Hay muchas buenas razones para cuestionar la conducta del gobierno de Bush en
la guerra de Irak. ‘Vietnam' no es una de ellas
Es lugar común en los medios de comunicación estadounidenses y en algunos
círculos políticos oír al conflicto en Irak descrito como ‘Otro Vietnam'. Como
académico que ha realizado extensas investigaciones sobre Vietnam, incluyendo
sus guerras, rechazo la frase. Popular en tanto dispositivo polémico, es un
fracaso como herramienta analítica. La comparación de casos diferentes a veces
es útil; pero encubrir las diferencias complejas con una etiqueta nunca lo es.
Y ello ocurre con Vietnam e Irak. En el nivel de generalidades hay
similitudes, por supuesto. El parangón más a menudo citado en los Estados Unidos
está en el frente doméstico: el miedo a las variadas amenazas (comunismo,
terrorismo) justifica una respuesta anticipada; optimismo inicial; inteligencia
defectuosa, incluso la ignorancia del potencial para la repercusión negativa
nacionalista; falta de apoyo de los aliados; bajas crecientes; moral militar
decadente; hundimiento de la popularidad presidencial y auge en la frustración
popular. Tales son los parangones, siempre cuidadosamente seleccionados, que
llegan más fácilmente a la gente para quien "Vietnam" fue un alboroto callejero
o un debate político.
Cuando se llega a las guerras sobre el terreno, la tendencia es ver una
similitud en el marco de la guerra de guerrillas. El objetivo polémico es
mostrar que el conflicto de Irak es como ‘Vietnam' (cualquier cosa que sea) y
por consiguiente debemos esperar la catástrofe. Yo no veo las cosas de esta
manera. Efectivamente hay similitudes, y merece la pena pensar en ellas. Pero
las diferencias entre los dos casos me llaman más la atención en cómo afectan a
los resultados.
Empecemos con la diferencia de historias, sociedades y culturas. Uno no tiene
que ser profundamente conocedor acerca de cualquier país para saber que el
nacionalismo ha jugado un papel diferente en cada uno de ellos. Mientras los
vietnamitas pelearon en cuanto a cómo responder al dominio colonial, nunca hubo
duda entre ellos de que eran un pueblo. Los comunistas debieron su éxito en
parte a su persuasión de legitimidad nacionalista que solidificó alrededor de
ellos a la mayoría que los franceses y luego los estadounidenses trataron de
apuntalar mediante alternativas "nacionalistas" putativas.
Mientras exista un nacionalismo iraquí, es por comparación una fina película
sobre las profundas divisiones entre los tres grupos étnico-religiosos
principales. Las tensiones regionales de Vietnam son broma comparadas con el
antagonismo entre las comunidades curdas iraquíes, los sunitas, y los shiitas.
El nacionalismo en Irak también tiene una dimensión pan-árabe que no tiene
ningún paralelo en Vietnam. Es más, la profunda desconfianza entre las familias
y clanes iraquíes causantes de que casi la mitad de los matrimonios sean entre
primos en primer grado es un gran impedimento al compromiso cívico y a la
obediencia nacional. La comparación de estas diferencias me sugieren que Irak,
fácil de conquistar, puede ser mucho más difícil que Vietnam para cualquiera que
la gobierne en la pos-guerra, no que las dos situaciones sean de algún modo las
mismas.
Luego, consideremos el contexto estratégico. La Guerra de Vietnam fue un
conflicto revolucionario y civil en un país dividido, sobre el cual se
sobreimponía la Guerra Fría. No hay ninguna situación comparable en Irak o en el
mundo de hoy. Cuando los Estados Unidos intervinieron en Vietnam, la Unión
Soviética y China trasegaron armas y suministros al Norte, el cual proporcionó
armamento, equipo y apoyo a las fuerzas en el Sur. Para estar seguras, las
fuerzas comunistas en el Sur obtuvieron algunos de sus reclutas y suministros
localmente, pero es dudoso que pudieran prevalecer sin el apoyo que sólo un gran
y poderoso aliado podía proporcionar. En Irak, los remanentes baathistas y los
bombarderos-por-contrato que atacan a las tropas estadounidenses están
totalmente aislados de tal apoyo. Si hay una analogía con el Sudeste Asiático no
es Vietnam; son las insurrecciones comunistas en Malasia y Thailandia que se
derrumbaron una vez que China retiró la conexión.
