Luego de la Revolución Estadounidense (1776) y de la Revolución Francesa
(1789), para sólo citar a dos países del denominado “primer mundo” o del “mundo
industrializado”, sobre los cuales no habría, en principio, nada que decir
respecto de sus convicciones democráticas. Después de casi trescientos años (¡no
bastan!, diría el joven Simón), la palabra revolución aun incomoda la piel, y
probablemente la conciencia, de ciertas personas que en nuestro país se ofertan
como campeones de la democracia.
Para estos confesos demócratas, revolución y, desde luego, –revolucionario,
revolucionar, revoluca –, sería un término contrario a la democracia y a la
Constitución (¿cuál?).
Recordamos las revoluciones inglesas (1642 y 1688), la Revolución Rusa
(1917), la Revolución Mexicana (1910), la Revolución China (1949), la Revolución
Cubana (1959), la Revolución Industrial, la Revolución Tecnológica, la
Revolución Comunicacional, la Revolución Espacial, para sólo mencionar algunos
acontecimientos calificados por la humanidad como revolución. Se puede, o no
estar de acuerdo con los fundamentos políticos, ideológicos, teóricos o
científicos de ellos pero, desconocer su influencia sería un acto de infinita
tozudez.
Los confesos demócratas venezolanos, en su curiosa y extraña manera de
expresar sus democráticas convicciones, afirman que en la Constitución
venezolana de 1999, no aparece el término revolución y su empleo sería contrario
a ésta. Otros van más allá, y afirman: ¡no existe Constitución! (Programa
Triángulo - TELEVEN – 7/11/ 2003).
Una de dos. Se admite el texto constitucional como lo ordena el artículo 7
del mismo (máxima norma jurídica), se está contra él.
El DRAE [*] establece, al menos, siete acepciones de la palabra
revolución:
- Acción y efecto de revolver o revolverse. Que por cierto, no
podría entenderse como el deseo que tienen algunos de volver al poder.
Aclaratoria válida, luego de expresiones como “cacerolazo”, “firmazo”,
“reafirmazo”, que hacen pensar en un “revolverazo”, sin alusión a cierto tipo de
armas.
- Cambios violentos en las instituciones políticas, económicas o
sociales de una nación. Acepción que debe su origen a forma como
ocurrieron hechos que dieron lugar a cambios en Inglaterra, Estados Unidos,
Francia, Rusia, México, China Cuba, que muy bien podría ser revisada, en
consideración a otros procesos de transformación institucional ocurridos en
otros países apegados a normas constitucionales y legales. Venezuela, por
ejemplo a partir de la Constituyente de 1999.
- Inquietud, alboroto, sedición. Que bien podría aplicarse a
ciertos sectores de la oposición venezolana, cuyo desasosiego y o desazón, los
inclina a llevar acciones violentas contra la autoridad y el orden público, que
bien podría dar lugar a la denominación de “sedicionarios” (no
sediciosos), a fin de evitar llamarlos revolucionarios.
- Cambio rápido y profundo en cualquier cosa. Algo así como lo
que necesitaría la oposición venezolana para entender que la mejor manera de
acceder al ejercicio de mandatos populares, es dentro del marco que las normas
jurídicas establecen y no “cómo sea”, frase acuñada, por cierto, por uno de
estos confesos demócratas.
- Movimiento de un astro alrededor de una órbita. Que sería el
emprendido por Carmona, Pérez Recao, Carlos Ortega, Carlos Fernández, Molina
Tamayo, y otros, luego de sus acciones sediciosas contra el gobierno
constitucional venezolano, o como prófugos de la justicia. Sobre este movimiento
tendrían mucha experiencia Carlos Pérez (no olviden incluir el nombre de Andrés
en medio), Jaime Lusinchi y cierta secretaria privada, entre otros.
- Rotación de una figura alrededor de un eje, que da una pieza sobre su
eje. Que sería algo así como lo que estarían haciendo cierta figura de
una Central sindical y otro, del mismo cuño, que en su movimiento orbital
acaricia su posición “sedicionaria” ( de sedición).
- Giro o vuelta de una pieza sobre su eje. Que sería algo así
como lo que hicieron ciertos diputados que ocupan tales cargos con votos y apoyo
ajeno, y que bien merecerían ser revocados. Algunos lo denominan, también, como
“salto de talanquera”.
No tengo la menor duda que revolución y democracia son expresiones no
excluyentes, opuestas ni contradictorias. Más aun, por los tiempos que corren,
todo proceso revolucionario no tiene otro desenlace que una democracia. No se
podría ser demócrata sin ser revolucionario, ni revolucionario, sin ser
demócrata. Lo que está en contradicción con la democracia es la sedición y los
“sedicionarios”. Deseamos que ésta no sea la aspiración del liderazgo de la
oposición venezolana, a la que bastante falta le hace una revolución en su
propio seno.
[*] DRAE: Diccionario de la Real Academia
Española.
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Abogado Frank E. Payares M.
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