no sabemos cual fue la causa que muchas de las misiones de alto contenido social y por tanto de elevada importancia biopolítica como La misión Mercal, Barrio Adentro, y muchas de las educativas, se vieran envueltas repentinamente en una ausencia de presencia real acorde con las exigencias de la campaña electoral en curso.
A este respecto el Gobierno Nacional ha dado muestras de haber logrado ponderar la enorme importancia que reviste la optimización de la presencia gubernamental para enfrentar tales problemas al relanzar, hasta los actuales momentos, con fuerza y optimismo, toda la acción gubernamental en un plan que han dado en llamar las tres R. Lo que a nuestro modo de ver vaticina mejores perspectivas para corregir la imagen gubernamental y para disipar la apreciable disconformidad presente en las anteriores elecciones, que de persistir pudiera incluso dejar de traducirse en abstención para transformarse en voto castigo.
Por otra parte es importante resaltar un elemento que atenta interrumpidamente contra la eficacia gubernamental y que eventualmente se traduce en desazón e irritación popular. Se trata de un fenómeno que bien pudiéramos llamar por comodidad burocratización, pero que reclama de un término menos genérico. Preferiríamos llamarlo “extrañamiento publico” y se refiere a esa distancia que se instaura entre la mecánica rutinaria del Estado y el poder popular. Entre la gestión diaria del funcionario y las expectativas de la multitud. Quien ha transitado los caminos entretejidos y amodorrados del Estado lo puede observar, y no es otra cosa que la distancia que toma el activista político revolucionario cuando ingresa al aparato gubernamental pasando de ser un sujeto de acción política capaz de contribuir a la creación de un nuevo ser social a un sujeto de acción técnica que solo se imbuye en sus urgencias particulares, desligándose en tal conversión, en enorme medida, del asunto propiamente político. Esta separación, que es una suerte de súbita división del trabajo, produce una baja innecesaria dentro del accionar político revolucionario, además de crear una dualidad enfrentada entre poder popular y el funcionario público, cuyas consecuencias, a la larga, son evidentemente negativas para el proceso de transformación y que podemos apreciar en el día a día del accionar gubernamental.
Si queremos revertir esta separación que trae consigo un innecesario enfrentamiento, debemos reformular, al termino de la distancia, el actual rol del funcionario publico, convirtiéndolo en un agente de perpetua acción política; es decir trocar un mero sujeto reproductor de la lógica burocrática que se somete al excluyente encierro, en un guerrero trashumante capaz de disolver la distancia entre las multitudes y la acción revolucionaria gubernamental. Superar la distancia entre los objetivos del Estado y los de la revolución se convierte en un desiderátum de primer orden que en esta próxima campaña electoral debe traducirse en una radical electoralización y participación de la actividad del nuevo funcionario público en las condiciones que permite la ley.
Resulta igualmente importante que el Ejecutivo Nacional sea sumamente comedido durante el proceso de conformación de matrices de opinión y en el desarrollo de la campaña electoral al momento de adelantar decisiones y acciones que puedan traducirse en equívocos o ambigüedades de fácil explotación por parte de los medios y de la oposición. A veces se puede observar en las actuaciones públicas del Gobierno una suerte de subestimación generalizada sobre el impacto que pueden tener en la opinión publica algunas actuaciones que dada su naturaleza son de difícil explicación, donde podemos resaltar por ejemplo las ayudas económicas internacionales, o las solidaridades internacionales o las decisiones sobre materia impositiva o económica, que suelen ser sobre-explotadas con pasmosa desenvoltura por los medios y la oposición, sin contar, en la mayoría de los casos, con una respuesta certera que explique satisfactoriamente a la opinión publica tal decisión. Esta situación, que se repite en todas las instancias, tiene que ser abordada con mayor tino y sindéresis de modo que los objetivos generales del proceso no se vean afectados por coyunturales actuaciones gubernamentales.
Sin duda que no hemos cavilado lo suficiente sobre la excepcional eficacia que ha tenido la sobreestimación por parte de la oposición de estos temas y cuanto ha contribuido para disminuir el fervor popular que nos acompañaba y prodigarnos tan inopinada ausencia de electores.