Los riesgos y por consiguiente la importancia de ganar y perder son
diferentes, también. El sudeste asiático era un remanso en las más grandes
corrientes de poder e intereses globales. El retiro de Vietnam melló el
prestigio estadounidense ligeramente y permitió a los EE.UU. reenfocar la
atención y los recursos en áreas de interés más vital, incluyendo al Medio
Oriente. Aparte de Camboya, el Sudeste de Asia ha permanecido en paz y la
mayoría de él disfruta de un "boom" económico. En Irak, sin embargo, las
consecuencias de un retiro abrupto pudieran conducir a una alta probabilidad de
caos, guerra civil e intervención por parte de Turquía, Irán y Siria. Los
Estados Unidos no pueden permitir que esto suceda, aun cuando ellos sean la
causa prima del enredo.
En cuanto a la perspectiva de guerra de guerrillas y a las imágenes de
entrampamiento y cenagal que van con ella, los vietnamitas, si no han olvidado
sus propias lecciones, deben estar riendo disimuladamente. Las guerrillas en
Vietnam eran una de las tres categorías de las fuerzas armadas en el lado
comunista, siendo las otras fuerzas regulares principales regionales que
lucharon en forma convencional. Mientras el ejército estadounidense erróneamente
ridiculizó a las guerrillas como pulgas, ellas no habrían existido en absoluto
si no hubieran disfrutado de un ambiente amigable, creado por ellos mediante la
agitación política y el trabajo de organización de los órganos partidistas
locales.
La guerra de guerrillas no se limita a tácticas de golpear-y-correr. Es, más
bien, una estrategia que, para tener éxito, requiere contribuciones voluntarias
de comida, inteligencia y reclutas de la población civil, y la coordinación de
fuerzas por un comando superior politico-militar, normalmente durante un largo
período de tiempo. Por lo menos eso fue la guerra de guerrillas en Vietnam, y
esto nada dice sobre los singulares agravios económicos y políticos que ayudaron
a su tarea allí convirtiendo a campesinos en dirigentes comunistas.
Ninguna de esas condiciones se encuentra en Irak. Esto no es ignorar la
amenaza de los extremistas dentro de Irak y de los Jihadis de fuera (quienes
realmente son pulgas en comparación con las guerrillas de Vietnam), ni descarta
la mucho más ominosa amenaza que podría surgir de las milicias shiitas. Pero
estas amenazas son más como aquellas que los Estados Unidos enfrentaron en
Somalia que como la guerra de guerrillas en Vietnam.
El conflicto de Irak ha sido englobado con el de Vietnam como una guerra poco
ortodoxa, otro ejemplo de categoría que se estira para encajar en realidades
disímiles. Aunque uno puede cuestionar la sabiduría del objetivo en Irak, es, a
diferencia de Vietnam, claramente definido --reemplazar el régimen baathista con
uno que sea dócil a las resoluciones de la ONU, democrático, y que esté en paz
con sus vecinos. Es más, diferente al final de la guerra en Vietnam, en Irak los
EE.UU. tienen una estrategia de salida. De hecho, tienen opciones estratégicas
de salida.
Una es la que el gobierno de Bush está intentando efectuar actualmente y la
que podría modificar de acuerdo los eventos se desarrollen. Esta estrategia
prevé la transferencia de autoridad y responsabilidad de los estadounidenses a
los iraquíes y puede ser acelerada. Si es necesaria una salida más abrupta, los
EE.UU. pueden transferir la autoridad a las Naciones Unidas, mientras se acelera
el desarrollo de fuerzas de seguridad iraquíes y se reduce la presencia militar
estadounidense, como a casi todo el mundo distinto al gobierno de Bush le
gustaría que los EE.UU. hiciera. Ninguna de tales opciones era imaginable en
Vietnam, gracias a la Guerra Fría.
La historia es una guía traicionera a la acción. La gente discrepa
honestamente acerca de lo que ello significa, las élites políticas a veces
aprenden demasiado bien sus reputadas lecciones, y los generales son famosos
preparándose para luchar la última guerra. Hay muchas buenas razones para
cuestionar la conducta del gobierno de Bush en la guerra de Irak. ‘Vietnam' no
es ninguna de ellas.
William S. Turley es profesor de ciencias políticas en la
Southern Illinois University Carbondale y autor de The Second
Indochina War.
Fuente: William S. Turley/Daily Times, Pakistan.
