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Esta forma de informar, de comunicar lo acontecido en Barquisimeto, puedo
asegurar con propiedad que es lo mas parecido a la realidad. Aunque
desconozco si es cierto o no la version de sus familiares, pero si el rio
sonaba, piedras traía... y lo mas grave aún es que nadie lo supervisaba
sabiendo sus superiores los antecedentes que tenia, porque nadie en la
comunidad sabia que ese degenerado tiene ese problema.
El caso del sacerdote acusado de abuso sexual hoy en PANORAMA
Abogado exigirá a la Iglesia indemnizar al niño ultrajado
Se trata de 300 millones de bolívares por los daños causados a un pequeño
abusado hace 15 días tras haber asistido a un templo del barrio San Jacinto,
en Barquisimeto. Luego de la denuncia de sus padres y las experticias
policiales, el cura Luis Mosquera quedó detenido. En 1996 se declaró
culpable de intento de violación. Su familia asegura que es inocente.
Texto: María A. Carrillo/Annel Mejias
“Tenemos evidencias contundentes como para demandar a la Iglesia por
"responsabilidad In Iligendo". Busco dar una lección: Un ser humano no puede
tener privilegios porque vista sotana. En el caso de Carora le correspondían
de tres a cinco años de prisión por violación en grado de frustración”,
sostuvo a PANORAMA el abogado Jorge Eliécer Mendoza, quien exigirá a la
Iglesia católica una indemnización de unos “300 millones de bolívares” por
los daños causados hace 15 días a un niño del barrio San Jacinto de
Barquisimeto, quien fue víctima de abuso sexual presuntamente de manos del
sacerdote Luis Mosquera, quien en 1996 se declaró culpable en un proceso por
intento de violación, pero quedó libre a los 38 días y siguió en la
institución. Ahora, otra familia está afectada y una comunidad exige
castigo. Monseñor Jorge Urosa, segundo vicepresidente de la Conferencia
Episcopal y obispo de Valencia, dijo que los asuntos de la Iglesia se
manejan localmente a través de las diócesis: “El arzobispado de Barquisimeto
ya se ha abocado al asunto, ha indicado claramente que no ocultará nada”.
Los hermanos de Mosquera, autoridades judiciales, policiales, médicos y
vecinos hablan hoy del caso que conmociona al país.
Menos de dos cuadras desde su casa caminó un niño de seis años hasta la
iglesia del barrio San Jacinto, de Barquisimeto. Luego de 20 minutos en
aquel recinto, que parecieron eternos para su madre, regresó violado.
El viernes 10 de octubre, a las 5:00 pm, el pequeño llegó al templo y
preguntó a qué hora se realizaría la misa de su abuelo. Además, le manifestó
al cura su deseo de colaborar con las eucaristías.
“Mi nuera se extrañó porque pasó el tiempo y el niño no salía, caminó hacia
la iglesia y vio que el bebé venía pálido, llorando”, comentó la abuela,
María Lourdes, desde la casa de techo de zinc, cerro arriba, donde habitan
ella, su esposo y seis hijos, entre ellos el papá del niño con su mujer.
“El padre le dijo que para ser monaguillo debía pasar una prueba. Le agarró
las dos manitos con una de él, la otra se la puso en la nuca para ponerlo
boca abajo, le bajó el short y le hizo eso tan feo”, relató la señora de 50
años.
La versión del abogado acusador, Jorge Eliécer Mendoza, un juez jubilado con
27 años de ejercicio y ex alumno del seminario La Salle, en Caracas, resultó
más clara: “El niño le dijo textualmente a su madre: El padre me metió el
pipí”.
El nieto de María Lourdes sufrió un desgarramiento, confirmado por el
comandante de la Policía Regional del estado Lara, coronel Jesús Rodríguez
Figueras.
La abuela recuerda al niño como “un muchacho pilas, risueño. Siempre andaba
con su mamá. Pero quién se iba a imaginar que en la casa de Dios se
encontraría con la desgracia”.
Proceso
La mujer de 20 años llegó desesperada, en el taxi que maneja su esposo, a
las 6:00 pm, al Hospital Pediátrico de Barquisimeto y a las 9:00 pm puso la
denuncia en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y
Criminalísticas (Cicpc).
La fiscal 20, Reina Vidoza, estaba de guardia ese día: “Ordené las
investigaciones. El domingo la policía recolectó evidencias en la iglesia”.
En el lugar se recogió una sotana con rastros de semen, papeles con sangre
en el baño y algunas muestras de vellos.
En palabras de Mendoza, quien trabaja sin cobrar en este caso, “contamos con
pruebas que comprometen seriamente al sacerdote en este delito abominable”.
Falta el desenlace del estudio ADN, a cargo del Cicpc de Caracas.