A2) Actuación del Consejo Nacional Electoral.
Desde el punto de vista constitucional el órgano por excelencia para atender el asunto de la participación electoral es el CNE. No vemos entonces por que sobre este aspecto las iniciativas del órgano electoral no han dado al tema de la abstención la importancia que en rigor amerita. Sí bien permanentemente el CNE realiza campañas destinadas a despertar el interés del elector en la participación, no es menos cierto que esta ha resultado en gran medida poco fructífera en términos numéricos, entre otras cosas porque la campaña solo se ha contentando con la cuestión eminentemente comunicacional sin atender a los mecanismos reales de producción de abstención. Aceptamos la importancia que puede tener una campaña publicitaria para incentivar a favor del acto de votar, pero por muy creativa o convincente que esta resulte, siempre será insuficiente sí el propio organismo no se incrusta en la dinámica de creación de la vida social.
Para que el Consejo Nacional Electoral pueda cumplir desde sus atribuciones constitucionales con la tarea de enfrentar con éxito la abstención debe reconvertir la tradicional rutina publicitaria y declarativa, que es meramente significativa y discursiva, en una acción material de producción y esto solo podrá ser posible sí se diseña e instala una verdadera maquina de generación de discusión e información en el espacio mismo de la calle y de las comunidades.
Debe por tanto el CNE, si quiere elevar la eficacia del pregón participativo, aposentarse in situ y de manera masiva en los amplios sectores en la cual la abstención es un fenómeno reincidente, ello acompañado de un equipo altamente capaz y presto a activar vínculos de generación de discusión con las comunidades. Tomar los espacios urbanos populares en conjunto con los Consejos Comunales y con los correspondientes activistas es el camino para ir creando paulatinamente una inclinación social que favorezca la participación a través del acto de votar y que sea capaz de inteligenciar su importancia. La creación de un área funcional por parte del CNE dispuesta a este objetivo y que cuente con el debido apoyo institucional y logístico se constituye en una prioridad impostergable para superar la adversa incidencia de la abstención en desarrollo en el actual proceso de cambios.
Sobre este mismo fenómeno es pertinente recordar que existen muchos sectores interesados en propiciar condiciones de abstención en los espacios populares. Sectores entre los que se encuentran tanto los grandes medios de comunicación como partidos políticos y organizaciones de variada índole que son creadas ad hoc, quienes de manera expresa o camuflada llaman a la abstención. Por ejemplo era fácil comprender que la satanización sistemática obrada indiscriminadamente por los medios de comunicación en contra de la propuesta de reforma constitucional, mas que tener la intención de lograr votos por el No se encontraba referida a confundir y atemorizar a todos aquellos segmentos sociales que desconocían el verdadero contenido de la propuesta de reforma y que tenían una inclinación favorable al gobierno. Muy lamentablemente, mientras esto ocurría, las instancias del CNE, a las que les correspondía hacerle un seguimiento e impedir tal practica, nunca actuaron con la debida diligencia permitiendo el crecimiento de una matriz de opinión favorable a la abstención y cuyo fundamento no era otro que el miedo.
Debemos señalar con firmeza que para las próximas elecciones tan lenitiva y permisiva actuación sería fatal y podría echar por la borda cualquier esfuerzo serio en contra de la abstención. El CNE no puede convertirse por omisión en una institución que contribuya con la abstención porque de manera indirecta lo abatiría institucionalmente y a la larga terminaría deslegitimado como el viejo CSE, lo que lo obliga, como nunca antes, a tener que actuar con entera firmeza ante cualquier trapisonda destinada a disminuir la participación popular.
La creación de un área altamente especializada para combatir todos estos intentos debe ser materia de alta prioridad para este CNE. Una instancia electoral que en verdad este a tono con las improntas de nuestra insurgencia, no solo se bastara con revocar la anterior lógica fundada en el sistemático fraude en el conteo de voto, sino que debe arremeter contra ese otro tipo de fraude que ocurre desde espacios diversos de la sociedad y que tiene que ver con las aplicación de las mas inverosímiles técnicas de manipulación cuyo fin último es minimizar la participación y el encuentro de las multitudes con su facultad inmanente de decidir.
