Manipulado y alienado: El clon que fabrica el imperio en nuestras mentes

En mi mente habita un ser que me habla, y que muchas veces me juzga. Nunca le doy permiso para hablarme, pero él sin mi consentimiento me asalta mis pensamientos, los que se supone que son solo míos y de nadie más. Es un anarquista que no acepta mis reservas, ni mis opiniones; son ajenos a su sentir.

Es un hombre libre que se burla de mi esclavitud. El me recuerda mis principios, mis costumbres, en fin, determina mi escala cultural.

Parece un ser que lo supiera todo; basta con hacerme una pregunta, y él sin convite se le antoja insinuarme los que otros podrían clasificarme de mis ideas. No me engaño, ni engaño a los demás. A mi mujer, a mis hijos, a mis amigos e inclusive a mis conocidos, no me canso de decirles la verdad de ese extraño habitante en mi interior. Y todos revientan a risas, a carcajada limpia. ¡Paranoias las tuyas! Todos me dicen: En nuestro adentro solo vive uno, lo que es propio de cada persona.. Esto no es cierto, en mí vive un invasor que se empecina en decirme lo que es bueno, lo que es malo, como si mí adentro se lo hubiera vendido.

Me he esmerado con todos mis queridos, en tratar de demostrarle la existencia de mi habitante mental. ¿Cómo?, me pregunto todos los días, ¿de que manera puedo reivindicar mi verdadero yo?. Ese lugar está ocupado, o se resiste a cederle espacio a mí ser propio, que se siente como Juan sin tierra, sin lugar donde morar.

¿Como puedo darle legitimidad a mis pensamientos?, cuando los mismos son decisión de otro; de un ser sin nombre propio, que una mala noche se coló por alguna puerta mal cerrada en un sueño.

No puedo ya pensar, sin sentir mis dudas, ¿será él?, ¿seré yo?, ¿quien ha parido esta o cual idea?, ¿quien ha decidido esto esta mañana? Mil dudas se aposentan en mi mente sin respuestas, ¿quien podrá presentar batalla al usurpador?, ¿seré yo o será él?, que me querrá confundir en pensar que soy yo el que ha tomado la decisión.

Cuando siento frío, ¿será él o seré yo el que lo siente?

Cuando tengo sueño, ¿será él o seré yo quien lo padece?

Cuando tengo hambre, ¿será él o seré yo a quien le falta el pan, esa desnuda y necesaria materia que sustenta la vida simple?, ¿será él el que se pondrá gordo por tanto comer o seré yo que me lo demostrará mi cuerpo?, ¡sí aún es mío!.

Dilemas de los dilemas, exorcismo necesito, ¿será verdad, será mentira? No puedo más, estoy cansado de dudar, ¿seré yo, será él?

Inquilino, inquilino miserable, devuélveme lo que es mío. Sal de mí, sal de él, sal de mi ser, para recobrar mi autodeterminación, mi democracia interpersonal, mi libre albedrío.

Una noche se me ocurre premeditadamente una idea: me dormí, para que mi usurpador se durmiera, ¡como siempre hacía lo yo hacía!, logré que se durmiera durmiendo. Fue así como pude pensar, y ser de nuevo libre pensador; y me dije: este invasor no puede ser producto de mis pensamientos, pues de mí no tiene nada. Fue entonces cuando caí en cuenta que su existencia, su acto de nacimiento, había sido provocado por otro, no por mí. Me sentí por primera vez alienado, pero también me sentí reconfortado y libre por darme cuenta.

 

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