Enardecidos
A cualquiera que se le pregunte sobre el caso en San Jacinto, zona roja de
la capital de Lara, recuerda la turba de la mañana del domingo 12.
“De los cerros bajaron más de 1.000 personas, dispuestas a matar al padre
Mosquera. Hubo una lluvia de piedras. La policía hizo tiros y lanzó bombas
lacrimógenas”.
Así narró Marisela Nelo, habitante de la comunidad, la revuelta popular: “El
cura tuvo el valor de bautizar a un niño el sábado y dar la misa ese día. En
pleno sermón decía que todo era mentira, que se trataba de una jugada
política. Aún escuchando esas barbaridades, la gente de afuera dejó que
terminara la misa. Luego le gritaba ¡maldito!, ¡aberrado!, ¡sal para
matarte!”.
Según Marisela, “casi nadie va al templo ahora y no lo haremos hasta ver
castigado al sacerdote”.
Rodríguez Figueras confirmó la versión de la vecina: “Hicimos tiros al aire
porque el gentío era incontrolable. No teníamos orden de aprehensión.
Nuestro deber era proteger al cura, por eso lo sacamos y lo llevamos, junto
con los dos carros que tenía en la iglesia, para la comandancia”.
El lunes, Mosquera, con la excusa de una llamada telefónica, salió de allí y
se refugió en una casa de retiro, ubicada en las afueras de la ciudad.
El sábado 18, la jueza Astrid Liscano, a cargo del Tribunal 2 de Control de
Lara, dictó medida privativa de libertad en contra del sacerdote. Al día
siguiente, Mosquera se presentó en la comandancia, donde aún permanece.
La víctima
Catorce días después de ultrajado, el pequeño sigue en tratamiento
psiquiátrico.
Juega en una sala parecida a un preescolar con otros niños recluidos en el
Pediátrico, y lo seguirá haciendo hasta tanto la fiscal autorice su salida
hacia otro domicilio.
El psiquiatra César Isacura, director del Programa de Atención al Niño en
Situación Especialmente Difícil (Panased), se negó a dar detalles sobre el
caso: “Sí hubo una agresión, pero no diremos nada más”.
En cuanto a la conducta de un pederasta, Isacura no dio muchas esperanzas:
“El tratamiento de esa enfermedad es sumamente difícil. Es curable en un muy
bajo porcentaje”.
Un amigo del sacerdote, quien prefirió no identificarse, reveló: “Hay gente
que lo conoce desde niño y asegura que Luis fue abusado por un vecino cuando
pequeño”.
Otro allegado al sacerdote expuso: “Un amigo y yo lo acompañábamos en sus
misiones como seminarista, una vez fue al cementerio a las 12:00 pm. Se bajó
y salió corriendo. Nos dejó botados allí. Yo tenía unos 15 años”.
Primera denuncia
El 20 de octubre de 1996 un malibú deportivo vino tinto, placa KM-890, se
estacionó en la calle Lara cerca de la 1:00 pm. La puerta se abrió, un
rostro aindiado con una melena a los hombros se asomó y le ofreció la cola a
un niño.
Ronald Quintini, quien cumplía 12 años ese día, no sabía que ese trayecto le
cambiaría la vida.
La autopista de Carora fue la única testigo del relato de Ronald, quien
siete años luego de este hecho, narró a PANORAMA los hechos: “Estacionó el
carro, buscó una pistola en un maletín que tenía en el asiento de atrás y me
amenazó: "¿Te bajas los pantalones o te doy un tiro?". Me tiré por la
ventanilla”.
Lo que no sabía Ronald es que ese hombre era presuntamente Luis Mosquera, el
párroco de la Iglesia Sagrada Familia, llamado “El padre roquero de la Pedro
León”.
La experticia hecha en la iglesia incriminó al cura nacido el 24 de marzo de
1959 en Cabimas, Zulia, el tercero de 11 hermanos.
Duró preso desde el 30 de octubre hasta el 7 de diciembre. En el expediente
Nº E- 513884 se lee que 10 días de ese tiempo el sacerdote los pasó recluido
en la Policlínica Carora, por depresión.
“Él se declaró culpable porque la PTJ le sugirió que así se terminaría el
escándalo”, explicó Edgar Mosquera, hermano menor del presbítero.
“Hasta ahora yo le digo que eso nada más cabe en su mente”, opinó Edgar.
Una voz se alzó para mostrar otra realidad: “El día de la supuesta
violación, mi malibú estuvo conmigo, yo no se lo presté al padre Mosquera”,
contó María Leticia de Gutiérrez, amiga del prelado.