A3) Papel del PSUV y las organizaciones aliadas.
Lo ocurrido en el evento electoral de Diciembre 2007 en relación con la capacidad de movilización demostrada por la naciente organización partidista, demostró la poca importancia que se le dio al asunto de la abstención y la ceguera imperante para poderlo detectar como fatal peligro. El haber concurrido a tan importante evento con una organización política que no guardaba la mínima observancia con los más elementales principios de estructuración y funcionalidad fue sin duda un acto de irresponsabilidad política que no tiene parangón y cuya eventual reincidencia de buen seguro nos pondría al borde del abismo.
No hay duda que ha sido suficientemente debatido y discutido el hecho inverosímil de haberse presentado en esa oportunidad con una organización insuficientemente cohesionada y jerarquizada que necesariamente atentó contra los objetivos básicos. Estamos contestes de cuan insuficiente se desplegó el trabajo militante y cuan débil y sin concierto fue la acción desplegada por la estructura partidista en los sectores afectos. Sabemos que la precaria organización posibilitó la ineficacia generalizada y el fácil ingreso y actuación de miembros de la quinta columna que desde hace algún tiempo se enquista perniciosamente en las organizaciones de la revolución.
En la lucha en contra de la abstención es mucho lo que deben hacer y aportar las organizaciones que favorecen al proceso de cambios. A tal respecto podemos destacar la necesaria creación y optimización de una instancia organizativa capaz de formular coherentes estrategias orientadas al incremento de la participación, tanto militante como simpatizante, en el próximo evento electoral. Una instancia que se dedique tanto a propalar e impulsar la necesidad de participar en las elecciones como garantizar todo lo referente a la mecánica de movilización.
Muy en correspondencia con las organizaciones de base de las comunidades se debe adelantar toda una serie de actividades tendentes a despertar el interés de la comunidad por asistir a las elecciones, organizando en paralelo toda la estructura de movilización que se fundamentara en un compromiso materializado a propósito de la suscripción de acuerdos expresos. Esta área de movilización deberá ser capaz de elaborar toda una cartografía electoral donde aparezcan delimitados y diferenciados todos aquellos espacios urbanos que nos son o no favorables, en una gradiente exhaustiva que a su vez nos pueda servir para definir el tipo de movilización a seguir, ya sea esta selectiva, masiva o mixta. La movilización selectiva se aplicará en aquellos lugares en las cuales por razones sociales o políticas nuestra votación resulta adversa, lo que garantiza un esfuerzo lo mas eficaz posible a propósito de un padrón consensualmente logrado. La movilización masiva, en al que debe haber un esfuerzo importante de recursos y voluntades, tendrá lugar en aquellos sectores en la cual tanto históricamente como por la vía de encuestas se haya determinado una mayoría holgada a nuestro favor, este tipo de movilización se fundamente en el volumen y cuanto mayor sea este mejor aun, dado que la correlación siempre nos favorecerá. La movilización mixta, que supone una variable aplicación de las precedentes, se utilizara en aquellos territorios de apreciable polarización y dependerá de la información mas particular sobre la zona.
El más importante rol que pueden desplegar los partidos de la alianza en el próximo proceso de elecciones de Gobernadores y Alcaldes lo constituye su plena incorporación a la campaña electoral tratando de desatenderse al máximo de otros asuntos que lo desviarían de su atención, y en ese sentido debemos decir que esta plena incorporación debe priorizar la lucha contra la abstención porque en el desarrollo o la detención de esta nos jugamos el futuro.
B) Los infiltrados.
En paralelo con el asunto de la abstención el fenómeno de la infiltración constituye el más grave peligro existente para el logro de una campaña electoral exitosa. La instauración sistemática y sostenida de un nuevo tipo de guerra fundada en alternativas mediáticas y no violentas ha dado en priorizar a esta nueva figura heredera del vetusto espía de las guerras convencionales.
