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Qué ansía la CIA
Por: Mario Peralta
Fecha de publicación: 13/11/03
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Según las groseras declaraciones del Embajador de EEUU las denuncias de que la CIA contribuye a la conspiración para derrocar a Chávez son “pura paja”; pero los hechos demuestran lo contrario.

El remitido del Bloque Democrático publicado en “El Nacional” y referido en la Editorial de “Despertar” del día de hoy, pone en evidencia que los planes conspirativos denunciados por los legisladores Juan Barreto, Nicolás Maduro y Roger Rondón no son, simplemente, producto de la imaginación de los chavistas. Las declaraciones del directivo de la CTV Froilán Barrios confirman, asimismo, que “están abierta y públicamente promoviendo una insurrección cívico-militar”; aunque, tratando de salvar la responsabilidad de la CTV, agrega que tal insurrección sería promovida por los militares retirados que forman parte del Bloque Democrático. Barrios menciona los nombres de los complotados y comenta que “ellos están montando algo para ese día – el firmazo –y hasta se ufanan y se ríen”, para concluir diciendo que “si ven que hay un clima de apoyo mayoritario al Firmazo tratarán de sabotearlo”. Barrios se olvida de que en su conversación con Carlos Ortega, Manuel Cova no sólo habla de “la vaina de la otra vía” sino que agrega: “Esta bien, es importante que lo sepamos, para justificar la rebelión civil”.

Tanto el remitido del Bloque Democrático como la conversación entre Carlos Ortega y Manuel Cova demuestran que los líderes de la oposición no creen en la democracia. Tratarán, eso sí, de presentar 3.800.000 firmas, válidas o no, a cómo dé lugar, a efectos de tener una excusa para llamar a la gente a salir a la calle y promover la desobediencia civil que les permita obtener por la vía violenta lo que no logren en las urnas.

En su columna “Frente a Frente”, el lunes pasado “Panorama” publicó una entrevista a un oficialista y a un opositor en la que pregunta: “¿Qué considera usted es más delito, grabar ilegalmente o el contenido de esas cintas?” La respuesta del opositor Carlos Ocariz, de Primero Justicia, fue: “realizar la grabación es un delito, es muy evidente que es lo más grave.” Su respuesta no nos sorprende. Si en el momento en que Irak era bombardeado por los norteamericanos Julio Borges, máximo líder de Primero Justicia, declaró con el mayor descaro que había viajado a Washington a recordarle al gobierno de EEUU que además del problema de Irak estaba el de Venezuela, ¿qué queda para sus seguidores?

Aunque nadie se manifiesta de acuerdo con el control de la correspondencia y de las conversaciones privadas, no es un secreto que esta práctica es corriente desde hace más de medio siglo, tanto en Venezuela como en otros países. Su expresión más poderosa y sofisticada es el Plan Echelon, que EEUU utiliza para controlar las comunicaciones en todo el mundo, incluyendo a sus aliados. Y ¡oh, paradoja!, el gran escándalo no se debe a que se hayan grabado las conversaciones, lo cual de acuerdo con las leyes venezolanas vigentes sí es delito, sino a que las grabaciones se hicieron públicas, lo cual de acuerdo con estas leyes no es delito. Pero, de los males el menor, el contenido conspirativo de la conversación de Carlos Ortega con Manuel Cova no dejaba opción. Había que darla a conocer para tratar de evitar que la paz sea alterada.

Tal como lo habían anunciado, días después de hacer pública esta primera grabación, los legisladores Juan Barreto, Nicolás Maduro y Roger Rondón destaparon otra, esta vez entre Carlos Fernández (quien reemplazó a “Carmona el Breve” en la Presidencia de Fedecámaras) y Mario Tepedino (actual Director Ejecutivo de Fedecámaras). Dice Tepedino: “Y parece que alguien de la CIA también se quiere reunir contigo”. Y responde Fernández: “Ah, ok”; y luego agrega: “acéptale todo”.

Quien más, quien menos, ha opinado sobre las famosas grabaciones. Albis Muñoz (quien reemplazó a Carlos Fernández en la dirección de Fedecámaras) y Mario Tepedino dijeron que se trata de “la edición de distintas conversaciones ensambladas”. Lo mismo declaró Carlos Fernández, quien afirmó que “sus palabras fueron manipuladas”. Por su parte, Henrique Salas Römer (el estanciero derrotado por Chávez en la elección presidencial) señaló que la denuncia es inverosímil y se permitió conjeturar “no será que decían ansía...” Pero si modificamos el texto como sugiere Salas Römer, Tepedino habría dicho: “Y parece que alguien de la ansía”, a lo que Fernández habría respondido “Ok, acepta todo”; lo cual carece de sentido.

Además, inicialmente Ortega se había limitado a afirmar que cuando dice Secretario General no se refiere a Gaviria, pero días después (¿de devanarse los sesos?) agregó que en la charla con Cova, cuando dice “golpe”, se refiere “al golpe que contundentemente darán los venezolanos”cuando acudan a firmar; y que el “plan B” no es más que las manifestaciones callejeras que deberían producirse a continuación. Enfatizó que “Tenemos un solo plan, el A, que es el referéndo revocatorio” y no se acordó de desmentir lo de la dictadura. Como dice Sebastiana Barráez en “Quinto Día” del 7 al 14 de noviembre, “Poco convincentes las explicaciones de Manuel Cova y Carlos Ortega sobre el contenido de la grabación”.

Pero esto no es todo. Los “grabados” no se percatan de que incurren en una contradicción adicional cuando, por un lado afirman que las grabaciones han sido manipuladas, lo cual implica que son falsas; y por otro uno de los “grabados” (Cova) denuncia al Presidente ante la Fiscalía General por haber utilizado una conversación privada, lo cual equivale a admitir que la conversación existió. ¿En qué quedamos?

Es cierto que las grabaciones se pueden manipular. Se pueden ensamblar distintas conversaciones de modo que en una transmisión televisiva o radial nadie perciba la trampa. Pero también es cierto que difícilmente la manipulación escaparía a un experto que disponga de las cintas. El hecho de que el Vicepresidente haya entregado las cintas a la ONU, la OEA y el Centro Carter, que seguramente disponen de técnicos y equipos para verificar su autenticidad, sumado a las explicaciones poco convincentes de los involucrados, nos llevan a concluir que las conversaciones grabadas realmente se produjeron.

Y en cuanto a la posible intervención de la CIA en una conspiración, sus procedimientos son conocidos de larga data. Tiene agentes en todos los países y toma contacto con todos los grupos de alguna relevancia política, económica y social. A las personas contactadas se les pide que informen sobre las actividades de su grupo y la opinión de sus dirigentes, y a cambio se les ofrece algún tipo de gratificación, ya sea en dinero u otro tipo de contraprestación (becas, viajes de intercambio, traducción y promoción de sus libros, etc). Esta técnica también es utilizada por los organismos de “inteligencia” de cada país. Más aún, si el captado es miembro de un grupo guerrillero, y mientras la CIA no le dé alguna tarea específica, debe realizar las que le asigna su grupo, incluidas las de terrorismo, a efectos de no despertar sospechas.

Las afirmaciones de Colin Powel son ridículas. En primer lugar, porque los documentos desclasificados de los EEUU prueban que durante el siglo XX la CIA participó en la creación y financiamiento de los “contras” en Nicaragua y el financiamiento de la huelga de camioneros en Chile, por citar sólo dos ejemplos. Y, sobre todo, porque lo que más ansía la CIA en el caso de Venezuela es la caída del actual gobierno. Suponer lo contrario sería de una ingenuidad inexcusable.
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Mario Peralta


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