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¿Es Irak otro Vietnam?
Por: William S. Turley
Fecha de publicación: 03/11/03
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Nota de aporrea: Ver importantes comentarios del traductor al final.

Hay muchas buenas razones para cuestionar la conducta del gobierno de Bush en la guerra de Irak. ‘Vietnam' no es una de ellas

Es lugar común en los medios de comunicación estadounidenses y en algunos círculos políticos oír al conflicto en Irak descrito como ‘Otro Vietnam'. Como académico que ha realizado extensas investigaciones sobre Vietnam, incluyendo sus guerras, rechazo la frase. Popular en tanto dispositivo polémico, es un fracaso como herramienta analítica. La comparación de casos diferentes a veces es útil; pero encubrir las diferencias complejas con una etiqueta nunca lo es.

Y ello ocurre con Vietnam e Irak. En el nivel de generalidades hay similitudes, por supuesto. El parangón más a menudo citado en los Estados Unidos está en el frente doméstico: el miedo a las variadas amenazas (comunismo, terrorismo) justifica una respuesta anticipada; optimismo inicial; inteligencia defectuosa, incluso la ignorancia del potencial para la repercusión negativa nacionalista; falta de apoyo de los aliados; bajas crecientes; moral militar decadente; hundimiento de la popularidad presidencial y auge en la frustración popular. Tales son los parangones, siempre cuidadosamente seleccionados, que llegan más fácilmente a la gente para quien "Vietnam" fue un alboroto callejero o un debate político.

Cuando se llega a las guerras sobre el terreno, la tendencia es ver una similitud en el marco de la guerra de guerrillas. El objetivo polémico es mostrar que el conflicto de Irak es como ‘Vietnam' (cualquier cosa que sea) y por consiguiente debemos esperar la catástrofe. Yo no veo las cosas de esta manera. Efectivamente hay similitudes, y merece la pena pensar en ellas. Pero las diferencias entre los dos casos me llaman más la atención en cómo afectan a los resultados.

Empecemos con la diferencia de historias, sociedades y culturas. Uno no tiene que ser profundamente conocedor acerca de cualquier país para saber que el nacionalismo ha jugado un papel diferente en cada uno de ellos. Mientras los vietnamitas pelearon en cuanto a cómo responder al dominio colonial, nunca hubo duda entre ellos de que eran un pueblo. Los comunistas debieron su éxito en parte a su persuasión de legitimidad nacionalista que solidificó alrededor de ellos a la mayoría que los franceses y luego los estadounidenses trataron de apuntalar mediante alternativas "nacionalistas" putativas.

Mientras exista un nacionalismo iraquí, es por comparación una fina película sobre las profundas divisiones entre los tres grupos étnico-religiosos principales. Las tensiones regionales de Vietnam son broma comparadas con el antagonismo entre las comunidades curdas iraquíes, los sunitas, y los shiitas. El nacionalismo en Irak también tiene una dimensión pan-árabe que no tiene ningún paralelo en Vietnam. Es más, la profunda desconfianza entre las familias y clanes iraquíes causantes de que casi la mitad de los matrimonios sean entre primos en primer grado es un gran impedimento al compromiso cívico y a la obediencia nacional. La comparación de estas diferencias me sugieren que Irak, fácil de conquistar, puede ser mucho más difícil que Vietnam para cualquiera que la gobierne en la pos-guerra, no que las dos situaciones sean de algún modo las mismas.

Luego, consideremos el contexto estratégico. La Guerra de Vietnam fue un conflicto revolucionario y civil en un país dividido, sobre el cual se sobreimponía la Guerra Fría. No hay ninguna situación comparable en Irak o en el mundo de hoy. Cuando los Estados Unidos intervinieron en Vietnam, la Unión Soviética y China trasegaron armas y suministros al Norte, el cual proporcionó armamento, equipo y apoyo a las fuerzas en el Sur. Para estar seguras, las fuerzas comunistas en el Sur obtuvieron algunos de sus reclutas y suministros localmente, pero es dudoso que pudieran prevalecer sin el apoyo que sólo un gran y poderoso aliado podía proporcionar. En Irak, los remanentes baathistas y los bombarderos-por-contrato que atacan a las tropas estadounidenses están totalmente aislados de tal apoyo. Si hay una analogía con el Sudeste Asiático no es Vietnam; son las insurrecciones comunistas en Malasia y Thailandia que se derrumbaron una vez que China retiró la conexión.

