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Editorial del Correo del Magdalena N° 157
Por: ELN/Colombia
Fecha de publicación: 31/10/03
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EDITORIAL
A ROMPER LA PASIVIDAD Y EL MIEDO FRENTE AL GOBIERNO ILEGITIMO

La humillante derrota sufrida por Álvaro Uribe Vélez el sábado 25 de octubre con el hundimiento del referendo, sumada al castigo recibido por los candidatos del UNANIMISMO uribista el siguiente domingo en todo el país, refleja el rechazo categórico a la política neoliberal, guerrerista y autoritaria del Presidente, así como la búsqueda de nuevas alternativas democráticas y esperanzadoras para el futuro.

El ciclón no fue cualquier cosa. El gobierno, el establecimiento, la gran prensa y la embajada norteamericana se jugaron todo para conseguir la aprobación del referendo con una votación que se aproximara a los 15 millones de votos. Sobre este presupuesto y resultado trabajaron los halcones criollos.

Dinero a montones, medios sin límite, la maquinaria oficialista sin medida ni escrúpulo y la embajada gringa se pusieron a disposición del referendo. Igualmente la politiquería perversa, comprando votos con gabelas e intimidando con los fusiles paramilitares a su favor, en varias regiones.

Convertido el referendo en voto plebiscitario a favor del Presidente, éste se la jugó con fuerza y destreza de "culebrero paisa". De sitio en sitio, de hora en hora en la TV y sin descanso, se apropió de espacios vendiendo ilusiones, amenazando con plagas apocalípticas y llamando terroristas a los abstencionistas.

Ganar el plebiscito se volvió fundamental para los sueños de Uribe, para el país que disfruta el establecimiento y el virreinato con que delira el imperio. Fue concebido como la palanca del empujón definitivo al proyecto neoliberal y dictatorial que se enmascara bajo la lucha contra la corrupción, la politiquería y el terrorismo; como la plataforma de lanzamiento a la reelección del Presidente y la legitimación de su mandato. Conseguir 15 millones de votos fue su sueño de "lecherita".

Pero se rompió el cántaro, se aguó la fiesta y se hundió el plebiscito. Al "culebrero" se le escurrieron los millones de votos, los medios no fueron escuchados y se les fue la credibilidad al piso. La cacería de brujas, los grilletes y las motosierras de los Torquemada de hoy en vez de intimidar, agruparon la resistencia en la orilla abstencionista y en otras alternativas democráticas e independientes.

De las 25.069.773 personas habilitadas para votar, lo hicieron 6.256.777, repartidas entre quienes lo hicieron a favor y en contra de las propuestas de Uribe. Esto representa el 24.96% del censo electoral, faltando un 2% de mesas por escrutar. Con esta cifra insuficiente perdió el referendo y ganó la abstención activa con cerca del 75% del electorado, si es que el fraude no modifica los resultados.

Del 24.96% de ciudadanos que votaron, casi una tercera parte lo hicieron en contra de los puntos del referendo, reduciéndose considerablemente el número de votantes que apoyaron la política del gobierno el 25 de octubre del 2003. Si comparamos esta cifra con los votos que eligieron al Presidente el 26 de mayo del 2002, el 24.8% del censo electoral de ese entonces, se evidencia el declive de su popularidad por debajo del 20%., que sería el respaldo real.

Este capital político lo deja sin apoyo popular real y su gobierno con la legitimidad cuestionada. El 70% y más que suelen registrar las encuestas, pertenece al mundo virtual que manipulan los medios y a los globos inflados para engañar la opinión nacional e internacional.

Una prueba más se suma a la impopularidad y rechazo a la política de Uribe, es la derrota sufrida por los candidatos del UNANIMISMO a los gobiernos y corporaciones regionales y locales, el 26 de octubre en todo el país. Perdieron las principales gobernaciones y alcaldías de las ciudades capitales como Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Barrancabermeja y otras más. Ganó, y hay que reclamar el triunfo arrollador, la oposición a la política neoliberal, a los planes guerreristas, al servilismo del imperio y al autoritarismo.

El ELN saluda esta nueva expresión política de importantes sectores populares y democráticos. Sin duda es un primer paso, pero ejemplar, en el camino para el futuro de Colombia. Este triunfo electoral de los sectores populares y democráticos es el fruto del esfuerzo unitario y convergente entre los sectores afines, lo que reafirma el pensamiento camilista de que solo con la unidad construiremos nueva sociedad.

