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En esta bizarra realidad política que vive el país, según la cual no existe libertad de expresión sólo porque a los medios no les gusta que un sector proteste sus contenidos, o no hay democracia pese a que hemos asistido a las urnas no menos de siete veces en apenas cuatro años, que alguien diga por ahí que aquí lo que se vive es un dictadura constitucional, no puede espantar a nadie.
Toda civilización, toda nación que aspira al orden y la paz como forma de vida tiene que comenzar por admitir que para que ello ocurra, la Constitución debe respetarse como a la más sagrada de las escrituras.
Claro, esto representa un duro esfuerzo para quienes solían tener a la Carta Magna del 61 como un adorno inútil, una excusa para hacerse los locos. Y también consiste en una dura prueba para quienes, en cuatro años, ni se han molestado en leer la versión bolivariana de nación que somos, y, por supuesto, cada nueva interpretación que de ella forzosamente se haga constituye una desagradable sorpresa.
De qué clase
Esta, desafortunadamente, no es una dictadura constitucional. En muchos apartes la Bolivariana sigue siendo todavía inalcanzable en sus buenas intenciones.
En otras más realizables no existe en cambio la mas mínima voluntad política para ponerla en práctica. Sin embargo, !que extraño se escucha de boca de los líderes de la coordinadora Democrática, de intelectuales y hasta de connotados juristas, que esta es una dictadura constitucional! Porque, entonces, ¿con cuál papel de la historia ellos se quedarían? Con el de la oposición anticonstitucional? No han entendido acaso que bajo ese calificativo legitiman supremamente a su principal enemigo: Hugo Chávez, y, simultáneamente se desprestigian ante el imperio de la ley. Mala selección esa.
Por el camino
Defender la Constitución, dada y votada por todos como el mapa a través del cual recorreremos el camino para refundar la República; establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz la solidaridad, el bien común, la integridad territorial y la convivencia es defendernos como nación mas allá del proyecto político de turno, es además, un deber de todos. Ojalá, en Venezuela, más pronto que tarde, lleguemos a disfrutar de una dictadura de la Constitución.
http://www.panorama.com.ve/hoy/fp.html
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