El infiltrado es una figura que se ha multiplicado en la realidad política actual porque la dinámica de pugna por el poder ha devenido en enfrentamiento radical, produciendo tensiones y enfrentamientos permanentes que tienden a no poder ser consensuados dado que son originados no por un mero cambio de perspectiva, sino que el mismo se asienta en propuestas que se excluyen: es la lucha existencial del socialismo en contra del capitalismo. Es decir dos realidades que ontológicamente no pueden presentarse.
El infiltrado es así una formula de ultima generación dispuesta no solo a recavar información sobre el acontecer interno del proceso revolucionario, sino que actúa bajo el modelo reticular a través de toda la superficie funcional de las instituciones para crear perpetuamente una realidad que atente contra los avances insurgentes. Sí algo le da un carácter extremadamente letal a la acción del infiltrado lo constituye su potencialidad para eventualmente crear situaciones y realidades que le impongan, al ritmo razonable de los avances de la revolución, toda una serie de obstáculos y retrasos capaces en conjunto de favorecer la persistencia y reproducción del sistema, así como la retrogradación de conquistas.
Las amplias gamas de libertades con las que tiene que convivir el proceso revolucionario hacen que el infiltrado se propague por doquier sin mayores barreras que le cerquen. Cualquiera puede ser un infiltrado en una organización política como el PSUV en la que no existe ninguna cortapisa capaz de complicarle el trabajo a estos y de limitar sus actuaciones. Están a lo largo de toda la retícula organizacional del partido en la actúan sin cesar originando desavenencias múltiples y divisiones insensatas, presentándose, la mas de las veces, como portadores de una original y genuina condición revolucionaria, pero también ocupando preciadas posiciones desde donde logran disponer del suficiente poder para actuar según su sea su encomienda erosiva.
Se localizan numerosos en todo el espacio de funcionamiento del Estado desde donde alientan, prevalidos de autoridad, a hacerse a la tarea de la propagación de la corrupción. Aparecen por doquier y sin aviso asumiendo el rol de expertos en diversas materias para inducir desde allí a la aplicación de estrategias de gobierno altamente refractarias a los cambios y proclives a crear notorios fracasos. Están en los medios y las páginas Web de ascendencia revolucionaria volcando informaciones y opiniones que incitan a la división y al desaliento, en organizaciones sociales y colectivas de la insurgencia para crear conflictos incomprensibles que solo confunden y desaniman, y hasta en los partidos aliados donde increíblemente tienen importantes voceros y favorecen actuaciones no unitarias, etc.
No hay duda que durante el anterior proceso refrendario los infiltrados jugaron un papel altamente determinante coadyuvando, desde altas esferas del gobierno y de la institucionalidad en general, con todos aquellos planes sobre la cual se fundaba la estrategia de la oposición como el caso del desabastecimiento y la inflación. Igualmente resultó notoria y determinante su resuelta participación dentro del PSUV desde donde se dedicaron a ocupar posiciones altamente relevantes dentro de las áreas relativas a la cuestión electoral tales como las encargadas de la movilización, infundiendo todo tipo de disfuncionalidades y negligencias, muy en correspondencia con una desatada campaña contra la dirigencia y contra el gobierno que solo tenía como propósito debilitar la participación y hasta mas soterradamente llamar a votar por el NO.
Sobre la base de lo ocurrido, que fue absolutamente real y de fácil constatación, es que para estas próximas elecciones se deben tomar urgentes medidas tendentes a disminuir al máximo la eficacia del poder venenoso de la quinta columna. Lo primero que se debe hacer es crear una instancia que se encargue exclusivamente de este fenómeno y que pueda actuar tanto desde los espacios gubernamentales como los del partido. Dicha instancia deberá estar conformada a propósito de los más elaborados criterios de seguridad y en consonancia con el debido manejo político de la situación, que sin duda obligará a la circunspección, la prudencia y el sigilo.