Muchos en Carora comentaron que la denuncia de los Quintini era una
venganza. “Nunca esa familia se ha acercado a nosotros”, explicó Carmen, la
cuarta hermana del sacerdote.
El caso quedó archivado. Y al cura lo trasladaron.
Ciudad levítica
Todavía en la mentalidad de los 190.000 habitantes de Carora se encuentra la
idea del bien y el mal concebida por la Iglesia católica. No en vano, como
relata Henry Vargas, coordinador del Archivo Municipal, esa tierra de casi
7.000 metros cuadrados es la que ha dado más clérigos al país.
“Por eso la llaman Ciudad levítica de Venezuela”, dice.
“Fue a los ocho años cuando mi hermano descubrió su vocación. Esa vez
robamos los implementos del templo Corazón de Jesús y armamos el altar en un
cuarto de mi casa. Él se puso la sotana negra y nos bendijo. Ese día nos
dieron una monga (golpiza)”, relata Carmen.
Fue su madre, Carmen, quien los desnudó, arrodilló y les pegó ese día. “Mi
mamá es fuerte de carácter”, dijo mientras describió en una frase a su
padre, Rafael Antonio Mosquera López, quien ya murió: “Un hombre dócil”.
Con 83 años, Carmen se encuentra ciega y con problemas cardíacos. “Le
contamos lo que le pasa a Luis y ella dijo: Yo sé que mi hijo saldrá de
eso”, relató la hija.
Desde ese día de la pela, Luis no dejó de usar ropa negra. “Cuando se puso
la sotana, me dijo que sintió que estaba llamado a ser cura”.
Otra visión
A raíz de la reciente denuncia, la familia Mosquera ha sufrido la censura
del pueblo. “A mi hermano José Rafael, quizá porque se parece físicamente a
Luis, cuando va por la calle la gente le grita: "¡Cura violador, maldito!"”,
contó Carmen.
Cuando ocurrió la acusación por el supuesto intento de violación en 1996,
monseñor Eduardo Riera Riera se apareció en la casa del sacerdote “y nos
dijo -relata Carmen-: "A buen vergón nos echó Luis Mosquera. Te jodiste, ve
qué vas a hacer, estás botado"”.
Sobre el presunto abuso sexual sufrido por Mosquera en su infancia,
manifestaron que “es totalmente falso. Cuando estaba en el seminario menor
nunca comentó nada”.
La serenidad del “cura roquero” cuando lo visitan ha convencido a sus
familiares.
“Él me dijo: "Estoy tranquilo, porque sufro como Cristo". Me contaba que
todas esas cosas son buenas que le pasen porque Dios lo ha llamado”, contó
Carmen.
Lucha
El abogado acusador asegura: “Tenemos evidencias contundentes como para
demandar a la Iglesia por "responsabilidad In Iligendo", es decir, por
haberlo elegido como uno de sus miembros. En el caso de Carora le
correspondían de tres a cinco años de prisión por violación en grado de
frustración”.
Mendoza exigirá una indemnización de “alrededor de 300 millones de
bolívares”.
El sábado 18 se realizó la audiencia de presentación de las partes. Se
espera la preliminar para el 17 de noviembre. Mientras tanto, Luis Mosquera
sigue preso en comandancia.
El coronel Rodríguez Figueras también se mostró presto a colaborar: “La
llegada de la prueba de ADN será determinante, y hay otros agravantes:
Después de que se supo la violación del niño de San Jacinto, se presentaron
aquí seis denuncias sobre presuntos abusos sexuales de parte de Mosquera a
niños de San Jacinto y otros sectores. La mayoría tiene que ver con actos
lascivos. Por ejemplo, llegó un hombre a decir que el cura le echó talco en
el culito a su hijo. Él lo fue a buscar para matarlo, pero unos allegados al
cura se lo impidieron”.
Las paredes del pequeño templo de la parroquia siguen mostrando el
descontento de la gente. Pocas personas van a misa y a casi todo a quien se
le pregunte en San Jacinto sobre el caso Mosquera rememora la historia del
inocente quien, a menos de dos cuadras de su casa, perdió la sonrisa.
ESTUPOR
Las visitas de los feligreses al templo han disminuido luego del hecho.
Barquisimeto está conmocionada por el lamentable hecho. Se trata de la
primera denuncia que se conoce de pederastia que involucra a un miembro de
la Iglesia.
Luis Alberto Mosquera Delgado nació en Cabimas, el 24 de marzo de 1959.
Estudió en los seminarios Divina Pastora y Santa Rosa de Lima. Egresó con
excelentes notas. Es un músico nato.
Ronald Quintini, de 19 años, asegura que el sacerdote lo amenazó con una
pistola en 1996: “O te quitas los pantalones o te doy un tiro”. Escapó por
la ventanilla del carro.
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