El triunfo en varias administraciones regionales y locales interpreta el sentimiento nacional por la paz con justicia social y la democracia y constituye una base importante para proyectar los diálogos regionales que el ELN ha venido planteando, desde donde se asuma el respeto por los derechos humanos, el desarrollo comunitario y solución al problema de los desplazados y su retorno.

Igualmente importante para el futuro del país, y hay que resaltarlo, es el interés despertado y la dinámica asumida por distintos sectores sociales y políticos agrupados en la campaña "abstención activa" en contra del referendo. Si bien es una respuesta coyuntural, deben hacerse los esfuerzos necesarios para darle continuidad en un frente de alianzas amplias y respetuosas, en torno a un programa concreto y alternativo al proyecto de Uribe y sus halcones criollos.

Es de esperar la respuesta de los perdedores: los intentos por imponer el referendo por otros medios ilegítimos, desconociendo la voluntad popular. El plan B de que hablan ya está cocinado y en las próximas semanas lo estarán discutiendo con Powell, el FMI y con la pasarela de funcionarios gringos en fila.

Es una vergüenza imperdonable que las mayorías nos dejemos imponer el proyecto que encarna Uribe con su capital político minoritario.

Vencer la pasividad política, enfrentar el miedo y ganar confianza en las masas organizadas, es fundamental para derrotar aquel proyecto desde la unidad del pueblo, como nos lo enseñó el Comandante Camilo Torres Restrepo.

COYUNTURA LATINOAMERICANA
BOLIVIA: EL PODER DE UN PUEBLO

Una tensa calma reina en Bolivia luego del histórico levantamiento de septiembre y octubre en defensa de la dignidad y la soberanía.

Calma tensa porque hay millones de ojos y oídos alertas ante las palabras y las medidas gubernamentales y prestos a volver a la lucha porque todo el esfuerzo, el sacrificio y los muertos no pueden ser ignorados en aras de intereses que no son los de ellos.

El pueblo boliviano está constituido por dos naciones originarias mayoritarias, los quechuas y los aimaras que representan más del 60% de la población, y una minoría mestiza y blanca.

La historia de las rebeliones de los bolivianos originarios se remonta a la época de la conquista y colonización por parte del imperio español y durante estos cinco siglos ese espíritu no ha dejado en paz a los gobernantes de turno.

Hay una razón fundamental para que se haya mantenido de modo permanente esa rebeldía, la defensa de su sagrada tierra, de su cultura, su cosmogonía.

Durante cinco siglos la imposición de una minoría se ha hecho a sangre y fuego para beneficiarse de las enormes riquezas que guardan las montañas de los Andes en ese país, situado en el centro del sur del continente americano.

Sin embargo las lenguas, las tradiciones, las costumbres, el amor a la tierra no han podido ser borradas lo que constituye una resistencia tenaz ante las armas, el ataque cultural, el racismo y el desprecio.

La embestida neoliberal comenzó a ser implementada por los diferentes gobiernos en la década de los ochenta del siglo XX y este hecho ha ido llevando al pueblo boliviano, como al colombiano y todos los latinoamericanos, a una situación extrema e insostenible al ampliar y profundizar la pobreza.

Al empobrecimiento creciente se han sumado el saqueo descarado de las riquezas naturales por parte de las transnacionales, la corrupción, la violación de los derechos humanos, los ajustes económicos orientados por los organismos internacionales como el aumento de impuestos y la reducción de las jubilaciones a la mitad.

Ninguna de estas medidas puede ejecutarse si no va acompañada de una fuerte represión. Esa ha sido la constante: miseria, cárcel y muerte.

La situación llegó a un punto crítico con el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada, apodado "el gringo", por buenas razones, que al igual que Uribe es muy obediente con el gobierno de EE.UU. y con el FMI y el BM.

Durante los catorce meses de su neoliberalísima administración el desempleo llegó, según cifras oficiales, a 11.5% y el subempleo al 45%, en un país con un poco más de ocho millones de habitantes.

Después de los levantamientos de enero y febrero de este año, creó la "Instrucción militar extraordinaria antidisturbios" y las "Agrupaciones Tácticas Antidisturbios" como las fuerzas encargadas de aplicar tales instrucciones.

Los muertos durante estos catorce meses llegaron a 140, es decir que hubo diez muertos al mes por represión.

Criminalizó la protesta social con penas de 5 a 8 años para quienes participaran en bloqueos de carreteras, ferrocarriles o cualquier medio de transporte.