No perderá de vista que la gran mayoría de los infiltrados tienen un rasgo común que viene dado, sobre todo, por su anterior militancia. Bandera Roja, el MAS y PODEMOS son los principal proveedores de infiltrados a las filas del PSUV y de otras organizaciones revolucionarias dado que manejan con mayor propiedad el discurso típico de la izquierda con el cual se vestimentan y con el cual soliviantan al interior. En los espacios burocráticos del Estado no hay duda que la vieja militancia de AD y COPEI abunda, sin desdeñar lo que organizaciones anteriormente aliadas hayan podido aposentar. Desde luego que no deseamos que el funcionamiento de esta instancia se convierta en una actividad indiscriminada de caza de brujas, antes bien, para no crear conflictos peores y para no incurrir en abusos, se debe actuar con suma delicadeza y sagacidad, tratando, por ejemplo, en la medida de las posibilidades de que el sospechoso de infiltrado sea anulado en sus funciones y proscrito de su campo de acción rutinario en la que resulta verdaderamente efectivo.
La implementación de este plan de acción se debe hacer con elevada rapidez y máxima eficacia porque la actuación de los infiltrados no conoce de tregua. Si no logramos desactivar el enorme poder disolutivo de la red quintacolumnista, que se explaya con suficiente ubicuidad por los territorios propios de la revolución, llegará indefectiblemente un terrible momento en que cuenten con suficiente poder como para manejar a su antojo la vida del partido y así invalidar muchas de las conquistas de la revolución.
C) Medios de comunicación.
Es este un verdadero problema estructural de muy difícil superación. Desde la llegada de la revolución al gobierno el grave problema de los medios de comunicación, como factor permanente de conspiración y de oposición radical, constituye el más relevante obstáculo para la verdadera consolidación de esta. Ante este grave problema debemos de ser realistas y comenzar por admitir que las fuerzas mediáticas que se oponen a las transformaciones no capitalistas, son en mucho superiores a aquellas con las que cuenta la revolución. La diferencia es realmente apreciable y no solo atañe al número de medios con los que la contrainsurgencia cuenta, sino que a ello hay que agregar el enorme poder de penetración que poseen y la distante acumulación de tecnología y de saber que detentan. Muy a pesar de que es cierto que el gobierno revolucionario ha hecho un enorme esfuerzo para tratar de adecuar a un nivel tolerable la estructura mediática publica y no tradicional, debemos admitir que hasta los actuales momentos esta dista mucho de lograr el nivel adecuado como para sostener una lucha medianamente equilibrada y avizorar el día del equilibrio final.
Sabemos que estamos enfrentando los embates posmodernos de una sostenida e intensa guerra de última generación, en la cual el uso de la imagen y la significación alcanzas límites fantásticos y multiplican geométricamente la eficacia del control sobre las multitudes y subjetividades. Por ello, en ese campo, la lucha se nos presenta con un apreciable retraso originario, el cual resulta, a mediano plazo, insalvable en los términos de respeto a la institucionalidad democrática que nos rige. Ni la creación y fortalecimiento de televisoras afectas, ni la liberación del espectro radioeléctrico para permitir experiencias populares de insospechada creatividad, ni el subterfugio de la publicidad, constituyen opciones realmente equiparables a las que ostenta en la actualidad el aparato privado mediático. El primer grave error que cometeríamos sería creer que podemos lograr cotejarnos con ellos. Admitir nuestra enorme limitación sobre este punto muy bien nos ayudaría a comprender la magnitud de la tarea que tenemos que acometer para presentarnos con un aparato de guerra mediática capaz de eludir el poderío de esta.
Aunque hemos obtenido importantísimas victorias políticas y electorales en abierto enfrentamiento con estas, debemos admitir que estas no se han efectuado en el mismo plano mediático, sino que se han labrado en los territorios de lo real, en la bullente y tórrida génesis de lo diverso, en el fragor material de la tectónica popular y en la inmanencia de la producción de la vida social. En esa región mediática presidida por lo incorpóreo de las significaciones y de la imagen, nuestras derrotas se prodigan sin cesar y nuestra minusvalía alcanza cotos superlativos. No nos engañemos ni edifiquemos mundos paralelos, el espacio mediático, que en la actualidad comporta un desmesurado dispositivo de reproducción de lo existente, es un espacio en la cual la revolución se encuentra esmirriada y espectral. Apenas si hemos podido conquistar diminutas cabeceras de playa, menudos islotes dentro de un universo absolutamente continental que nos es impresionantemente adverso.
