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Así como se puede afirmar que en Venezuela vivimos una rebelión de lo político frente a lo técnico, donde el funcionario político despunta sobre el funcionario profesional (según tipología usada por Weber), donde del extremo de la tecnocracia, que con su pretendida neutralidad implantó cada vez más un poder expresado en una especie de autoritarismo despolitizador, se ha corrido el riesgo (expresado en prácticas concretas) de que se imponga la razón política, la ceguera del lineamiento a cumplir que no admite critica, de la decisión incuestionable de carácter cuasi divino e infalible, que si bien esta orientada a la resolución de problemas genera otros que deben ser considerados en toda planificación de políticas públicas.
Sin embargo, a nivel latinoamericano, se puede afirmar que vivimos una especie de rebelión-renacimiento de los estados frente a las pretensiones fracasadas del llamado neoliberalismo, que enmarcado en el discurso de la “globalización”, pudo instaurarse desde los años 80 en mayor o menor medida en los países de Nuestra América. Años de desgobierno, de autismo político de las clases políticas tradicionales, de independencias nacionales sin emancipaciones sociales, de colonialismos culturales que no se superan, de infames represiones a la contestación, dieron lugar con Venezuela a la vanguardia, a un fenómeno político de toma del Estado en términos electorales donde si bien las clases políticas tradicionales quedaron desplazadas, la estructuras estatales quedaron intactas con toda una forma de poder objetivada en ellas.
Por otra parte, la superación de la falsa conciencia que mantuvo a los pueblos en hibernación política en las últimas décadas del siglo pasado, que puede explicarse como una mejor adecuación entre la realidad y la interpretación que de ella se tiene, fenómeno que en el caso venezolano originó el discurso opositor de la “fractura de la sociedad”, ha hecho virar en el marco de la triangulación Estado-Mercado-Comunidad, la centralidad que llegó a ostentar el mercado hacia un protagonismo que el Estado recupera para inaugurar la problemática de su necesaria transformación; es en este punto donde la razón de ser de los entes mencionados anteriormente surge como el sujeto transformador y necesario articulador de las nuevas políticas: la comunidad organizada. En este sentido, es imprescindible considerar que en la formación social de los Estados Latinoamericanos, desde la época colonial, hubo una configuración que se expresó en la presencia de minorías blancas, privilegiadas y exóticamente modernas, por una parte, y unas mayorías afrodescendientes, aborígenes, pardas, excluidas, oprimidas, y consideradas atrasadas e inferiores.
Es el caso de países como Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela y, por supuesto, Bolivia. En el caso de este último país, dicha configuración resulta mucho más acentuada, en el sentido de que más del 50% de la población de Bolivia está constituida por población autóctona y cuya minoría blanca constituye sólo un 7%. A esto se le agrega que el jefe del Estado es un legitimo representante de la población autóctona de esas tierras, que no es sólo la mayoritaria sino la milenaria habitante desde antes de el encuentro del siglo XV. El país Bolivia es un Estado con prácticamente dos naciones, donde una de ellas ha sido la dueña histórica (en los hechos) de las riquezas del país por exclusión de las mayorías. En el marco de la refundación del Estado que impulsa Evo Morales, es innegable que la oligarquía de Santa Cruz se comporta como se han comportado el resto de las inefables oligarquías de Nuestra América, con una prepotencia sólo superada por su ignorancia y entreguismo. .
Resulta clara, la semejanza de esta situación con la que vivió Venezuela en los momentos del golpe de Estado y sabotaje petrolero, semejanza que consiste en que tanto el proceso boliviano como el venezolano están orientados al logro de la justicia social en paz y en democracia, a la inclusión de los excluidos sin excluir a los siempre incluidos, lo que nos conduce lamentablemente a constatar que se reproduce en Bolivia el esquema de las minorías blancas que se autodenominan “superiores”, “modernas”, frente a los “otros”, grupos frente a los que se levanta un sentimiento de superioridad producto del racismo y el fascismo, situación que refleja notablemente el proceso de emancipación que están viviendo nuestros pueblos, y los infames resabios de un rancio colonialismo todavía presente. Superar el colonialismo es la Revolución Cultural.
amauryalejandro@gmail.com
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