Traducido de www.irakwar.ru por Ángel
Cristóbal Colmenares E.
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Comentarios del traductor:
Como hemos aseverado en otras ocasiones, el imperio no las tiene todas
consigo en el negocito que tan bien se prometía con la “operación quirúrgica” de
la invasión a Irak.
Y el análisis del profesor Turley, quien podría ser calificado de
“intelectual orgánico” del imperialismo --según la enseñanza gramsciana-- deja
en el tintero algunas cosas que debía explicar, entre ellas:
- Hubo una masiva protesta mundial e interna en los Estados Unidos contra la
agresión a Irak, antes de que ella se concretara, en la cual fueron
voceadas consignas muy claras respecto a las verdaderas intenciones del gobierno
de los Estados Unidos.
- El gobierno de los Estados Unidos mintió a su pueblo --con la complicidad de
los medios de difusión-- cuando adujo tener pruebas de la existencia de armas de
destrucción masiva, de la cual hasta ahora no ha presentado prueba alguna.
- El verdadero objetivo de la invasión no era “reemplazar al régimen
baathista” ni las intenciones casi beatíficas señaladas en el análisis, sino
realizar el negocio de barrer con la infraestructura física de Irak (incluyendo
las obras consideradas joyas artísticas del pasado) para luego repartirse
contratos de reconstrucción entre unas pocas empresas, y el control de las
reservas petrolíferas de ese país por compañías relacionadas con representantes
del gobierno estadounidense como George Schultz, Dick
Cheney, los Bush y Condoleeza Rice (ver
“La Guerra como Estrategia Industrial” http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=2666)
.
- La comparación con la guerra de Viet-Nam, ¿quiénes la hacen?, ¿los irakíes,
los vietnamitas? No, la hacen los estadounidenses, quienes vieron partir a sus
soldados (hijos, esposos, familiares, amigos) hacia una guerra presentada como
algo sencillo y rápido para verlos regresar envueltos en bolsas para cadáveres
después que diversas voces habían alertado acerca de las intenciones del
gobierno (Ver “¿La Guerra Contra el Terrorismo de Quién?, http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=462)
en medio de una intensa manipulación mediática que buscaba inhibir cualquier
idea crítica (Ver “Controlando las Noticias”, http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=2796
) y hacer el juego a las corporaciones que, a la postre, serán las únicas
beneficiadas de ese nuevo crimen cometido contra un pueblo.
Efectivamente, ayer fueron invasiones militares contra Viet-Nam, República
Dominicana, Grenada, Afganistán y un permanente hostigamiento contra Cuba que
lleva más de treinta años intentando inútilmente quebrar a un pueblo que se paró
ante el imperio y dijo ¡basta!
De Viet-Nam salieron en retirada vergonzosa, y por allí están los registros
fílmicos de terroristas de la CIA, infantes de marina y representantes
imperiales agrediéndose por lograr asientos en los helicópteros. Y un pueblo
aparentemente débil le propinó al imperio una derrota política y moral de la
cual parece que no se termina de recuperar.
En Cuba sufrieron una derrota histórica, la primera en América Hispana
después de las guerras de liberación contra España, cuando en “Bahía de
Cochinos” su ejército de mercenarios se tuvo que rendir ante la firmeza de
un pueblo en armas, precisamente en un abril como el que cuarenta años después
también brilló en Venezuela con una explosión popular con y sin uniformes que
dejó bastante mal parados a los señores de la Casa Blanca y del Departamento de
Estado. Y ni qué decir de sus sigüíes, quienes todavía andan sin entender qué
pasó.
Hoy el panorama se les complica en Irak, donde la resistencia parece crecer
día a día obligándoles a pensar en retiradas negociadas con transferencias y
delegaciones de autoridad cuya sola enunciación significa un retroceso en los
planes imperiales.
Por lo que a nosotros toca, debemos consolidar la unidad popular en torno al
gobierno del comandante Chávez, propinar otra derrota a los fascistas pitiyankis
en el terreno en que presenten pelea y prepararnos para combates muy duros
contra el imperio depredador, que viene por nuestros recursos energéticos,
nuestros bosques, nuestra biodiversidad y nuestro suelo. Y enfila, junto a sus
aliados internos, contra la Constitución Nacional, las leyes que le dan
concreción y los derechos y beneficios que de ellas derivan hacia el colectivo
nacional, hasta ayer nomás preterido, olvidado y marginado.