El asunto es que se equivocó al creer que con leyes, balas o con la intervención de sus asesores gringos iba a parar la rebelión popular. Por el contrario, desafiando la muerte y cualquier amenaza el pueblo se lanzó con decisión durante más de dos meses a defender su soberanía.

La insistencia en la venta del gas a través de Chile fue la chispa que reavivó un fuego que permanecía encendido desde comienzos de este año y que tomó fuerza hasta obligar a la renuncia de un presidente que nada tenía que ver con la historia y los anhelos e intereses de los quechuas, los aimaras y los diferentes sectores sociales empobrecidos.

Los bolivianos han dado a los demás pueblos de América Latina una lección de dignidad que es necesario analizar. La situación por la que atraviesa Bolivia no es diferente a la de los otros países que estamos al sur del río Bravo y en el Caribe, con excepción de Cuba y Venezuela.

El pueblo boliviano ha demostrado que posee una identidad bien cimentada y ligada a la tierra que habita desde siempre y que nada, ni el tiempo, ni la colonización imperial, ni el terror ha borrado, aún en esta época de globalización a todo nivel.

Por otra parte ha dejado claro que en la larga historia de luchas han ido aprendiendo que el verdadero poder está en ellos y que su fuerza es incontenible cuando se deciden a salir en la defensa de lo que les pertenece.

Las experiencias de las Guerras del Pacífico (1879 a 1883) y del Chaco (1932 a 1935), del levantamiento de 1952 y otras, han dejado claro que esa fuerza popular fue utilizada en beneficio de quienes han mantenido el poder político. Pero ha quedado la memoria transmitida por generaciones.

Con la Guerra del Agua que libraron contra las transnacionales y el gobierno de Hugo Bánzer, en el 2000, impidieron la privatización de esta riqueza. Esta constituyó un importante ejercicio de profundización de la conciencia, soberanía y poder.

La defensa del cultivo de la coca cuyo uso dista mucho de la mercancía perversa en que la ha convertido el capitalismo gangsteril, ha sido también un motivo de unidad, lucha y organización que potenciaron los mineros que tuvieron que trasladarse a las zonas de cultivos cuando quedaron sin trabajo.

Poco a poco los bolivianos han ubicado claramente a los enemigos, el imperialismo y la corrupta oligarquía. De hecho durante la última gesta fueron señalados sin temor por miles y miles de obreros, estudiantes, maestros, campesinos, empleados, mineros a lo largo y ancho del país.

Así mismo tienen claras las estrategias de recolonización como el ALCA, el Plan Colombia o la Iniciativa Regional Andina y las denuncian y luchan contra ellas como tales.

La conciencia de la fuerza que se posee, de la capacidad de decisión y de la posibilidad de disfrutar sus recursos y determinar su destino ha ido madurando en cada batalla. De esto no hay duda.

También es un avance el tener claro dónde están las debilidades mediante el ejercicio de la autocrítica, como lo han estado haciendo la COB, el movimiento campesino y otras organizaciones protagonistas de estas luchas.

Hay pleno conocimiento de que han ganado una batalla más pero no la guerra. Saben que además no es solo una confrontación cultural, étnica, sino también política y de clases.

Sabiamente los principales sectores sociales se han replegado luego del cumplir el objetivo de hacer renunciar al presidente y parar los trámites de venta del gas, sin dejar de estar vigilantes, para reflexionar y prepararse para continuar.

Problemas como los protagonismos, la unidad, la necesidad de una dirección única, de trazar una estrategia común y concretar amplia y claramente la refundación de Bolivia, están en el debate actual y estamos seguros que los bolivianos saldrán adelante conscientes de que en resolver estos puntos va su destino.

Lo ocurrido en Bolivia merece atención, así como los dos levantamientos en Ecuador que dieron al traste con dos presidencias neoliberales y corruptas. Son lecciones para todos los que vivimos situaciones similares. Si bien cada pueblo busca los caminos de su liberación, la historia común de ayer y de hoy nos identifica al enfrentarnos a los mismos enemigos y a las mismas estrategias de dominación.

La experiencia de los colombianos es larga y rica también. A pesar del terrorismo de Estado que nos impone el gobierno de Uribe Vélez, por todos los rincones se oyen voces de rebeldía porque igual que los hermanos bolivianos no estamos dispuestos a que nos recolonicen.

La agresividad del capitalismo ha ido en aumento haciendo que los pueblos abandonen el temor a la muerte, bien sea causada por balas o por hambre, es una condena que no se puede aceptar pasivamente.

