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Sin una movilización continua, las reformas servirán para dar tiempo a los patronos para reagruparse
Bolivia: ¿Ahora qué?
Por: Tom Lewis - International Socialist Review
Fecha de publicación: 27/10/03
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Nota de aporrea: Visite el sitio web de Obrero Socialista y del International Socialist Review donde el profesor Lewis publica sus escritos.

El motor de las protestas del último mes en Bolivia ha sido el tema del gas natural. La cuestión del gas todavía espera una resolución definitiva. Y esto significa que la lucha contra el neoliberalismo en Bolivia tiene un largo camino de frente.

El MAS ejerció una enorme presión entre el 15 y 17 de octubre para asegurar que el resultado de las protestas sería una salida constitucional: es decir, la renuncia del Presidente Gonzalo Sánchez de Losada y la toma de poder del Vicepresidente Carlos Mesa. El MAS efectivamente apoyó al sistema de partidos existente y a la forma vigente del Estado boliviano basada en la democracia representativa (o burguesa). Así el MAS se mantuvo fiel a su estrategia de sostener al gobierno -aunque no necesariamente a la persona de Sánchez de Losada- hasta las elecciones de 2007. A pesar de su discurso radicalmente anti-neoliberal, este apoyo al gobierno ha definido su política nacional desde abril de 2003.

Hasta el momento el MAS tampoco ha fijado un plazo para convocar la Asamblea Popular Constituyente. Anteriormente los líderes del MAS preveían su convocatoria para el año 2007. Aparentemente ellos no sienten ninguna urgencia para adelantar esta fecha a pesar del levantamiento popular de la semana antes pasada. Quizás este hecho no es de extrañar, dado que el MAS afirma en su página web que "un 80 por ciento del mensaje del [nuevo] presidente en su posesión ha sido mensaje del MAS, y que ahora [los líderes del MAS] esperan que Carlos Mesa de los dichos llegue a los hechos".

A la izquierda del MAS, la Coordinadora para la Defensa y la Recuperación del Gas insiste en que la Asamblea Constituyente se celebre en seis meses. Además, la Coordinadora del Gas aboga por una transformación rápida del sistema político hacia la democracia directa o participativa. Su postura conlleva la exclusión de los partidos políticos de los procedimientos de la Asamblea Constituyente. Y esto significa que la Coordinadora considera que la Asamblea Constituyente es un mecanismo para crear una nueva forma de Estado y no, como el MAS, un simple medio para reformar el Estado.

Una salida revolucionaria de la crisis implicaría un gobierno provisional de los trabajadores y trabajadoras bolivianos basado en la Central Obrera Boliviana (COB) y otras agrupaciones sindicales, como las COD y la COR (departamentales y regional), e incluiría a líderes elegidos de los movimientos sociales, como Evo Morales, Felipe Quispe, y el portavoz de la Coordinadora, Óscar Olivera. Sin embargo, el movimiento de masas -el que tan poderosamente derrocó a Sánchez de Losada- aún no ha tomado la salida revolucionaria como suya. La idea de una salida "constitucional" domina la conciencia de masas, y probablemente será así hasta que el gobierno nuevo, o incluso la Asamblea Constituyente prometida, haya decepcionado o traicionado a las expectativas populares.

Sin embargo, dos realidades nuevas influirán de manera decisiva en el desarrollo de la lucha boliviana a lo largo de las semanas y meses que vienen. Primero, la COB ha recobrado una legitimidad importante después de muchos años de pasividad y de doblegarse frente a los partidos políticos en el poder. Precisamente por eso, el antiguo liderato de la COB fue botado durante su último congreso nacional en abril. La nueva dirección ya se ha probado con su papel en la rebelión reciente. Según el servicio de prensa electrónico Econoticiasbolivia, la COB se ha convertido "en el jefe incontestado del levantamiento popular."

La segunda realidad tiene que ver con el tempo de la lucha y con el reformismo. Si el movimiento de masas y las organizaciones que lo componen se relajan, el ímpetu se revertirá al neoliberalismo. Sin una movilización continua, las reformas -incluso la Asamblea Constituyente- servirán principalmente para dar tiempo a los patronos para reagruparse.

El acto de recuperar el gas por el pueblo boliviano no puede significar otra cosa que la renacionalización de este patrimonio y su autogestión por parte de los trabajadores y trabajadoras bolivianos. Pero la posibilidad de renacionalizar y autogestionar el gas presupone un ataque frontal contra el capitalismo nacional y global. La clase dirigente boliviana, y los imperialismos estadounidense y europeo, procurarán defender su "derecho de explotar" por "cualquier medio necesario." Sería totalmente iluso el creer que la recuperación del gas por parte de la mayoría trabajadora en Bolivia pudiera ocurrir sin un movimiento revolucionario de masas por el socialismo.

Hay varios paralelos entre Bolivia en 2003 y la Argentina en 2001. Y la truncada experiencia revolucionaria en la Argentina nos ha proporcionado varias lecciones, entre ellas: (1) la importancia de la unidad entre la izquierda; (2) la importancia de colocar a la clase trabajadora organizada-urbana, rural, y desempleada-al centro de la lucha; (3) la importancia de que los trabajadores y trabajadoras asuman como suyas una amplia gama de demandas sociales-en este caso, las demandas de los grupos indígenas y de los cocaleros; y, finalmente, (4) la importancia de construir un movimiento consciente por el socialismo que puede ser más amplio que, pero también debe incluir a, los partidos revolucionarios.

En ese sentido, es interesantísimo el informe de Econoticiasbolivia, escrito por Miguel Pinto Parabá para Argenpress, del 20 de octubre:

Después de activar y protagonizar una gran eclosión social, que tuvo el trágico saldo de cerca de 70 muertos a bala y más de 500 heridos, los trabajadores del país, en el último Ampliado Nacional de la Central Obrera Boliviana (COB), sacaron una conclusión principal: los obreros, campesinos, naciones oprimidas y clases medias empobrecidas no le arrebataron el poder a la 'clase dominante' porque 'no cuentan' aún con un 'partido revolucionario'.
Construir un partido revolucionario desde abajo -con un funcionamianto interno democrático y con una orientación abierta, no sectaria- es tarea difícil. Y no se hace en un día. Pero es imprescindible, si el objetivo es recuperar la riqueza de Bolivia para la gente común y trabajadora que la produce.


Tom Lewis es profesor titular de literaturas y culturas españolas en la Universidad de Iowa (EE.UU.) y redactor para Latinoamérica del journal de marxismo revolucionario International Socialist Review.
Lewis es miembro de la International Socialist Organization (www.internationalsocialist.org), con sede en Chicago y se le puede contactar en tom-lewisuiowa.edu
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