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Democracia o Revolución: “Sedicionarios” o Revolucionarios
Por: Abogado Frank E. Payares M.
Fecha de publicación: 11/11/03
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Luego de la Revolución Estadounidense (1776) y de la Revolución Francesa (1789), para sólo citar a dos países del denominado “primer mundo” o del “mundo industrializado”, sobre los cuales no habría, en principio, nada que decir respecto de sus convicciones democráticas. Después de casi trescientos años (¡no bastan!, diría el joven Simón), la palabra revolución aun incomoda la piel, y probablemente la conciencia, de ciertas personas que en nuestro país se ofertan como campeones de la democracia.

Para estos confesos demócratas, revolución y, desde luego, –revolucionario, revolucionar, revoluca –, sería un término contrario a la democracia y a la Constitución (¿cuál?).

Recordamos las revoluciones inglesas (1642 y 1688), la Revolución Rusa (1917), la Revolución Mexicana (1910), la Revolución China (1949), la Revolución Cubana (1959), la Revolución Industrial, la Revolución Tecnológica, la Revolución Comunicacional, la Revolución Espacial, para sólo mencionar algunos acontecimientos calificados por la humanidad como revolución. Se puede, o no estar de acuerdo con los fundamentos políticos, ideológicos, teóricos o científicos de ellos pero, desconocer su influencia sería un acto de infinita tozudez.

Los confesos demócratas venezolanos, en su curiosa y extraña manera de expresar sus democráticas convicciones, afirman que en la Constitución venezolana de 1999, no aparece el término revolución y su empleo sería contrario a ésta. Otros van más allá, y afirman: ¡no existe Constitución! (Programa Triángulo - TELEVEN – 7/11/ 2003).

Una de dos. Se admite el texto constitucional como lo ordena el artículo 7 del mismo (máxima norma jurídica), se está contra él.

El DRAE [*] establece, al menos, siete acepciones de la palabra revolución:

  1. Acción y efecto de revolver o revolverse. Que por cierto, no podría entenderse como el deseo que tienen algunos de volver al poder. Aclaratoria válida, luego de expresiones como “cacerolazo”, “firmazo”, “reafirmazo”, que hacen pensar en un “revolverazo”, sin alusión a cierto tipo de armas.
  1. Cambios violentos en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación. Acepción que debe su origen a forma como ocurrieron hechos que dieron lugar a cambios en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Rusia, México, China Cuba, que muy bien podría ser revisada, en consideración a otros procesos de transformación institucional ocurridos en otros países apegados a normas constitucionales y legales. Venezuela, por ejemplo a partir de la Constituyente de 1999.
  1. Inquietud, alboroto, sedición. Que bien podría aplicarse a ciertos sectores de la oposición venezolana, cuyo desasosiego y o desazón, los inclina a llevar acciones violentas contra la autoridad y el orden público, que bien podría dar lugar a la denominación de “sedicionarios” (no sediciosos), a fin de evitar llamarlos revolucionarios.
  1. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa. Algo así como lo que necesitaría la oposición venezolana para entender que la mejor manera de acceder al ejercicio de mandatos populares, es dentro del marco que las normas jurídicas establecen y no “cómo sea”, frase acuñada, por cierto, por uno de estos confesos demócratas.
  1. Movimiento de un astro alrededor de una órbita. Que sería el emprendido por Carmona, Pérez Recao, Carlos Ortega, Carlos Fernández, Molina Tamayo, y otros, luego de sus acciones sediciosas contra el gobierno constitucional venezolano, o como prófugos de la justicia. Sobre este movimiento tendrían mucha experiencia Carlos Pérez (no olviden incluir el nombre de Andrés en medio), Jaime Lusinchi y cierta secretaria privada, entre otros.
  1. Rotación de una figura alrededor de un eje, que da una pieza sobre su eje. Que sería algo así como lo que estarían haciendo cierta figura de una Central sindical y otro, del mismo cuño, que en su movimiento orbital acaricia su posición “sedicionaria” ( de sedición).
  1. Giro o vuelta de una pieza sobre su eje. Que sería algo así como lo que hicieron ciertos diputados que ocupan tales cargos con votos y apoyo ajeno, y que bien merecerían ser revocados. Algunos lo denominan, también, como “salto de talanquera”.

No tengo la menor duda que revolución y democracia son expresiones no excluyentes, opuestas ni contradictorias. Más aun, por los tiempos que corren, todo proceso revolucionario no tiene otro desenlace que una democracia. No se podría ser demócrata sin ser revolucionario, ni revolucionario, sin ser demócrata. Lo que está en contradicción con la democracia es la sedición y los “sedicionarios”. Deseamos que ésta no sea la aspiración del liderazgo de la oposición venezolana, a la que bastante falta le hace una revolución en su propio seno.


[*] DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.

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Abogado Frank E. Payares M.


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