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“Lamentablemente vamos a necesitar unos 10, 12 o 15 años de dictadura pa' podé' rescatá' esa vaina”. C.O.
Hasta ahora los partidos venezolanos nos tenían acostumbraron a la RETÓRICA DEMOCRÁTICA. Eso fue lo que pregonaron antes de 1958 y lo que pusieron en práctica hasta 1999. Los medios (visuales, orales y escritos) aplaudían los enjundiosos discursos con que se adornaban los actos políticos. Y el pueblo podía optar cada cinco años entre una retórica y otra, pues en el pasado no conoció otra democracia que la del voto cada cinco años.
Con la llegada de Hugo Chávez al gobierno, el pueblo empezó a disfrutar de la verdadera democracia. Y no solamente porque las consultas al soberano se hicieron muchísimo más frecuentes (recordemos la sucesión que desembocó en la aprobación de la Constitución Bolivariana) o porque Chávez promovió la inclusión en el texto constitucional de los referenda (entre ellos los revocatorios) sino, y sobre todo, por la atención que este gobierno presta al pueblo.
Esta democracia cuida de que los beneficios de la renta petrolera, antes que servir a los sectores poderosamente económicos, sirvan para mejorar la situación de toda la población. Ha dotado de agua potable y de sistemas de eliminación de las aguas servidas a más del 50% de quienes carecían de ellas. Se ocupa de la salud de su pueblo a través de la Misión Barrio Adentro. Está reduciendo el analfabetismo e instruyendo a la gente con la aplicación de las Misiones Robinson, Rivas y Sucre. Y esto está dando frutos rápidamente, como se evidencia en la increíble disminución de la mortalidad infantil y el aumento del peso de los niños al nacer.¡Menuda diferencia con la democracia de un voto ejercido cada cinco años!
Contra este proceso, cuya importancia no comprenden quienes no tienen necesidades, se volvió la oposición con su retórica democrática, especialmente luego de la aprobación de la Ley de Tierras. Pero los discursos de los supuestos defensores de la democracia no son más que eso: retórica. En las pocas horas que duró “Carmona el Breve” pudimos apreciar cuál es la democracia que le interesa a los líderes de la oposición. Y ahora tenemos una prueba adicional. En la conversación de Carlos Ortega (CO) con Manuel Cova (MC) que reproduce el periódico “El Universal”, CO dice:
“Lamentablemente vamos a necesitar unos 10, 12 o 15 años de dictadura pa' podé' rescatá' esa vaina”.
Bueno, finalmente se quitaron la careta. No quieren ninguna democracia, lo que les interesa es imponer una dictadura.
Habrá quien piense que la afirmación de CO reproducida por los periódicos es simplemente un infundio. Si así fuera, lo natural sería que la hubiera desmentido cuando Globovisión lo consultó respecto de su conversación con MC. Pero CO no dijo que tal conversación no haya existido, ni que él no haya hecho esta gravísima afirmación. Sólo se preocupó por desmentir la asociación de su referencia al Secretario General con el Secretario General de la OEA. Sorprendente, ¿verdad?
Otras declaraciones que nos han sorprendido en días recientes son las de Colin Powell. Tratando de desmentir las acusaciones contra la intervención de la CIA en Venezuela (hecho habitual en todos los países, incluidos sus aliados), afirmó: “No estamos en el Siglo XIX”. Parece que se le olvidó que se ha probado que hubo muchas intervenciones de la CIA en Latinoamérica durante el siglo XX. Por ejemplo: en Chile, en Guatemala y de las que él fue partícipe en Nicaragua.
Y ya que estamos mencionando declaraciones de personajes, agreguemos que las recientes del Embajador Charles Shapiro nos parecen absolutamente irrespetuosas. Aludiendo a las declaraciones de dos legisladores nacionales dijo que son “pura paja”. Como que la prepotencia del Imperio autoriza a sus embajadores a no molestarse en guardar la compostura que debe caracterizar a un diplomático. Y, como el mal ejemplo cunde, hace unos días el Nuncio se permitió manifestar su preocupación por la tensa situación política y la tragedia humana del país. Es evidente que el Representante del Vaticano no se refería a las actividades de los medios y de la oposición y no hacía honor a su condición de diplomático.
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