Por supuesto que no vamos a desmerecer el enorme esfuerzo adelantado por el gobierno revolucionario en cuanto a tratar de equilibrar el enorme desnivel y en hacer que se democratice el espacio radioeléctrico. Sabemos de las notables mejoras en los canales del Estado y el incremento de la calidad tecnológica y discursiva de los mismos, reconocemos el intento de ampliar los dominios de lo público y de conquistar nuevos territorios de comunicación que son comunes a la sociedad. Igualmente se debe resaltar la ejemplar apropiación por parte de algunas comunidades del fenómeno comunicacional colectivo y desde luego la aprobación de la ley de responsabilidad social.
Lo que decimos es que no debemos hacernos mayores ilusiones sobre la eficacia revolucionaria de nuestros instrumentos mediáticos, y sobre todo cuando en el próximo proceso electoral el peso de la campaña va a recaer sobre nominalismos locales y regionales. En todo caso nos toca elaborar estrategias muy arraigadas a las condiciones mediáticas regionales y locales, donde es mas probable establecer vínculos de equidad. La apelación a formulas comunicacionales alternativas y la creatividad deben tenerse como importantes y constituir el norte de nuestro accionar. La elaboración de la publicidad no debe confundirse con la mera propaganda y esta debe estar irrestrictamente superpuesta con nuestras las más sentidas conquistas que en este proceso abundan. En definitiva nuestra apuesta, dada la enorme minusvalía padecida a este respecto, debe estar fundada en la capacidad revolucionaria para la producción de la conciencia social, para generar desde la praxis un nuevo ser social y a este propósito los medios de comunicación de la tradición, por muy influyentes que sean, no son los verdaderos productores de realidad. A mayor fiereza mediática de la contrainsurgencia, la respuesta es incrementar nuestra vital potencialidad para la creación de realidad, para la elaboración de un nuevo ser social.
Por ultimo es preciso resaltar y dejar en claro que no estamos llamando a desatender el asunto comunicacional, por el contrario estamos alertando sobre una delicada y complicada realidad a la que debemos hacer frente y que amerita del concurso de la habilidad y la comparecencia del pragmatismo más avezado y liberador para dar la pelea. En este momento de guerra declarada y de imposibilidad de consensos sobre el tipo de sociedad a construir, ciertas parciales alianzas y algunos precarios acuerdos pueden aminorar la desproporción y augurar menos intensidad en las consecutivamente desatadas tormentas mediáticas de los intereses globales. En todo caso sobre este asunto casi todo esta por hacerse, para toda revolución posible.
D) Desequilibrio del liderazgo presidencial, en relación con los liderazgos regionales-locales y la influencia del partido.
Lo que ha constituido un prodigio extraordinario para el advenimiento del proceso revolucionario y su posterior sostenimiento como lo es el robusto liderazgo desplegado por el Presidente Chávez, puede curiosamente constituirse, probablemente por vez primera, en un obstáculo real para lograr unos aceptables resultados electorales. Es bien conocido como a lo largo de la década que abarca la estadía de la revolución la figura de Chávez se ha constituido, a través de los mas disímiles avatares, en la condición de posibilidad de esta en tanto que ha logrado sintetizar y encarnar una excepcional y formidable imagen de líder, capaz por sí sola de imponerle cotos al devenir nacional reciente. Esto constituye para el proceso revolucionario una gran ventaja en la medida que el enorme carisma y capacidad de ducción popular de Chávez suele disipar la mayoría de los peligros de alta monta que se han tendido sobre el proceso; pero por otra parte, tal exuberancia de liderazgo, nos ha dejado como contrapartida la endeble constitución de una estructura partidista incapaz de sobreponerse mas allá de la eventualidad del liderazgo presidencial, además de entorpecer, por otra parte, la necesaria consolidación de una multiplicidad de liderazgos regionales y locales.