Los riesgos y por consiguiente la importancia de ganar y perder son diferentes, también. El sudeste asiático era un remanso en las más grandes corrientes de poder e intereses globales. El retiro de Vietnam melló el prestigio estadounidense ligeramente y permitió a los EE.UU. reenfocar la atención y los recursos en áreas de interés más vital, incluyendo al Medio Oriente. Aparte de Camboya, el Sudeste de Asia ha permanecido en paz y la mayoría de él disfruta de un "boom" económico. En Irak, sin embargo, las consecuencias de un retiro abrupto pudieran conducir a una alta probabilidad de caos, guerra civil e intervención por parte de Turquía, Irán y Siria. Los Estados Unidos no pueden permitir que esto suceda, aun cuando ellos sean la causa prima del enredo.

En cuanto a la perspectiva de guerra de guerrillas y a las imágenes de entrampamiento y cenagal que van con ella, los vietnamitas, si no han olvidado sus propias lecciones, deben estar riendo disimuladamente. Las guerrillas en Vietnam eran una de las tres categorías de las fuerzas armadas en el lado comunista, siendo las otras fuerzas regulares principales regionales que lucharon en forma convencional. Mientras el ejército estadounidense erróneamente ridiculizó a las guerrillas como pulgas, ellas no habrían existido en absoluto si no hubieran disfrutado de un ambiente amigable, creado por ellos mediante la agitación política y el trabajo de organización de los órganos partidistas locales.

La guerra de guerrillas no se limita a tácticas de golpear-y-correr. Es, más bien, una estrategia que, para tener éxito, requiere contribuciones voluntarias de comida, inteligencia y reclutas de la población civil, y la coordinación de fuerzas por un comando superior politico-militar, normalmente durante un largo período de tiempo. Por lo menos eso fue la guerra de guerrillas en Vietnam, y esto nada dice sobre los singulares agravios económicos y políticos que ayudaron a su tarea allí convirtiendo a campesinos en dirigentes comunistas.

Ninguna de esas condiciones se encuentra en Irak. Esto no es ignorar la amenaza de los extremistas dentro de Irak y de los Jihadis de fuera (quienes realmente son pulgas en comparación con las guerrillas de Vietnam), ni descarta la mucho más ominosa amenaza que podría surgir de las milicias shiitas. Pero estas amenazas son más como aquellas que los Estados Unidos enfrentaron en Somalia que como la guerra de guerrillas en Vietnam.

El conflicto de Irak ha sido englobado con el de Vietnam como una guerra poco ortodoxa, otro ejemplo de categoría que se estira para encajar en realidades disímiles. Aunque uno puede cuestionar la sabiduría del objetivo en Irak, es, a diferencia de Vietnam, claramente definido --reemplazar el régimen baathista con uno que sea dócil a las resoluciones de la ONU, democrático, y que esté en paz con sus vecinos. Es más, diferente al final de la guerra en Vietnam, en Irak los EE.UU. tienen una estrategia de salida. De hecho, tienen opciones estratégicas de salida.

Una es la que el gobierno de Bush está intentando efectuar actualmente y la que podría modificar de acuerdo los eventos se desarrollen. Esta estrategia prevé la transferencia de autoridad y responsabilidad de los estadounidenses a los iraquíes y puede ser acelerada. Si es necesaria una salida más abrupta, los EE.UU. pueden transferir la autoridad a las Naciones Unidas, mientras se acelera el desarrollo de fuerzas de seguridad iraquíes y se reduce la presencia militar estadounidense, como a casi todo el mundo distinto al gobierno de Bush le gustaría que los EE.UU. hiciera. Ninguna de tales opciones era imaginable en Vietnam, gracias a la Guerra Fría.

La historia es una guía traicionera a la acción. La gente discrepa honestamente acerca de lo que ello significa, las élites políticas a veces aprenden demasiado bien sus reputadas lecciones, y los generales son famosos preparándose para luchar la última guerra. Hay muchas buenas razones para cuestionar la conducta del gobierno de Bush en la guerra de Irak. ‘Vietnam' no es ninguna de ellas.

William S. Turley es profesor de ciencias políticas en la Southern Illinois University Carbondale y autor de The Second Indochina War.