Esa gran fuerza popular poco a poco se va transformando en poder de decisión, de determinación política, de reconocimiento de sí mismos y de ubicación de los enemigos y las amenazas.

COYUNTURA LATINOAMERICANA
LAS FALSAS EXPECTATIVAS DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA

Hace un año exactamente, durante el transcurso del mes de octubre, la oposición venezolana se hallaba en una situación algo similar a la actual: recolección de firmas, amplia manipulación mediática en torno a la libertad de expresión y de la realidad nacional, ataques auto infligidos y toda la expectativa de sus filas en torno a un revocatorio aún no determinado con claridad.

Sin embargo, el sabotaje petrolero, el "acuerdo" al que se llegó en la mesa de negociación - el cual ya ha dejado de ser mencionado por conveniencia - el cansancio y la frustración en las filas opositoras, hacen que este octubre se vislumbre la posibilidad de cualquier acción desesperada por parte de sus dirigentes.

La oposición aún no ha logrado ponerse de acuerdo, entre sus dirigentes ni entre sus "militantes", en qué difieren con el gobierno nacional. Su discurso plantea divergencias que varían según el momento y la oportunidad política determinada. Por ejemplo, en este momento, todas las energías están abocadas a remover al presidente de la República, Hugo Chávez Frías, de su cargo y a todos los altos dirigentes del proceso revolucionario bolivariano, obviando públicamente que este es un proceso de masas populares, que se apoya desde las bases y que se concreta a partir del nuevo ordenamiento jurídico del Estado, plasmado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Durante el golpe fallido del 11 de abril del 2002, los ejecutores tenían claro que el proyecto de nueva nación se encontraba allí y por ello la derogaron como primera medida del gobierno de facto. Y fue ese hecho el que impulsó de manera definitiva la salida de las masas a la calle a defender a su proceso, a su Presidente y a la Constitución.

En este momento las intenciones se hallan más solapadas y los "escuálidos" ni siquiera hablan mucho del proceso en sí, si no de sus ejecutores. Están conscientes de que el pueblo venezolano ha adquirido la madurez política necesaria para saber que sus derechos fundamentales y sus aspiraciones de pueblo se concentran en cierta medida en la Constitución vigente y es por ello que actualmente, hasta el que estuvo más inmiscuido en el golpe de abril se ha convertido en ortodoxo constitucionalista, claro está, siempre a su conveniencia de interpretación de la ley. Es otra manera de tratar de confundir a la opinión pública.

Pero, como también conocen su incapacidad para lograr sus objetivos a través de esa misma Carta Magna que deben respetar, se han encargado de colocar sobre el tapete cualquier abanico de posibilidades acerca de lo que podría ocurrir el día de "El Refirmazo".
Sus dirigentes han planteado, a través de los distintos medios de comunicación que tienen a su servicio, que serán blanco de ataques terroristas por parte de los adeptos al proceso, que existirán "grupos de choque" encargados de sabotear la recolección de las rúbricas, e incluso, que el sistema automatizado de conteo ya puede estar falseado y que las planillas emitidas por la Casa de la Moneda para la recolección de las firmas podrían venir con daños para que los lectores ópticos no puedan leerlas.

La desesperación que provoca el no tener un arma legal por medio de la cual pudiesen salir victoriosos en la tarea de desmembrar el proceso venezolano, ni tampoco poder utilizar la fuerza directa, ha reorientado a la oposición a decirle a sus seguidores que todo lo que ocurra ese día será en su contra, para entorpecer su deseo de "democracia".

Difunden la idea que cualquier acción violenta que se suscite durante esos días sería responsabilidad del gobierno y una violación sus derechos ciudadanos. Lo mismo si se efectúa "El Refirmazo" y la cantidad de firmas recogidas no son las esperadas por ellos, eso sería también producto de fraude. Es decir, si ganan, ganan, y si pierden también ganan.

A pesar del bombardeo mediático, a pesar de todo el dinero invertido por la oposición y del apoyo y asesoramiento internacional recibido (principalmente de los gobiernos fascistas de Estados Unidos y España); a pesar de todos los recursos empleados y de las amenazas desestabilizadoras que se ciernen sobre los próximos días, el pueblo bolivariano se encuentra caminando atento, seguro, firme, a la espera de cualquier acción que vaya en contra de este proceso que han legitimado con su voto, con su acción y con su sangre, para continuar resguardándolo y tener la opción de seguir trabajando en pro de una patria nueva.

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ELN/Colombia


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