Los recientes sucesos ocurridos en Bolivia, con su lamentable saldo en pérdida de vidas humanas, son una nueva muestra de la creciente conflictividad interna que afecta a todos los países de la región, a consecuencia del acelerado agotamiento del viejo modelo de dominación todavía vigente y su correlativo proceso de profundas y complejas transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales en que actualmente se encuentra inmersa toda Latinoamérica.
Al igual que en los casos de Venezuela, Brasil, Ecuador y Argentina, sólo por citar los más emblemáticos y claramente definidos, en nuestra hermana Bolivia, tan entrañable para el Libertador y cuyo primer presidente fue el Mariscal Antonio José de Sucre, LE LLEGÓ LA HORA AL PUEBLO, y con ella a todos los politiqueros, corruptos, asaltantes del erario público, usurpadores de la voluntad popular y traficantes de la dignidad, quienes haciendo uso y abuso de todos los mecanismos del poder, incluidos los métodos represivos que se mostraron en toda su intensidad durante los últimos sucesos, sumieron al heroico y noble pueblo de Bolivia y especialmente a sus pobladores originarios en la más brutal y absoluta marginación, superando, incluso, con creces, lo vivido durante el dantesco período colonial.
Más allá de los fallidos esfuerzos por desinformar y falsear los hechos por parte de las poderosas cadenas internacionales de radio, prensa y televisión, así como por los infaltables medios de incomunicación locales que, siguiendo interesadamente el discurso de las elites dominantes tradicionales, estigmatizaron el conflicto y a sus protagonistas tildándolo de “manifestación de cocaleros”, la verdad que ha quedado al desnudo y ha despertado la atención en todo el mundo es que la inmensa mayoría del glorioso pueblo boliviano, liderado principalmente por las grandes masas indígenas campesinas milenariamente marginadas y explotadas, al igual que por importantes sectores medios urbanos empobrecidos, le han dicho “basta” a la caricatura de “democracia” impuesta por los sectores del gran capital en alianza con factores externos, obligando a la renuncia del empresario que hasta ese momento ocupaba la presidencia en nombre de esos bastardos intereses, exigiendo su participación en la toma de decisiones de gobierno, convocando a un urgente proceso constituyente que redefina las bases y la estructura de la sociedad y el estado bolivianos, e impidiendo, sin ningún tipo de concesiones, la entrega de las riquezas nacionales al capital extranjero, como era el caso de la exportación, a precios irrisorios, del gas natural no disponible para la inmensa mayoría de los bolivianos.
El coraje, la dignidad y la clara determinación mostradas por el bravo pueblo boliviano, no dejan lugar a dudas sobre el rumbo que tomará el proceso político que a partir de este momento se comienza a vivir en la sagrada tierra de los Incas, los Aymaras y los Quechuas, donde más del 60% de su población sobrevive en condiciones infrahumanas, sin acceso a los más elementales servicios y sin oportunidades de hacer valer sus derechos como ciudadanos bajo el sistema pseudo democrático que las minorías privilegiadas, los politiqueros de oficio y sus aliados extranjeros -los verdaderos dueños del circo- han impuesto en Bolivia, al igual que en todo el continente.
Mucha razón tienen los halcones del norte, las elites tradicionales latinoamericanas y su corte de vagabundos expoliadores de nuestros pueblos, de ponerse tan nerviosos y preocupados por lo que hoy sucede en Bolivia. Temen, hay que decirlo con toda claridad, que las ansias de justicia, libertad, autodeterminación y disposición de lucha que se han puesto de manifiesto en el caso boliviano, le den un nuevo y definitivo impulso al duro, tortuoso y muy caro proceso de lucha que por su emancipación han librado los pueblos latinoamericanos desde el comienzo de su historia.
Rindámosle honor a los caídos en la lucha y dispongámonos a continuar construyendo la patria grande y bonita que soñaron nuestros libertadores, ahora con mayores bríos, porque al igual que en Venezuela, Brasil, Ecuador y Argentina, también en Bolivia LE LLEGÓ LA HORA AL PUEBLO.
GLORIA AL HEROICO PUEBLO BOLIVIANO.
ADELANTE A PASO DE VENCEDORES.
NO HAY MARCHA ATRÁS.
isabelrada

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