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Síntoma de decadencia
El triunfo de Schwarzeneger
Por: Lisandro Otero/Rebelión/gotli2002@yahoo.com
Fecha de publicación: 10/10/03
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El triunfo de Arnold Schwarzeneger en las elecciones de California es un síntoma de la decadencia irremisible en la cual se están hundiendo los Estados Unidos. Es la victoria de la imagen sobre el concepto, el éxito de la estampa sobre el raciocinio. Que un grupo mayoritario de ciudadanos haya escogido a ese tosco simio, a ese palurdo cerril, para que los dirija, solamente puede ocurrir en un país muy desorientado. Es evidente que los norteamericanos están abdicando del arte de pensar para entregarse al universo de las estampas, al escape de las ilustraciones. La televisión, Hollywood, las efigies, historietas y láminas han ocupado en lugar de la observación, el análisis y la hipótesis.

Ningún ser capaz del más mínimo entendimiento puede optar por un jumento, un tarado que confesó ser admirador de Hitler, que se sabe vástago de un padre que perteneció al partido nazi, un racista que ha calificado a los inmigrantes mexicanos de "brownies", (mestizos), a quien se le ha probado que es un acosador sexual, un inexperto total en el oficio político y un fanático de los extremismos de la ultraderecha norteamericana. Sin embargo, una parte del electorado californiano lo escogió, demostrando su propia degradación política y su falta de perspicacia humana. El clan Bush sabe que en ese oligofrénico tiene un seguro baluarte para las elecciones del 2004 y con su respaldo troglodita intentarán ganar el más importante estado electoral de Norteamérica, por ello lo han apoyado con todas sus fuerzas. Pero Bush no le ofreció su apoyo durante la campaña, no viajó a California, y por ello tendrá que propiciar un acercamiento.

Menos de un año después que los californianos le entregaron al gobernador Davis un segundo mandato de cuatro años se produjeron estos comicios revocatorios. Se presentaron 135 candidatos a sustituirlo. Un circo. No se trata de un cargo cualquiera sino de dirigir el más rico estado de la unión americana y la quinta economía del mundo. Davis tenía a su disposición un excedente presupuestario de 12 mil millones de dólares y en un breve lapso lo convirtió en un déficit de 38 mil millones. En tres años han desaparecido más de 300 mil empleos en las industrias del estado, elevando a casi un 7% el índice de desempleo. El deterioro de las carreteras y el menoscabo del sistema educacional han suscitado gran descontento. El costo de producción industrial es 32% más elevado que el promedio nacional. Semejante arte de prestidigitación merece, ciertamente un castigo, pero no tanto como elegir a un saco de músculos que, probablemente, hunda más a California en el desastre económico. Davis afirma, en su defensa, que lo ocurrido en el estado no es más que un reflejo de la recesión nacional y que las cifras del detrimento son similares a la contracción de la economía estadounidense.

La composición social tuvo mucho que decir en estas elecciones. En California en 47% de la población es blanca, 32% latinos, 11% asiáticos y 7% afroamericanos. El 45% de los votantes es republicano y el 39% es demócrata. Pero las masas latinas y afroamericanas están hartas de los políticos y no acuden a votar en tanto que los blancos sí ejercen el sufragio. Schwarzeneger tendrá serios problemas con el Congreso estatal que está compuesto por una mayoría de demócratas liberales. Tampoco podrá cumplir su promesa de campaña de rebajar los impuestos, pues se vería sin fondos para acometer las más elementales obligaciones sociales.

Schwarzeneger ha acumulado 56 millones de dólares con sus incursiones destructivas en la pantalla y está casado con una Kennedy. Difícilmente podrá pensar en los humildes, en la gente de abajo. Su gobierno, como el de Bush, estará orientado a amparar a los opulentos, exonerarlos de obligaciones, permitirles que realicen fusiones de empresas, incrementen los monopolios, extiendan las transnacionales. Será un gobernador que ni siquiera hable correctamente el idioma de sus gobernados.

Algunos piensan en la repetición del caso Ronald Reagan. Pero Reagan sí poseía una sórdida experiencia política adquirida durante las persecuciones del macartismo, sus delaciones de sus compañeros artistas, sus extremismos fascistoides y sus conexiones con la baja politiquería. Schwarzeneger no tiene esa práctica aunque sí los mismos prejuicios y ofuscaciones. A California la esperan días aciagos con este patán encumbrado que la hará hundirse más en el pozo de sus desgracias.


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Lisandro Otero/Rebelión/gotli2002@yahoo.com


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