Esta enorme distancia se hace patente cuando aparecen las mediciones de encuestas en la que nuestras actuales autoridades regionales y locales no resguardan el evidente paralelismo que se podía suponer con los desempeños presidenciales. Las causas de ello son diversa índole y resolverlas ameritaría sin duda largas discusiones y extenuantes implementaciones, que deben ser materia de primer orden para la discusión en el seno del PSUV.
Este fenómeno, que envuelve a toda el universo político de la revolución, fue el que llevó a creer de manera ingenua y no exenta de pereza intelectual, que la Reforma Constitucional se aprobaría por el solo hecho de que se trataba de una iniciativa presidencial. A tal punto llegó esta funesta convicción a dominar en la dirección política revolucionaria que la estrategia de campaña elaborada recayó, en lo fundamental, en la participación activa del Presidente como mágica solución que garantizaría por sí el triunfo.
Como producto del resultado negativo del proceso refrendario ya sabemos que no resulta tan mecánico el endosamiento o transferencia del prestigio presidencial. Los especialistas de la oposición saben que esto es así y una buena parte de sus esfuerzos electorales y proselitistas van a estar orientados a intensificar este trecho. Durante la campaña del referéndum lo usaron con insistencia e intensidad y se valieron al máximo de ardides publicitarios en la que se buscaba que quedara patente la diferencia entre votar por Chávez y el hacerlo por el “Sí” del referendo. Para el desarrollo de estas próximas elecciones no debe quedar duda que los factores de la oposición, por razones de evidente economía electoral, no van a arremeter a gran escala en contra del Gobierno Nacional ni contra la figura presidencial, sino que van a destacar permanentemente la enorme distancia entre este y los candidatos regionales y locales, en términos de resaltar, al máximo, lo negativo de los candidatos, (En la práctica electoral y por razones un tanto enigmáticas, pareciera que los electores y la opinión pública esta más dispuesta siempre a disculpar a la figura principal que a sus colaboradores o a quienes hacen equipo con este, funcionando algunas veces como dispositivo de protección ante los ataques adversos). Tan complicado comportamiento colectivo es el que hace viable y auspiciosa la estrategia del deslinde de la figura de Chávez con las de sus candidatos, sobre todo cuando muchas de las actuaciones de estos no reúnen ni las condiciones políticas requeridas ni el desempeño gubernamental deseado.
Para contrarrestar esta comprometida situación creemos que debe elaborarse una estrategia de homologación fundada en preceptos distintos a los ya usados y cuyo mecanicismo ramplón era patente. No se trata del simplismo de adelantar una campaña en la cual los candidatos se presenten unidos a la imagen del presidente, ni siquiera se trata de una estrategia de endosamiento público en la que aparezca el presidente llamando a votar por tal o cual candidato. Por este camino no se garantiza la visión de unidad entre uno y otro como quedó demostrado con el voto referendario de Diciembre. Conjeturamos que la cuestión estriba, por un lado, en la presentación de candidatos que por si mismos, por sus condiciones, por sus trayectoria y legitimidad, puedan establecer resonancias directas con el discurso presidencial y con la relevancia publica que este presenta y, por otro, que estos sean capaces, en la realidad partidista regional y local de concitar, la mínima unidad requerida, el debido respeto militante y el obligante entusiasmo.
Desde luego que esto no significa que la participación Presidencial se debe desdeñar, más bien al contrario, llegados este momento, a esta ejemplar situación, es cuando debe aparecer la presencia presidencial con fuerza en toda actividad posible para motorizar y consolidar la unidad con los candidatos. En realidad contra lo que debemos luchar es con la idea de convertir a la figura presidencial en una panacea milagrosa, en una formula suficiente, capaz por autoridad propia de transferir sus excepcionales condiciones. Lograr la homologación y equilibrar las diferencias es uno de los más acuciantes objetivos de cualquier posible estrategia electoral a elaborar para estas próximas si queremos reencontrarnos con el éxito.
