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Tres bufones, un forzudo, un Papa y los medios
Por: Dr. José Gregorio Bracho Reyes.
Fecha de publicación: 30/10/03
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“Yo no quiero blasfemar,

Dios mío a ti te lo juro.

Mi amor hacia ti es tan puro

como es diáfano el cristal...”



La irresponsabilidad de los medios de comunicación no debe ser vista como si fuese un mal al cual hemos sido condenados única y exclusivamente los nacidos en este país, a quienes, de repente, se nos ha arrebatado el derecho a estar bien informados. Bastaría con echar una ojeada a las cadenas televisivas y los medios impresos del “Viejo Mundo” y los Estados Unidos para afirmar que se trata de un fenómeno generalizado. Estamos simplemente ante una fase límite del desarrollo capitalista: la fase espectacular. El estadio en el que lo “verdadero es un momento de lo falso”. Quizás la variante añadida en nuestro caso es la originalidad de que los “medios de formación de masas” han arrebatado el espacio que en cualquier sociedad democrática ocuparían los partidos políticos de oposición.



Si miramos el espectáculo que han armado los tres bufones de la U. E (léase Berlusconi, Aznar y Blayr ) para -apoyar al señor Emperador Bush en una aventura belicista ilegal e ilegítima por demás en contra de la voluntad de sus pueblos- dejar sin autoridad, no solo a la Vieja Europa, sino a la mismísima ONU.



El primero, el italiano, es el capo de los medios de comunicación más importantes de su país y está siendo procesado por fraude fiscal en España; el segundo, el español, el “fürercito”, por un lado impone censuras a programas como “Caiga Quien Caiga”- seguramente el único programa inteligente en muchos años de la historia de la televisión en España y que tuvo que salir de antena por presiones del gobierno-, por otro, ofrece toda la cobertura y apoyo del estado a programas frívolos como “O.T” –uno de cuyos objetivos básicos es promocionar entre los jóvenes el “triunfo” inmediato en el medio artístico-, mientras impone una reforma de la Ley de Educación que recorta sustantivamente los programas de becas y ayudas a estudiantes con pocos recursos (que los hay también de este lado del mundo); y por último, el señor “Tercera Vía”, quien una vez descubierta la farsa de las “armas de destrucción masiva” de Irak, no hace más que reírse descaradamente de la opinión publica británica, todo ello ante el casi total mutismo encubridor de la BBC.



Pero qué nos puede asombrar ya de los medios si acaban de imponer a un forzudo, pésimo actor y peor orador -cuyos discursos tuvo que memorizar y repitió como un loro en cada uno de los meetings-, como gobernador de unos de los estados más ricos del planeta. La verdad es que pensándolo bien, no se si deberíamos alegrarnos por el triunfo de Terminator, ya que puede ser que el ejercicio de gobierno le mantenga lejos de la Gran Pantalla -aunque no del espectáculo- por algún tiempo, y eso ya sería una ganancia. Yo personalmente propondría escribir una carta para animarle a que se mudara a la Casa Blanca, a ver si entre el gobernador Shwartzeneger y el gobernador Bush, ambos en cayapa quizás, logran conformar un cerebro completo.

Estimados lectores, llegados a este punto sólo cabe esperar -lo adelanto para que no os caiga de sorpresa-, que el Santo Padre, el Papa Mediático, agonizante como está, nos esté preparando, junto a su séquito, su propia muerte también televisada quizás desde la Piazza de San Pedro, de la misma forma que han sido transmitidos los bombardeos a Irak, a manera de happening o como táctica publicitaria (ambient) para recuperar el número significativo de “fieles” que se pierden cada día de forma importante por esa extraña manía joven de querer ser libre pensadores. La muerte en vivo y en directo de Wojtyla consagraría de una forma ya definitiva lo espectacular como forma de vida.



Amigos no nos asombremos, lo de Cisneros y sus colegas ( los bien llamados Jinetes del Apocalipsis), en su obsesivo afán de querer desmoronar el proyecto de la V República, con informaciones descaradamente ocultadoras, falsas y deformadoras, no es más que una forma más de lo espectacular, cuya regla principal consiste en presentar lo falso como lo único valedero.



Barcelona, otoño del año 2003.



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Dr. José Gregorio Bracho Reyes.


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