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Jalouin
Por: Sebastián Sosa
Fecha de publicación: 17/11/03
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Hace un par de semanas, mas precisamente el dos de noviembre, se conmemoró en el Uruguay el día de los difuntos. Ese día la gente recuerda con especial cariño a sus seres más queridos que ya no se encuentran físicamente en este mundo. Mucha gente se congrega en los diversos campos santos para realizar ofrendas varias a las personas que fueron y serán las más importantes en su vida.

Esta fecha destacada en los almanaques era, hasta no hace mucho tiempo, lo que más nos vinculaba con el mundo del más allá. Pero en los últimos años se ha estado produciendo una suerte de contagio cultural que encierra a nuestra sociedad en un calabozo oscuro, extraño, lleno de incertidumbres, pero, al mismo tiempo, adorado. El 31 de octubre ha pasado a ser, para muchos uruguayos, el día de Halloween. Ese día todo gira en torno a las peculiaridades de la noche de brujas. Las discotecas organizan bailes de disfraces y los niños corretean por las calles disfrazados con diversos motivos y golpeando las puertas coreando: "trato o treta".

La inyección cultural no puede quedar fuera del novedoso mundo de la globalización. Desde hace tiempo podemos ver como los Estados Unidos conmemoran esa fecha y realizan fiestas por doquier. La industria cinematográfica, principalmente la norteamericana, y ahora la televisión, han hecho una gran contribución al servicio de la cultura globalizadora. El mercado, a través de las multinacionales, es también una fuente extremadamente agresiva que hiere, lentamente pero sin pausa, a la cultura latinoamericana.

La celebración de Halloween tiene orígenes muy lejanos en el tiempo. Hay que remontarse a la cultura celta que data de más de 3000 años de antigüedad. Llamado originalmente Samhain, los festejos de Halloween eran realizados por los celtas en el actual territorio de Irlanda con el objetivo de señalar el final de la cosecha y el inicio de la temporada de invierno. Las creencias de la cultura celta respecto a sus difuntos estaban llenas de particularidades. Los celtas creían que esa noche la puerta que separaba al mundo de los muertos del mundo de los vivos se perdía y que las almas de los muertos regresaban a visitar sus hogares en la tierra. Para alegrar a estos espíritus y alejar a los espíritus malignos los celtas dejaban comida o dulces fuera de sus hogares, hecho que se fue transformando hasta llegar al moderno "trato o treta" con el que los niños reclaman a todos sus vecinos. La religión cristiana consideró que los celtas rendían cultos al diablo sin considerar el hecho de que el mismo no existe en la religión celta. Los cristianos consideraban que la única forma de convertir a los celtas al cristianismo era adoptar el festival celta convirtiéndolo en un evento religioso. Así fue que el 1º de noviembre se convirtió en el día de Todos los Santos en el que se honra en rezos a todos los santos del culto cristiano. El 31 de octubre pasó a ser la víspera del día de Todos los Santos que en terminología sajona se transcribe "all hallow's eve" que terminó por deformarse en la oralidad en el actual "Halloween".

La importación cultural no ha tenido en este caso ningún tipo de problema respecto al arraigo ya que mucha gente lo toma actualmente como una celebración normal y añeja. Esta importación, exenta de cualquier cargo tributario, - entiéndase el rechazo soez de parte de la sociedad y la posible aceptación gradual posterior- tiene graves consecuencias en el ámbito cultural del país en la medida que ha llegado al punto de considerársele un evento de identificación a nivel nacional o, peor aún, internacional. Si ya de por sí este país tiene serios problemas respecto al tema de la identificación cultural, ya que no se puede dejar de lado el hecho de ser un país de extranjeros y de una gran diversidad cultural en sus orígenes y con una cultura indígena totalmente exterminada, esto es un ingrediente de dimensiones considerables que contribuye con la confusión general en el plano cultural.

No resultaría extraño, considerando lo antedicho, ver por la calle mates hechos de calabaza con ojos y boca. Tampoco resulta extraño la reproducción mediática de forma continua de la cultura del miedo, la inseguridad. El negocio del terror que va de la mano con las demandas del mercado. Los fantasmas, los espíritus malignos, los misterios, las leyendas y las historias de horror. Yo, sin embargo, le sigo teniendo más miedo a los vivos que a los muertos. Sobretodo a los vivos más "vivos".




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Sebastián Sosa


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