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Para aquellos que, por jóvenes o por tercos, no recuerdan o no quieren recordar las masacres sufridas por nuestro pueblo durante el puntofijismo, basta que mire lo que ha ocurrido y seguirá ocurriendo en Bolivia. Ese es el método usado por –entre otros- el que hoy lidera a la oposición venezolana, desde República Dominicana.
El proceso de “capitalización” desarrollado por Sánchez de Lozada, desde 1996, es el mismo paquete neoliberal que sembró CAP, contra el cual el pueblo caraqueño se rebeló y por el cual conoció la masacre más grande de la historia, en 1989.
Bolivia significa varias lecciones para la oposición fascista. Cuando a un presidente lo acompaña un pueblo, este es su líder. La rabia de los excluidos bolivianos es la misma que defendió la constitución bolivariana el 13 de abril. Un pueblo consciente de su lucha muy difícilmente pueda ser desplazado nuevamente. Además, y a pesar de la masacre sufrida, el pueblo boliviano esperó una renuncia constitucional.
Hoy, mientras la oposición venezolana solo saca cuentas de los días que le faltan para recoger las firmas, un país hermano se desangra en una rebelión que origina la renuncia de un presidente al que llaman “El Gringo”, lo que evidencia para qué bando juega.
Por supuesto que los intentos por homologar esa lucha con la desarrollada por la “sociedad civil” venezolana se sospecha desde ya. Dirán algo parecido a lo sucedido con De La Rua, en Argentina, hace dos años. La diferencia es que, las cacerolas que le retumbaban en las orejas del argentino, en nada se parecen a los palos y piedras que muestran los hermanos bolivianos. La jugada mediática no les servirá, porque –en todo caso- los indios bolivianos tienen el mismo rostro de las hordas chavistas.
La identidad jamás podrá establecerse entre la resistencia de un pueblo indígena y la perfumada por la clase media de algunas ciudades venezolanas. Pero, lo que si los identificará es el intento de secuestro de la lucha que se espera haga la élite empresarial boliviana, aupada por los capitales financieros y transnacionales, así como la imposición de la insaciedad del principal consumidor energético del planeta. La recomposición del escenario en el hermano país nos obligará a la solidaridad activa.
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