E) Sabotaje.
No debemos olvidar nunca que nos encontramos inmersos en una verdadera conflagración de ribetes planetarios. Como nunca antes, la política y el destino nacional se encuentran inmersos en una verdadera condición de guerra en la que las posibilidades parciales acuerdos ni remotamente son susceptibles de aparecer. La revolución invoca de plano la no pertinencia de acuerdos y el decreto de guerra del capital, por lo tanto el camino de la vía electoral que estamos transitando, muy a diferencia de los momentos electorales del pasado finisecular, es una lucha sin tregua en la cual es posible la más inimaginable trasgresión a las leyes y normas. El sabotaje es un lance de suyo plausible y que cuadra en la lógica de la contrainsurgencia imperial de la CIA, la cual constituye la fuente de insumos logísticos y estratégicos de la oposición.
Las fuerzas de la contrarrevolución vienen dispuestas a inflingirle al gobierno una nueva derrota electoral animadas por la fuerza inercial que obtuvieron con la escueta victoria de Diciembre, sobre la que abrigan esperanzas de potenciar sus resultados. Saben que una eventual derrota los retrotraería a años luz de poder aniquilar la revolución y que por el contrario, una victoria, los pondría en las puertas de lograr nuevamente su hegemonía. De allí que tengamos que esperar, en cuanto a sabotaje se refiere, lo peor en el caso particular de las elecciones venideras, sobre todo porque son unas cuya naturaleza esta estrechamente vinculada con lo atinente a la vida diaria del ciudadano, lo que traducido refiere a la calidad de los servicios públicos.
Así tenemos que las acciones secretas orientadas a producir irregularidades en las distintas prestaciones de servicios públicos se incrementaran al igual que la creación de todo tipo de circunstancias que invoquen una responsabilidad del gobierno o que en última instancia produzca enfado colectivo. Algunas son de fácil y común ocurrencia como la producción de colapsos viales, otras ameritan de cierta planificación como la cesión en la prestación de un servicio publico, y otras aparecen por la interpolación de algunas condiciones del azar. La mayoría de las actuales acciones de sabotaje tienen como objetivo la creación de malestar y la culpabilización del gobierno, a objeto de conformar matrices adversas. Las técnicas mas adelantadas incluyen actuaciones en le plano del desenvolvimiento económico en las cuales cierto rango de manipulación puede traer apreciables dividendos en términos de capital electoral y social.
El sabotaje constituye así en un problema que no solo abarca al plano meramente político sino que roza los linderos de la legalidad y pone en peligro incluso elementos de la soberanía, por lo cual es un tema que atañe en lo esencial al Estado y a sus instituciones enfrentar. Bien encaminados estaríamos si desde el gobierno se logra optimizar una inteligencia capaz de actuar con prontitud y eficacia tanto antes ante la inminencia de este tipo de eventos. Una hipotética condición de una campaña electoral plagada de actos de sabotaje que a su vez sean dramatizados y exponenciados por los medios de comunicación como responsabilidad del gobierno, equivaldría a permitir una vía expedita y sencilla para encontrar la derrota. La palabra sobre este vital asunto la tiene los órganos de seguridad del Estado y los organismos jurisdiccionales.
En verdad si podemos elaborar un listado que contenga mayor numero de peligros para enfrentar las próximas elecciones, sabemos que además de los puntos resaltados, falta incluir temas como el desempeño local y regional, la consolidación de elites internas, el tema de la corrupción, etc., mas creemos suficiente el listado anterior porque en él se resumen los mas notorios inconvenientes a enfrentar y que sabemos suelen estar vinculados con otros que podamos agregar. Si logramos darle respuestas satisfactorias a cada uno de ellos, los otros que podamos localizar serán de más fácil tratamiento y el esfuerzo se resumirá. La oposición sabe de la importancia de estas elecciones para su terca encomienda de salir de Chávez y trabajara a contrapelo en la tarea nuestra de solventar las anteriores limitaciones, hagámosle el trabajo imposible, superemos estos escollos.
munitown@yahoo.com
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