Fuente: William S. Turley/Daily Times, Pakistan.

Traducido de www.irakwar.ru por Ángel Cristóbal Colmenares E.

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Comentarios del traductor:

Como hemos aseverado en otras ocasiones, el imperio no las tiene todas consigo en el negocito que tan bien se prometía con la “operación quirúrgica” de la invasión a Irak.

Y el análisis del profesor Turley, quien podría ser calificado de “intelectual orgánico” del imperialismo --según la enseñanza gramsciana-- deja en el tintero algunas cosas que debía explicar, entre ellas:

  1. Hubo una masiva protesta mundial e interna en los Estados Unidos contra la agresión a Irak, antes de que ella se concretara, en la cual fueron voceadas consignas muy claras respecto a las verdaderas intenciones del gobierno de los Estados Unidos.
  1. El gobierno de los Estados Unidos mintió a su pueblo --con la complicidad de los medios de difusión-- cuando adujo tener pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva, de la cual hasta ahora no ha presentado prueba alguna.
  2. El verdadero objetivo de la invasión no era “reemplazar al régimen baathista” ni las intenciones casi beatíficas señaladas en el análisis, sino realizar el negocio de barrer con la infraestructura física de Irak (incluyendo las obras consideradas joyas artísticas del pasado) para luego repartirse contratos de reconstrucción entre unas pocas empresas, y el control de las reservas petrolíferas de ese país por compañías relacionadas con representantes del gobierno estadounidense como George Schultz, Dick Cheney, los Bush y Condoleeza Rice (ver “La Guerra como Estrategia Industrial” http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=2666) .
  1. La comparación con la guerra de Viet-Nam, ¿quiénes la hacen?, ¿los irakíes, los vietnamitas? No, la hacen los estadounidenses, quienes vieron partir a sus soldados (hijos, esposos, familiares, amigos) hacia una guerra presentada como algo sencillo y rápido para verlos regresar envueltos en bolsas para cadáveres después que diversas voces habían alertado acerca de las intenciones del gobierno (Ver “¿La Guerra Contra el Terrorismo de Quién?, http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=462) en medio de una intensa manipulación mediática que buscaba inhibir cualquier idea crítica (Ver “Controlando las Noticias”, http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=2796 ) y hacer el juego a las corporaciones que, a la postre, serán las únicas beneficiadas de ese nuevo crimen cometido contra un pueblo.

Efectivamente, ayer fueron invasiones militares contra Viet-Nam, República Dominicana, Grenada, Afganistán y un permanente hostigamiento contra Cuba que lleva más de treinta años intentando inútilmente quebrar a un pueblo que se paró ante el imperio y dijo ¡basta!

De Viet-Nam salieron en retirada vergonzosa, y por allí están los registros fílmicos de terroristas de la CIA, infantes de marina y representantes imperiales agrediéndose por lograr asientos en los helicópteros. Y un pueblo aparentemente débil le propinó al imperio una derrota política y moral de la cual parece que no se termina de recuperar.

En Cuba sufrieron una derrota histórica, la primera en América Hispana después de las guerras de liberación contra España, cuando en “Bahía de Cochinos” su ejército de mercenarios se tuvo que rendir ante la firmeza de un pueblo en armas, precisamente en un abril como el que cuarenta años después también brilló en Venezuela con una explosión popular con y sin uniformes que dejó bastante mal parados a los señores de la Casa Blanca y del Departamento de Estado. Y ni qué decir de sus sigüíes, quienes todavía andan sin entender qué pasó.

Hoy el panorama se les complica en Irak, donde la resistencia parece crecer día a día obligándoles a pensar en retiradas negociadas con transferencias y delegaciones de autoridad cuya sola enunciación significa un retroceso en los planes imperiales.

Por lo que a nosotros toca, debemos consolidar la unidad popular en torno al gobierno del comandante Chávez, propinar otra derrota a los fascistas pitiyankis en el terreno en que presenten pelea y prepararnos para combates muy duros contra el imperio depredador, que viene por nuestros recursos energéticos, nuestros bosques, nuestra biodiversidad y nuestro suelo. Y enfila, junto a sus aliados internos, contra la Constitución Nacional, las leyes que le dan concreción y los derechos y beneficios que de ellas derivan hacia el colectivo nacional, hasta ayer nomás preterido, olvidado y marginado.

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William S. Turley


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